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La china en el zapato

Fecha de Publicación: 24/05/2022

Desde que en 1748 Blas de Nasarre encontrase en el primer Libro de Bautismos de la parroquia de Santa María la Mayor, de Alcázar de San Juan, la partida de bautismo de Miguel, un hijo de Blas de Cervantes Saavedra y de Catalina López, el nombre de esta ciudad manchega en el mundo oficial cervantino sigue levantando polémica. Alcázar de San Juan es la china en el zapato del biógrafo cervantino.

Si bien la polémica sobre la cuna de Miguel de Cervantes está cerrada desde hace ya mucho tiempo a favor de Alcalá de Henares, adormecer aún más la tradición cervantina alcazareña sigue siendo un reto para algunos biógrafos de Cervantes. Y si hay que tergiversar los datos sobre esta partida de bautismo para conseguir este fin se hace, casi sin rubor.

En el Cervantes (2022) de Santiago Muñoz Machado, la última, aunque habrá muchas más, biografía del autor del Quijote, podemos leer:

El lugar de nacimiento de Cervantes era, pasada la mitad del siglo XVIII, cuestión controvertida. Lope de Vega, que lo conocía y trataba, lo hizo natural de Madrid. Tomás Tamayo y Vargas, de Esquivias. Andrés Claramonte lo creyó natural de Toledo. Nicolás Antonio, de Sevilla. Don Diego Ortiz de Zúñiga también le atribuyó Sevilla. Otra tradición aseguraba que era natural de Lucena. Luego competirían también Alcázar de San Juan y Consuegra.

En 1748, encontró Juan de Iriarte, en la sala de manuscritos de la Biblioteca Real, una edición impresa en Granada, en 1581, concerniente a 185 cautivos rescatados en Argel el año anterior, entre cuyas primeras partidas se mencionaba a «Miguel de Cervantes, de edad de treinta años, natural de Alcalá de Henares». Este documento lo envió a su sobrino Iriarte, y al día siguiente se lo comunicó al padre Sarmiento. El benedictino celebró la noticia y realizó algunas diligencias complementarias, como la lectura de la Topografía e historia de Argel del padre Haedo, que se publicó en Valladolid en 1612, que corrobora la información… Para el padre Haedo Miguel de Cervantes era un «hidalgo principal de Alcalá de Henares». En una de las obras que dejó manuscritas Sarmiento, dijo que estaba claro en la historia de Argel que la verdadera patria de Cervantes era Alcalá.

La insistencia de Sarmiento para que Pingarrón estimulase la búsqueda de la partida de bautismo llevó a encontrarla en la parroquia de Santa María. El cura, Sebastián García y Calvo, envió una copia certificada el 18 de julio de 1752, que publicó don Agustín Montiano el 19 de junio del mismo año 1752.

Poco después apareció en Alcázar de San Juan, lugar de la Mancha perteneciente al priorato de Castilla, otra fe de bautismo en la que consta que el 9 de noviembre del año 1558 fue bautizado por el licenciado Alonso Díaz Pajares un hijo de Blas Cervantes Saavedra y de Catalina López al que le puso de nombre Miguel. En el margen tenía anotado, en distinta letra, «este fue el autor de la historia de D. Quijote», lo que complicó el problema de la patria cervantina. Algunos literatos creyeron que se trataba verdaderamente del Cervantes del Quijote, conjetura que además venía apoyada por las referencias continuas de Cervantes a la Mancha. En Alcázar existía la tradición de que Cervantes era del pueblo, y la nota marginal de la partida lo confirmaba.

Sarmiento confrontó ambas partidas en 1760, comparando también la mención de Haedo junto con otras demostraciones convincentes de Vicente de los Ríos, que llevaron a la confirmación de que era Alcalá el lugar de nacimiento. (Cervantes, pag. 45 y 46)

Muñoz Machadoanota que «Poco después apareció en Alcázar de San Juan, lugar de la Mancha perteneciente al priorato de Castilla, otra fe de bautismo en la que consta que el 9 de noviembre del año 1558 fue bautizado por el licenciado Alonso Díaz Pajares un hijo de Blas Cervantes Saavedra y de Catalina López al que le puso de nombre Miguel». Casi de la misma manera que ya lo hizo Vicente de los Ríos en el Quijote de la RAE de 1780: «A poco tiempo de haberse estampado la partida de bautismo que antecede, se encontró en Alcázar de San Juan, Lugar de la Mancha perteneciente al Gran Priorato de Castilla, otra fe…». No, la partida de Miguel de Cervantes Saavedra de Alcázar de San Juan no apareció «poco después» de haberse descubierto en 1752 la de Alcalá de Henares y publicada por Montiano en su Discurso II sobre las tragedias españolas en 1753, sino que fue descubierta por Blas de Nasarre en 1748, cuatro años antes.

También afirma Muñoz Machado que «en una de las obras que dejó manuscritas Sarmiento, dijo que estaba claro en la historia de Argel que la verdadera patria de Cervantes era Alcalá». El padre Martín Sarmiento llega a esta conclusión, después de leer en 1752 la Topografía e historia general de Argel (1612) del padre Haedo, además de cotejar las dos certificaciones de las partidas de Alcalá de Henares y Alcázar de San Juan. Pero también el padre Sarmiento, en su manuscrito Noticia de la verdadera patria (Alcalá) de ÉL Miguel de Cervantes estropeado en Lepanto, cautivo en Argel y autor de la Historia de D. Quixote y conjetura sobre la Insula Barataria de Sancho Panza (1761), conservado en la BNE (Mss_018031), hace la cronología de las búsquedas de estas dos partidas, y no corresponde con la afirmación de Muñoz Machado en su Cervantes.

En 1761, escribe el padre Sarmiento:

El año de 1717, estando en este mi monasterio de S. Martin de Madrid, baxaba con frecuencia a la librería, que contiene 9 mil tomos. No tanto baxaba a leer; quanto a enredar y revolver libros. Sucedió, que entre ellos tropezé con uno en folio, cuyo título era: Topographia, è Historia General de Argel. Su autor, el Mro  Pe fr. Diego de Haèdo, benedictino. Lei un poco de la Topographia, y me pareció muy bien. Pero preocupado de que un monxe benito no podría tratar con exactitud y acierto, de las cosas de Argel; desamparé aquel libro, y eché mano de otro para divertirme. Despues, no volvi a ver ese Pe Haèdo, asta el año de 1752.

Ese año de 1752, entre otros libros que compré, compré el dicho tomo Historia de Argel. A la primera abertura del libro abri en la pag. 185 del Dialogo de los Martyres; en donde esta el famoso contexto de que era Miguel Cervantes un hidalgo principal de Alcalá de Henares…

 Asi que tropezé con la noticia de la verdadera Patria de Cervantes, la comuniqué, y con franqueza, al librero Francisco Manuel de Mena, que viene a mi celda con frecuencia. Señasele el libro, y el folio 185 de Haedo. Encarguele que esparziesese esa noticia de que Alcalá era la Patria de Cervantes; en la Rl Bibioteca, y en otros congresos de literatos. Mi fin era para que si alguno quisiese tratar ese punto, viese antes en Alcala la Fee de Bautismo de Cervantes. Creo que algunos hizieron la diligencia. Pero el que mas se esmeró en hacerla ha sido Dn Agustin de Montiano y Luyando, secretario de Su Mag. Y de la R. Academia de la Historia.

Este discreto y erudito caballero, solicitó que en Alcalá se vuscase la Fee de Bautismo. Vuscose, se halló y se le remitió. Y aviendola copiado, la imprimió a la letra en la pagina 10 de su tomo Discurso sobre las Tragedias Españolas: y la Tragedia Athaulpho. Alli supone, que yo tropeze con el texto del Pe Haedo que expresa que Cervantes ha sido de Alcala de Henares. El dicho tomo se imprimió en 1753 en 8º y en el se cita la pag 185 de Haedo para la noticia.

El padre Sarmiento, convencido de lo que había leído del padre Haedo, coetáneo de Cervantes, es quien en 1752 insta a que se buscase en los archivos parroquiales de Alcalá de Henares la fe de bautismo de Miguel de Cervantes. Ya se había hecho en 1748 un primer intento de localizar la partida de bautismo en Alcalá, después de que Juan de Iriarte encontrase una relación de cautivos liberados en 1580, en la que aparecía un «Miguel de Cervantes, de edad de treinta años, natural de Alcalá de Henares». Quizás, el haber centrado la búsqueda en los apuntes de los niños bautizados en los años 1549 a 1550 fue el motivo del fracaso. 

Blas de Nasarre (1689-1751), bibliotecario mayor de la Biblioteca Real y académico de la Real Academia Española, además de ser quien descubre en 1748 la partida de bautismo en Alcázar de San Juan, un año más tarde hace lo mismo con el acta de defunción de Miguel de Cervantes, encontrada en la parroquia de San Sebastián de Madrid, con la fecha de su muerte: «En 23 de abril de 1616 murió Miguel Cervantes Saavedra, casado con doña Catalina de Salazar, calle del León…». Nasarre publica esta acta de defunción en la «Disertación o Prólogo» de las Comedias y Entremeses de Miguel de Cervantes Saavedra, editadas en1749, pero sin su firma.

El padre Sarmiento, en su manuscrito, refiriéndose a Nasarre como «el anonymo», por haber publicado sin firmar esa «Disertación o Prólogo» a las Comedias, le confiere la autoría del descubrimiento de la partida de Cervantes en Alcázar de San Juan:

El Anonymo, que en 1732, reimprimio el Quixote de Tordesillas del pseudonymo Alonso Fernandez de Avellaneda; y el Anonymo, que en 1749 reimprimio Las Comedias de Cervantes, y le puso un largo Prologo, ha sido un solo autor bien conocido; y el cual estaba de asiento algunas veces en la Mancha. Me persuado a que a ese se le comunicó la noticia de la certificación del Alcazar de Sn Juan. Digo esto; porque antes que yo tropezase con la Historia de Argel; y aun antes que muriese el dicho Anonymo; me avian dicho en la celda, que ya se avía descubierto en la Mancha, la Patria de Cervantes; y tengo idea confusa de que señalaron el Alcazar de Sn Juan.

La cronología real de las apariciones de ambas partidas de bautismo, la de Alcázar de San Juan y la de Alcalá de Henares, es evidente. Antes de que el padre Sarmiento comprara y leyese la Historia de Argel, del padre Haedo, «en donde esta el famoso contexto de que era Miguel Cervantes un hidalgo principal de Alcalá de Henares», cosa que hace en el año 1752, ya se conocía la partida de bautismo de Miguel de Cervantes en Alcázar de San Juan, descubrimiento atribuido a Blas de Nasarre. Si Nasarre muere en 1751, habiendo publicado el acta de defunción de Cervantes en el prólogo de las Comedias editadas en 1749, la fecha de la aparición pública de la partida alcazareña de 1748 es cuatro años anterior al descubrimiento de la alcalaína y cinco de su publicación por Agustín de Montiano. 

Esta cronología en la aparición de las partidas de bautismo no cambia en nada la biografía oficial conocida de Miguel de Cervantes. Tampoco cambia la tradición que se ha transmitido en Alcázar de San Juan de generación en generación, que llegó incluso a cambiar su nombre oficial a Alcázar de Cervantes durante algunos años del pasado siglo XX. Antes de que Blas de Nasarre escribiese en 1748, al margen de la partida alcazareña, «Este fue el autor de la Historia de Dn Quixote», la tradición alcazareña ya había reconocido a su vecino Miguel, primer hijo de Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López, como el autor del Quijote.

 

                                                    Luis Miguel Román Alhambra

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Alfonso Dávila biógrafo de Cervantes visita la comarca del Quijote

Fecha de Publicación: 22/05/2022

 

Alfonso Dávila Oliveda, tercero por la izquierda

 

Dávila Oliveda es burgalés afincado en Alcalá de Henares, ex director del Archivo General de la Administración, ha participado en un almuerzo organizado por la Sociedad Cervantina de Alcázar y visitará en los próximos días la comarca del Quijote

Frente a la mayoría de biógrafos que aseveran que nuestro escritor no pasó por la universidad, él puede presumir de haber encontrado los documentos que certifican la estancia de Miguel de Cervantes en la Universidad de Alcalá de Henares figurando matriculado en ella entre los años 1566 al 1568

Alcázar de San Juan, 22 de mayo de 2022.- La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha recibido en su actividad “los Almuerzos de don Quijote” a Alfonso Dávila Oliveda gran profesional de los archivos españoles e incansable buscador de documentos, especialmente los que contribuyen a aclarar la oscura -todavía- biografía de Miguel de Cervantes Saavedra.

Dávila es Licenciado en Historia y Diplomado en Archivística y Documentación. Ex  director del Archivo General de la Administración, así como Facultativo del Cuerpo de Archiveros del Estado y tiene publicada una amplia e interesante biografía de Cervantes:

  • Miguel de Cervantes. Apuntes para una biografía. Vol. 1. Soldado poeta (1547-1585), 2015.
  • Miguel de Cervantes. Apuntes para una biografía. Vol. 2. El agente del Rey predestinado para el teatro, que se dedicaba a los negocios poeta (1586-1595), 2016.
  • Miguel de Cervantes. Apuntes para una biografía. Vol. 3. El espía (1595-1603), 2019; de la que aún le queda por terminar la correspondiente a la última parte de su vida y está trabajando en ella.

Precisamente ha venido a la comarca del Quijote para conocer de primera mano Alcázar de San Juan, El Toboso, Campo de Criptana, Puerto Lápice, Argamasilla de Alba, las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos, lugares por donde se desarrollaron las aventuras principales del Quijote.

Muchos de sus hallazgos documentales que enriquecen su biografía cervantina chocan con las biografías oficiales (podríamos llamarlas así) ya que todas ellas se inspiran en mayor o menor medida en la Vida de Miguel de Cervantes Saavedra escrita en 1737 por Mayans y Siscar, siendo más que comprobado que los documentos que no se ajustan al relato establecido por este primer biógrafo, se desprecian o se esconden, se destruyen o se hacen desaparecer para no acabar con el mito de Cervantes que quedó establecido con esta obra.

Pero es evidente que ha encontrado documentos que atestiguan el paso de Miguel de Cervantes por la Universidad de Alcalá, al menos entre los años 1566 y 1568, siendo síndico estudiantil (lo que equivaldría a ser delegado de curso) en los años 1567 y 1568; y teniendo por compañeros de estudios a Mateo Alemán, Juan de Palacios (cura de Esquivias y tío de su futura mujer Catalina de Salazar y Vozmediano), Mateo Sánchez, Pedro Laynez e incluso a Gaspar de Ezpeleta quien morirá en el lecho de Miguel, en Valladolid en el año 1605.

Tras su llegada a Alcázar de San Juan, Alfonso Dávila, en compañía de miembros de la Directiva de la SCA, ha visitado el Museo Casa del Hidalgo, donde ha podido comprobar cómo era la casa y la vida de un hidalgo del Siglo de Oro español y donde ha podido apreciar un facsímil de la partida de bautismo del Miguel de Cervantes alcazareño. Después visitó la plaza de Santa María y sus alrededores donde está la estatua de Cervantes, el cubillo de la muralla, el torreón del Gran Prior y la Capilla de Palacio. Desde allí se trasladó a la sede de la Cervantina a degustar unos típicos platos manchegos. 

Alfonso Dávila habló en la sede de los cervantistas alcazareños de tres personas llamadas Miguel de Cervantes, el bautizado en Alcalá, el bautizado en Alcázar de San Juan y un tercer Miguel de Cervantes mexicano, nacido en Oaxaca, perteneciente a la rama familiar de los Cervantes de América, fundadores del Estado Mexicano. Defendió además que todos eran escritores, manifestando su corazonada -que basa en los documentos encontrados-, de que todos pudieran haber trabajado coordinados tanto en sus redes de negocios como en aspectos cultuales, en diferentes momentos de sus vidas.  

También habló de los caballeros de la orden de San Juan y de algunos de sus secretos que han mantenido ocultos durante mucho tiempo, que les dieron ventajas económicas y de salud en su época, y que por afectar a la ciudad de Alcázar de San Juan y sus recursos económicos, en breve desvelará publicando un artículo donde dará a conocer el poder que en su tiempo llegaron a alcanzar los caballeros sanjuanistas.

Los socios cervantinos disfrutaron de la erudición de este invitado que no paró de ofrecerles datos y que apuntó algunos temas muy interesantes y los archivos donde se encuentran los documentos que los apoyan, sobre los que desarrollar las investigaciones que algunos de los socios están llevando a cabo.

En resumen, un fructífero almuerzo que ha enriquecido a los miembros de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan después de haber compartido mesa, mantel y afición por espacio de casi ocho horas. Por su arraigada amistad personal con Krzysztof Sliwa, prometió a los cervantistas alcazareños una próxima visita acompañado del reconocido cervantista polaco.

Alfonso Dávila Oliveda entró a la bodega-sede de la Sociedad como invitado y salió como un amigo más de esta asociación cultural que crece en importancia y conocimiento día a día.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Maneras de comer en el Quijote

Fecha de Publicación: 03/05/2022
Ilustración de Gustave Doré para la edición L’ingénieux hidalgo Don Quichotte de la Manche (Hachette), PARIS, 1863. Tomada de QBI – Banco de Imágenes del Quijote

Por: Luis Gómez Canseco

Ponencia en la IV Mesa Redonda Cervantina «La gastronomía del Quijote en el siglo XXI», celebrada en Alcázar de San Juan el 30/04/2022

Para la narrativa que comienza su andadura a finales del siglo XV, la presencia de la comida está hondamente relacionada con la irrupción de la realidad en la ficción. En ese recorrido que empieza con La Celestina y sigue hasta el Lazarillo de Tormes, la comida tiene una cierta importancia, aunque en principio más como reflejo del hambre y de una situación social que con entidad propia. No obstante, cuando avanzamos hacia el Guzmán de Alfarache y, sobre todo, hacia el Quijote, el asunto cambia por completo. Se trata de textos mucho más complejos, en los que el no solo el tiempo o la geografía vienen a coincidir con los de los lectores contemporáneos, sino que todo contribuye a la reconstrucción en palabras de esa apariencia de realidad: el lenguaje, los usos, el ambiente, los personajes mismos y, claro está, lo que comen.

Cervantes quiso que sus personajes tuvieran vida y que, como consecuencia, cumplieran con las condiciones fisiológicas necesarias para ello. De ahí el elogio que el cura Pero Pérez hace del Tirante el Blanco durante el escrutinio de la librería de don Quijote:

Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte. (I, 6)

En principio, nada hay de extraordinario ni de novelesco en esta cuestión, que pudiera parecer intrascendente; pero Cervantes se sirvió de ella al menos para dos funciones. En primer lugar, le permitió crear un paisaje narrativo que parece real y que da densidad al mundo imaginario. En segundo lugar, lo que los personajes comen y el modo en cómo lo hacen nos ayuda a conocerlos en su complejidad.

Esquematizando mucho esa complejidad, podríamos decir que hay tres maneras básicas de comer en el libro. cervantino: la primera es el hambre, esto es, no comer; la segunda es comer con ansia; la tercera, por el contrario, consiste en comer con contención y mesura. Estos modos –en especial los dos últimos– reflejan en buena medida los órdenes sociales que se reflejan en el libro. Y es que, más allá del hambre que tenga cada uno, el ansia a la hora de comer se asociaba a lo villanesco, mientras que la mesura correspondía a las maneras más educadas de sentarse a la mesa y de comportarse frente a la oferta gastronómica.

Se trata, si bien se mira, del mismo arco social que podemos ver reflejado en el Quijote, con una primera parte dominada por un paisaje mucho más rural –el de las ventas, los arrieros, los pastores y los villanos–, donde las clases más altas solo comparecen en el enredo de Sierra Morena, cuando don Quijote y su cuadrilla llegan a la venta con Cardenio y Dorotea, y se encuentran allí con don Fernando, Luscinda, el oidor, don Luis, doña Clara y el capitán cautivo. En la segunda parte, muy probablemente bajo el impacto provocado por el Quijote apócrifo de Alonso Fernández de Avellaneda, Cervantes llevó su caballero hacia un mundo más urbano, más amplio y más diverso en el dibujo que se hace de la sociedad contemporánea.

En el libro de 1605, los protocolos se mueven entre la cena con los pastores y las frugales comidas de Sancho y su amo en medio del campo. En 1615, sin embargo, nos encontramos con episodios culinarios mucho más elaborados como las bodas de Camacho, los sufrimientos de Sancho en su mesa de gobernador en la ínsula Barataria o la visita a la casa de don Antonio Moreno. En ese recorrido, vamos a pasar desde simples alforjas de viaje o mesas poco surtidas, como sería la del propio Alonso Quijano, a auténticos festines gastronómicos. Aun así, en cada uno de esos casos los personajes guardan su particular protocolo.

La escasez que a menudo afecta a las alforjas de Sancho se ve compensada por la abundancia que gentilmente se les ofrece aquí y allá. Ese despliegue alimenticio con el que se encuentran –sobre todo en la segunda parte– tenía mucho que ver con el prestigio social del anfitrión, que de este modo ponía de manifiesto su riqueza y liberalidad. De ahí que don Diego de Miranda, el caballero del Verde Gabán, asegure que sus convites eran «limpios y aseados y nonada escasos» (II, 16). Conviene recordar aquí que el protocolo de la corte de Borgoña, introducido en España por la dinastía de los Austrias, recomendaba servir un buen número de platos simultáneamente, tal como se ve en el fallido banquete de Sancho como gobernador o, en una versión rústica, en las bodas de Camacho.

Pero recordemos que la primera forma de comer era con hambre y sin remilgos. Es lo que hace Cardenio, a pesar de su condición, en Sierra Morena:

Luego sacaron Sancho de su costal y el cabrero de su zurrón con que satisfizo el Roto su hambre, comiendo lo que le dieron como persona atontada, tan apriesa, que no daba espacio de un bocado al otro, pues antes los engullía que tragaba; y en tanto que comía ni él ni los que le miraban hablaban palabra. (I, 24)

Otro tanto cabe decir de los peregrinos que acompañan al morisco Ricote, que comen «con grandísimo gusto y muy de espacio». Pero hasta en esto guardaban su protocolo, porque lo hacen tomando la comida «con la punta del cuchillo, y muy poquito de cada cosa». Bien es verdad que, cuando se trata de beber, la cosa cambia:

…y luego al punto todos a una levantaron los brazos y las botas en el aire: puestas las bocas en su boca, clavados los ojos en el cielo, no parecía sino que ponían en él la puntería; y de esta manera, meneando las cabezas a un lado y a otro, señales que acreditaban el gusto que recebían. (II, 54)

Los mismos cabreros del capítulo 11 de la primera parte se someten a normas sociales a la hora de comer. Cuando don Quijote y Sancho llegan a la majada, los cabreros les acogen con generosidad, atendiéndoles con su mejor protocolo:

…tendiendo por el suelo unas pieles de ovejas, aderezaron con mucha priesa su rústica mesa y convidaron a los dos, con muestras de muy buena voluntad, con lo que tenían. Sentáronse a la redonda de las pieles seis dellos, que eran los que en la majada había, habiendo primero con groseras ceremonias rogado a don Quijote que se sentase sobre un dornajo que vuelto del revés le pusieron. (I, 11)

Animado por esa sencillez, don Quijote invita a Sancho a romper la distancia social que los separa y comer juntos. El escudero rechaza, sin embargo, la oferta para comer a sus anchas sin atenerse a esas normas que marcaba la urbanidad de la época:

Mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas, donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. (I, 11)

A la postre, tales ataduras terminarán por serle impuestas al escudero cuando lleguen al palacio de los duques. Primero será don Quijote quien, tras comer con todo el aparato a la mesa de los duques, sufrirá un protocolo inventado y burlesco con el que le lavan las barbas. La costumbre sorprende incluso a Sancho, que asegura: «en las cortes de los otros príncipes siempre he oído decir que en levantando los manteles dan agua a las manos, pero no lejía a las barbas» (II, 32). Más adelante será el propio don Quijote quien le instruya con sus consejos en los modos comer que convienen a un gobernador, atendiendo tanto a la dieta como a la mesura y al protocolo. De ahí se suceden esas tres extraordinarias sentencias: «No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería», «Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago» y «Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de erutar delante de nadie». Sancho, que no entendía esa voz de erutar, precisa que su amo le explique que «quiere decir ‘regoldar’, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy sinificativo». A lo que el escudero repone: «Uno de los consejos y avisos que pienso llevar en la memoria ha de ser el de no regoldar, porque lo suelo hacer muy a menudo» (II, 43).

Ya en su gobierno insular, Sancho disfrutará del mismo aparato y la gastronomía de los que disfrutaban los nobles, pero lo hará bajo la implacable tutela del doctor Pedro Recio de Agüero, natural de Tirteafuera, que le impide disfrutar del festín que, como gobernador, tenía a la mano. Tan es así que, cuando decide abandonar el cargo, tan solo pide «medio queso y medio pan», sin «mayor ni mejor repostería» (II, 53). Vuelve así a su dieta y maneras de villano.

Sin embargo, a partir de ese momento, el escudero se hace otro. Sobre todo, desde el punto y hora en que el Quijote apócrifo vio la luz. Avellaneda pintó a Sancho como un villano zafio y glotón, que se atracaba de albondiguillas y manjar blanco, y se guardaba las sobras en los bolsillos. Así se lo recordaba don Antonio Moreno en Barcelona: «Acá tenemos noticia, buen Sancho, que sois tan amigo de manjar blanco y de albondiguillas, que si os sobran las guardáis en el seno para el otro día». A lo que Sancho repone: «No, señor, no es así, porque tengo más de limpio que de goloso, y mi señor don Quijote, que está delante, sabe bien que con un puño de bellotas o de nueces nos solemos pasar entrambos ocho días». Hasta el propio don Quijote sale en defensa de su escudero, asegurando que «la parsimonia y limpieza con que Sancho come se puede escribir y grabar en láminas de bronce, para que quede en memoria eterna en los siglos venideros. Verdad es que cuando él tiene hambre parece algo tragón, porque come apriesa y masca a dos carrillos, pero la limpieza siempre la tiene en su punto». Y aún añade una puntualización extraordinaria sobre los modos de comer, y es que «en el tiempo que fue gobernador aprendió a comer a lo melindroso: tanto, que comía con tenedor las uvas, y aun los granos de la granada» (II, 62).

Algo había haber de verdad, porque en la primera parte el escudero no tiene inconveniente en comer a sus anchas cuando el hambre le azuza:

Díjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondiole su amo que por entonces no le hacía menester, que comiese él cuando se le antojase. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y, sacando de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio, y de cuando en cuando empinaba la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. (I, 8)

En la segunda, no obstante, ya derrotado en las playas de Barcelona, el caballero se dirige de regreso a la aldea, sin ánimo para pensar en alimentos: «No comía don Quijote, de puro pesaroso». Ante esta situación, el antiguo villano ya ha aprendido a abstenerse y a guardar las formas: «Sancho no osaba tocar a los manjares que delante tenía, de puro comedido, y esperaba a que su señor hiciese la salva». Pero solo por un tiempo razonable, porque al poco, viendo que don Quijote «no se acordaba de llevar el pan a la boca, no abrió la suya y, atropellando por todo género de crianza, comenzó a embaular en el estómago el pan y queso que se le ofrecía» (II, 59).

Pero ¿qué ocurre con el caballero en todo este paisaje? Le hemos visto instruir a Sancho en las buenas maneras, sentarse a la mesa con don Diego de Miranda, con don Antonio Moreno o con los nobilísimos duques, sin despreciar por ello la invitación de los cabreros o las alforjas de Sancho. Pero ocurre –y no es traza de menor cuantía– que todo lo que Alonso Quijano sabe, don Quijote lo transforma en materia de caballerías. Y en estos libros a los caballeros todo se iba en amores y batallas, sin atender demasiado al sustento. El mismo caballero lo recordaba al poco de salir de su aldea:

Hágote saber, Sancho que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquello que hallaren más a mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras leído tantas historias como yo, que aunque han sido muchas, en todas ellas no he hallado hecha relación de los caballeros andantes comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y los demás días se los pasaban en flores. (I, 10)

En los libros de caballerías, como en los de pastores o los sentimentales, apenas había tiempo y ocasión para comer. Aseguraba Luis Cernuda que, tras leer el Quijote de cabo a rabo, se sale con la sensación de que don Quijote casi no come y apenas duerme. Pero eso es lo que corresponde a un verdadero caballero andante y enamorado, y don Quijote ha decidido serlo a las bravas y con todas las consecuencias. En la historia de Cervantes, don Quijote está rodeado, casi asediado por la realidad, pero en su caso la literatura ha sustituido a la vida. Se alimenta casi exclusivamente de unas pocas ideas que ha encontrado en los libros de caballerías. Y en esos los libros –Alonso Quijano lo sabía bien– los caballeros comen poco y cenan más poco.

 

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Luis Gómez Canseco es Doctor en Filología Hispánica y Profesor en la Universidad de Huelva. Es Socio de Honor de la Sociedad Cevantina de Alcázar de San Juan

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Ruta Cervantin@lcazar homenajeando a Cervantes en el aniversario de su muerte

Fecha de Publicación: 24/04/2022

El domingo 24 de abril y conmemorando el 406 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, un grupo de asistentes conocieron los lugares de Alcázar de San Juan que tienen vinculación con el escritor y su obra

Alcázar de San Juan, 24 de abril de 2022.- En la mañana de este domingo 24 de abril recién cumplidos ayer los 406 años de la muerte de Miguel de Cervantes, los asistentes a la Ruta Cervantin@lcazar han recorrido los diferentes lugares de la ciudad que tienen vinculación con el escritor y su obra, de mano de la Sociedad Cervantina de Alcázar.

El inicio de la ruta ha sido la escultura “Alonso con su gato” del escultor valdepeñero Antonio Lillo Galiani, situada en la Av. de Herencia frente a Aguas de Alcázar y punto de encuentro habitual de la ruta guiada.

Posteriormente los asistentes conocieron la historia que encierra el Quijote Cósmico, en la plaza de Palacio, busto que Eulalio Ferrer (español exiliado en México tras la Guerra Civil y padre de la Fundación Cervantina de México) regaló a la ciudad de Alcázar de San Juan y del que existe otro ejemplar exactamente igual en Guanajuato, México. La relación de amor e interés de Eulalio Ferrer por la ciudad de Alcázar de San Juan se remonta a la época en la que estuvo funcionando la “Orden de los Escuderos Sanchos” a la que el publicista español residente en México perteneció,

Aquí los asistentes conocieron de manos de Luis Miguel Román un Quijote, en edición de Calleja de 1905 justamente igual al que consiguió Eulalio Ferrer en el campo de refugiados de ArgelèssurMeren el sur de Francia cambiándolo por una cajetilla de tabaco, y con el que inició su pasión por el Quijote.

Enseguida llegaron a la Iglesia de Santa María, parroquia fundada en 1226 y donde existe la partida de bautismo de un niño llamado Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López, hecho acontecido en esta misma parroquia el 9 de noviembre de 1558.

Se detuvieron en la calle San Juan, justo en el lugar en el que Manuel Rubio explicó a los presentes que estuvo la casa de don Juan López Caballero, que tuvo tres hijos, Pedro Barba, Juan Barba y Catalina Vela. Según las crónicas de la época dos caballeros llamados Pedro Barba y Gutiérrez Quesada, salieron de Castilla para cumplir una misión de armas en la corte de Felipe de Borgoña, midiéndose en duelo con los hijos bastardos del conde San Polo, y en el capítulo XLIX 1a parte, Don Quijote refiriéndose a estos dos personajes dice "de cuya alcurnia yo desciendo por línea recta de varón".

También se comenta que un bisnieto de Juan López Caballero, que vivía en la misma casa, llamado Alonso Gutiérrez de Quijada había perdido la razón y su mujer, Teresa de Mendoza, pide en su testamento que la justicia nombre a su yerno Pedro de Cervantes, primo hermano de Miguel de Cervantes, tutor de su hija Clara de 8 años, para proteger su patrimonio de la demencia te su padre: "que no tiene juicio y le está defendida la administración de los bienes" tal y como Cervantes describe en el capítulo I a Don Quijote.

En la Plaza de Cervantes antiguamente llamada de los Rosqueros y de las Rubias, frente al lugar donde se encontraba la casa natal de Cervantes, se recordó la figura del moteño Fray Alonso Cano Nieto quien fue unos de los grandes valedores de Alcázar de San Juan como cuna del Quijote por la tradición oral que le había llegado, transmitida de forma directa a través de personas que habían vivido en la época del escritor, como fueron los abogados Rodrigo Ordóñez de Villaseñor (coetáneo de Miguel de Cervantes), Francisco de Quintanar y Úbeda y Juan Francisco Ropero y Tardío, quien puso al corriente de Fray Alonso Cano de la tradición cervantina de Alcázar que se ha ido transmitiendo desde la época del propio nacimiento de Miguel, como queda recogido en el Proemio a la edición de 1870 de la Real Academia Española realizado por el militar y académico Vicente de los Ríos.

Y en esta misma plaza dando un repaso al resto de la Ruta como el Museo del Hidalgo donde se recrea la vivienda y el modo de vida de un hidalgo manchego del siglo XVII o dando un repaso a los azulejos quijotescos del Parque Cervantes que contiene una reproducción única en España, donde se pueden ver gráficamente representadas todas las aventuras de la Primera y Segunda Parte del Quijote y que están colocadas en perfecto orden cronológico, se dio por finalizada la Ruta no sin antes dar un repaso a la relación que pudo tener Cervantes con la familia Romero Gaitán que habían financiado la construcción del convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, lugar donde fue enterrado junto con su mujer Catalina de Salazar y otras personas que no pertenecían a la familia benefactora del convento.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Un cuento del Quijote está basado en hechos y personajes reales de Alcázar de San Juan

Fecha de Publicación: 11/04/2022

 

Detalle del folio 45 del Libro Primero de desposorios y velaciones del Archivo parroquial de Santa María, en el que aparece Catalina López hija de Alonso de los Álamos en 1586

 

Lo que parecía ser otro artificio ingenioso de Cervantes para dar credibilidad al Quijote, alejándolo así de las antiguas novelas de caballerías, ha resultado ser la crónica de unos hechos ocurridos realmente en Alcázar de San Juan durante la segunda mitad del siglo XVI.

A esta conclusión ha llegado Luis Miguel Román Alhambra, miembro de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, después de cotejar datos de los archivos parroquiales e históricos municipales de la ciudad y crónicas antiguas de la ciudad de Medina del Campo (Valladolid).

En el capítulo treinta y uno de la segunda parte del Quijote (1615), Sancho Panza narra un cuento en el palacio de los duques, que según él había ocurrido en su mismo pueblo. Lo comienza diciendo que un hidalgo vecino suyo, que descendía de la familia de los Álamos de Medina del Campo, se había casado con la hija de don Alonso de Marañón, un caballero de la Orden de Santiago que se había ahogado en la catástrofe naval en la ensenada de La Herradura (Granada).

Román recuerda en su investigación un hecho casi olvidado de nuestra historia ocurrido el 19 de octubre de 1562: el gran desastre que la Armada Española sufrió en las costas granadinas. En él se perdieron, por causa de un fuerte temporal,  veinticinco de los veintiocho barcos que formaban la escuadra y más de cinco mil personas resultaron ahogadas, entre marineros, soldados y galeotes. Román afirma que Cervantes utiliza el recuerdo de esta tragedia tan conocida por los españoles de finales del siglo XVI y principios del XVII, cómo otro recurso más para dar verosimilitud al texto cervantino, al igual que hace con la expulsión de los moriscos, también en esta segunda parte del Quijote.

Lo que Luis Miguel Román aporta documentalmente al mundo cervantino es la existencia de un miembro de la familia de los Álamos de Medina del Campo que desaparece sin dejar un rastro claro de esta villa y quien pudo ser el origen del apellido Álamo o Álamos, que existió en Alcázar de San Juan durante el siglo XVI como lo demuestra con varias inscripciones en los libros parroquiales que se conservan en la iglesia de Santa María. De la familia Marañón, ha localizado una buena parte del linaje e incluso a un hidalgo alcazareño de principios del siglo XVII, Francisco Pérez Marañón, descendiente directo de ambas familias, Álamos y Marañón.

Asegura que aunque los archivos parroquiales de la parroquia de Santa Quiteria se perdieron en la Guerra Civil Española, que probarían documentalmente la existencia del malogrado don Alonso de Marañón al vivir en una casa cercana a esta iglesia, con los datos recopilados sobre sus descendientes directos Cervantes no contó una fábula en boca de Sancho Panza, sino unos hechos reales bien conocidos por los vecinos de Alcázar de San Juan a principios del siglo XVII.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

 

El artículo completo publicado se puede leer en:

https://cervantesalcazar.com/blog

https://sociedadcervantinadealcazar.home.blog/

https://cosasdealcazardesanjuan.wordpress.com/2022/03/27/alonso-de-maranon-y-el-lugar-de-don-quijote/

https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/2022/03/27/alonso-de-maranon-y-el-lugar-de-don-quijote/

 

 

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El legado de Sancho Panza sigue vivo en todo el mundo

Fecha de Publicación: 01/04/2022

Finalizado el plazo de recepción de trabajos, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan anuncia que ha recibido 120 relatos procedentes de 13 países de todo el mundo para el concurso “El Legado de Sancho Panza” lo que supone un gran éxito para ser la primera edición

Alcázar de San Juan, 1 de abril de 2022.- A las 23:59 horas del 30 de marzo finalizaba el plazo para la recepción de trabajos en el Primer Concurso de Relatos Breves “El legado de Sancho Panza” que organiza la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan en colaboración con el Ayuntamiento de esta localidad manchega Corazón de la Mancha.

A esta primera edición han concursado ciento veinte relatos procedentes de trece países del mundo, aunque han sido mayoría los que han llegado desde todas las Comunidades Autónomas de España excepto desde las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Se han recibido relatos desde Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, El Salvador, México, Perú, Puerto Rico, Suiza, Venezuela, Uruguay y España.

El nivel de las obras es muy alto y el jurado lo va a tener difícil para determinar los tres primeros premios de 300, 200 y 100 euros (así como los finalistas que obtendrán diploma), que se harán públicos el próximo 30 de abril en la clausura de la IV Mesa Redonda Cervantina titulada “La gastronomía del Quijote en el siglo XXI”, que se celebrará en la sede de la D.O. de vinos de la Mancha.

Cerrado el plazo, la organización ya se ha puesto en contacto con los participantes para anunciarles la fecha del fallo del jurado y para informarles de que oportunamente se les remitirá el enlace para que puedan visualizar tanto el desarrollo de la Mesa Redonda Cervantina como el fallo del jurado mediante emisión en directo a través de internet, desde donde podrán seguirlo todo en directo en el mismo momento en que esté sucediendo. Los canales habituales de información de la SCA son Facebook https://www.facebook.com/100007940075912 y también en la propia web https://cervantesalcazar.com/

Agradeciendo a todos su participación en el concurso, la Sociedad Cervantina y el Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan emplazan a concursantes, medios de comunicación y público en general al fallo del jurado el sábado 30 de abril.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Alonso de Marañón y el lugar de don Quijote

Fecha de Publicación: 27/03/2022

ʺPOR EL HILO SE SACARÁ EL OVILLOʺ (Q1, 4)

El Quijote, «una tela de varios y hermosos lazos tejida»


De mi artículo El sastre del cantillo:
A principios del siglo XVII Cervantes es ya una persona mayor, y en su cabeza rondan mil historias y cuentos, vivencias personales y fábulas oídas junto al fuego de las muchas ventas en las que tuvo que pasar las noches de camino. No quiere escribir «cuentos disparatados que atienden solamente a deleitar…», donde «un mozo de diez y seis años da una cuchillada a un gigante como una torre y le divide en dos mitades, como si fuera de alfeñique…», o el espacio-tiempo narrado es imposible como cuando «una gran torre llena de caballeros va por la mar adelante, como nave con próspero viento, y hoy anochece en Lombardía y mañana amanezca en tierras del preste Juan de las Indias, o en otras que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo…».

Abandona lo que tiene escrito, aunque quizás lo recicle después en la novela como hizo con otras novelitas o cuentos que tenía guardados en un cajón, y decide hacer sin probaturas, no tiene tiempo para eso, el Quijote:

«… hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible a la verdad, sin duda compondrá una tela de varios y hermosos lazos tejida, que, después de acabada, tal perfeción y hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho». (Q1, 47)

Sabe el gusto de los muchos lectores de novelas de caballerías, que como las comedias que se representaban «todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza», pero también reconoce «que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden». Por tanto, su ingenioso invento literario tiene que satisfacer a todos, a «discretos e ignorantes», para evitar, según precisa él, que «al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, que vendré a ser el sastre del cantillo».

Tenía que ingeniar de cabo a rabo, para no llegar a ser aquel «sastre del cantillo que ponía de su casa el hilo», una novela que fuese leída con agrado e interés por mucha gente de toda condición, tanto por los discretos como por el vulgo, porque, cómo él bien sabía, solo con la fama no se llenaba el plato de comida.
Cervantes cose sus cuentos, invención suya o reciclando los escuchados, con personajes reales, cotidianos, hilvanándolos todos y cada uno con el sutil hilo del espacio conocido y el tiempo real. Cambia así, con este «discreto artificio» las formas de componer los antiguos libros de caballerías, en las que el lector tenía que trasladarse mentalmente al tiempo del protagonista, a veces a los lejanos siglos XII-XIV, creando un novedoso libro de caballerías en el que es el antiguo caballero andante el que se traslada a principios del siglo XVII.

Elige para su protagonista la figura de Alonso, un hidalgo manchego normal de su tiempo, el Renacimiento, que se comportará como un antiguo caballero andante del Medievo durante las aventuras en la figura de don Quijote, llevándolo por caminos y parajes reales, haciendo así el Quijote verosímil y creíble para sus lectores. De no haberlo hecho así, su libro de caballerías no habría trascendido hasta nuestros días como el Quijote.

 

Una novela con hechos históricos conocidos por todos

Entre los discretos artificios, o recursos literarios, que ingenió para que su novela «tire lo más posible a la verdad» fue la de incorporar a las aventuras del hidalgo manchego referencias de hechos históricos recientes, muy conocidos por cualquier lector de su época, como por ejemplo la expulsión de los moriscos de España (1609-1613) o el desastre de la Armada española en la bahía granadina de La Herradura (1562).

Alusiones históricas que de omitirlas la ficción quijotesca no habría variado en absoluto. Sin duda alguna, Cervantes hilvana estos datos en el cuento a propósito con el fin de dar verosimilitud a las aventuras del trasnochado hidalgo manchego.

De la expulsión de los moriscos de España se han escrito miles de folios, siendo un hecho todavía hoy recordado por la gran trascendencia que tuvo en la sociedad española y en los propios expulsados. Pero no tanto del naufragio de una buen aparte de la Armada en las costas de Almuñécar. ¿Qué ocurrió aquel 19 de octubre de 1562 en La Herradura para que Cervantes la recuerde medio siglo después en el Quijote?

Solo recordar que Carlos I y su hijo Felipe II heredan una Marina militar instaurada en España durante el reinado de Fernando III el Santo y legislada en el Código de las Partidas por su hijo Alfonso X el Sabio en el siglo XIII. La escolta por el Atlántico de galeones que transportaban desde América oro y plata, las intrigas de franceses e ingleses y el poder de la flota turca, que amenazaba constantemente las costas del Mediterráneo con una invasión en cualquier parte, hizo que en el siglo XVI la Marina de Guerra española tuviese un gran auge. La incertidumbre constante en el Mediterráneo obligó a la Corona a dotar a este espacio de un gran número de embarcaciones de guerra a la Armada Española.

Las malas condiciones del mar son factores determinantes que condicionan la navegación de los navíos, más en aquellas embarcaciones que incluso las podían hacer naufragar con cierta facilidad. Condiciones desfavorables especialmente en invierno, tiempo que si las circunstancias lo permitían la flota lo pasaba resguardándose en algún puerto seguro.

El 18 de octubre de 1562, la escuadra de veintiocho galeras capitaneada por don Juan de Mendoza, después de aprovisionarse en el puerto de Málaga zarpa en dirección a Orán, para realizar una de sus últimas operaciones antes de su refugio invernal. Después de pasar la noche, remando bajo la lluvia y con vientos cambiantes, se refugian sobre las diez de la mañana en la bahía de La Herradura, detrás de la Punta de la Mona. Resguardados del fuerte viento del Levante, parecía entrar la calma en la flota cuando un fortísimo viento del Sur, sin tiempo si quiera de levar anclas para tratar de cambiar su posición a remo, empuja sin control a las galeras entre ellas y contra las rocas cercanas.

De la galera Capitana de España, al mando del propio don Juan de Mendoza, solo se salvaron cinco personas de las más de cuatrocientas que iban a bordo. Don Juan de Mendoza también murió ahogado después de golpearle uno de los palos de las velas y ser arrastrado al mar. En tres trágicas horas, de las veintiocho galeras de la escuadra española quedaron a flote y maltrechas solo tres. Las pérdidas humanas fueron enormes, algunos investigadores llegan a cifrarlas en cinco mil personas, entre soldados, marineros, galeotes y personal civil embarcado en Málaga.

Para dimensionar la magnitud del desastre naval de La Herradura, basta con compararla con el comienzo del epílogo de la Gran Armada. La Invencible, como ordinariamente se le recuerda por los ingleses, sufrió durante más de un mes, en septiembre de 1588, terribles tormentas frente a las costas de Irlanda, naufragando veintiocho embarcaciones, entre buques de guerra y cargueros, muriendo varios de miles de personas, de un total de treinta y cuatro o treinta y cinco buques perdidos durante toda la campaña contra los ingleses. Una tragedia similar en pérdidas humanas y materiales ocurrió en La Herradura, pero tan solo en tres horas dramáticas.

Aunque el desastre, en primer momento, se trató de silenciar para evitar un ataque turco a las desprotegidas ciudades de la costa del Mediterráneo, una vez recompuesta la flota española y derrotada la del imperio otomano en Lepanto, en 1571, fueron constantes las informaciones en España y América sobre esta gran tragedia en la ensenada de La Herradura.

Información que también pudo Cervantes haberla conocido de primera mano de los mismos vecinos de Motril, Salobreña y Almuñécar, que acudieron a ayudar a los heridos y sobrevivientes ese mismo día.

Cervantes estuvo en Motril en 1594 ejerciendo de funcionario recaudador de impuestos atrasados. Fue un hecho que conmocionó a la comarca durante años por la gran cantidad de cuerpos recogidos sin vida en la playa por sus vecinos.

Las relaciones nominales de hombres y mujeres que iban a bordo de las galeras se perdieron en el naufragio y en los incendios de los archivos de la Alhambra y Valencia de don Juan, donde se llevaron todos los documentos encontrados en la arena de la playa. Se conoce el número de soldados, marineros y remeros que integraban cada galera por cartas de información, pero no sus nombres.

Volvamos al Quijote. Este dramático suceso es citado en el capítulo XXXI del segundo Quijote. Al inicio de la comida con la que fueron recibidos amo y escudero en el palacio de los duques, Cervantes intercala un cuentecillo en boca de Sancho a cuenta del protocolo exigido por el duque a don Quijote para sentarse a la mesa: «Si sus mercedes me dan licencia, les contaré un cuento que pasó en mi pueblo acerca desto de los asientos». Con la debida incertidumbre en don Quijote por lo que Sancho pudiera decir y cómo lo iba a decir, ante la insistencia de la duquesa Sancho Panza dice:

Y el cuento que quiero decir es este: convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y principal,… a un labrador pobre, pero honrado. Y así, digo que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidado… estando, como he dicho, los dos para sentarse a la mesa, el labrador porfiaba con el hidalgo que tomase la cabecera de la mesa, y el hidalgo porfiaba también que el labrador la tomase, porque en su casa se había de hacer lo que él mandase; pero el labrador, que presumía de cortés y bien criado, jamás quiso, hasta que el hidalgo, mohíno, poniéndole ambas manos sobre los hombros le hizo sentar por fuerza, diciéndole: Sentaos, majagranzas; que adonde quiera que yo me siente será vuestra cabecera. Y este es el cuento, y en verdad que creo que no ha sido aquí traído fuera de propósito. (Q1, 31)

Cervantes, para dar credibilidad al cuento de Sancho, pone identidad concreta al hidalgo convidador. Realmente el cuento de Sancho comienza así:

Y el cuento que quiero decir es este: convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo, que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue hija de don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en la Herradura, por quien hubo aquella pendencia años ha en nuestro lugar, que, a lo que entiendo, mi señor don Quijote se halló en ella, de donde salió herido Tomasillo el Travieso, el hijo de Balbastro el herrero… ¿No es verdad todo esto, señor nuestro amo? Dígalo, por su vida, porque estos señores no me tengan por algún hablador mentiroso.

Según Sancho, «este tal hidalgo, que yo conozco como a mis manos, porque no hay de mi casa a la suya un tiro de ballesta», era «muy rico y principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo», y estaba casado con una hija de «don Alonso de Marañón, un caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en la Herradura», del mismo lugar de don Quijote y Sancho.

Y cose otro hermoso lazo al cuento. Sancho muestra su pesadumbre por no haber podido asistir a su entierro por encontrase trabajando en el cercano lugar de Tembleque, «que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…», lo que provoca al eclesiástico para decirle: «Por vida vuestra, hijo, que volváis presto de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo, si no queréis hacer más exequias, acabéis vuestro cuento».

Entre los lugares manchegos de Alcázar de San Juan y Tembleque hay unos 50 km, aproximadamente 8 a 9 leguas, por camino llano. Esta distancia la recorrería Sancho sobre su rucio o a pie en unas 8 a 9 horas, una jornada normal de camino. Espacio más que cercano para decidir dejar a su familia e irse a trabajar unos días en la siega, una vez terminada en su pueblo y así traer unos dinerillos a la maltrecha economía de su casa. De nuevo, al nombrar un lugar manchego real como Tembleque, cercano al lugar de don Quijote y Sancho Panza, da verosimilitud al cuento y en general al texto del Quijote.

En este cuento Cervantes cose «hermosos lazos», sin venir a cuento. La enseñanza que de él trasciende es totalmente independiente de los detalles personales sobre el origen del hidalgo convidador, de la desgraciada pérdida de su suegro en el naufragio de La Herradura y la relación de vecindad que los unía.

Además de otro lacito sobre Mencía de Quiñones, la hija de don Alonso de Marañón, «por quien hubo aquella pendencia años ha en nuestro lugar, que, a lo que entiendo, mi señor don Quijote se halló en ella, de donde salió herido Tomasillo el Travieso, el hijo de Balbastro el herrero…». Don Quijote, dejando al lector en ascuas sobre qué hacía él en aquella pendencia por Mencía, apremia a Sancho a que termine el cuento: «Tú das tantos testigos, Sancho, y tantas señas, que no puedo dejar de decir que debes de decir verdad. Pasa adelante y acorta el cuento, porque llevas camino de no acabar en dos días»

 

Los Álamos de Medina del Campo

La familia de los Álamos es muy conocida en Medina del Campo, más aún por aparecer en la novela más leída en el mundo. En un manuscrito guardado en la BNE, escrito en 1785 y titulado Noticias varias que se han recogido tocantes a la Historia de Medina del Campo, cuyo autor es Julián de Ayllón y la Vega, prior de la Insigne Iglesia Colegial de Medina del Campo, se describe minuciosamente la historia de la ciudad y la «Genealogía de algunas familias ilustres de la Villa de Medina del Campo». Ayllón anota al margen de quienes tomó notas: «Historiadores de Medina Lopez Osorio, Juan de Montalvo, Domingo de León».

En los folios 208 y 209 de este volumen encontramos la «Descendencia de la Familia apellidada de Alamos, sus armas son banda roxa en campo blancoLa familia de Alamos es tan antigua en Medina, que de todos es ignorado su principio, como sabida su nobleza, lustre, y calidad; de cuya sangre hai pocas familias que no hayan participado […] Hai calle entera de su apellido llamada de Juan de Alamos, todo indicios y evidencias de su gran calidad.»

Juan de Álamos el Bueno era hijo de Hernán González de Álamos y nieto de Diego González de Álamos «caballero de suma estimación en el Reinado del rei D. Alfonso el ultimo; y fue uno de aquellos, á quien armó caballero de la banda en las Huelgas de Burgos», origen de la familia de los Álamos. Hernán González de Álamos tuvo dos hijos: Juan y Francisca de Álamos. De Juan de Álamos anota Julián de Ayllón en el margen: «Juan de Alamos sirvió en la Conquista de Oran y Mazalquivir, siendo capitán de una compañía de hombres de armas y otra de infantería en 1505».

Julián de Ayllón respalda junto a cada nombre el lugar que ocupa en el linaje de la familia:

Este Juan de Alamos nº3 casó con Dª Leonor de Silva, natural de Ciudad Rodrigo, hija de D. Hernando de Silva; tuvieron por hijos á
Hernando de Alamos nº 5
Francisco de Silva nº 6
Ruy Lopez de Alamos nº 7
Antonio de Alamos nº 8
Dª Constanza de Silva nº 9

De la hermana de Juan de Álamos anota que «Dª Francisca de Alamos nº 4 casó con Pedro Morejon (Vease el apellido de Morejon nº 1) y fueron primogenitores de esta familia»

A continuación anota a los hijos de Juan de Álamos, sus matrimonios y descendencias:
Hernando de Alamos nº 5 … casó con Dª Isabel de Barrientos, hija de ::: tuvieron á Juan de Alamos y Barrientos nº 10.

Francisco de Silva nº 6… casó con Dª María Rejón, señora de esta casa, y la prosiguieron siguiendo sus hijos y descendientes el apellido de Rejon, como se advierte tratando de él. Este Francisco de Silva sirvió al Emperador en las guerras de Africa; cautivándole en ellas por cuyo rescate se dio á Gamaz, general del Turco.

Ruy Lopez de Alamos nº 7… fue caballero de justicia del habito de San Juan; no sabemos si llegó á encomendar.

Antonio de Alamos nº 8… casó con Dª Bernarda Morejon, [y tuvieron a d.] Hernando de Alamos nº 11
Dª Constanza de Silva, nº 9… casó con Francisco del Carrillo; y tuvieron a Dª Leonor de Silva nº 12

De los hijos de Juan de Álamos, que vivieron durante gran parte del siglo XVI, todos emparentaron con vástagos de familias ilustres de Medina del Campo, menos Ruy López de Álamos, de quien Julián de Ayllón desconoce su estado y descendencia: «Rui Lopez de Alamos nº7… fue caballero de justicia del habito de San Juan; no sabemos si llegó á encomendar»

Ayllón, cuando escribió esta minuciosa relación de las familias de Medina del Campo, conocía los datos que de esta familia había escrito Juan López Ossorio, entre 1614 y 1615. El manuscrito de López Ossorio, guardado en la Real Academia de la Historia, está recogido por Ildefonso Rodríguez y Fernandez en su Historia de la muy noble y leal y coronada Villa de Medina del campo (Madrid, 1903-1904). Ossorio tituló su manuscrito Ystoria titulada principio, grandeza y caída de la novle villa de medina del campo, fundación y nombre que a tenido hasta el tiempo presente por Juan Lopez Ossorio vecino della.

López Ossorio al hacer la crónica sobre la familia Rejón, de las importantes de Medina del Campo, emparentada con la de los Álamos con uno de los hijos de Juan de Álamos, anota:

Tuvo este caballero [Cristóbal Rejón] por su hija legítima, sucesora en su mayorazgo á Dª María Rejón, á quien casó con Francisco de Silva, que sucedió en los dichos cargos, y yendo el año [15]42 por orden del Emperador á la dicha Oran, á cosas de importancia y á la guerra que se había de hacer en el Reino de Tremecén, llevó consigo al Comendador Ruy Pérez de Silva, su legítimo hermano, Caballero de la Orden de San Juan, y á otros muchos criados suyos. Siete galeras de moros cautivaron al dicho Francisco de Silva, donde, por defensa suya, murió el Comendador, su hermano, y llevaron cautivo al dicho Francisco de Silva á Argel; costó su rescate 3.000 ducados y 3.000 fanegas de trigo, y porque este rescate tuviese efecto por quererle tanto el Emperador, ofreció además que le daría en trueque de su persona á Hali Hamete, General del Turco, que era cautivo de D. Ur.no de Mendoza, y el dicho Francisco de Silva, acabó la vida continuando estos servicios. Este caballero Francisco de Silva, fué hijo de un caballero principal y antiguo de Medina del Campo, llamado Juan de Alamos, él Bueno, y de Dª Leonor de Silva, natural de Ciudad Rodrigo, de la familia de los Silvas, tan principal y notoria en estos Reinos.

López Ossorio da por muerto en la campaña de Orán a uno de los Álamos, Ruy Pérez de Silva: «llevó consigo al Comendador Ruy Pérez de Silva, su legítimo hermano, Caballero de la Orden de San Juan, y á otros muchos criados suyos. Siete galeras de moros cautivaron al dicho Francisco de Silva, donde, por defensa suya, murió el Comendador, su hermano». Mientras que Ayllón, que lo apellida López de Álamos, desconoce su destino: «Rui Lopez de Alamos nº7… fue caballero de justicia del habito de San Juan; no sabemos si llegó á encomendar» En ninguna de las crónicas Ruy aparece desposado.

Sin duda alguna, ambos cronistas se están refiriendo a una misma persona, Ruy, un Álamo que muerto o ausente de la villa no dejó rastro en Medina del Campo. Solo este Álamo, Ruy Pérez o López, pudo contraer matrimonio tan largo de Medina del Campo como para que sus cronistas hayan perdido su rastro, si es que no murió realmente en las campaña en las costas africanas, como afirma López Ossorio.

Los Álamos en Alcázar de San Juan

¿Existió descendencia directa de la familia de los Álamos de Medina del Campo en Alcázar de San Juan antes de la escritura del Quijote? Según el cuento de Sancho sí:

Y el cuento que quiero decir es este: convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo, que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue hija de don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en la Herradura … (Q2, 31)

Siguiendo el comienzo del cuento, si el Álamos de las crónicas de Medina del Campo es Ruy Pérez o López, y se establece, desconociendo los motivos, en Alcázar de San Juan, es más que posible que el apellido Álamos esté documentado en los archivos alcazareños. Sus descendientes también podrían llevar, según costumbre en Castilla, apellidos de los padres, solo del padre o de la madre, o de sus ascendientes directos, como el de los abuelos o bisabuelos. Por los posibles errores en las anotaciones he buscado tanto Álamos como Álamo, aunque bien pueden ser familias distintas.

La primera noticia documentada que se tiene de un Álamo en Alcázar de San Juan es la de un clérigo alcazareño que se embarca en Sevilla hacia América en 1528. En los fondos de la Casa de la Contratación de Indias creada en 1503, actualmente en el Archivo General de Indias de Sevilla, se conservan los documentos con las licencias para embarcar a América y Filipinas desde 1509, que han sido catalogados para su mejor uso. En el Catálogo de Pasajeros a Indias editado por el CSIC (1940) en el primer volumen (1509-1534) se recogen las papeletas de nueve alcazareños que fueron a América.

El 10 de abril de 1528 se da licencia para embarcar a «Garci Díaz, clérigo, natural de Alcázar de Consuegra, hijo de Diego del Alamo y de Marina Díaz». Este clérigo alcazareño fue nombrado primer obispo de Quito en 1546.

No hay registros de ningún otro Álamo o Álamos hasta los anotados en los libros sacramentales de la parroquia de Santa María. En el Concilio de Trento, celebrado entre los años 1545 y 1563, se ordena el «control y registro de los sacramentos» como una de las actividades propias de las parroquias. Así surgen los libros sacramentales y con ellos los archivos parroquiales.

En el siglo XVI existían en Alcázar de San Juan dos parroquias: Santa María la Mayor desde muy antiguo, siglo XIII, y Santa Quiteria instituida como tal en 1511. Ambas parroquias comenzaron a anotar, a partir de mediados del siglo XVI, en los libros sacramentales bautizos, confirmaciones, matrimonios y defunciones. Lamentablemente el archivo parroquial de Santa Quiteria desapareció durante la Guerra Civil Española (1936-1939), perdiéndose una gran parte de la historia alcazareña. El archivo parroquial de Santa María la Mayor, que se mantuvo en secreto durante la guerra, sí se conserva en un buen estado.
Ya en el Libro Primero de desposorios y velaciones, desde el 11 de junio de 1568 hasta el 7 de enero de 1635 hay constancia del apellido Álamo o Álamos.

 

El 24 de septiembre de 1568, Juan del Álamo es padrino de Alonso y Lucía «moriscos naturales del Reino de Granada».

Volvemos a encontrar a Juan del Álamo el 3 de octubre de 1571, esta vez como testigo, en las velaciones de Lorenzo de Buendía e Isabel Pérez «cristianos nuevos», y el 21 de julio de 1576, de nuevo como testigo de las velaciones de Miguel y Catalina Díaz.

 

En el folio 20 v aparece Juan del Álamo en la anotación de desposorio y velación de su hija María Díaz: «En 27 de octubre de 1578 años desposo y velo el padre Pedro Díaz a Juan Díaz Maroto hijo de Ruy Díaz Maroto y a María Díaz hija de Juan del Álamo…»

Hasta 1586 no aparece el apellido de los Álamos. En el folio 45, el 6 de noviembre de 1586 «desposo y velo el padre Roman a Juan García y a Catalina López hija de Alonso de los Alamos»

El 14 de enero de 1593 contraía matrimonio «Juan del Alamo hijo de Juan del Alamo y Mari Diaz hija de Juan Merino…»

Julián del Álamo aparece en la anotación tercera del folio 79: «yo Hernan Jimenez Roman desspose y vele a Alonso Diaz Moreno y a Ana Gomez hija de Julian del Alamo…»

Es ya entrado el siglo XVII cuando encontramos de nuevo a otro de los Álamos. La anotación dice así:

En 12 dias del mes de enero del año de 1609 desposo el padre fray Juan Roman y belo a Francisco García de los Alamos y a Mari Diaz hija de Juan Lorenzo batanero fue su padrino Bernabe de Resa y doña Catalina Roman su mujer testigos Juan Roman y Jeronimo Romero y Cristobal de Leon y lo firmo el dicho fray Juan. Padre Juan Roman.

Es significativo que el padrino de este desposorio fuese un Resa, familia que veremos emparentada con los Marañón más adelante.

En el Libro Primero de Bautismos (1556-1635), muy consultado por tener entre sus inscripciones la de un Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra bautizado el 9 de noviembre de 1558, del que la tradición alcazareña dice ser el autor del Quijote, aparece en 1562 el bautizo de Catalina, una hija de Alonso García de los Álamos e Inés López.

Dice así la inscripción:

En once días del del mes de maio de mil e quinientos y sesenta y dos años cristiano el padre Galan una hija de Alonso Garcia de los Alamos y de su mujer Ynes Lopez dixose Catalina fue conpadre de pila Juan de Meco y su mujer acompañados de Sebastian Sanchez y Pero Muñoz Parrado y sus mujeres.

Como evidencian los archivos, durante el siglo XVI en Alcázar de San Juan, al menos en los que se conservan de Santa María, hay constancia de apellidos «de Álamo» y «de los Álamos».

 

La familia Marañón en Alcázar de San Juan

De la familia Marañón, aunque es una familia muy antigua en Alcázar de San Juan, en esta parroquia de Santa María hay muy pocas anotaciones. Está documentado que la casa de la familia Marañón se encontraba en la conocida Calle de Resa, hoy Calle Canalejas, adscrita a la parroquia de Santa Quiteria. Es en los libros de esta parroquia donde se encontrarían anotados los bautizos, desposorios y defunciones de esta familia.

No obstante, en los archivo de Santa María aparece por primera vez el apellido Marañón en el desposorio de Francisco Pérez Marañón con una hija del doctor Valdivieso, de familia muy importante en Alcázar de San Juan.

En el folio 100 al margen se lee «Francisco Perez Marañon». La anotación dice:

En 28 de febrero de 1601 años yo fray Juan de Valdivieso despose a Francisco Perez Marañon y a doña Paula de Valdivieso hija del doctor Valdivieso velolos el padre fray Alonso de Valdivieso fue su padrino Diego de Ubeda y Ana Romero su mujer. Testigos Alonso Diaz de Villamayor [y] Cristóbal Diaz de Leon.

El 18 de febrero de 1607 «Alonso [Francisco] Pérez Marañon y su mujer doña Paula» fueron padrinos de Juan de Caliztón e Inés Díaz «cristianos nuevos». Es muy posible que el nombre de Alonso sea un error de quien hizo el registro y corresponda al de Francisco, al ser el esposo de doña Paula de Valdivieso, como afirma el anterior registro.

En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se conservan los libros de actas de las reuniones de los alcaldes y regidores de la villa, donde encontramos a Francisco Pérez Marañón, un hidalgo con el cargo de alcalde por el estado noble. En el primer libro, de 1599 a 1609, en folio 210 v. se nombran Comisarios de las Yglesias el 1 de diciembre de 1604. Parte del acta dice así: «Primeramente nombraron para comisarios de la iglesia de santa Maria a los señores Francisco Perez Marañon alcalde y al licenciado Perez Cencerrado y Francisco Hidalgo regidores…»

Unos meses más tarde, en julio de 1605, se vuelve a comisionar al alcalde Francisco Pérez Marañón para que compre trigo y cebada para el pósito del municipio. En el folio 232 podemos leer:

En la Villa de Alcaçar a trece días del mes de julio de mil y seiscientos y cinco años los alcaldes y regidores que abajo firmaron sus nombres, estando juntos en la torre de su ayuntamiento a campana tañida como lo tienen de costumbre, dijeron que se les a dado noticia que cerca desta villa en los lugares de su comarca ay personas que tratan de vender algunas partidas de candeal y cevada, y por aver necesidad de pan en esta villa y ser cosa conveniente conprarlo para la provisión del posito acordaron que Francisco Perez Marañon Alcalde ordinario les baya ahacer las compras que pudiere con la mayor comodidad y aprovechamiento del posito que fuere posible y asiente y concierte con los dueños del pan al precio o precios que se les vaya de pagar.

Francisco Pérez Marañón fue alcalde de la villa de Alcázar hasta final de 1606, siendo comisionado en varias ocasiones, e incluso metido preso en la torre del ayuntamiento por el gobernador del prior de San Juan, ante las denuncias de la villa contra este gobernador por quebrantar la primera instancia, privilegio que tenía la villa.

Descendientes directos son Alonso y Francisco Pérez Marañón, alcalde ordinario de la villa en 1664. Ambos se desposan con mujeres de familias muy importantes de Alcázar de San Juan. Alonso con Margarita Resa Orozco y Francisco con Isabel Saavedra.

Un hijo del matrimonio formado por Alonso Pérez Marañón y Margarita Resa Orozco es Francisco Resa Orozco, quien mantuvo cargos como regidor (1697) y alcalde ordinario (1702 y 1703) en el ayuntamiento de Alcázar de San Juan. De su matrimonio con Serafina Aguilera nacen Francisco José de Resa Marañón y Alonso José Marañón y Aguilera.

Del matrimonio de Francisco Pérez Marañón e Isabel Saavedra conocemos a Juan Saavedra. Hijos de este son Juan Antonio y Francisco Antonio Saavedra y Marañón.


A estos últimos miembros relacionados de la familia Marañón los hallamos en los documentos detalladísimos que se tuvieron que elaborar entre 1752 y 1753 para el conocido como Catastro de Ensenada, con el fin de averiguar «los Bienes y Efectos en que pueda fundarse una sola Contribución»

Alonso José Marañón y Aguilar firmaba entre los alcaldes y regidores a la instancia del juez encargado de las diligencias don Alonso de Zamora Aguilar, en agosto de 1752.

Para la ejecución de los registros que se tuvieron que realizar a todos los vecinos de Alcázar de San Juan, se reunieron en septiembre de 1752 en el ayuntamiento «los señores Don Diego Moreno Barchino y Don Manuel Guerrero y Romero, Alcaldes Ordinarios, en ambos estados; Don Juan José Guerrero, Don Pedro Sanchez Berenguillo y Don Alonso Marañon y Aguilera, Regidores…» para nombrar a los comisarios necesarios entre el estado noble y el estado general.

Terminadas todas las diligencias en mayo de 1753, el Consejo de Justicia y Regimiento de Alcázar de San Juan firmó el certificado de no haber cargado el juez maravedís por su salario a las cuentas de la villa. Ya se había renovado el ayuntamiento y entre los alcaldes y regidores se encuentran las firmas de Don Francisco Antonio Saavedra y Marañón y Don Francisco José de Resa y Marañón.

Juan Antonio Saavedra y Marañón declara ser clérigo de órdenes menores y está relacionada su importantísima hacienda en los Memoriales de eclesiásticos, elaborados para el mismo fin en esta villa de Alcázar de San Juan, firmándola él mismo en febrero de 1753.

Francisco José de Resa y Marañón, Alonso José Marañón y Aguilera y Francisco Antonio Saavedra y Marañón están relacionados como hijos dalgo en el Libro de Bienes de Seglares. La hacienda de cada uno de los tres está relacionada minuciosamente en este libro, así como el personal que tenían a su cargo para la labor de las tierras, el cuidado del ganado y el servicio en las casas.

En las minutas realizadas en 1884 por los topógrafos del Instituto Geográfico y Estadístico, delinearon el Carril de la Casa de Marañón y marcaron una construcción con el topónimo de Casa de Marañón. Esta casa de labor está muy cerca del Río Gigüela y del molino harinero del que fue propietaria la familia Marañón, como recogen las Respuestas Generales en 1753: «[molino] que se dice Hernando Diaz, en el dicho río y una legua de distancia, con tres piedras el que pertenece a Dª Theresa Bernarda, vecina de la Solana; a D. Francisco Marañón, vecino de esta villa…».

Es muy significativo que en la relación de todos los vecinos de la villa de Alcázar de San Juan en 1753, no aparezca ninguno nombrado con el apellido del Álamo o de los Álamos.

 

Conclusiones del cuento

«…convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo, que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue hija de don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en la Herradura…». Estos detalles del cuento de Sancho no eran necesarios para la enseñanza moral final que desprende. Cervantes lo alarga premeditadamente, «con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible a la verdad», proporcionándole así la credibilidad que buscaba en la novela.

Con los datos que se guardan en los archivos de Alcázar de San Juan, donde encontramos Álamos y Marañones, cabe aquí la pregunta: ¿Es un ingenioso artificio de Cervantes o verdaderamente todo el cuento fue real, siendo sus actores personas de carne y hueso de Alcázar de San Juan?

Volvamos al inicio del cuento, donde quizás está el principio de la respuesta: «Convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo». De los hijos de Juan de Álamos el Bueno, de todos está documentada su descendencia en Medina del Campo excepto de Ruy Pérez de Silva o López de Álamos, del que los cronistas medinenses ni se ponen de acuerdo en sus apellidos y mucho menos sobre su vida. Mientras uno lo da por muerto en África, otro dice que «no sabemos si llegó á encomendar», sin más. Lo que es evidente es que no contrae matrimonio en Medina del Campo, ni deja allí descendencia alguna. Es, por tanto, posible que Ruy Pérez de Silva o López de Álamos, «de los Álamos de Medina del Campo» llegase por alguna circunstancia desconocida a Alcázar de San Juan. De ser así, su apellido ascendiente «de Álamos» está documentado en los archivos alcazareños.

Sigamos con el cuento: «que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue hija de don Alonso de Marañón». También es evidente la existencia de la familia Marañón dentro de los hidalgos alcazareños desde el siglo XVI al siglo XVIII. La familia Marañón tenía sus casas en la potestad de la parroquia de Santa Quiteria, por lo que al haberse quemado sus archivos parroquiales durante la Guerra Civil no es posible verificar hoy nada sobre bautizos o matrimonios desde la segunda mitad del siglo XVI en esta parroquia.

De haberse producido esta unión real entre las familias Álamos y Marañón, descendientes de ella podrían tener los apellidos Álamos Marañón, López Marañón, Pérez Marañón o incluso Silva Marañón, en este orden entre ellos o al revés. En 1606, en las actas del ayuntamiento de Alcázar de San Juan, está documentado el hidalgo Francisco Pérez Marañón como alcalde ordinario por el estado noble. Hijo de este fue Alonso Pérez Marañón, en el que encontramos tanto el nombre como el apellido de «don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en la Herradura».

La tragedia en La Herradura es un hecho histórico en el que perdieron la vida ahogados muchas personas. ¿Estaba entre ellas don Alonso de Marañón, un vecino de Alcázar de San Juan?

A día de hoy no hemos podido encontrar ninguna evidencia de ello. Las arquillas y baúles con documentos que arrojó el mar a la playa de La Herradura después del naufragio se quemaron en incendios de los archivos en los que se depositaron. Si don Alonso de Marañón embarcó en Valencia, Cartagena o Málaga para cumplir los seis meses de servicio obligatorio en galeras, para los caballeros de la Orden de Santiago, posiblemente nunca aparezca documento alguno. Si lo hizo en Italia, antes de partir la escuadra hacia España, quizás se encuentre en la relación nominal de los militares embarcados en los Archivos Estatales de Nápoles, aunque estos durante la Segunda Guerra Mundial también resultaron seriamente dañados.

Otro apellido en el cuento es el de Quiñones: «…que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue hija de don Alonso de Marañón» ¿Tomó la hija de don Alonso de Marañón este apellido por parte de la madre o de algún antepasado paterno o materno?

De la misma época de la escritura del Quijote encontramos a María de Quiñones. La anotación de su desposorio dice:

En cuatro días del mes de marzo de mil y seiscientos y doce años yo Pedro Delgado despose y bele a Ignacio de Azbicola natural de Leoncillo de las montañas de Leon y a Maria de Quiñones hija de Alonso Sanchez Cotan fue padrino Juan Delgado y su mujer. Firma Pedro Delgado

A destacar en esta anotación es que María de Quiñones era hija de un Sánchez Cotán, familia significativa de Alcázar de San Juan. Y también la expresión del escribano «de las montañas de León», empleada por Cervantes para definir el origen del capitán Cautivo: «En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje…» (Q1, 39)

Muy pocas referencias hay de este apellido en los archivos parroquiales de Santa María. Sin embargo, también es un apellido muy conocido a principios del siglo XVII en Alcázar de San Juan. Ángel Ligero Móstoles, dentro de sus valiosísimas investigaciones sobre Cervantes y el Quijote, averiguó que los alcazareños Antonio y Cristóbal de Quiñones estuvieron al cargo y como capellanes, nombrados por su fundadora doña Francisca Romero Gaytán, en la construcción del convento de las Monjas Trinitarias Descalzas de Madrid, entre 1612 y 1613.

En un artículo publicado en abril de 2016, Francisco J. Atienza Santiago y José F. Sánchez Ruiz resumían los documentos recopilados por Ligero, entre ellos los depositados en el Archivo de Protocolos Notariales de Madrid en el que hay «una carta de poder de fecha 3 de octubre de 1612 donde Francisca autoriza al licenciado alcazareño don Antonio de Quiñones para tomar a censo, de 20000 el millar, 7000 ducados de principal, sobre sus juros y tierras».

En la primera escritura de fundación del convento, de octubre de 1612, doña Francisca Romero dice que «… desde ahora nombro por uno de los dichos capellanes al licenciado Antonio de Quiñones, clérigo, por todos los días de su vida…» Un mes después en una carta de poder dirigida a Alonso Torres para que gestionara en Roma las autorizaciones necesarias para la construcción del convento, son «Testigos que fueron presentes los susodichos el licenciado Antonio de Quiñones de Alcázar y Cristóbal de Quiñones de Alcázar y Pedro Guertas, vecinos y residentes de esta dicha villa…»

Al poco de haberse terminado el convento, Cervantes era enterrado en él sin saberlo la fundadora, que prohibía en los estatutos de fundación del convento enterramientos que no fuesen de su familia, monjas y capellanes del convento. Atienza y Sánchez terminan su artículo con esta «enorme pregunta»: «¿Por qué se entierra a Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid? Si la familia Cervantes no está entre las familias con derecho a ser enterradas, según el documento fundacional»

Contesto con esta otra pregunta: ¿Fueron estos Quiñones, alcazareños, quienes autorizaron su inhumación entre sus muros a espaldas de su fundadora?

Es difícil saber hoy si a Miguel de Cervantes Saavedra le unía algún lazo con la familia alcazareña de los Álamos, Marañón y Quiñones en la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII. Que conoce la pérdida del caballero don Alonso de Marañón en La Herradura y que una hija suya se casa con un Álamo de Medina del Campo, no cabe duda.

Probablemente nunca conoceremos la razón de nombrar en el Quijote estos nombres y hechos reales en el cuento de Sancho, pero … «por el hilo se sacará el ovillo». Si algún vecino de Alcázar de San Juan de principios del siglo XVII tuvo entre sus manos un Quijote y leyó este cuento no tendría dudas del nombre del lugar de don Quijote, que Cervantes no quiso acordarse.

Nota final para los curiosos: En la consulta de los Archivos Parroquiales de Santa María y del Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, de mitad del siglo XVI hasta mitad del siglo XVII, son innumerables las anotaciones correspondientes a los apellidos Cervantes y Saavedra, que darían para un extensísimo artículo. Apellidos que han llegado hasta nuestros días.

 

Bibliografía y archivos consultados:

-Ayllón de la Vega, Julián. Noticias varias que se han recogido tocantes a la Historia de Medina del Campo, 1785, Biblioteca Digital Hispánica, BNE.

-Rodríguez y Fernández, Ildefonso. Historia de la muy noble y leal y coronada Villa de Medina del Campo, Madrid 1903-1904, Biblioteca Digital de Castilla y León.

-Calero Palacios, María del Carmen. Naufragio de la Armada Española en La Herradura. Diputación de Granada. Granada 1974.

Libro de acuerdos y actas 1599-1609, Memoriales de eclesiásticos 1753, Bienes de legos o seglares 1753, Personal de legos y seglares 1753. Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan.

Libro Primero de Bautismos 1556-1635, Libro Primero de Desposorios y Velaciones 1568-1635, Archivo Parroquial de Santa María de Alcázar de San Juan.

https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/2022/03/07/el-sastre-del-cantillo-en-el-principio-del-quijote/

https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/2022/03/07/el-sastre-del-cantillo-en-el-principio-del-quijote/

 

Luis Miguel Román Alhambra

 

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

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El sastre del cantillo, en el principio del Quijote

Fecha de Publicación: 07/03/2022

 

Cervantes en el Quijote incorpora multitud de refranes, proverbios y sentencias de uso cotidiano de su época. Muchos han llegado hasta nuestros días como: El sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo. El significado de este refrán lo encontramos en el refranero del Centro Virtual Cervantes: «Alude a quien presta servicio sin obtener beneficios e incluso con alguna pérdida…». En tiempo de la escritura del Quijote, Sebastián de Cobarruvias en su Tesoro de la Lengua Castellana (1611) indica en la palabra sastre que es «el oficial de cortar ropas y vestidos», y apunta entre los proverbios de uso con esta palabra: «El sastre del campillo, o del cantillo, que ponía de su casa el hilo».

Mientras se quemaba las cejas a la luz de una vela escribiendo el Quijote, a Cervantes este refrán le rondó la cabeza. Quizás, por este viejo proverbio del sastre del cantillo se alumbró esta fábula inmortal tal y como la conocemos, «…y si no, al freír de los huevos lo verás», como diría Sancho Panza llegando a este punto.

A principios del siglo XVII Lope de Vega vende todo el teatro que sale de su pluma, dejando poco negocio, y menos dinero, para los demás colegas de profesión. Sin nombrarlo, Cervantes asume la excelente pluma y el éxito de Lope, aunque cree que algunas de sus comedias podrían haber sido aún mejores si no hubiese sido por las exigencias de los representantes de los teatros adonde se representaban, con la tinta todavía fresca:

 

Y que esto sea verdad, véese por muchas e infinitas comedias que ha compuesto un felicísimo ingenio destos reinos con tanta gala, con tanto donaire, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan graves sentencias, y, finalmente, tan llenas de elocución y alteza de estilo, que tiene lleno el mundo de su fama; y por querer acomodarse al gusto de los representantes no han llegado todas, como han llegado algunas, al punto de la perfección que requieren. (Q1, 48)

Los demás autores del momento tenían que acomodar su estilo a lo que los representantes les pedían, y así, al menos, poder comer caliente unos días. Cervantes, buen conocedor de lo que está pasando, les disculpa:

Y no tienen la culpa desto los poetas que las componen, porque algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran y saben estremadamente lo que deben hacer; pero como las comedias se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez, y así, el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide. (Q1, 48)

Cervantes y su familia tenían que comer, vestir y pagar la renta de su casa, y con los ingresos por el teatro que representaba no llegaba para estas necesidades. Tenía que abandonar su apreciado teatro y escribir una novela del gusto de la mayoría que le granjease dinero y fama. El Quijote subsanó, en parte, sus penurias, aunque si bien no le dio mucho dinero sí le dio la honra y la fama que buscaba. Pero hasta escribir el «Vale» final tuvo que crear una nueva forma de narrar historias, inédita hasta el momento, que ha llegado hasta los autores actuales. Era consciente que escribiendo una simple y manida novela de caballerías no seduciría a los lectores, por lo que ingenia unos discretos artificios, o recursos literarios cómo ahora se denominan, para obtener que su nueva obra se leyese por todo el mundo.

No tuvo que serle nada fácil. Sus dudas iniciales las confiesa por boca del canónigo de Toledo. Su primera intención fue hacer el Quijote con la estructura de un libro de caballerías: 

… he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas, y para hacer la experiencia de si correspondían a mi estimación las he comunicado con hombres apasionados desta leyenda, dotos y discretos, y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oír disparates, y de todos he hallado una agradable aprobación;  pero, con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión como por ver que es más el número de los simples que de los prudentes, y que, puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo, a quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. (Q1, 48)

 

No le convence simplemente «hacer un libro de caballerías», sabiendo que aunque bueno solo lo vendería para el «desvanecido vulgo» y poco más. Es ya una persona mayor y en su cabeza tiene mil historias y cuentos, vivencias personales y fábulas oídas junto al fuego de las muchas ventas en las que tuvo que pasar las noches de camino. No quiere escribir «cuentos disparatados que atienden solamente a deleitar…», donde «un mozo de diez y seis años da una cuchillada a un gigante como una torre y le divide en dos mitades, como si fuera de alfeñique…» o el espacio-tiempo es imposible donde «una gran torre llena de caballeros va por la mar adelante, como nave con próspero viento, y hoy anochece en Lombardía y mañana amanezca en tierras del preste Juan de las Indias, o en otras que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo…».

Abandona lo que tiene escrito, o quizás lo recicle después como hizo con otras novelitas o cuentos que ya tenía escritos, y decide hacer sin probaturas, no tiene tiempo para eso, un libro:

… hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible a la verdad, sin duda compondrá una tela de varios y hermosos lizos tejida, que, después de acabada, tal perfeción y hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho. (Q1, 47)

Sabe el gusto de los muchos lectores de novelas de caballerías, que como las comedias que se representaban «todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza», pero también reconoce «que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden»Por lo que su invento literario tiene que satisfacer a todos, a «discretos e ignorantes», para evitar, según define él, que «al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, que vendré a ser el sastre del cantillo». Tenía que ingeniar de cabo a rabo, para no ser aquel sastre del cantillo que ponía de su casa el hilo, una novela que fuese leída con agrado por mucha gente de toda condición, tanto por los discretos como por el vulgo, porque solo con la fama no se comía.  

Cervantes cose sus cuentos, invención suya o reciclando los escuchados, con personajes reales, cotidianos, hilvanándolos todos y cada uno con el sutil hilo del espacio conocido y el tiempo real. Cambia las formas de los antiguos libros de caballerías en las que el lector tenía que trasladarse mentalmente al tiempo del protagonista, a los lejanos siglos XII-XIV, creando un novedoso libro de caballerías en el que es el antiguo caballero andante el que se traslada a principios del siglo XVII. Elige para su protagonista la figura de Alonso, un hidalgo manchego normal de su tiempo, el Renacimiento, que se comportará como un antiguo caballero andante del Medievo durante las aventuras en la figura de don Quijote, llevándolo por caminos y parajes reales, haciendo así el Quijote verosímil y creíble para sus lectores. De no haberlo hecho así, su libro de caballerías no habría trascendido hasta nuestros días como el Quijote.

 

En sus mismas palabras quiso escribir un libro «… hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más posible a la verdad», ¡y todavía hay quienes afirman, contradiciendo al mismísimo autor, que todo en el Quijote es ficción!

Este artículo lo escribo en Alcázar de San Juan, «cerca de El Toboso», entre Tembleque, Quintanar, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice, a una legua de los molinos de viento de Campo de Criptana, y no muy lejos de las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos, lugares y parajes reales de la Mancha de don Quijote.

Doy fe de ello.

                                                              Luis Miguel Román Alhambra

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Sancho Panza protagonista del concurso de relatos de la Sociedad Cervantina Alcazareña

Fecha de Publicación: 02/03/2022

 

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan de manera conjunta con el Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar han organizado el Primer Concurso de Relatos Breves “El Legado de Sancho Panza” para homenajear la sapiencia y la retranca de uno de los personajes más famosos de la literatura universal

Alcázar de San Juan, 2 de marzo de 2022.- Enmarcado en la amplia y diversa programación de la Feria de los Sabores preparada para este año, tendrá lugar la IV Mesa Redonda Cervantina que llevará por título “La gastronomía del Quijote en el siglo XXI” que estará organizada y coordinada por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

Este acto cultural se cerrará con el fallo del jurado del Primer Concurso de Relatos Breves “El legado de Sancho Panza” que es de carácter internacional y que queda convocado en este momento.

Este concurso -organizado por la SCA de forma conjunta con el Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan- ya ha abierto su plazo de recepción de obras que finalizará el 30 de marzo a las 23:59 horas, debiendo enviarse los trabajos concursantes a la dirección de correo electrónico: info@cervantesalcazar.com

Contará con tres premios en metálico de 300 euros para el primer clasificado, 200 euros para el segundo y 100 euros para el tercero. Los diez trabajos finalistas recibirán un diploma acreditativo.

Desde Alcázar de San Juan animamos a los creadores de todo el mundo a que envíen sus creaciones cuyo tema del relato será libre, debiendo estar escrito en castellano. Se pide una narración, cuento, aventura, conversación, disertación, monólogo, enseñanza, análisis, reflexión o pensamiento -con Sancho Panza formando parte del relato-, que podrá tratar sobre el Quijote o también desarrollando un comentario sobre cualquier tema de actualidad o de cualquier otra época y lugar.

Las bases completas se encuentran en la web de la Sociedad Cervantina: https://cervantesalcazar.com/files/bases_relato_sancho.pdf

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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DE CONTRADICCIÓN CERVANTINA A REALIDAD GEOGRÁFICA EN EL QUIJOTE

Fecha de Publicación: 22/02/2022

Hace unos días Gerardo anotó en mi blog un comentario de buen lector del Quijote. Aunque este texto que añado aquí corresponde, en partes, a la guía de caminos en la que ando trabajando, creo conveniente adelantarlo como respuesta ampliada a la que le di a él en este blog:

Hay cervantistas que han pasado, y siguen pasando, media vida buscando entre las líneas del Quijote errores, olvidos, descuidos y contradicciones, achacando al autor imprecisiones y poca o nula revisión del texto antes de entregarlo a la imprenta. Miles de folios escritos y sesudas conferencias, con títulos llamativos y subtítulos rimbombantes, engordan sus bolsillos a costa de hacer complicado la sencillez del texto cervantino, escrito a inicios del siglo XVII para lectores del siglo XVII.  

Los espacios geográficos de la Mancha, la comarca cervantina demarcada en la obra y los lugares que la forman, tienen diferencias, a veces muy significativas, con los conocidos por Cervantes. El plano, uno de los factores que conforman la morfología de un lugar o de un territorio, ha sufrido alteraciones significativas debido al cambio de los usos del suelo y la acción antrópica del hombre. Solo utilizando los mapas y planos que más se puedan acercar a la imagen del territorio de principios del siglo XVII, podremos entender el escenario real escogido para la ficción de la novela. Así de sencillo, como es el Quijote, hay que tratar de entender los escenarios por los que el autor guía a sus personajes.

Una de estas «contradicciones cervantinas», una vez que el texto se contrasta con la geografía física de esta parte de la Mancha, se confirma como todo lo contrario. Esta tiene que ver con lo sucedido al inicio de las dos primeras salidas de don Quijote de su casa y la aventura de los molinos de viento.

En la primera salida, don Quijote sale de su pueblo «una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de Julio». Nos cuenta el autor que «casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese» y que , «anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre, y que, mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella que, no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba. Diose priesa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecía».

Nada le ocurre ni ve a nadie en todo aquel día. Hasta que llega a la venta adonde después de una noche de mal cenar, vela, golpes y males entendidos, es burlescamente armado caballero andante por el ventero.

Vuelve a su casa por el mismo camino. Y después de la aventura de Andresillo se encuentra de frente con «un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia…» Una infortunada caída de Rocinante acaba con don Quijote por los suelos y apaleado por uno de los mozos de mulas. Es auxiliado por su vecino Pedro Alonso «que venía de llevar una carga de trigo al molino», que lo recoge en su borrico y lo lleva a casa.

De esta primera salida podemos concluir que:

-El camino de ida y de vuelta es el mismo.

-Este camino es uno de los más importantes de España al ser utilizado por mercaderes de Toledo «que iban a comprar seda a Murcia»: el camino de Toledo a Murcia. En esta parte de la comarca cervantina del Quijote tenía dos variantes que eran utilizadas por los viajeros según su interés de paso.

-Al encontrase don Quijote camino a casa de frente con los mercaderes que se dirigían a Murcia, el hidalgo manchego iba en dirección a Toledo, hacia el oeste.

Sigamos ahora con la segunda salida, que se produce una vez repuestas las costillas de don Quijote de la paliza y convenido con Sancho Panza para que le sirviese de escudero: «Sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese… Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje». Al amanecer «descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo», y aquí comienza, quizás, la aventura más conocida del Quijote, aunque no se haya leído la novela.

Si «acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje», por el camino de Toledo a Murcia dirección al este,  ¿cómo es que saliendo por el mismo camino ahora sí ve esos «treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo»?

La respuesta es sencilla teniendo en cuenta la geografía y recursos existentes y conocidos de esta parte de la Mancha en el siglo XVII.

En el mapa anterior está dibujado el camino de Toledo a Murcia, en sus variantes por esta parte de la comarca cervantina del Quijote. Están remarcados Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, Campo de Criptana con sus molinos de viento y la Venta de Manjavacas, en la que es armado caballero.

El camino de Toledo a Murcia, una vez atravesado el núcleo urbano de Alcázar de San Juan, sigue por el camino de Alcázar de San Juan a Campo de Criptana y desde la villa molinera por el camino de Campo de Criptana a Mota del Cuervo, hasta un cruce de caminos donde las dos variantes de esta antigua vía de comunicaciones convergen para volver a separarse, un ramal hacia Mota del Cuervo y el otro hacia Las Mesas, pasando por la Venta de Manjavacas.

Don Quijote no conocía los molinos de viento, se los tuvo que describir Sancho Panza, que al ser agricultor a jornal sí los conocía. Alcázar de San Juan no disponía de molinos de viento cuando Cervantes escribía el Quijote, como tampoco ninguno de los lugares bajo la jurisdicción de la Orden de San Juan. El motivo tiene que ver con el bolsillo del prior de la Orden de San Juan.

Los molinos de los ríos de esta parte de la Mancha no funcionaban en la época de verano porque no llevaban agua, y si la sequía continuaba en otoño  tampoco lo hacían durante el invierno. Para suplir esta carencia de recursos para la necesaria molienda del cereal recolectado, se empezó a construir molinos de viento a mitad del siglo XVI. La Orden de Santiago no puso impedimentos para su construcción, pero sí lo hizo en su territorio el prior de la Orden de San Juan, con el fin de que sus vecinos tuviesen que ir a moler a los molinos de agua situados en Ruidera, rentables y operativos todo el año, que al ser de su propiedad le reportaban pingües beneficios. Por tanto, los molinos de viento se concentraban exclusivamente en villas de la Orden de Santiago.

En la villa santiaguista de Campo de Criptana se favoreció e impulsó la construcción de muchos molinos de viento. Así nos describen los vecinos de Campo de Criptana, en las contestaciones a las Relaciones Topográficas  solicitadas por Felipe II en 1575, la existencia y uso de estos molinos de viento: «…Hay en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa». Estos «muchos molinos de viento» si fueron cuantificados exactamente en el Catastro de Ensenada, mandado hacer en 1752: «Se hallan situados treinta y quatro molinos arineros andantes, y de viento, y uno de Agua», coincidiendo precisamente con el texto cervantino: «treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas»

¿Necesitaban los vecinos de Campo de Criptana tantos molinos de viento a principios del siglo XVII? Por la producción de cereal en Campo de Criptana no, con menos de diez habrían sido suficientes. Esta concentración de molinos de viento en sus cerros y sierra está justificada porque a estos molinos iban a moler todas las villas sanjuanistas vecinas, como: Alcázar de San Juan, Tembleque, Quero, Villafranca de los Caballeros y Herencia, evitando el largo camino hasta Ruidera.

Al final del siglo XVII, el prior de la Orden de San Juan comenzó a dispensar autorizaciones para la construcción de molinos de viento en su territorio. Así, al menos, tendría ingresos por la licencia y por los impuestos de las moliendas en ellos. Desde este momento las villas sanjuanistas comenzaron su construcción  en sus cerros de sus propios molinos de viento, y así, sus vecinos tampoco tenían que desplazarse a Campo de Criptana, El Toboso o Mota de Cuervo.

Teniendo en cuenta esta circunstancia, y que desde finales del siglo XVII en Campo de Criptana no se habrían construido más molinos de viento, podemos considerar que los «treinta y quatro molinos arineros andantes, y de viento» existentes a mediados del siglo XVIII eran los mismos que conoció Cervantes a principios del siglo XVII.

¿Dónde estaban situados tantos molinos en el término de Campo de Criptana? En el mismo Catastro de Ensenada, se nombran cada uno de los molinos, su propietario, el paraje en el que está edificado, la distancia a la villa y las rentas que produce. Hay que tener en cuenta que más de la mitad de los molinos de viento de Campo de Criptana en 1752 eran propiedad de vecinos e instituciones religiosas de Alcázar de San Juan.

Los nombres de los parajes y los molinos relacionados son:

– Ribera de la Sierra, diez y seis molinos.

– Ribera del Villargordo, un molino.

– Senda a la fuente Amarguilla, un molino.

– Camino de los molinos que va a Alcázar, dos molinos.

– Alto del Palomar, un molino.

– Tres molinos, tres molinos.

– Pico de la Solana, dos molinos.

– Siete molinos, seis molinos. El séptimo no fue informado por error o descuido.

– Cerro del Cebadal, un molino.

Todos los molinos de viento estaban al norte de Campo de Criptana,  por lo que desde el camino de Toledo a Murcia no eran visibles. Hoy es posible divisarlos desde muchos kilómetros, pero hay que tener en cuenta que, a principios del siglo XVII, el monte de encinas era abundante en el término de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y Pedro Muñoz, impidiendo al viajero la visión del horizonte manchego. Don Quijote no pudo ver la silueta inconfundible de estos raros artilugios en su primera salida.

Aunque el camino derecho y mejor que unía Alcázar de San Juan con Campo de Criptana era el tramo del camino de Toledo a Murcia, con la construcción de los molinos de viento se abrió un camino más al norte que llevaría directamente a los vecinos alcazareños a los parajes adonde estaban los molinos. A este camino se le llamó, y aún hoy así se conoce en el término de Alcázar de San Juan, como el Camino de los Siete Molinos, y los vecinos de Campo de Criptana lo llamaron el Camino de los molinos que va a Alcázar.

Los vecinos de Alcázar de San Juan llevaban sus cargas de cereal para moler principalmente a Campo de Criptana, los primeros molinos situados en el paraje de los Siete Molinos estaban a poco más de media hora de camino, aunque también en verano, cuando se acumulaba la cosecha después de la siega podían llevarlas a los molinos de viento de El Toboso y Mota del Cuervo.

El camino de los Siete Molinos se bifurcaba del Camino de Toledo a Murcia a la salida de Alcázar de San Juan, antes de cruzar el Arroyo de la Mina. Hoy no es posible apreciar esto al haber quedado tapado, tanto el camino como el arroyo, primero por el ferrocarril y después por el crecimiento del casco urbano de la ciudad.

Para quienes conocemos Alcázar de San Juan sabemos que la iglesia convento de San Francisco se construyó en las afueras de la villa, «por mandato del Ilustrísimo Señor D. Diego de Toledo, Prior de Castilla, siendo Papa Clemente VII, y Carlos V Principe de las Españas. Año 1532, día 2 de marzo», terminándose en la segunda mitad del siglo XVI. El arroyo de la Mina  lamía la parte posterior, el presbiterio, de los muros de la iglesia. Hoy, esta iglesia franciscana forma parte del centro urbano de la ciudad.

Aún eran visibles estos caminos en 1886 cuando el Instituto Geográfico y Estadístico elaboró y publicó el primer Mapa Topográfico Nacional n.º 713, con los datos de las minutas que los topógrafos tomaron en Alcázar de San Juan. En el detalle anterior se puede apreciar el camino de salida de la villa hacia el este, el camino de Toledo a Murcia, y como casi en las afueras antes de cruzar el arroyo de la Mina salía de él el camino de los Siete Molinos. Cuándo se hizo este mapa había pasado casi tres siglos de la escritura de la novela.

En este mismo punto existía un puente para cruzar este arroyo para seguir el camino a Murcia. Pocos años antes de la publicación de este mapa hay constancia del arreglo de este puente tan transitado en los acuerdos del Ayuntamiento: «… y la puente que hay en el camino llamado de Murcia sobre el arroyo de la Mina…» El arroyo fue canalizado a finales del siglo XX.

En ambas salidas de su lugar, don Quijote tomó el mismo camino, el camino de Toledo a Murcia. En la segunda salida el caballero, al poco de salir del núcleo urbano Cervantes le hace seguir por el camino de los Siete Molinos y es contra estos primeros molinos de viento criptanenses contra los que entra en batalla,  sin duda alguna, en la aventura más reconocida por cuántos hemos leído el Quijote y por los que no lo han leído, aún. La imagen de un caballero andante arremeter a un molino de viento es un icono de la novela, de la Mancha y de España.

Cervantes no describe paisaje en su novela, sencillamente porque el paisaje como hoy lo conocemos no existía. Nos describe el territorio que conoce como un nuevo recurso literario que él inventa. Así, de esta manera tan ingeniosa,  hace creíble para sus primeros lectores los escenarios de las aventuras.

Tanto los «treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo», para don Quijote los «treinta o pocos más desaforados gigantes», existían en Campo de Criptana y eran conocidos por su gran número, algo inusual, como el camino a los Siete Molinos era conocido por Cervantes. Solo su ingenio es capaz de poner a don Quijote en esta parte de la Mancha y sus caminos.   

El catedrático emérito de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid, don Eduardo Martínez de Pisón, maestro de geógrafos españoles, en su conferencia “Mapas para caballeros andantes”, impartida en la Fundación Juan March el pasado 20 abril de 2021, sentenciaba que: «La ruta de don Quijote es una ruta bien real… no hay nada fingido en el escenario ni en los pobladores, la fantasía solo estaba en el ensueño de la literatura caballeresca».

¡Pues eso!                            

                                

Luis Miguel Román Alhambra

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Josita Hernán, su Alcázar, su molino y su museo

Fecha de Publicación: 29/01/2022

 

Josita Hernán

Josefina Hernández Meléndez, más conocida por su nombre artístico Josita Hernán (Mahón, 25 de febrero de 1914 – Madrid, 6 de diciembre de 1999) gran actriz cinematográfica, diva del teatro, directora de su propia compañía teatral, profesora de Teatro Español en el Conservatorio Nacional Superior de Arte Dramático de París durante veintidós años, Agregada Cultural de la Embajada de España en Francia, pintora y escritora; pero sobre todo una gran amante de Alcázar de San Juan, de sus gentes, de sus paisajes, de sus costumbres y de sus molinos

El súbito enamoramiento, que ya nunca desaparecería, entre Josita y Alcázar surge a finales de la década de los años cincuenta cuando, en diciembre de 1958, llega a nuestra ciudad invitada por el Excmo. Ayuntamiento para dar una conferencia titulada “Nosotros, los cómicos”, dentro de las programadas en el III Ciclo de Conferencias organizado por el Aula de Cultura.

Desconocemos los lugares que visitó, las personas queconoció y el tono de las conversaciones que mantuvo durante su estancia en Alcázar, pero lo cierto es que de esta visita surgió en el seno del Ayuntamiento la idea de rehabilitar un viejo molino de viento para regalárselo; ofrecimiento que de inmediato le hizo su entonces alcalde Don José María Aparicio Arce.

De vuelta a Madrid, Josita Hernán publicó en el diario Pueblo el artículo titulado “este molino mío…” del que se desprende, sin ningún género de dudas, su aceptación y la inmensa alegría que el ofrecimiento le causó. Entre otras cosas dice:

 

“Dentro hay un gran cuarto circular y una escalerilla de madera que me lleva al piso superior. Torreta de faro sobre el mar de La Mancha, abre sus ventanillas alrededor del muro para dominar a un tiempo todos los meridianos.

El cielo es, al Sur, como porcelana frágil de color turquesa; al Este se amorata, y en Poniente hay un batallar de fraguas al rojo vivo.

– ¡Viejo molino, que parece estar enraizado en el paisaje desde el principio de los días! ¡Viejo molino, que acaban de ofrecerme (¡oh, generosa esplendidez manchega!) y yo contemplo conmovida, porque más que pertenecerme él a mí siento como si fuera yo quien le perteneciera…

– Cobres, alacenas de celosía, lino almidonado (como la novia que prepara el hogar para sus bodas), tinajones de barro, serones (para sus bodas con esta tierra esplendorosa de Alcázar), pieles de carnero, vajilla talaverana”.

Para cumplir con su gratificante compromiso el Ayuntamiento de Alcázar, a través del Centro de Estudios Alcazareños, decide rescatar de sus ruinas a un viejo molino de viento llamado “El Nuevo”, propiedad de Don Crisóstomo Tejera Cencerrado, quien accede a venderlo con el único objetivo de que sea rehabilitado y posteriormente regalarlo a Josita Hernán,en el convencimiento que ello repercutirá en beneficio de Alcázar.

La adquisición se efectúa el 14 de julio de 1959 en la cantidad de dos mil quinientas pesetas, incluidos 1.600 m2 de parcela. Esta buena nueva se le comunica a Josita en una carta que le envían el 18 de julio desde el Ayuntamiento, anunciándole también que las obras de rehabilitación comenzarán en breve y adquiriendo el firme compromiso de inaugurarlo durante el verano siguiente.

A este molino se le llamaba “El Nuevo” por ser el último que se construyó en Alcázar a comienzos del siglo XX; está ubicado en el cerro que hay detrás de la Huerta de la Fuente, paraje de las Fontanillas, también llamado Santanillas, junto a la carretera de Alcázar a Miguel Esteban y fue el último molino que funcionó en Alcázar, dejando de moler en 1939.

Josita Hernán ante su molino El Doncel

Una vez en su poder, el Centro de Estudios Alcazareños restaura el molino y lo entrega formalmente a Josita Hernán, con el nombre de “El Doncel”, en una cena-homenaje que tuvo lugar el 17 de julio de 1960. A continuación de la cena, tras una función del Cine Club Alces, intervinieron Josita Hernán y algunos de los alumnos que le habían acompañado desde París.

Como curiosidad hay que resaltar que el tarjetón de la invitación al acto llevaba impresa, en su reverso, una reproducción de la partida de bautismo de Miguel de Cervantes que se conserva en la parroquia de Santa María la Mayor, lo que fue muy celebrado por las personas que la acompañaron desde Francia y guardado como un gran recuerdo de su estancia en La Mancha.

Invitación a la cena-homenaje

 

Entre los distintos actos que se celebraron en esos días, destacar la interpretación que los alumnos del Conservatorio hicieron, a las puertas del molino, de la obra satírica “El Diablo cojuelo”, de Luis Vélez de Guevara. Y las dos que hicieron en el Teatro Crisfel: la comedia “Chinchín comediante” de Pío Baroja y la obra dramática “Los empeños de una casa” de la mejicana Sor Juana Inés de la Cruz.

Alumnos del Conservatorio de París interpretando “El diablo cojuelo” ante el molino El Doncel.

La noticia de la entrega del molino fue ampliamente recogida por los principales diarios nacionales de la época: Pueblo, Ya, El Alcázar, Arriba o Diario Lanza, así como en las emisoras de radio más importantes.

Como ejemplo de todas ellas reproducimos un extracto de la crónica aparecida en el diario Pueblo:

“En Alcázar de San Juan, en plena tierra manchega, acaba de inaugurarse un molino de viento. Los cronistas líricos tienen una noticia tentadora para echar a volar la fantasía…

La Jefatura Local del Movimiento y el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan entregaron el domingo las llaves de un molino de viento a la escritora y actriz Josita Hernán…

Josita Hernán llegó a Alcázar de San Juan con sus discípulos del Conservatorio de Arte Dramático de Paris… Nadine Verdier, la actriz principal de este elenco, que declama en español nuestra literatura del Siglo de Oro, se quedó perpleja cuando el alcalde de Alcázar de San Juan le entregó una tarjeta con la fotocopia de la partida de bautismo de Cervantes…

Josita Hernán ya queda ligada de por vida a la Mancha y a esta villa histórica de Alcázar de San Juan. Desde París, donde enseña teatro español, esta silueta del molino de viento ilustrará los textos de Cervantes. Todos sus discípulos serán testigos de excepción y podrán dar fe de que… En un lugar de la Mancha…”

Y esta otra crónica que publicó el diario provincial Lanza:

“Como continuación de los actos que tuvieron lugar el domingo en Alcázar de San Juan, donde, como es sabido, se hizo entrega a Josita Hernán, de un Molino de Viento, construido a expensas del Aula de Cultura y Obra Social de la Falange, para regalar a la ilustre actriz española, en pago a su acendrado amor a nuestra región manchega. Las alumnas del Conservatorio Nacional de Arte Dramático que Josita Hernán dirige en París representaron en el Teatro Crisfel de Alcázar algunas obras breves de Valle Inclán, Pio Baroja y Sor Juana Inés de la Cruz…” 

 

Durante ese mismo verano, el de 1960, Josita, excelente escritora, quiso rendir su particular homenaje a La Mancha escribiendo un artículo titulado “Una noche en Alcázar de San Juan. Homenaje a La Mancha”. En el que leemos:

“La molinera abre el ventanuco de su molino, y su cabecita mancha el rectángulo luminoso como una promesa de pecado.

Verdad sin límite de esta bendita tierra por la que todos los españoles deberían hacer un peregrinaje de señorío y de espíritu.

Se iluminan los molinos -enharinados de luz- y un gallo despertador pone en movimiento las nubes hacendosas.

En las aspas cansadas se despereza el día”.

Tico Medina, en otro artículo aparecido en el GUÍA de 1962, titulado “Alcázar de San Juan en mi recuerdo”, dedica estas palabras a su gran amiga Josita:

“Aquí está el molino de viento de Josita Hernán, nuestra entrañable Josita; el molino llamado el Doncel que domina el soberbio paisaje de los hombres y las tierras. Josita ha escrito, asomándose a la vieja ventana en la que en su tiempo soñaría la hija del molinero esperando al hombre de su vida: Esqueleto de vida, eje del mundo, alma de espada. Solo se advierte lo esencial de las cosas. La Mancha rehúsa todas las gasas, todas las plumas, todas las flores con que se adornan los espíritus débiles. Su belleza está despojada de todo lo inútil y lo falso y lo tierno”.

La firma de la cesión oficial de “El Doncel” se efectúa durante un segundo acto, celebrado el 15 de agosto de 1962, en el que Josita se impone la obligación de cumplir con la finalidad para la que fue realizada la reconstrucción del molino y no dedicarlo a otros usos distintos.

A continuación, Josita Hernán, ya dueña de la parcela y del molino, los dona en nuda propiedad al Centro de Estudios Alcazareños, con lo que quiere patentizar su simpatía y afecto al pueblo de Alcázar de San Juan, reservándose el usufructo del mismo para sí y sus ascendientes y descendientes hasta el cuarto grado. El director del Centro de Estudios Alcazareños acepta y agradece la donación que el pueblo de Alcázar de San Juan recibe.

Desde el primer momento, Josita pasa en su molino todo el tiempo que le dejan libre sus múltiples ocupaciones, estando acompañada en infinidad de ocasiones por importantes personalidades de la sociedad y de la política española y francesa, que comparten con ella la ilusión y la delicia de vivir a la sombra de un molino de viento.

Pero Josita Hernán, ya alcazareña de adopción, ya lo era de corazón, tampoco descuida otras facetas de colaboración con Alcázar y así, en 1965, dentro del IX ciclo de conferencias de la Casa de Cultura, vuelve a dar otra conferencia titulada “Exaltación navideña”.

O en su aportación alhomenaje que se le rinde al Dr. Mazuecos en 1968 (Fascículo XX de Hombres, lugares y cosas de La Mancha) en el que escribe: “Para los que hemos plantado nuestra partida de nacimiento de un modo simbólico, como una bandera, en el corazón de La Mancha, a la augusta sombra de Cervantes, la labor de Mazuecos tiene una valía mayor aún porque nos ofrece en la palma de la mano el conocimiento de la pequeña historia de nuestra tierra… Yo, por Mazuecos, me siento más hondamente alcazareña”.

Y en esa misma línea de total colaboración también está lo que leemos en una carta que envía al Centro de Estudios Alcazareños, el 27 de enero de 1967, solicitando dos ejemplares de la revista Noria:

En ausencia del director del Liceo (se refiere al Liceo Español de París) he explicado yo sus cursos de literatura y –naturalmente– al hablar de Cervantes hablé de Alcázar, expliqué las razones cronológicas que reafirman nuestro punto de vista, pero no queriendo desprenderme de mi ejemplar de Noria y creyendo interesantísimo que los jóvenes futuros bachilleres se enteren bien, le agradecería muchísimo que enviase dos números a nombre del director.”

Naturalmente… nuestro punto de vista. Nada que agregar. Qué gran embajadora tenía Alcázar en Josita Hernán.

Durante todos los veranos, los alumnos del Conservatorio de Arte Dramático de París acompañaban a Josita Hernán a Alcázar y bajo su dirección interpretaban diversas obras teatrales, preferentemente  relacionadas con el Teatro Clásico Español, siendo uno de sus escenarios preferidos el Museo Arqueológico Fray Juan Cobo, edificio que hoy es conocido como Capilla del Palacio, en donde, una vez rehabilitado, se instalaron los mosaicos romanos encontrados cerca de  allí en 1953, y entre los que dieron algunas representaciones encantados de actuar y fotografiarse junto a esos extraordinarios vestigios de la historia de Alcázar.

Una representación de los alumnos del Conservatorio de Arte Dramático de París

 

No hemos podido documentar los títulos de las obras que representaron entre los años 1962 y 1969; sí sabemos que en el verano de 1962 interpretaron cuatro obras y en 1970 representaron, entre otras, la tragicomedia “Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín” de Federico García Lorca.

En la temporada del año 1971 representaron “Estampa sacramental del siglo XV” de Gómez Manrique, “Tabernero, cruz y raya” de María Antonia de Aunós y “El mundo de Damasco” de Dámaso Alonso.

En la temporada 1972 “La voz humana” del francés Jean Cocteau, “Las aceitunas” de Lope de Rueda, “Engañado y contento” de Lope de Rueda y “Me llamo barro” de Miguel Hernández.

Y en la temporada 1973 “Los habladores” entremés de Miguel de Cervantes, “Tragedia de ensueño” de Valle Inclán y “Poesía escenificada” de Vázquez de Zafra.

Desconocemos las obras representadas durante los veranos siguientes, aunque si podemos afirmar que hubo representaciones en 1974 y 1975. Quizás las del verano de 1976, si las hubo, fueron las últimas, porque con fecha 19 de noviembre de 1976 José Luis Samper recibe una carta de Josita Hernán en la que le dice:

“Ya sabías que no estoy en París pues mi salud es menos que regular y los médicos me prohíben viajes y trabajo ¡un asco! Por ello no vamos por mi Alcázar, (con mucha pena) (El otro día vimos “El Doncel” en la T.V. y a mí se me llenaron los ojos de lágrimas) El Doncel que está por dentro destrozado (¿Quién el mala idea?) ¡qué pena! Confío en restablecerme y me ilusiono con la idea de volverlo a arreglar y amueblarlo todo de nuevo ¡amén!

Echo mucho de menos a todos los amigos de ahí, al paisaje…”

Extraordinario, subraya “mi”. ¡Que amor hacia Alcázar, que ilusión por empezar de nuevo, por reconstruir lo destrozado! No sabemos si eso fue posible, personalmente no hemos vuelto a saber de ella; creemos que, a pesar de la gran pena que le embargaba, todo se quedó en la mera intención de volver a disfrutar de su molino como había hecho durante dieciocho años sin perderse ni uno solo. Quizás esta carta, sin ella saberlo en ese momento, era su despedida de Alcázar.

Pero Josita Hernán amaba tanto a Alcázar de San Juan y se sentía tan alcazareña que su gratitud no podía quedarse en la sola cesión del molino, por lo que en sus viajes anuales desde París siempre venía cargada con cuadros pictóricos que donaba generosamente a la localidad. El número de cuadros donados fue aumentando con el paso de los años y acabó siendo una cantidad importante, por lo que de común acuerdo ambas partes, Josita y Ayuntamiento, decidieron exponerlos en un recinto permanente, que también llamarían “El Doncel”, desde entonces la Galería de Arte-Museo “El Doncel”.

En 1966, finalizada la restauración del Torreón de Don Juan de Austria, se instaló en su primera planta el “Museo Municipal de Heráldica” con reproducciones de los apellidos históricos más importantes de Alcázar.

En 1968, en su segunda planta, se instala la Galería de Arte-Museo “El Doncel”, en donde definitivamente quedó expuesto todo el fondo pictórico que hasta ese momento había donado al municipio Josita Hernán.

Galería de Arte – Museo El Doncel. 2ª planta del Torreón Don Juan de Austria. 1973

 

Hay constancia de que, en los años 1969, 1970 y 1971 se amplió el museo y se catalogaron las nuevas obras donadas. 

En el Guía de 1972 del Centro de Estudios Alcazareños, en su sección Vida Cultural, aparecen catalogadas todas las obras de arte expuestas en el Museo.

En 1973 se ornamentó la sala expositiva y se catalogaron obras de P. Amat, Antonio Hernán y Gaeteau Dumas.

En 1975 se catalogan nuevas obras de pictóricas, en este caso de artistas franceses. Después de este año no hemos encontrado nuevas aportaciones, pero ya entonces la obra expuesta había alcanzado una importancia relevante, tanto en cantidad como en calidad.

En la entrevista que para el diario Lanza le hace Pascual Antonio Beño, publicada el 24 de octubre de 1973, leemos:

”Uno de los monumentos más representativos de Alcázar de San Juan es el Torreón de Santa María. Su imponente mole se yergue dominadora sobre los edificios que la circundan… Y allí, en esa imponente fortaleza se encuentra, hoy por hoy, el único museo de nuestra provincia, legado de Josita Hernán.

Conozco pocos casos de amor a la Mancha como éste. Josita Hernán vive una profunda pasión amorosa con la tierra de D. Quijote, y esa pasión se ha convertido en entrega: no solo acude fiel a la cita todos los años con Alcázar de San Juan, sino que ha querido quedar para siempre de alguna manera en el pueblo, creando un importante museo de pintura.

– ¿Qué guarda el museo del Torreón?

– Todos los cuadros que he podido reunir a lo largo y a lo ancho de mi vida. En él están representados todos los estilos y todas las naciones: no hay discriminación. De todas formas, se trata de un museo en gestación. Todavía faltan muchas obras por adquirir.

Josita Hernán ama la pintura y es una consumada pintora. Sus vacaciones en Alcázar es una tregua bien aprovechada para practicar esa secreta ambición… sus cuadros, bien cotizados, han sido expuestos en Francia y en España.

– Los buenos pintores son los que tengo aquí reunidos en el segundo piso del Torreón. Yo solo soy una aficionada.

Visitamos el interior del Torreón. Es impresionante. En la segunda planta está el museo. Subimos por una escalera de piedra adosada al muro de una gran belleza. Y al fin desembocamos en una amplia y bien iluminada estancia, digno joyero de las obras de arte que cuelgan en sus paredes.

Me llama sobremanera la atención un fino dibujo de Picasso, tentación de ladrones. El dibujo tiene una historia: el donador tuvo que esperar varios días en la puerta de la casa de Picasso para conseguirlo.

Hay un magnífico cuadro de Miloud Boukerche, primera medalla de oro de la Exposición de París; un Tella, también medalla de oro, un Massol…

– Este que ves aquí es un Gutiérrez Navas; aquel un Leo Schmidt; más allá un Barba de Ugarte. Hay pintores de todas las nacionalidades, pero principalmente franceses y españoles.

– Y la Mancha ¿no está representada en sus pintores?

– Aquí tienes un Samper… mira, un lienzo de José Herreros. El último lienzo que acabo de adquirir es obra de una estupenda pintora de Argamasilla de Alba: Pilar Amat…

-Sin embargo, no vayas a creer que estoy completamente satisfecha del museo: está en sus inicios, aún quedan muchos cuadros por adquirir.

Pero ha terminado el largo y cálido verano. Josita regresará a París cuando el olor a mosto y a vendimia se esparza por las calles de Alcázar… El año próximo volveremos a encontrarnos cuando el Conservatorio de París se traslade a la Mancha para representar por sus pueblos las mejores muestras de nuestro teatro… Durante un año trabajará en la capital de Francia y luego, a su regreso, traerá nuevos cuadros para su museo y nuevos estudiantes franceses para que celebren en la Mancha su confirmación artística.

En Josita Hernán no hay melancolía por el pasado; solo inquietud por el porvenir… Su gran pasión, su amor más profundo, es la creación sin límites y las tierras y paisajes de nuestra Mancha. No hay doble vida, no hay decadencia, ni añoranza del pasado, no hay endiosamiento ni mistificación. Es algo natural y sencillo como una espiga, una cardencha o un cántaro de agua; una manchega universal, una gran dama española que españolea divinamente en París”.

López Mozos, hace entrega a Josita Hernán de una nueva pintura para el museo

 

En 1978, la XLVII Publicación el Centro de Estudios Alcazareños, estuvo dedicada exclusivamente, a modo de catálogo, a reseñar y reproducir las obras expuestas en la Galería de Arte – Museo “El Doncel”. En su presentación se dice:

“Josita Hernán ha querido perpetuar el paso por su Molino de Viento El Doncel, de los artistas que han honrado con su visita a Alcázar de San Juan, ciudad a la que ella tanta ama. Y ningún emplazamiento podía concitar en su torno más motivaciones que el Torreón del Gran Prior, histórico faro alcazareño por excelencia.

Con la publicación del presente Catálogo, permanentemente abierto a nuevas incorporaciones pictóricas, Alcázar de San Juan, quiere agradecer muy sincera y públicamente a Josita Hernán su bello gesto de donar el legado Pictórico que lleva su nombre, así como a los artistas que cedieron su obra, el reconocimiento más entrañable por su excelente colaboración en el quehacer cultural del Corazón de La Mancha”.

Sigue la publicación enumerando, hoja por hoja, el título y el autor de los 31 cuadros que componían en esa fecha el fondo del museo. Según vemos se exponían 21 oleos, 2 acuarelas, 2 dibujos, 2 pastel, 1 collage en metal, 1 collage, 1 grabado y 1 sin especificar; en diferentes técnicas y estilos pictóricos.

Tres años después, en 1982, José Luis Samper en un elogio a Josita titulado “A ti Josita Hernán, desde Alcázar”, publicado en el programa de Feria de ese año, habla del museo “El Doncel” y enumera a los autores de las obras expuestas, coincidiendo básicamente con los relacionados en el catálogo, por lo que deducimos que los cuadros aún estaban colgados de sus paredes.

Con el cierre definitivo de la sala de exposiciones del Torreón de Don Juan de Austria la luz de ese “faro del arte en la Mancha”, como alguien acertadamente lo llamó, se apagó definitivamente, aunque quedó latente la esperanza de volver a ver su fulgor en un nuevo proyecto museístico ya que, en el programa de Feria del año 1979, el concejal del Patrimonio Municipal, en un artículo titulado “Al pueblo de Alcázar”, habla de la riqueza pictórica de la ciudad enumerando un total de 141 obras, 44 de ellas expuestas en la Galería de Arte-Museo “El Doncel”, y lanza el siguiente proyecto: “al serle devuelto al pueblo el edificio de Santa Clara se ha pensado que una vez restaurado, habilitar una de sus naves en museo de pintura y de una forma permanente”. 

En el programa de Feria de 1983, en su sección Área de Cultura, se plantea nuevamente la idea de crear un museo municipal de carácter polivalente que albergaría los fondos existentes en el Museo Arqueológico Fray Juan Cobo que “se ha quedado pequeño”, llegando a detallar que el desarrollo del nuevo museo se contempla en torno a tres secciones: la sección de arqueología, la sección de las bellas artes y la sección de base etnográfica. Cuando se refiere a la sección de las bellas artes dice: “La segunda sección dedicada a las bellas artes para poder ordenar y cuidar la fabulosa pinacoteca municipal”.

Hasta el año 1987 hemos seguido encontrado referencias que contemplan la posibilidad de crear ese otro museo, después parece ser que el proyecto cae en el olvido.

Desde estas líneas abogamos para que nuevamente se reagrupe toda la colección de Josita Hernán, incluyendo también, si es posible, al resto del fondo pictórico municipal, y se vuelva a exhibir de forma permanente para deleite cultural de los alcazareños y de sus visitantes, como foco de atracción turística para la ciudad y, sobre todo, para hacer justicia a esa gran mujer que tanto amó a esta ciudad.

Admirada Josita, nuestra gran embajadora, Alcázar te lo debe, todos los alcazareños te lo debemos.

 

                                                                                           Manuel Rubio Morano

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Cartas desde el Corazón de la Mancha al corazón de los Reyes Magos

Fecha de Publicación: 10/01/2022

Tanto desde Café Monago como desde la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan han quedado gratamente sorprendidos por el gran éxito de la primera convocatoria de cartas a los Reyes Magos, recibiendo 120 trabajos enviados desde 13 países

Alcázar de San Juan, 10 de enero de 2022.- El domingo 9 de enero a las 19:30 tuvo lugar el fallo del jurado del concurso de cartas a los Reyes Magos que fue transmitido en directo mediante Facebook desde el Café Monago para todo el mundo.

El concurso fue una idea original de José Antonio Castellanos Sánchez-Mateos, gerente del Café Monago y miembro de la Sociedad Cervantina de Alcázar que junto con la Junta Directiva de esta Asociación y el patrocinio del Centro de Conductores Rondilla han llevado a efecto con un gran éxito de participación esta primera convocatoria de cartas a los Reyes Magos.

Tal como comentó Juan Bautista Mata Peñuela -presidente de los cervantistas alcazareños- en el acto de presentación de los ganadores, “nos hemos visto sorprendidos por la cantidad y calidad de los trabajos presentados”, así mismo reconoció “que el jurado se ha tenido que esforzar mucho para otorgar los premios porque la mayoría de los trabajos han sido imaginativos y extraordinarios, hasta el punto de que solo diez puntos han separado el primer clasificado del décimo”.

Juan Bautista Mata ratificó que a veces se vota más por los gustos personales y por lo que el impacto que la carta deja en tus recuerdos y en tu mente, porque la calidad de escritura y el estilo literario de muchas de ellas rayaba a gran altura.

Las cartas premiadas, han sido: Primer premio de 100 euros y diploma para “Mis queridos Reyes Magos” de Laura Roig (España). Esta carta fue leída en directo por la voz de la Sociedad Cervantina, nuestro socio y actor de doblaje, Manuel Castellanos.

“Querido Melchor” de Ángeles Sánchez (España) ha obtenido el segundo premio de 50 euros y diploma.

Finalmente, “SS.MM Gaspar y Baltasar” de María Alonso, también de España, se hizo con el tercer premio de 40 euros y diploma.

El jurado también ha otorgado un diploma a todas las cartas clasificadas entre la 4ª y la 10ª posición.

Café Monago y la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan agradecen de corazón el interés que ha despertado el certamen y la difusión que ha obtenido al otro lado del océano, que ha motivado a escritores y creadores (algunos con un magnífico currículum) de Argentina, Canadá, Colombia, Cuba, Chile, España, Guatemala. Italia, México, Perú, Suiza, Uruguay y Venezuela.

Esta amplia participación obliga al inicio de los trabajos desde esta misma fecha, con el fin de mejorar la edición del próximo año, e impulsa a perfeccionar el concurso y a buscar nuevos patrocinadores que puedan consolidar el certamen convirtiéndolo en un clásico de la Navidad.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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La Navidad en el Quijote

Fecha de Publicación: 23/12/2021

Que el Quijote es un libro de humanidades pocos lo dudan. También muchos conocen que en él se contienen principios básicos de ética y de comportamiento.

No tantos comprenden que de la amplia experiencia de Miguel de Cervantes, cuya  azarosa vida estuvo repleta de dificultades (entre las que hubo un periodo de varios años como soldado –siendo participe en Lepanto de la mayor batalla naval de la historia-, otros cinco años más como cautivo en Argel, más los años que desempeñó como comisario de abastos para la Armada y recaudador de alcabalas del rey),  fueran las causantes de hacerle experimentar diferentes situaciones y recorrer infinidad de caminos, dormir en numerosas ventas y contactar con todo tipo de gente que por su curiosidad y siempre disposición a escuchar, llenaron su cabeza de historias y de experiencias vividas por otros que junto con las propias componen un acervo inabarcable.

Por eso se dice que el Quijote es un compendio de vida, que en él están retratadas fielmente todas las personalidades y vicios humanos contra los que lucha sin descanso la virtud del caballero don Quijote.

Además, son múltiples la disciplinas que la pluma de Cervantes explora:  la música, la literatura, la astronomía, la navegación, la medicina, la botánica, la educación, el amor, la gastronomía y los vinos… y hay pocos temas que se escapen al juicio crítico de nuestro universal escritor. Casi todo está en el Quijote.

Por eso me pregunté si también la Navidad estaría en el Quijote.

Y esta pregunta tiene una respuesta afirmativa. Miguel de Cervantes, que presume de conocer muy bien los ritos de la iglesia católica, no sólo conoce esta importante celebración cristiana, sino que está presente en el Quijote tanto de forma directa como aludiendo a ella y a su misterio, aunque sea de forma indirecta.

Hasta un total de nueve veces se menciona en el Quijote al misterio de la Navidad. 

Las más significativas están en la edición de 1605 (Primera Parte) y son en las que se plasma concreta y directamente esta celebración litúrgica.

La primera de ellas donde se refiere al alumbramiento de la Virgen María como Nacimiento con mayúsculas, dándole el significado de un nacimiento especial, en el Cap. 12, De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote, dice:

«Olvidábaseme de decir cómo Grisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor y los autos para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo, y todos decían que eran por el cabo».

Y la segunda, en el Cap. 37, Donde se prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, con otras graciosas aventuras, en donde el texto cita lo siguiente:

«Y así, las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y tuvieron los hombres fueron las que dieron los ángeles la noche que fue nuestro día, cuando cantaron en los aires: «Gloria sea en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad»; y a la salutación que el mejor maestro de la tierra y del cielo enseñó a sus allegados y favoridos fue decirles que, cuando entrasen en alguna casa, dijesen: «Paz sea en esta casa».

En ambas ocasiones se refiere a la Nochebuena y a la Navidad, el día del nacimiento del Señor, fecha crucial de la celebración cristiana en la que Dios se hizo hombre viniendo al mundo en un humilde pesebre. Particularmente bien describe en la segunda el misterio del nacimiento del Niño Dios e incluso cita textos evangélicos casi al pie de la letra.

Pero no acaba ahí Cervantes su compromiso con la fe cristiana y vuelve a referirse a la Navidad otras siete veces, aunque ya de modo indirecto y para mencionar la estrella de Belén que guio a los Reyes Magos que vinieron desde Oriente para adorar al Salvador recién nacido.

No hay que avanzar mucho en la lectura de la Primera Parte del Quijote para que salga a nuestro encuentro la primera referencia, es en el Cap. 2, Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote:

«Autores hay que dicen que la primera aventura que le vino fue la del puerto Lápice, otros dicen que la de los molinos de viento; pero lo que yo he podido averiguar en este caso y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha es que él anduvo todo aquel día y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre; y que,  mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella que no a los portales (clara alusión a la estrella de Belén que encaminó a los Magos de Oriente hacia el portal de Belén), sino a los alcázares de su redención le encaminaba. Dióse prisa a caminar y llegó a ella a tiempo que anochecía».

Vuelve a referirse al fenómeno meteorológico más famoso de la historia en el Cap. 43, Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos:

—Marinero soy de amor,

y en su piélago profundo

navego sin esperanza

de llegar a puerto alguno.

Siguiendo voy a una estrella

que desde lejos descubro,

más bella y resplandeciente

que cuantas vio Palinuro.

«Yo no sé adónde me guía,

y, así, navego confuso,

el alma a mirarla atenta,

cuidadosa y con descuido.

Recatos impertinentes,

honestidad contra el uso,

son nubes que me la encubren

cuando más verla procuro.

¡Oh clara y luciente estrella,

en cuya lumbre me apuro!

Al punto que te me encubras,

era de mi muerte el punto».

Ya en el mismo Prólogo al lector de la Segunda Parte (la edición de 1615, a la que nos referiremos a partir de ahora), vuelve a aludir a la estrella de Belén:

«Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza, y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años».

Está presente de nuevo la estrella de Belén en el Cap. 16, De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha:

«También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiere serlo; la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perficiónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfetísimo poeta. Sea, pues, la conclusión de mi plática, señor hidalgo, que vuesa merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama; que, siendo él tan buen estudiante como debe de ser, y, habiendo ya subido felicemente el primer escalón de las ciencias, que es el de las lenguas, con ellas por sí mesmo subirá a la cumbre de las letras humanas, las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada, y así le adornan, honran y engrandecen como las mitras a los obispos, o como las garnachas a los peritos jurisconsultos».

Y de nuevo vuelve a nombrarla de forma elíptica en el Cap. 32, De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos:

«Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa y algunos por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda pero no la honra; yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean, y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos sino de los platónicos continentes.

Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno; si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata, merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes».

Otra vez nombra la estrella como guía y luz a la que seguir, en el mismo Cap. 32, De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos:

—Bien parece, Sancho —respondió la duquesa—, que habéis aprendido a ser cortés en la escuela de la misma cortesía; bien parece, quiero decir, que os habéis criado a los pechos del señor don Quijote, que debe de ser la nata de los comedimientos y la flor de las ceremonias o cirimonias, como vos decís; bien haya tal señor y tal criado, el uno por norte de la andante caballería, y el otro por estrella de la escuderil fidelidad; levantaos, Sancho amigo, que yo satisfaré vuestras cortesías con hacer que el duque, mi señor, lo más presto que pudiere, os cumpla la merced prometida del gobierno.

Y para finalizar, se refiere a la estrella de Belén y la pone como ejemplo perfecto de astro cuya función es guiar viajeros, en el Cap. 61, De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto

—Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y el norte de toda la caballería andante, donde más largamente se contiene. Bien sea venido, digo, el valeroso don Quijote de la Mancha, no el falso, no el ficticio, no el apócrifo, que en falsas historias estos días nos han mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos describió Cide Hamete Benengeli, flor de los historiadores.

Por tanto, hasta en nueve ocasiones –como ya quedó dicho- Miguel de Cervantes habla de la Navidad y lo que rodea a su celebración en el Quijote. Me resulta verdaderamente curioso que no aparezcan en toda la novela las palabras Nochebuena, Navidad, Belén, ni cometa.

Como curiosidad, sí aparecen las que ahora relaciono: ángel/les (19 veces), estrella/s (38), pastores (42), portal/les (5), villancico (1), nacimiento (12), autos (1), gloria (51) y adorar (4).

Tampoco están las palabras: incienso, ni mirra; por el contrario, sí están oro (627 veces), Dios (621), reyes (47) magos (5) y oriente (4), aunque ninguna de ellas está referida a la festividad de la Navidad como tal.

 

Constantino López Sánchez-Tinajero

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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¡Feliz Navidad!

Fecha de Publicación: 23/12/2021

Un año más queremos felicitaros la Navidad desde el Corazón de la Mancha (Alcázar de San Juan) la tierra de don Quijote y Sancho Panza, al tiempo que os deseamos mucha salud, felicidad y éxito en vuestras vidas para el año nuevo 2022 que ya está próximo a comenzar.

 

Juan Bautista Mata Peñuela. Presidente

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Tras los pasos de Rocinante

Fecha de Publicación: 22/11/2021

1ª Etapa Camino del Quijote

El pasado 15 de noviembre la Asociación de Diabéticos de Alcázar de San Juan y Comarca (ADAC) presentaba una nueva actividad, que «mezcla la marcha con la cultura», con el título Camino del Quijote. Semanas antes su presidente Domingo Camacho se había puesto en contacto con la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, de la que actualmente soy su vicepresidente, para que coordinase las etapas. Aprovechando la guía de caminos que estoy preparando propuse que esta primera etapa fuese entre Alcázar de San Juan y los molinos de viento de la Sierra de Campo de Criptana, siguiendo los pasos que Rocinante llevó en la segunda salida de don Quijote de su casa.

La idea de esta actividad es que durante las etapas se pueda leer el texto de la novela que expresamente coincide con el tramo del camino, por lo que además del plano de la ruta llevaremos fragmentos del texto cervantino, coincidiendo así con el mismo espíritu de mi guía de caminos.

Este pasado domingo día 19 de diciembre hemos puesto inicio a esta actividad. El recorrido fue de unos 9 km. El punto de salida ha sido el centro de la Plaza de España de Alcázar de San Juan, junto a las estatuas de don Quijote y Sancho Panza. Si bien el día estaba claro, un ligero viento del este nos dificultó nuestra marcha desde el mismo inicio. Este viento del este, conocido como Solano, es el predominante en esta parte de la Mancha y el más ansiado antiguamente por los molineros, tanto en verano como en invierno, por su regularidad.

Aquí, antes de salir, recordamos que don Quijote había llegado a casa de la primera salida molido a palos, después del desafortunado encuentro con los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. También que tenía determinado seguir con sus aventuras y mientras se cura en casa se hace con los servicios de un vecino suyo como escudero:

«En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien —si es que este título se puede dar al que es pobre—, pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Decíale, entre otras cosas, don Quijote que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase en quítame allá esas pajas alguna ínsula y le dejase a él por gobernador de ella. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino… Todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen»

Salimos de Alcázar de San Juan por una de las variantes del antiguo Camino de Toledo a Murcia hasta la bifurcación de este con el Camino de los Siete Molinos, hoy dentro del casco urbano. Desde la construcción del ferrocarril en el último cuarto del siglo XIX no es posible seguir su antiguo trazado, por lo que hay que cruzar las vías por un paso inferior para seguir por este camino utilizado para ir los vecinos de Alcázar de San Juan a moler a los molinos de viento de Campo de Criptana.  

En los límites entre los términos de Alcázar de San Juan y Campo de Criptana nos paramos para leer del capítulo VII: «Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban…» Aquí, en este mismo punto del camino terminaba la Orden de San Juan y comenzaba los dominios de la Orden de Santiago y el «antiguo y conocido Campo de Montiel». Hoy tampoco nos fatigaban los rayos del sol por ser diciembre y estar muy bajos, de la misma manera que tampoco les fatigaban a primera hora de la mañana a don Quijote y Sancho en verano, por darles también muy bajos, a soslayo.

Uno de los objetivos de esta ruta fue la de subir a los cerros de Los Siete Molinos. En Campo de Criptana este Camino de los Siete Molinos se conoce como el Camino de los molinos que va a Alcázar. Junto a él estaban construidos siete molinos, la segunda mayor concentración de molinos después de los que había en La Sierra.

Mi guía es transgresora, no coincide con otras rutas ni con otros autores. Es aquí donde Cervantes enmarca la aventura de los molinos de viento. Son los primeros molinos de viento, de los más de treinta que había, que se divisan al entrar en el término de Campo de Criptana, aunque hoy pasan totalmente desapercibidos porque solo hay restos de las cimentaciones y poco más. En el camino que sube a este cerro leemos el comienzo del famoso capítulo VIII: «En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas,…»

Seguimos nuestro camino. Y poco después, bordeando las primeras casas de Campo de Criptana,  llegamos a La Sierra donde había dieciséis molinos de viento. Hoy podemos ver diez.

Junto al molino El Burleta, miembros de una asociación cultural criptanense nos representaron el inicio de este capítulo VIII, terminando aquí esta primera etapa de Camino del Quijote.

Ya estoy preparando la segunda etapa que la ADAC tiene prevista hacer a finales del primer trimestre del próximo año. Hablando con unos y otros mientras caminábamos pensaba que podría ser ir a El Toboso y hacer el tramo de camino que llevó a don Quijote a Mota del Cuervo, lugar del caballero del Verde Gabán, en la que ocurre, entre otras, la aventura de los comediantes y la de los leones, o quizás andar el camino que va desde la ermita de Manjavacas, paraje donde estaba la Venta de Manjavacas,donde fue armado caballero don Quijote,hasta el cruce del falso albedrío de Rocinante, pasando por el encinar donde el pastor Andrés era castigado cruelmente por su amo por perder, según él, parte de su ganado. O quizás a recorrer parte de las Lagunas de Ruidera para al final entrar en la Cueva de Montesinos y comprobar que las medidas de ella coinciden con el texto cervantino…

En estas fechas tan señaladas en el calendario cristiano os deseo una Feliz Navidad y que el 2022 sea un año de prosperidad y felicidad en todos vuestros hogares.

                                                            Luis Miguel Román Alhambra

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

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Avatares del vino «Hideputa» en el Congreso sobre el Siglo de Oro en Pamplona

Fecha de Publicación: 21/12/2021

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha presentado el vino “Hideputa” a los cervantistas de todo el mundo en el Congreso Internacional organizado por la Universidad de Navarra y la Universidad Jean Monnet de Saint-Etienne (Francia)

Alcázar de San Juan, 21 de diciembre de 2021.- Por invitación de Carlos Mata, secretario del Grupo de Investigación del Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra en Pamplona, Constantino López Sánchez–Tinajero, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha intervenido el pasado lunes en el Congreso Internacional “La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI)” celebrado los días 20 y 21 de diciembre, este año en la modalidad on-line.

En el Congreso han tomado parte cervantistas de ambos lados del océano, tanto de Europa (Francia, Italia y España) como de América (EE.UU., Costa Rica, Perú, Chile, Brasil o Argentina). En su intervención, López Sánchez-Tinajero ha tenido ocasión de explicar  a los cervantistas asistentes al Congreso, cómo surgió la idea de tener un vino propio para agasajar a los visitantes de los Almuerzos de don Quijote, de disponer de una etiqueta propia y única, elaborada exclusivamente por Estrella Cobo, amiga de la Sociedad Cervantina y de haberlo bautizado con el nombre “Hideputa” en honor a Sancho Panza que como buen mojón, lo llamó por ese nombre en señal de alabanza por su bondad y tras acertar por su sabor que era un vino de Ciudad Real (DQ II, 13) y con alguna “ancianidad”.

Y cómo después de presentado a la ciudadanía alcazareña y de alcanzar una gran aceptación por su calidad y por el nombre escogido de resonancias quijotescas, sufrió una serie de avatares y peripecias cuando se solicitó su registro como marca comercial ante la Oficina Española de Patentes y Marcas, negándose ésta a registrarlo por entender que el nombre era malsonante y de lenguaje vulgar.

Los cervantistas alcazareños -como así tampoco los del resto del mundo- no entienden la decisión de la oficina de registro española, más aún teniendo en cuenta que el nombre elegido procede directamente de Cervantes y de su pluma y creen que pocos argumentos hay para querer censurar su obra conocida universalmente.

En todo caso, los cervantinos alcazareños han alcanzado el objetivo de que tanto su actividad llamada “los almuerzos de don Quijote, como su vino Hideputa, como también el propio nombre de la ciudad, Alcázar de San Juan, estén siendo conocidos y reconocidos en todo el mundo.

Pero lo que es más importante, es que están seguros de que todas estas peripecias del nombre del vino están desembocando en un aumento del interés de muchas personas por el Quijote y por su lectura, ese y no es otro es el objetivo que les mueve.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Primer Camino del Quijote con final en los molinos de Campo de Criptana

Fecha de Publicación: 19/12/2021

Don Quijote y Sancho Panza, muy bien caracterizados por miembros de la Asociación Hidalgos Amigos de los Molinos, recibieron con una soberbia actuación a los caminantes de la ruta

Alcázar de San Juan, 19 de diciembre de 2021.- En una mañana más soleada de lo esperado, aunque con ligero viento solano en contra, los participantes del primer “Camino del Quijote, camino de salud” finalizaron en los molinos de Campo de Criptana, la ruta que habían comenzado en el hotel Ínsula Barataria de Alcázar de San Juan.

Allí fueron despedidos por el concejal de promoción de la cultura, Mariano Cuartero, que quiso estar presente en la salida para infundir ánimos a los caminantes. Allí previa a la salida, se leyó la primera de las lecturas del Quijote, la relativa a la toma de posesión de Sancho como gobernador de la ínsula Barataria.

Posteriormente se hizo un alto en la plaza de España, junto a la estatua de don Quijote y Sancho donde se dio lectura al episodio de la salida de caballero y escudero con dirección a la aventura de los molinos de viento.

En el paraje de los siete molinos, ya cerca de Criptana, los caminantes volvieron a hacer una inmersión en el Quijote, en las costumbres y la  legislación de la época de Cervantes, para conocer el motivo por el que en Campo de Criptana hubiese tantos molinos y era porque el Prior de la Orden de San Juan prohibía la construcción de ellos en sus territorios y los alcazareños (que eran dueños de la mayoría de los de Criptana hubieran de irse allí a construirlos y a administrarlos, por sí mismos  o por terceros.

A la llegada a los molinos de Campo de Criptana fueron recibidos por Rosa Ana Fernández Ruiz, concejal de cultura y turismo que junto con los representantes de la asociación de Hidalgos Amigos de los Molinos brindaron una calurosa acogida con una interpretación soberbia del episodio de la aventura de los molinos, que hizo que los caminantes dieran por muy bien empleado su esfuerzo.

Tras la vuelta en microbús se celebró la comida en Barataria y los asistentes comentaron durante la comida que no solo en los puntos de lectura de episodios del Quijote sino en la continua charla durante todo el camino habían aprendido mucho sobre la obra de Cervantes y que ya piensan en las siguientes etapas que se organicen en el futuro.

Esta ruta pretende recorrer caminos por donde anduvo don Quijote y terminar siempre en lugares cervantinos o quijotescos, como ha sido en esta ocasión, de forma que se realice deporte para mejorar la salud, pero al propio tiempo se conozca un poco mejor la obra de Miguel de Cervantes y en especial el Quijote.

Así que, agradeciendo a Domingo Camacho, presidente de la Asociación de Diabéticos de Alcázar de San Juan y comarca la buena organización de la jornada de hoy, aprovecharon para encargarle que vaya trabajando en ir preparando la segunda ruta.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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La solidaridad se supera año a año en la recogida de libros

Fecha de Publicación: 17/12/2021

 

Con alrededor de 500 libros, se ha vuelto a superar el récord del año pasado. La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan agradece muy sinceramente todo el apoyo recibido a la campaña «Ningún niño/a sin imaginación»

Alcázar de San Juan, 17/12/2021.- Un año más la solidaridad de los alcazareños, de la gente de la comarca e incluso de algunos que viven muy lejos y que ya son habituales colaboradores de la Sociedad Cervantina de Alcázar ha quedado patente con la recogida de 500 libros en la Campaña “Ningún niño/a sin imaginación” que este año ha alcanzado su cuarta edición.

 

El vicepresidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar, Luis Miguel Román Alhambra hizo entrega a Milagros Plaza, presidenta de la Asociación Cultural y Social el Sosiego, de la gran cantidad de libros infantiles y juveniles, algunos de ellos totalmente nuevos (adquiridos a propósito para donarlos en esta campaña), así como incluso enciclopedias completas; acto que tuvo lugar en la tarde de ayer jueves para que con estos libros y unidos a los juguetes que han recogido en su tradicional campaña, elaboren lotes para los niños más desfavorecidos.

 

La Asociación el Sosiego viene haciendo desde hace más de diez años esta gran labor social que contrasta con la escasez de medios de que disponen, lo que hace su trabajo mucho más valioso, esto fue precisamente lo que impulsó a la Sociedad Cervantina de Alcázar a colaborar con ellos en una cooperación que se prolonga ya cuatro años.

 

No obstante, queremos remarcar que el éxito de esta campaña no hubiera sido posible sin la colaboración de tanta y tanta gente particular, profesores, escritores, instituciones como la Biblioteca Municipal de Alcázar de San Juan, etc…  Por eso damos las gracias a todos los que han colaborado con nosotros y nos enorgullece comprobar cómo aún queda mucha gente que tiene la impronta de la solidaridad y que se pone en el lugar de los que lo tienen más difícil, especialmente en estas fiestas navideñas que ya se acercan y con la ayuda de todos esperamos haber puesto nuestro granito de arena para que la alegría y la ilusión entren en muchos hogares.

 

 

 Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

 

 

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Barcelona, Cervantes y El Quijote. ¿Por qué rasgarse las vestiduras?

Fecha de Publicación: 22/11/2021

Enrique Suárez Figaredo, barcelonés, quijotista y miembro de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Estupor general ha causado la noticia de que el Pleno del Ayuntamiento de Barcelona haya rechazado la propuesta de instalar en la popular playa de la Barceloneta una estatua a Cervantes, propuesta presentada por el grupo municipal de C’s. Como todo es opinable, en las siguientes líneas expresaré mi particular punto de vista sobre este asunto, empezando por asuntos editoriales muy relevantes.

En Barcelona, en 1617, se publicó por primera vez el Quijote completo (2 tomos). Para ello se asociaron tres mercaderes de libros y dos impresores. También en Barcelona, en 1873, se publicó el primer Quijote en facsímil: todo un hito bibliográfico. Edición destinada “para España y para todas las naciones del Universo”, sus suscriptores la fueron completando en fascículos mensuales de 48 páginas al precio de 5 Ptas. La iniciativa correspondió a Reial Acadèmia de Bones Lletres y el Ateneu Barcelonès, y el responsable de esta monumental edición fue el militar y político barcelonés Francesc López Fabra, considerado el padre de la foto-tipografía en España. El papel, de excelente calidad, se produjo en los molinos papeleros de Capellades (prov. de Barcelona), y la estampación se llevó a cabo en la imprenta barcelonesa de Narcís Ramírez. La tirada se limitó a 1605 ejemplares para España y 100 para el extranjero, y el 23 de abril de 1873, ya finalizada, las planchas fueron destruidas en un solemne acto público. Con 257 años y 507 km de distancia de diferencia, ese día fenecieron el Autor y el ambicioso proyecto.

En 1874, se añadió un tercer tomo con Las 1633 notas de Juan Eugenio Hartzenbusch a la primera edición foto-tipográfica del Quijote (Hartzenbusch era entonces Director de la Biblioteca Nacional). En 1879, un cuarto tomo reprodujo 101 láminas elegidas entre 60 ediciones ilustradas, completando así una de las ediciones del Quijote más valoradas por el coleccionismo cervantino.

 

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Todo buen quijotista sabe que muchos de los mejores estudios literarios sobre el Quijote se han escrito en Barcelona, y la potente industria editorial barcelonesa ha publicado bellísimas ediciones. Semejante devoción por obra y autor parece responder a la que Cervantes sintió por la Ciutat Comtal, y así lo expresó en varias de sus obras:

Admiroles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad, y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo (en Las dos doncellas, del tomo de las Novelas ejemplares).

Quiero que sepa vuesa merced … que en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza, … me pasé … a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades; y en sitio y en belleza, única (en la 2ª Parte del Quijote).

Los corteses catalanes, gente enojada terrible, y pacífica suave; gente que con facilidad da la vida por la honra, y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos (que es como adelantarse a todas las naciones del mundo), visitaron y regalaron todo lo posible a la señora Ambrosia Agustina (en Los trabajos de Persiles y Sigismunda).

¿Qué queda hoy de aquella devoción cervantina, de aquel orgullo ciudadano? Poco, a lo que parece. Me pregunto cuántos componentes del Pleno del Ayuntamiento de Barcelona conocen lo detallado arriba. Es cierto que el nombre de Cervantes ya está bien presente en el nomenclátor de la ciudad (una calle, un parque…), incluyendo un busto en el Pueblo Español y un medallón en fachada de la céntrica Fundació Antoni Tapies; pero no son puntos muy visibles.

La propuesta era colocar una estatua en la playa de la Barceloneta, donde aconteció «la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido»: su derrota frente al Caballero de la Blanca Luna. No se me ocurre un lugar mejor. Ahora bien, desconozco el diseño de la estatua propuesta. ¿Otro busto? ¿Una de cuerpo entero? ¡Qué poca originalidad! Nada mejor que dos caballeros abalanzándose uno contra el otro, lanza en mano, como en la ilustración aportada por Jaume Pahissa para la lujosa edición de Miquel Seguí de 1897. Que yo recuerde, no hay nada así en el mundo.

Barcelona es una de las más turísticas ciudades de Europa, está incluida en la selecta Red de Ciudades Cervantinas, y si ha de hacer algo más por Cervantes y el Quijote, hágalo cuando sea, pero que destaque.

   E. S. F.

Barcelona, 22 noviembre 2021

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Fray Diego de Torres Rubio

Fecha de Publicación: 21/11/2021

 

Del Arte de la lengua aymara, por  Torres Rubio, Diego de, 1547-1638

Fray Diego de Torres Rubio, lingüista, gramático y lexicógrafo jesuita, estudioso de las lenguas andinas aymara y quechua, nace en Alcázar de San Juan, en 1547, y muere en Chuquisaca, actual Sucre-Bolivia, el 13 de abril de 1638, a la edad de 91 años, en donde era profesor de ambas lenguas.

Las lenguas quechua y aymara eran los idiomas más extendidos por las regiones de los Andes centrales a la llegada de los españoles. En cierta forma se puede afirmar que el quechua era, de facto, la lengua oficial del Imperio Inca. Tanto era así que la Iglesia Católica, de la mano de sus misioneros, en su estrategia de expandir su actividad misional por todo el Virreinato del Perú, se esmeró sobremanera en estudiarlas y dominarlas con rapidez para poder comunicarse fácilmente con los nativos de los nuevos territorios y cumplir con su misión evangelizadora. Desde el primer momento estableció cátedras de estos idiomas en los colegios y universidades que se iban fundando.

La obra escrita más antigua que conocemos en lengua quechua es “Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reynos del Perú”, del misionero dominico Fray Domingo de Santo Tomás, impresa en Valladolid en el año 1560.

En 1583 se editó en Lima el primer “Catecismo en la lengua Española y Aymara del Pirú”, como resultado de las directrices emanadas del III Concilio Provincial de Lima (1582-1583). Este Concilio fue de suma importancia para la cristianización de los pueblos nativos del Virreinato del Perú, pues de él surgió una abundante normativa evangelizadora, una de las más influyentes la que ordenaba que no se obligase a sus habitantes a rezar en latín, lo que propició la aparición de abundantes textos religiosos en las lenguas nativas más habladas. Este catecismo fue reimpreso en Sevilla, en 1604, por Bartolomé Gómez.

Catecismo en la lengua Española y Aymara del Pirú. Edición de 1604. Sevilla

En 1607, el también misionero, en este caso jesuita, Fray Diego González Holguín publicó su “Gramática y arte nueva de la lengua general de todo el Perú, llamada lengua Quichua, o lengua del Inca” y, en 1608, el “Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua Quichua o del Inca”. Ambas obras se imprimieron en Lima.

Unos años antes, en 1603, el misionero jesuita alcazareño Fray Diego de Torres Rubio publicó la obra “Gramática y Vocabulario en lengua Quichua, Aymara y Española”, que se imprimió en Roma, y fue reeditada en Sevilla en 1609, pero que hoy, desaparecida, solo se la conoce por referencias.

Fray Diego de Torres Rubio nace en Alcázar de San Juan, entonces llamada Alcázar de Consuegra, en 1547.Con 19 años de edad, en 1566, abandona su ciudad natal y se traslada a Valencia para ingresar en el noviciado de la Compañía de Jesús, en donde obtiene el grado de subdiácono seis años más tarde, en 1572.

En 1577, junto al también jesuita alcazareño Fray Alonso de Valdivielso, marcha al Nuevo Mundo en la expedición promovida por el Padre Everardo Mercuriano,

Prepósito General de la Compañía de Jesús, “en respuesta a la solicitud que el Padre Acosta le hace rogándole que enviara un teólogo ya formado y de nota para que continuase los cursos de teología que él había interrumpido al ser nombrado Provincial del Perú”, según recoge el Padre F. Mateos en su “Historia General de la Cia. de Jesús en la Provincia del Perú”.

El jesuita P. Bartolomé de Alcázar, en el Tomo II de su “Chrono-Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia de Toledo”, Madrid 1710, relata con exactitud el día en que Fray Diego y Fray Alonso embarcaron en Sanlucar de Barrameda, como integrantes del grupo de dieciséis religiosos que componían la expedición ordenada por el Padre Everardo Mercuriano: “A las provincias del Perú partieron también de San Lucar, a 16 de octubre (de 1577), en los Galeones de el cargo de Don Juan de Velasco de Barrio, dieciséis de la Compañía de Jesús …” citando expresamente a los dos alcazareños de esta forma: “Alonso de Valdivielso, estudiante theologo, natural de Alcaçar de San Juan de la provincia de Toledo… Diego de Torres Rubio, subdiácono, natural de Alcaçar de San Juan…”.

Al frente de la misma iba el Padre José Tiruel y la componían cuatro diáconos, siete estudiantes, dos hermanos coadjutores y tres sacerdotes, uno de ellos el eminente teólogo y moralista Padre Esteban de Ávila. La lista completa de sus integrantes, junto al grado de cada uno de ellos y sus lugares de procedencia, consta en el “Libro del Noviciado” de la Compañía  

Desconocemos el puerto de arribada al Nuevo Mundo, pero si sabemos que en febrero de 1578 todo el grupo se encontraba sin novedades dignas de reseñar en Panamá, para embarcar con destino al Virreinato del Perú en el navío del conocido y prestigioso piloto Antón del Rodal. El también jesuita P. Giovanni Anello Oliva nos describe este viaje en su “Historia del Reino y Provincias del Perú y vida de los varones insignes de la Compañía de Jesús”, escrita en el año 1630de esta forma:

“Pero en este (viaje) no podré dejar de hacer especial mención del que el Padre Joseph Tiruel y el Padre Esteban de Ávila hicieron con otros catorce sujetos, el año de 1578… en este navío vino y en compañía de nuestros padres D. Martín Garçía de Loyola a quien después mataron los indios de Chile, siendo gobernador de aquel Reino y sobrino que fue de nuestro Glorioso Padre San Ignacio. También vino D. Lorenço Xuerez de Figueroa gobernador de las Provincias de Santa Cruz de la Sierra…“, siguerelatando quenavegarondurante once días hasta el puerto de Paita en Perú, en donde descansaron cinco días, continuando su singladura durante otros dieciséis días, para llegar, el 31 de marzo de 1578, Viernes de la Semana de Pascua, al puerto del Callao en Lima.

A esta expedición también se refiere el Virrey Francisco de Toledo en una carta enviada a Felipe II, el 18 de abril de 1578, en la que le comunica que: “Entró aquí una manada de clérigos de la Compañía, mozos y para estudiar acá”.

Es más que probable que en Lima los caminos de Fray Diego y Fray Alonso se separaran definitivamente para no volver a juntarse jamás, lo que no podemos asegurar puesto que no hemos encontrado constancia documental del destino que América le deparó a Fray Alonso de Valdivielso. Quizás volvió a España, porque en 1601 encontramos a un Fray Alonso de Valdivielso velando en su casamiento a Francisco Pérez Marañón y Paula de Valdivielso, hija del Doctor Valdivielso, casamiento que ofició Fray Juan de Valdivielso. “Libro primero de Desposorios y Velaciones celebradas en la Iglesia Parroquial de Santa María desta villa de Alcázar de San Juan”. Archivo parroquial de Santa María. Pero ésta es otra historia.

Tras permanecer dos años en Lima, entonces llamada Ciudad de los Reyes, en donde fue ordenado sacerdote en 1580, al ya Padre Diego de Torres Rubio lo enviaron a la importante misión jesuita de Juli, al sur del actual Perú, junto al lago Titicaca, territorio habitado por el pueblo Aymara, en donde también aprendió esta lengua. En Juli coincidió con el jesuita italiano P. Ludovico Bertonio (1557 – 1625), lingüista y lexicógrafo como él, autor, entre otras obras, del “Vocabulario de la Lengua Aymara”, impreso en Juli en 1612, y de varios textos religiosos en español y en aymara.

El resto de su vida transcurrió, en su mayor parte, en regiones de la actual Bolivia, llegando a ser Rector de los colegios de La Paz (Chuquiabo o Chuqiyapo en aymara), Potosí y La Ciudad de La Plata de los Charcas, conocida también como Chuquisaca y, desde 1839, llamada Sucre, ciudad muy importante en esa época pues en ella residía la Real Audiencia y Cancillería de La Plata de los Charcas, la segunda en jerarquía tras la de Lima. En Chuquisaca, en donde ocupó la cátedra de aymara durante 30 años, se le atribuye el establecimiento, en 1610, de dos seminarios de Estudios y Noviciados para impartir Teología y Artes.

Partiendo desde Potosí, en el año 1595, fue uno de los primeros misioneros jesuitas que, junto al Padre Yáez, visitó a los chiriguanos, etnia de lengua guaraní, que se asentaban en el Gran Chaco, en lo que hoy es territorio compartido por Bolivia, Argentina, Brasil y Paraguay.

El Padre Bartolomé de Alcázar, en el ya citado Tomo II de su “Chrono-Historia de la Compañía. de Jesús en la Provincia de Toledo”, nos da cumplidas referencias del talante y la personalidad de Fray Diego, diciendo que: “Ordenado en Lima de sacerdote, para acallar sus fervorosos deseos de ayudar a los indios, le enviaron al Pueblo de Juli, donde en breve aprendió sin maestro con tal perfección las dos lenguas Aimara y Quichua, que las redujo a reglas y las enseñó en Chuquisaca por treinta años. Hizo muy repetidas Misiones, a pie así siempre en la Provincia de los Charcas… Dentro de la casa era infatigable en la caridad con todos…  Asistía y amaba a los indios con celo ardiente, sin fatigarle los trabajos que por ellos toleraba… Adornó su vida larga con grandes virtudes… Siendo Rector de el Collegio de Potosí hacía los oficios más humildes, propios de los criados, diciendo que no había para que executase otro lo que él podía… y solía decir que mientras tuviese manos propias, era injusto valerse de las ajenas… Por su amor a la santa Pobreza jamás admitió para uso propio, sino lo más viejo y desechado de la casa… Era muy dado a la oración vocal, y a la mental empleando en ésta cuatro horas al día, con perseverancia constante… Tuvo una pureza tan sin mancilla, que en su semblante no se vio ademán, o acción ajena de una insigne santidad… Estas y otras virtudes suyas, ya cansado de vivir, le maduraron para el Cielo… Fue su muerte en la Ciudad de la Plata, a 13 de Abril de 1638, a los 91 años de su edad, a los 66 de religión, y a los 58 de profesión de cuatro votos. Escribió una Gramática y un Vocabulario de las lenguas Aimara y Quichua ”.

Los cuatro votos que menciona el Padre Bartolomé de Alcázar son los de pobreza, castidad y obediencia, comunes a todos los sacerdotes, más un cuarto voto especial que solo profesan los jesuitas: la obediencia al Papa sea el que sea.

La anónima “Historia General de la Compañía de Jesús en Perú”, del año 1600, reeditada por el Padre F. Mateos, Madrid 1944, corrobora su cargo de Rector del Colegio de Potosí y recoge la amistad que le unía al Padre Juan de Montoya, compañero en sus viajes misioneros por Juli, Chuquiabo y Potosí, de esta forma: ”… el P. Diego de Torres Rubio, Rector que entonces era de este collegio, como quien sabía bien la mucha virtud y santidad del P. Montoya, por haber vivido en su compañía muchos años en Juli, Chuquiabo y Potosí…”

Además de las ya mencionadas, también hemos encontrado referencias documentadas sobre Fray Diego de Torres Rubio en estos otros escritos:

En el manuscrito “Sobre el noviciado de los jesuitas en Lima”, escrito alrededor de 1600, que se encuentra en la Biblioteca Nacional.

En la obra “Vidas exemplares y venerables memorias de algunos Claros Varones de la Compañía de Iesus”, del humanista y teólogo jesuita P. Juan Eusebio Nieremberg y Ottin, Madrid 1647, se describe a Fray Diego de Torres Rubio como uno de los más importantes y venerables miembros de esta Compañía en el Virreinato del Perú. Confirmando lo ya acreditado con estas palabras: “Sucedió su muerte en la ciudad de Chuquisaca, donde muchos años había vivido, a 13 del mes de abril el año de 1638, de edad de noventa y uno, de su entrada en la compañía sesenta y seis, y de la profesión de los cuatro votos cincuenta y ocho”.

En el “Catálogo de las Lenguas de las naciones conocidas y enumeración, división y clases de éstas según la diversidad de sus idiomas y dialectos”, Madrid 1800-1805, del lingüista y filólogo jesuita Lorenzo Hervás y Panduro.

En la obra “Bibliografía Española de Lenguas indígenas de América”, Madrid 1892, de Cipriano Muñoz y Manzano, Conde de la Viñaza.

En la monumental “Historia General del Perú”, editada enLima entre 1971 y 1984 y en la “Historia de la Compañía de Jesús en el Perú”, Burgos 1963, ambas del jesuita peruano P. Rubén Vargas Ugarte.

O en “Notas sobre jesuitas y lengua Aymara”, 1997, del jesuita e investigador boliviano P. Xavier Albó.

Como ya hemos comentado, la primera obra que Fray Diego de Torres Rubio escribió fue “Gramática y Vocabulario en lengua Quichua, Aymara y Española”, publicada en Roma en el año 1603 y reeditada en Sevilla en 1609, obra que hoy está desaparecida, pero que es citada, entre otros, por Antonio Rodríguez de León Pinelo, historiador y cronista mayor de Indias, en el Tomo II de su obra “Epítome de la Biblioteca oriental i occidental, náutica y geográfica…”, Madrid 1629. Por el bibliógrafo sevillano Nicolás Antonio en el Tomo I de su obra “Bibliotheca Hispana Nova”, publicada en 1672 y, sobre todo, por D. Marcelino Menéndez Pelayo quien en el Tomo III su obra “La Ciencia española: polémicas, proyectos y bibliografía”, Madrid 1888, además de hablar de ella, da su título en latín: “Vocabularium et Gramática limguarum Aymara et Quichuae”.

En 1614 Francisco del Canto, impresor de libros, publicó “Arte, y vocabulario en la lengua general del Perú, llamada Quichua, y en la lengua Española. El más copioso y elegante, que hasta agora se ha impresso”, editada en Lima con licencia del Excelentísimo Marqués de Montesclaros, hasta ese año Virrey del Perú, y dedicatoria del editor al Ilustrísimo Señor Don Hernando Arias de Ugarte, Obispo de Quito y del Consejo de su Majestad.

Arte y vocabulario en la lengua general del Perú, llamada Quichua, y en la lengua Española. 1614

Desde la Biblioteca John Carter Brown de la Universidad de Providence, Rhode Island, EE.UU., atribuyen esta obra a Fray Diego de Torres Rubio, pero otras fuentes también la atribuyen a los jesuitas Alonso de Bárcenas, Ludovico Bertonio o Diego González Holguín, o al dominico Domingo de Santo Tomás, incluso al propio Francisco del Canto. Quizás el editor simplemente reunió datos de todos ellos y la publicó sin mencionar autor alguno. La obra, de 452 páginas, consta de una gramática o arte de la lengua Quichua y un diccionario, de unas 2.500 palabras y frases, del quechua al español y viceversa.

En 1616, Fray Diego de Torres Rubio, publicó la obra “Arte de la lengua Aymara”, editada en Lima por Francisco del Canto, con licencia concedida por el Príncipe de Esquilache, Virrey del Perú entre los años 1614-1621, y la aprobación del Doctor Alonso de Huerta, Catedrático de la Universidad San Marcos de Lima y Predicador de su Iglesia Catedral.

En ella encontramos una gramática o arte de la lengua aymara, un vocabulario bilingüe ordenado alfabéticamente con los vocablos y frases más comunes que ordinariamente se usaban, un breve confesionario en aymara y varios textos religiosos, entre ellos una Letanía de Nuestra Señora.

Hay dos versiones de esta obra, ambas publicadas en Lima en 1616, que se han confundido entre sí, pues en una de ella se incluyó la edición, reimpresa en Sevilla en 1604, del “Catecismo en la lengua española y aymara del Pirú” y en la otra versión no se incluyó.

Arte de la lengua Aymara, edición de 1616, que incluye el catecismo.
Arte de la lengua Aymara, edición de 1616, sin la inclusión del catecismo

En 1967 la Editorial de Libros y Revistas S.A. (LYRSA) de Lima realizó una edición moderna de esta obra, con un preliminar de Gamaliel Churata (seudónimo de Arturo Peralta) y prólogo y actualización de Mario Franco Inojosa.

En 1619 publicó su “Arte de la lengua Quichua”, editada en Limapor Francisco Lasso, con licencia igualmente concedida por el Príncipe de Esquilache, Virrey del Perú, el 16 de febrero de 1619, y la aprobación del Padre Diego Álvarez de Paz, Provincial de la Compañía de Jesús en el Perú.

Está estructurada de forma análoga a la anterior, es decir, un arte (gramática) de la lengua quichua, un vocabulario bilingüe con los vocablos y frases más comunes ordenados alfabéticamente, un confesionario y varios textos religiosos en quichua, entre ellos una Letanía de Nuestra Señora, los Mandamientos y los rezos necesarios para administrar el viático o celebrar el matrimonio.

Arte de la lengua Quichua. Edición de 1619

Esta edición fue ampliada por el P. Juan de Figueredo, quien le añadió una gramática y un vocabulario de la lengua Chinchaysuyo, considerada un dialecto de la lengua Quichua muy hablado en la zona del Arzobispado de Lima, imprimiéndose en esta ciudad, en el año 1700, en la imprenta real de Joseph de Contreras y Alvarado, a costa del mercader en libros Francisco Farfán de los Godos.

Siendo nuevamente reeditada, también en Lima, en 1754, en la afamada imprenta de la Plazuela de San Cristóbal, bajo el título de “Arte y vocabulario de lengua Quichua general de los indios de el Perú que compuso el Padre de Diego de Torres Rubio de la Compañía de Jesús. Y añadió el P. Juan de Figueredo de la misma Compañía. Ahora nuevamente corregido y aumentado en muchos vocablos”.

En 1963 la Editorial H. G. Rozas S.A. de Cuzco publicó una edición moderna de esta obra, incluyendo los añadidos que hizo el P. Juan de Figueredo. El prólogo y las biografías que contiene son de Luis A. Pardo.

Arte de la lengua Quichua. Edición de 1700
Arte de la lengua Quichua. Edición de 1754

El historiador y bibliógrafo peruano Enrique Torres Saldamando (Lima, 14 de julio de 1846 – Santiago de Chile, 1 de abril de 1896), en su libro “Los antiguos jesuitas: biografías y apuntes para su historia” (1882, Imprenta Liberal, pp 79-81) dice que también dominaba la lengua guaraní, quizás aprendida en su comentado viaje al Gran Chaco con el padre Yáez, atribuyéndole la obra “Arte de la lengua Guaraní”, publicada en 1627. Desgraciadamente, a día de hoy, no se ha podido localizar ningún ejemplar que pueda confirmarlo.

Ejemplares de sus obras se encuentran en la Biblioteca Nacional de España, en diversas Bibliotecas Nacionales y Universitarias de Chile, Perú o Bolivia y, especialmente, en la Biblioteca John Carter Brown en la Universidad de Providence, Rhode Island, EE.UU., de cuya Biblioteca Digital hemos extraído las ilustraciones que acompañan a este trabajo.

Hasta aquí este breve recorrido por la vida y la obra de este alcazareño universal, poco conocido y menos reconocido en su ciudad natal, en la que, pensamos que injustamente, no se le recuerda ni tan siquiera con una sencilla placa conmemorativa o con el nombre de una simple calle.

 Manuel Rubio Morano

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Breve explicación de este artículo:

Este artículo sobre Diego de Torres Rubio, un jesuita alcazareño que -aparte de ser un verdadero desconocido en la ciudad- fue uno de los mayores lingüistas del Siglo de Oro Español, autor de gramáticas sobre las lenguas Aymara y Qechua, es obra de nuestro socio Manuel Rubio Morano y le ha hecho una pequeña introducción que motiva la realización de este trabajo y que tiene su interés, por eso aquí queda reproducida.

Junta Directiva

 

«Hace unas semanas nuestro compañero de la Sociedad Cervantina de Alcázar, Enrique Lubián, nos reenviaba por el grupo de wasap unos memes en los que se defendía y reivindicaba la labor de España en el Nuevo Mundo.

En uno de ellos se mostraban las Universidades fundadas por España en América y Filipinas y en otro se comentaba que mientras el primer libro de gramática en lengua alemana se publicó en 1573 y el primer libro de gramática en lengua inglesa lo fue en 1586, en España el primer libro de gramática en lengua española se editó en 1492 y, lo que es más sorprendente, el primer libro de gramática en la lengua andina Quechua lo fue en 1560, trece años antes que en alemán y veintiséis antes que en lengua inglesa.

Esto me animó a poner al día algunos apuntes que ya tenía sobre un alcazareño universal, pero escasamente conocido en su tierra, al que le seguía la pista desde hace bastante tiempo, Fray Diego de Torres Rubio, y me empujó a seguir indagando sobre su vida y obra, por ser uno de los principales artífices del inmenso trabajo que España desarrollo con las lenguas nativas del Virreinato del Perú durante los siglos XVI y XVII. Lo encontrado está en el siguiente trabajo.»

Manuel Rubio Morano

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Camino del Quijote, camino de salud

Fecha de Publicación: 21/11/2021

 

La Asociación de Diabéticos de Alcázar y Comarca presenta el “Camino del Quijote”, es una nueva actividad que mezcla caminar con la cultura. Para organizarla se han apoyado en la Sociedad Cervantina de Alcázar

Alcázar de San Juan, 21 de noviembre de 2021.- La Asociación de Diabéticos de Alcázar de San Juan y Comarca en la persona de su presidente Domingo Camacho, ha presentado a los medios de comunicación  este proyecto que llevan preparando durante meses, que pretende ser abierto a toda la sociedad y señalan ya la fecha de la primera etapa que será en el mes de diciembre.

Se realizarán diferentes rutas a pie que la ADAC ha organizado en colaboración con la Sociedad Cervantina de Alcázar y que han dado en llamar “Camino del Quijote”.  Esta actividad consistirá en caminar por los mismos lugares en que lo hicieron don Quijote y Sacho Panza, mientras se hace un repaso a las principales aventuras que vivieron los universales personajes en su novela, y mientras que los participantes en la ruta refrescan su conocimiento del Quijote escuchando los fragmentos de la obra cumbre de Cervantes, textos que han sido seleccionados y serán leídos por los miembros de la SCA.

Por lo tanto, afirmaba Domingo Camacho, “lo que pretendemos es combinar cultura y deporte, caminada e inmersión en la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”.  La primera etapa se realizará el domingo 19 de diciembre entre las localidades de Alcázar de San Juan y los molinos de Campo de Criptana donde tuvo lugar la aventura de los molinos de viento. Tendrá un recorrido aproximado de 12 km y una duración de unas dos horas y media. Se recomienda hacerlo de forma familiar.

Durante la ruta se harán cinco lecturas de fragmentos del Quijote que se desarrollan en esta aventura, de modo que los participantes se meterán dentro de la novela y caminarán por los mismos lugares de la trama. Una vez que lleguen al destino asistirán a una breve representación quijotesca y regresarán en autobús hasta el lugar de salida en Alcázar de San Juan donde acabarán la jornada con una comida típica manchega. El coste de participación será totalmente asequible y solo para cubrir el coste de la comida y el desplazamiento de ida o de vuelta. En esta primera etapa se ha fijado una cuota de participación de 20 euros porque incluye la comida en Hotel ínsula Barataria a la terminación de la etapa. Para finalizar, Domingo Camacho informó que las reservas pueden hacerse al correo: adacalcazardesanjuan@gmail.com desde este mismo momento ya que se limitará a 50 plazas el número de participantes.

En el acto de presentación estuvo presente Luis Miguel Román Alhambra vicepresidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar que expuso que han colaborado muy gustosamente con ADAC en la organización de estas rutas porque la difusión de la obra de Cervantes es el principal objetivo de la Sociedad y que no han encontrado ningún problema en identificar lo que ocurre en cada aventura del Quijote y elegir los textos adecuados a cada trayecto. De esta forma y caminando por los lugares en que anduvieron don Quijote y Sancho y oyendo los pasajes correspondientes, se pueden apreciar en toda su extensión aspectos de la obra que en una lectura normal podrían pasarnos desapercibidos.

También intervino José Andrés Ucendo concejal de deportes y medio ambiente de Campo de Criptana para poner en valor el patrimonio molinero de nuestra localidad vecina, alabando que la ruta escogida pase por el paraje de los siete molinos (todavía muy desconocido)  y para manifestar que no hay duda de que estos son los molinos contra los que se enfrentó ese “hombrecillo enclenque”  al que Cervantes hizo luchar contra gigantes en el capítulo 8, y que desde el Ayuntamiento se comprometió a hacer una pequeña representación con actores especializados y en todo caso a dispensar una magnífica acogida a los visitantes que lleguen a la “sierra” en esta primer a etapa.

Cerró el acto de presentación el concejal de medio ambiente de Alcázar de San Juan Pablo Pichaco,  para apoyar la realización de este tipo de rutas naturales que buscan ahondar en la integración de la actividad con la vida saludable y con el conocimiento de los recursos naturales, ya sea la geología o los cultivos típicos de la zona y aves que anidan o pasan por el lugar, que favorecen una relación del hombre con el entorno, haciendo que estas experiencias se vuelvan atractivas porque facilitan una percepción distinta de estos caminos la que se adquiere recorriéndolos a pie, como ya se está haciendo también por ejemplo con los Caminos del Guadiana. Deseó mucho éxito a la nueva actividad y que sirva de ejemplo para iniciativas de este tipo.

Esto es en cuanto se refiere a la primera etapa que ya está prácticamente preparada, pero la actividad “Camino del Quijote” no se circunscribirá a esta única etapa, sino que pretende consolidarse en el tiempo y tendrá un carácter trimestral; ya se están preparando otras tres nuevas etapas que irán creciendo en duración y dificultad, aunque siempre dentro de los límites asumibles para que puedan ser realizado de forma familiar. Todas ellas terminarán en lugares emblemáticos del Quijote.

La Asociación de Diabéticos confía en que esta actividad tenga una buena acogida y por su interés, se convierta pronto en un referente en la Mancha, no solo entre sus asociados, sino entre el público en general ya que la participación en la misma está abierta a todas las personas y colectivos.

Domingo Camacho Castellanos

Presidente de la Asociación de Diabéticos de Alcázar de San Juan y Comarca.

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Cuarta campaña de recogida de libros “Ningún niño/a sin imaginación”

Fecha de Publicación: 15/11/2021
 

 

Este año se cumple la cuarta edición de esta iniciativa solidaria de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan que permite acercar los libros a los niños más desfavorecidos y fomenta la lectura entre los jóvenes al llegar las fiestas navideñas

Alcázar de San Juan, 15-11-2019.-  El objetivo de esta campaña es que ningún niño se quede sin leer esta Navidad por muy limitado que sea su poder adquisitivo o por muy desfavorables que sean sus condiciones familiares.

Por cuarto año consecutivo la Sociedad Cervantina de Alcázar ha iniciado la campaña “Esta Navidad ningún niño/a sin imaginación” por la que se pone en marcha la recogida de libros infantiles y juveniles que ya han sido leídos en algunos hogares y a los que se permite alargar su vida útil yendo a parar a las manos de otros niños que tienen más difícil el disfrute de este material y a los que la sociedad no puede permitir dejar sin acceso a la lectura y en consecuencia al desarrollo de su imaginación.

Los viernes 19 y 26 de noviembre, y el viernes 10 de diciembre (último día), se ha habilitado la sala 7 del Centro Cívico en la plaza de España de Alcázar de San Juan, en horario de 18:30 a 20:00 para la recepción de libros infantiles y juveniles, usados, pero en buen estado, que sirvan para que otros niños puedan disfrutar del placer de la lectura.

Nuestro socio Enrique Lubián será el encargado de su recogida permaneciendo en el Centro Cívico en el horario anunciado. Se acerca la Navidad y es tiempo de compartir con los demás, sobre todo con los que menos tienen, por lo que es un momento propicio para que afloren nuestra solidaridad.

El año pasado los alcazareños, personas de la comarca y algunas donaciones llegadas de fuera (de Málaga y Sevilla) dejaron el listón muy alto, cerca de los 400 ejemplares, pero hay ilusión y confianza en que este año se supere el reto conseguido en la Navidad de 2020.

Los libros que aporten los donantes, se entregarán a la Asociación Cultural y Social “El Sosiego” (asociación que lleva ya varios años poniendo en práctica su campaña solidaria de recogida de juguetes), al objeto de que estos libros puedan formar parte de los lotes de juguetes a entregar a las familias más necesitadas de nuestra ciudad.

Recordamos los días y horas de recogida en la Sala 7 del Centro Cívico:

  • Viernes 19 de noviembre, de 18:30 a 20:00
  • Viernes 26 de noviembre, de 18:30 a 20:00
  • Viernes 10 de diciembre, de 18:30 a 20:00

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Dos Cervantes contra el Turco

Fecha de Publicación: 11/11/2021

 

El Ayuntamiento de Alcázar de San Juan tiene diseñado un programa de actividades durante el mes de noviembre con el fin de vincular dos elementos muy significativos de la cultura y tradición alcazareña: Cervantes y el vino. En las VIII Jornadas Vino y Bautismo Qervantino, que se están celebrando entre los días 5 y 14, el martes 9 participé en las Jornadas Cervantinas con una conferencia que pretendía recordar la batalla de Lepanto. Sin duda alguna, si no fuese por una de las dedicatorias en las Letanías del Santo Rosario que recuerda la intercesión de la Virgen: Auxilio de los cristianos, y que en ella participó el autor del Quijote, la anestesiada memoria histórica española habría olvidado por completo un hecho que cambió la historia de España, Europa y el mundo.  El título de la conferencia ha sido Lepanto 1571-2021. “Auxilio de los cristianos”. Dos Cervantes contra el Turco.

Sí, dos Cervantes, porque aquel glorioso domingo 7 de octubre de 1571 a bordo de las galeras cristianas comandadas por don Juan de Austria iban embarcados dos hombres de nombre Miguel y el mismo apellido de Cervantes, y ambos resultaron heridos. Aquí dejo mi conferencia y las imágenes que se proyectaron:

Una de las Letanías que rezamos en el Santo Rosario es Auxilio de los cristianos. Este ruego a la Virgen fue añadido por el papa Pío V después de tener noticia que la flota cristiana había vencido a la turca en el Golfo de Lepanto. Esta batalla sucedía el domingo 7 de octubre de 1571, hace 450 años. Una batalla que enfrentó a centenares de barcos y decenas de miles de hombres, paró el dominio turco en el Mediterráneo y cambió la historia de Europa y del mundo.

Al amanecer de aquel domingo, avistada la gran flota turca y formada la escuadra cristiana en orden de combate, en todas las galeras y galeazas se rezaron el Santo Rosario por expreso deseo del papa y del almirante de la flota don Juan de Austria, recibiendo todos de rodillas la bendición apostólica enviada desde Roma. Don Juan de Austria, esa mañana, sabiendo del gran esfuerzo que iban a tener que soportar, ordena doblar la ración de comida a los galeotes y les promete la libertad si se logra la victoria.

A las 12 del medio día un cañonazo de la Capitana turca fue respondido por otro de la galera La Real de don Juan de Austria, aceptando la batalla. Aquí terminó la cortesía militar. Cuatro horas después, muerto Alí Pachá, capitán general de la armada turca, la victoria cristiana era ya indudable. El mar del Golfo de Lepanto quedó teñido de rojo y la batalla había terminado, solo quedaba dar la Extremaunción a los moribundos, auxiliar a los heridos y recoger a los muertos.

Al conocer el papa la victoria, en gratitud a la intercesión de la Virgen María en la batalla ante la poderosa flota otomana, instituyó la fiesta del 7 de octubre con el nombre de Nuestra Señora de las Victorias y poco después su sucesor Gregorio XIII cambió la advocación a Nuestra Señora del Rosario, llegando así hasta nuestros días.

Vivimos hoy solo del presente, nos olvidamos del pasado y casi somos incapaces de pensar en el futuro, porque todo o casi todo ya está establecido por unos pocos a su antojo. En su afán de adormecernos, de anestesiarnos históricamente, persiguen que nos olvidemos de nuestro propio pasado, con sus luces y sus sombras. Y esto es lo que habría pasado, con esta trascendente batalla naval, si en una de las galeras de la escuadra al mando de don Álvaro de Bazán, la Marquesa, no hubiera estado en ella Miguel de Cervantes, quien, treinta y cuatro años después, enviaba a imprimir la primera parte del Quijote. En el Prólogo de sus Novelas Ejemplares, Cervantes nos muestra su orgullo por perder «… en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parezca fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros».

Hasta aquí lo que han contado los biógrafos de Cervantes. Sin embargo, ese glorioso día iban embarcados en la Armada de España dos Cervantes con el mismo nombre de Miguel, y ambos tuvieron la misma triste suerte de salir heridos de la batalla contra la gran escuadra turca. Un hecho que ha estado oculto, por algún motivo, muchos años. Y lo sigue estando…

Para conmemorar el IV centenario de la muerte de Cervantes, la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas organizó en 2016 una gran exposición de documentos y recursos que se conservan en los Archivos Estatales y que nunca se había presentado conjuntamente sobre el autor del Quijote.

Dividida la exposición en tres espacios, en el primero de ellos, titulado «De las letras a las armas», se tenía que recordar, cómo no, su presencia en la batalla de Lepanto. Se pudo contemplar el plano original de la batalla, fechado en el mismo 1571, y una carta escrita por don Juan de Austria al rey Felipe II, su hermanastro, cinco meses después, el día 19 de marzo de 1572, desde la ciudad siciliana de Palermo.

En ella le indica al rey que con la misma «va la relación de las personas a quien se han repartido ayudas de costa, a la mayor parte para curarse de las heridas que tuvieron en la batalla y a otras para ayudarlas a la extrema necesidad en que estaban»

En la tarjeta explicativa, junto a la carta y la relación de heridos, los organizadores de la exposición indican que «En la relación aparecen dos soldados con el mismo nombre, “Miguel de Cervantes” y “Miguel Cervantes”. El primero, el escritor, con otras trescientas noventa y seis personas personas, como expresa la relación, han servido señalada y particularmente el día de la batalla que se dio a la armada del turco (Lepanto) en que salieron heridos y mucha parte dellos mancos; el otro, forma parte de las trece personas que se alzaron con una galera turquesa y se vinieron desde La Caramanía, con ella, hasta Mesina»

Hasta aquí lo que en aquella exposición se podía contemplar sobre este documento. Era muy llamativo que la hoja donde aparecía el segundo Cervantes estaba parcialmente tapada justo después del nombre de “Miguel Cerbantes”. Traté de consultar este documento completo en el Portal de Archivos Españoles PARES y al no estar disponible, ¡¡sigue sin estarlo hoy!!, solicité al Archivo General de Simancas el documento para leerlo con más atención, también porque según la información disponible en la exposición este documento se conocía al menos desde 1849. Algo me hacía pensar que el documento, celosamente guardado en algún cajón del Archivo, contenía algo más.

 

La digitalización del documento es buena, aunque en blanco y negro. Todo el documento, carta y relación, es claro en la grafía y en los términos que contiene. Lo primero que busco es a los dos Cervantes. El primero se encuentra en el folio 5v de la relación de heridos, marcado al margen con una cruz, y el segundo en el folio 8v con una nota a su margen que dice OJO, siendo este segundo Cervantes la última persona nombrada en la relación antes del resumen económico del contador. Las dos anotaciones al margen están hechas con grafía distinta al general del documento.

Al primer Cervantes el contador de la Armada le entrega 20 ducados y al segundo 22 escudos, cuantías muy similares si las trasladamos a maravedís, unos 8.000 maravedís al primero y 8.250 al segundo.

Comencemos por el principio, por la carta. En el texto anotado en la carpeta que contiene la carta de don Juan de Austria se lee:

-«Palermo»

-«A Su Majestad»

«Del señor don Juan, a 19 de marzo, 1572»

«Recibida a 23 de abril»

Refiérase a lo que se le escribió en una carta de 26 de enero»

-«Aquí dentro, Miguel de Cervantes, agraciado con 22 escudos de ventaja» (1) 

-«Copiado para don Luis López Ballesteros hoy, 24 de noviembre de 1849» (2) 

(1) Este de los «22 escudos» es el segundo Cervantes, el anotado con un «OJO»)

(2) Luis López Ballesteros fue nombrado Director de la Real Academia de la Historia el 30 de noviembre de 1849.

¡¡Este documento, carta y relación de heridos se conocía oficialmente al menos desde 1849!! En 2016, fecha de la exposición, hacía 167 años que estaba metido en un cajón, fuera del alcance de investigadores, biógrafos y cervantistas. ¿Quién lo ordenó? ¿Por qué motivo lo hizo? Quizá este documento aporte alguna respuesta sobre todo esto.

Según la tarjeta de la exposición, éste segundo Cervantes no había estado en la batalla de Lepanto, argumentándose en ella que aparecía en la relación por formar «parte de las trece personas que se alzaron con una galera turquesa y se vinieron desde La Caramanía, con ella, hasta Mesina». Sin embargo el documento no deja lugar a dudas, este segundo Cervantes no estaba entre esos trece valientes hombres, como se afirmaba en la exposición, y sí entre los heridos de la batalla.

Después de la primera persona relacionada en este folio 8, Bartolomé Rico Piloto, el contador de la Armada anota: «A trece personas de las que se alzaron con una galera turquesa y se vinieron desde La Caramanía con ella hasta Mecina se les dieron cuatrocientos y sesenta escudos en la manera siguiente»:

1- A Martín Bueno que fue el que comenzó la plática de alzarse con la galera cien escudos, 100 esc.

2- A Francisco de Guzmán espalder que mató al capitán de la galera cincuenta escudos, 50 esc.

3- A Lazarín de la Cruz otro espalder otro tanto, 50 escudos

4- A Marco Moreno, renegado con quien se concertó el negocio otro tanto, 50 escudos.

5- A Martín de Nicados, renegado por el mismo effecto otro tanto, 50 escudos.

6- A Mico Vicencio, barbero, mozo de cámara que dio armas a los cristianos veinte escudos, 20 esc.

7- A Juan de Tavormina el otro mozo de cámara que hizo el mismo effecto otro tanto, 20 escudos.

8-13 y después nombra a seis personas: 8 A Diego Diaz, 9 Nicolas calabrés, 10 Moreto calabrés, 11 Miguel de Palermo, 12 Francisco de Palermo y 13 Simón napolitano, que se hallaron desherrados al tiempo que se alzaron con la dicha galera y ayudaron veinte escudos a cada uno, son ciento y veinte escudos.

En total, están nombrados los trece hombres y las cuantías entregadas a cada uno, que suman exactamente los 460 escudos apuntados por el contador. Y entre estos trece NO aparece el segundo Cervantes.

A partir de esta relación de trece personas, el Contador anota en esta misma  hoja a otros ocho heridos en la batalla.

Y el documento termina precisamente con la vuelta de este folio 8, en el que aparece, ahora sí, Miguel Cerbantes, como último herido agraciado por orden de don Juan de Austria con 22 escudos, después del soldado Luis de Almazán.

Es evidente el error que contenía la tarjeta de la exposición y las descripciones que de este documento disponía el público asistente. ¿Simple error o intencionalidad de que este segundo Cervantes no apareciese entre los heridos en Lepanto? ¡Vaya usted a saber! Quizá este documento, nunca expuesto,  solo quería aportar en la exposición la prueba documental de que el autor del Quijote había estado en la batalla y que había resultado herido, como él mismo afirmaba en el Prólogo de las Novelas Ejemplares.

Era la joya de la exposición, todos los demás documentos, cada uno en su archivo, se conocían perfectamente aunque nunca habían estado expuestos juntos. Pero al contener dos Cervantes heridos, quizás se quiso hacer desaparecer a uno de los dos camuflándolo entre los cristianos que se habían alzado con la galera turca después de la batalla, y de esta manera no quitar protagonismo al otro. No exponer el folio 8, o una copia de él, donde aparece la relación de los trece cristianos rebeldes en La Caramanía y dejar cortado el folio 8v, no parece un error o simple casualidad.

El documento es claro e irrefutable. Se puede afirmar que en la escuadra de las galeras cristianas que combatieron en el golfo de Lepanto, aquel día del 7 de octubre de 1571, estaban a bordo dos hombres de nombre Miguel y con el apellido Cervantes, que resultaron heridos. También es evidente que ambos recibieron en el hospital de Mesina, por orden de don Juan de Austria, una cierta cantidad de dinero similar por «ayudas de costas» mientras se curaban de sus heridas.

Y ahora me surgen algunas preguntas más sobre este documento, las mismas que se puede hacer cualquiera. Uno de los dos Cervantes es el autor del Quijote, no cabe duda, pero ¿quién es el otro Cervantes? ¿se conocieron estos dos Cervantes al escuchar su mismo nombre en la gran sala de heridos del hospital de Mesina? De uno de ellos sabemos que le dieron el alta unos días más tarde, en abril, y siguió en la Armada pero ¿y el otro Miguel, por qué no hay rastro alguno de él? ¿por qué se escondió este documento más de 150 años y sigue sin estar a disposición en el PARES? y la última, y no menos importante, ¿hay más documentos guardados en algún cajón referentes a la vida de Cervantes o de estos dos Cervantes, e incluso de otros Cervantes más, que pondrían dudas a la biografía más o menos oficial del autor del Quijote?

Y otra más, hoy es un día de preguntas, ¿estos dos Cervantes que aparecen en este documento eran «dos soldados» como indicaba la tarjeta de la exposición? Pues no hay certeza alguna de ello, al contrario, a la vista del documento se puede afirmar que ninguno de los dos lo eran ese día de la batalla contra el Turco, al menos con esa graduación militar.

Vuelvo a recordar aquí lo que don Juan de Austria decía en su carta al rey. Le comunicaba que con su carta, fechada el 27 de marzo de 1571, «va la relación de las personas a quien se han repartido ayudas de costa, a la mayor parte para curarse de las heridas que tuvieron en la batalla y a otras para ayudarlas a la extrema necesidad en que estaban». Y el contador de la Armada, anota al inicio de la relación que acompañaba a la carta que «se han dado ayudas de costa desde los trece de noviembre del año mil quinientos y setenta y uno hasta quince de marzo mil quinientos y setenta y dos», doce días antes del envío de la carta.

Más delante, en la misma carta, don Juan informaba al rey que «Al Veedor general y contador he ordenado que saquen una relación de los soldados que han quedado mancos y maltratados en la batalla para enviarla a Vuestra Majestad, aunque a estas horas la mayor parte de ellos se han ido a Nápoles y a esos reinos con cartas mías, que es lo que a mí me ha tocado y con lo que les he podido ayudar» Esta segunda relación de soldados solicitada no acompañaba a su carta al realizarse después.

El contador de la Armada es muy preciso con la entrega del dinero a cada una de las personas heridas o con extrema necesidad que «tan bien pelearon en ocassion tan onrdada». A los caballeros que participaron en la batalla, y que resultaron heridos, les antepone el “don” al nombre y a quienes tuvieron un puesto señalado los nombraba con su empleo. Así podemos ver en la relación a patrones y cómitres de galera, artilleros, cirujanos, pilotos o responsables de bastimentos. Las personas que tenían una graduación militar, ésta aparece junto al nombre: capitanes, alféreces y sargentos.

Lo llamativo en esta relación de personas es que como soldado solo aparece uno en toda la relación, «Luis de Almazán soldado diez escudos», precisamente delante del segundo Cervantes. Se puede afirmar, por tanto, que ninguno de los dos Cervantes de esta relación de heridos en Lepanto es soldado, ni tiene un cargo o empleo a destacar por el contador, como otros muchos aquí anotados. Cervantes en el mismo Prólogo de las Novelas Ejemplares afirmaba que «Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo…», no cabe duda alguna, pero este empleo de soldado lo debió de conseguir después de ser dado de alta en el hospital de Mesina y seguir alistado en la compañía de Manuel Ponce de León, del Tercio de Lope de Figueroa.

Alcázar de San Juan, por tradición oral desde que se publicó el Quijote y que en 1748 se descubriera en su iglesia de Santa María una partida de bautismo de un niño al que su padre Blas de Cervantes Sabedra, el día 9 de noviembre de 1558, le pusiera de nombre Miguel, ha creído firmemente que este Miguel de Cervantes Saavedra fue el autor del Quijote. También ha presumido que con tan solo trece años este alcazareño había estado en la gloriosa batalla de Lepanto. Edad imposible para estar de soldado en los Tercios Españoles, cómo han afirmado con razón quienes han tratado de anestesiar la tradición alcazareña, pero edad apropiada para las labores de grumetes y pajes que con la edad de trece años podían embarcarse ya en las galeras y galeones españoles. Aunque la labor de estos muchachos  estaba destinada en trabajos de limpieza y de ayuda a todo lo que se terciaba, especialmente si acompañaban a caballeros y capitanes, en caso de batalla eran los encargados de mantener encendidas las mechas junto a los arcabuceros de los Tercios.

Esta función en las galeras o en el  mundo militar, que hoy nos puede parecer imposible por la edad, era tan normal y conocida en tiempos de Cervantes que incluso él mismo la describe en el capítulo LI de la primera parte del Quijote La comitiva que traía a don Quijote desde Sierra Morena estaba comiendo en un prado de lo que los criados del canónigo habían traído hasta allí, cuando un cabrero que perseguía a una cabra suya llegó hasta ellos. Al ofrecerle comer con ellos el cabrero acepta y les cuenta una historia que pasó en una aldea cercana. El cabrero relata la llegada de un hombre de su pueblo que «venía de las Italias, y de otras diversas partes de ser soldado» recordando que «llevóle de nuestro lugar siendo muchacho de hasta doce años, un Capitán, que con su compañía por allí acertó a pasar». La misma edad con la que el alcazareño Miguel de Cervantes Saavedra pudo enrolarse como paje o grumete en la Armada de España en Italia en 1570.

Termino esta conferencia con otra pregunta, que nunca tendrá respuesta: ¿Fue este Miguel alcazareño, del que tampoco sabemos nada más de él sino que fue bautizado aquí, el que se encontraba en la Marquesa ese glorioso día en Lepanto o fue el otro?

Finalmente, recuerdo el primer subtítulo de la conferencia Auxilio de los cristianos.Gracias a la intercesión de la Virgen del Rosario estos dos Cervantes, aunque heridos, salvaron sus vidas. Uno de los dos Cervantes escribió el Quijote y gracias a su orgullo por haber estado allí se sigue recordando esta gran victoria contra el Imperio Turco cuatrocientos cincuenta años después, ¡pese a quien le pese!

Gracias!!!

En las respuestas a las preguntas de los asistentes, entre las muchas curiosidades del documento, destaqué la presencia en la relación de heridos de una mujer, quizás también una muchacha, que se encontraba en aquel hospital militar junto a los dos Cervantes. Se llamaba Roseta y el contador de la Armada así la anotó: «A Roseta Ossorio Hija de Luis Ossorio otro tanto – 20 ducados » 

                                                      Luis Miguel Román Alhambra

 

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

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Dominguera ruta Cervantin@lcazar

Fecha de Publicación: 09/11/2021
 
 

En la mañana del domingo 7 de noviembre, los asistentes a la ruta guiada descubren los lugares de Alcázar de San Juan que tienen vinculación con el escritor y su obra

Alcázar de San Juan, 9 de noviembre de 2021.- A lo largo de la mañana dominical un nutrido grupo de asistentes ha podido recorrer y al propio tiempo descubrir paseando, los diferentes lugares de la ciudad que tienen vinculación con Miguel de Cervantes y su obra.

Coordinada por la Sociedad Cervantina de Alcázar, miembros de esta asociación daban la bienvenida a los participantes de la ruta a las 12 de la mañana, junto a la escultura “Alonso con su gato” del escultor valdepeñero Antonio Lillo Galiani, situada en la Av. de Herencia frente a Aguas de Alcázar y punto de encuentro habitual de la ruta guiada.

Posteriormente los asistentes conocieron la historia que encierra el Quijote Cósmico, en la plaza de Palacio, busto que Eulalio Ferrer (español exiliado en México tras la Guerra Civil y padre de la Fundación Cervantina de México) regaló a la ciudad de Alcázar de San Juan y del que existe otro ejemplar exactamente igual en Guanajuato, México. Ahí tuvieron ocasión de conocer de manos de Luis Miguel Román un Quijote, en edición de Calleja de 1905 igual al que consiguió Eulalio Ferrer en el campo de refugiados del sur de Francia cambiándolo por una cajetilla de tabaco, y con el que inició su pasión por el Quijote.

Enseguida llegaron a la Iglesia de Santa María, parroquia fundada en 1226 y donde conocieron que el próximo martes se cumplirá el 463 aniversario del bautizo de un niño llamado Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López, acontecido en esta misma parroquia el 9 de noviembre de 1558.

 

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INFORMAR DE ESTE ANUNCIOPRIVACIDAD

Se detuvieron en la calle Pedro Díaz Morante maestro de calígrafos, coetáneo y amigo de Cervantes, y tras conocer el antiguo convento de San José (sede actual del FORMMA, museo de alfarería de la Mancha) llegaron a la calle San Juan, justo al lugar en que estuvo la casa de Don Juan López Caballero, ascendiente de Gutierre Quijada, de quien Alonso Quijano a su vez “dice descender por línea recta de varón” según Cervantes relata en el Quijote cuando habla del linaje del caballero andante.

En la Plaza de Cervantes antiguamente llamada de los Rosqueros y de las Rubias, frente al lugar donde se encontraba la casa natal de Cervantes, se recordó la figura del moteño Fray Alonso Cano Nieto quien fue unos de los grandes valedores de Alcázar de San Juan como cuna del Quijote por la tradición oral que le había llegado, transmitida de forma directa a través de personas que habían vivido en le misma época del escritor, como fueron los abogados Rodrigo Ordóñez de Villaseñor (coetáneo de Miguel de Cervantes), Francisco de Quintanar y Úbeda y Juan Francisco Ropero y Tardío, quien puso al corriente de Fray Alonso Cano de la tradición cervantina de Alcázar que se ha ido transmitiendo desde la época del propio nacimiento de Miguel, como queda recogido en el Proemio  a la edición de 1870 de la Real Academia Española realizado por el militar y académico Vicente de los Ríos.

Y ya en la plaza de España los asistentes conocieron la estatua de don Quijote y Sancho Panza realizada por Marino Amaya quien se inspiró en el periodista y alcazareño de adopción Tico Medina para la cara de Sancho Panza, siendo este el final de la ruta guiada.

Se recordó a los asistentes que el  martes día 9 de noviembre, tendrá lugar en el Museo Casa del Hidalgo la charla de Luis Miguel Román Alhambra titulada “Lepanto 1571-2021. Auxilio de los Cristianos” a partir de las 19:00 horas, donde se ampliarán más algunas de las cuestiones suscitadas en la ruta guiada de esta jornada.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Al hospital Mancha Centro: GRACIAS por la vida

Fecha de Publicación: 08/11/2021

Un sencillo homenaje tributado por la Sociedad Cervantina que el pueblo de Alcázar debía a los profesionales del hospital Mancha Centro y que no se había podido celebrar antes por las restricciones de la pandemia

Alcázar de San Juan, 8 de noviembre de 2021.- Este sábado 6 de noviembre ha tenido lugar el Almuerzo de don Quijote en honor al personal del hospital Mancha Centro en agradecimiento por su trabajo y profesionalidad durante la pandemia de COVID-19 en el que diferentes trabajadores del hospital, desde personal de limpieza y servicios, celadores, auxiliares, enfermeros, personal administrativo y en especial médicos –gran parte de ellos especialistas-, que arrimaron el hombro de forma admirable en funciones que no eran las propias, ayudando a sus compañeros, para luchar más eficazmente contra esta epidemia mundial.

Los miembros de la Sociedad Cervantina de Alcázar han querido rendir un sentido y sincero homenaje a todos cuantos trabajaron denodadamente por nuestra salud y que después han llevado a cabo un proceso de vacunación ejemplar tanto desde el hospital como desde los centros de atención primaria.

Con este motivo se han reunido -en torno a los típicos platos del Quijote regados con el ya afamado vino “Hideputa”-, en la sede de la SCA donde en la persona de su gerente, Lucas Salcedo, han recibido un detalle conmemorativo en premio al esfuerzo demostrado durante meses.

Salvo Ana Chacón (servicio de limpieza) que no pudo asistir por causas ajenas a su voluntad, han estado presentes Caridad Montalvo (auxiliar de enfermería), M. Cruz García Navas (enfermera de Medicina Interna), Francisco Fernández (médico Atención Primaria), Jesús Lizano (director de Gestión), Javier Castellanos (director de Enfermería) y Lucas Salcedo (gerente).

Junto a ellos asistieron nuestros asociados José Manuel Zarco (médico Oftalmología) y Manuel Castellanos (supervisor de Salud Mental y Medicina Interna 4) quienes hicieron de nexo de unión entre los invitados y la Sociedad Cervantina de Alcázar.

Con este almuerzo y este modesto homenaje, la Sociedad alcazareña ha tratado de devolverles lo mucho que hicieron por los ciudadanos de Alcázar de San Juan y su comarca y les animan a que sigan dando lo mejor de sí mismos en favor de nuestra salud.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Palabra e historia (con breve parada en la Mancha)

Fecha de Publicación: 28/10/2021

Decía Jacques Lacan, el conocido psicoanalista francés, que el primer instrumento que tenemos para representarnos es el cuerpo; el segundo es el lenguaje. Y es así como, a través del propio cuerpo y del lenguaje, un niño comienza a tomar conciencia de que es un sujeto. El lenguaje -la palabra- es, por decirlo de otro modo, uno de los pilares que nos constituyen como individuos y, puesto que somos animales sociales, como especie. Con el lenguaje pensamos y sentimos, nos mostramos ante el mundo y comprendemos la realidad, establecemos nuestros lazos más sólidos, nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás; con las palabras amamos, pero también nos causamos dolor; con ellas se componen bellísimos poemas y con ellas mentimos y condenamos a muerte; con ellas rezamos, despreciamos, cantamos, nos consolamos, investigamos, enseñamos y aprendemos… Hay palabras que matan y palabras que curan. El mundo y el pensamiento están hechos de palabras. Y es una verdadera pena que, en demasiadas ocasiones y dada su importancia y su poder, no las cuidemos ni les prestemos la atención que se merecen. Un solo ejemplo: España, como las instituciones internacionales denuncian cada año, es uno de los países europeos con mayores problemas de comprensión lectora en niños y adolescentes.

La Historia está íntimamente relacionada con el lenguaje y, por tanto, con la identidad, tanto la individual como la colectiva. Conocerla no solo sirve para adentrarnos en el pasado o para el clásico tópico de no repetirla, sino que, como la palabra, nos configura y configura nuestra realidad. Somos lo que somos porque existimos en un contexto, dentro de unas coordenadas temporales y espaciales. No seríamos lo que somos de haber nacido veinte años antes o veinte años después, o en cualquier otro lugar del mundo. (Si esta simple idea la tuviéramos más en cuenta, quizás nos ahorraríamos muchos problemas generacionales con nuestros padres, con nuestros hijos o con las gentes de otras tierras y otras culturas). Pero cuando hablamos de Historia no hablamos solo del pasado, sino que fundamentalmente nos referimos al relato que hacemos de ese pasado, un relato que elaboramos en el presente y al que aplicamos nuestros filtros ideológicos personales o colectivos. Y ahí nos topamos de nuevo con las palabras, que son las que conforman los relatos.

Hay palabras que han transformado la Historia y acontecimientos históricos que han sido definitivos en la formación y la evolución de las lenguas. Los discursos de odio contra los judíos condujeron finalmente a los campos de exterminio nazis; la homofobia, la xenofobia y el racismo verbal siguen teniendo como consecuencia palizas o asesinatos de personas homosexuales, extranjeras o de diferente raza; las apasionadas proclamas de muchos líderes históricos han conducido tanto a grandes revoluciones como a profundos desastres. También la ausencia de palabras, el silencio, puede tener graves consecuencias sobre la realidad. Incluso algo tan aparentemente insignificante como la incorrecta traducción de una sola palabra puede ser la causa de importantes acontecimientos históricos, como ocurrió, por ejemplo, en la tradición religiosa occidental cuando, hace unos 2.200 años, se tradujo la palabra hebrea “almah” (doncella, mujer joven) por la griega “parthenós” (virgen) en la famosa traducción de la Biblia conocida como Septuaginta. Hasta ese punto una sola palabra puede configurar la historia. O una simple frase, como la del evangelio de Mateo: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos’ contestó todo el pueblo”, utilizada durante 2.000 años para justificar el antisemitismo.  

Del hecho contrario -el modo en que la Historia afecta al lenguaje- baste mencionar cómo las invasiones de Iberia por los romanos o de la Hispania visigoda por los árabes, cambiaron las lenguas y los modos de hablar y, por tanto, de pensar de la península. O cómo la decisión de Felipe II de establecer la capitalidad del reino en Madrid o el espectacular crecimiento poblacional de Sevilla al convertirse en puerto de salida y llegada de los viajes al Nuevo Mundo influyeron decisivamente en el mayor cambio fonético de la historia del castellano: la desaparición de las consonantes sibilantes y la consiguiente diferenciación entre el castellano del norte (el modelo capitalino madrileño) y el del sur (el modelo sevillano), que condicionaría también el modo en que se habla español en toda Sudamérica, ya que fueron hombres del sur los que mayoritariamente participaron en la conquista. Profundizar en ello daría para otro largo artículo. Me limitaré después a mencionar cómo el llamado “heheo” (leído con hache aspirada) es un fenómeno lingüístico, junto al seseo y el ceceo, que se genera entonces, entre el siglo XVI y el XVII, y que afecta a la variante manchega del castellano. Consiste básicamente en la tendencia a pronunciar casi todas las eses como una hache aspirada (nohotros, ehpañol, eh que…).

MULTICULTURALIDAD Y DIVERSIDAD

Las lenguas ni nacen solas ni son eternas. Tienen, como entes vivos que son, una historia. Surgen a partir de lenguas anteriores, tienen una vida normalmente larga (cientos o miles de años), se imponen sobre otras o son eliminadas por ellas, se transforman en lenguas nuevas y, tras numerosos avatares, desaparecen. Muchas de las que desaparecen, sin embargo, nunca mueren del todo, sino que parte de su acervo pervive, con más o menos cambios, en las lenguas que las sustituyen. Hay incluso lenguas que resucitan, como ha ocurrido con el hebreo, lengua que dejó de hablarse en el siglo IV de nuestra era (sólo se mantuvo su uso litúrgico y literario) y que volvió a hablarse con el impulso del movimiento sionista hasta convertirse de nuevo en el siglo XX en la lengua oficial del estado de Israel.

En la actualidad, de las aproximadamente 7.000 lenguas que se hablan en el planeta, más de 2.000 están en peligro de extinción y aproximadamente unas 50 son habladas por un solo individuo. Muchas de ellas desaparecerán si no se implantan políticas dirigidas a mantenerlas vivas. En el caso de España, tanto el aragonés (hablado en la zona de Jaca) como el aranés (hablado en el valle de Arán) están en serio riesgo de desaparición. Ninguna de ellas es usada habitualmente por más de unos pocos miles de hablantes. Para promoverla y evitar su extinción, el gobierno catalán ha declarado el aranés, a pesar de ser hablado solo por unas 8.000 personas, lengua cooficial de Cataluña.

De las lenguas, como de las personas, se puede trazar un árbol genealógico. En el caso concreto del origen del español podemos remontarnos hasta hace aproximadamente 6.000 años, que viene a considerarse el tiempo máximo para acceder con ciertas garantías de comprensión a una lengua ya desaparecida. Tanto el español como la mayoría de las lenguas occidentales provienen de una lengua madre conocida como protoindoeuropeo. Recibe ese nombre porque a todas las lenguas que descienden de ella se les llama lenguas indoeuropeas, que son la mayoría de las que se hablan entre la Península Ibérica y la India y, evidentemente, las que llevaron los colonizadores a América. La hipótesis más común sitúa a los hablantes de esta lengua primigenia en la zona de la actual Ucrania, al norte del Mar Negro. De ella derivan las lenguas germánicas, las eslavas, las del grupo céltico, las de la familia itálica -y su continuación: el latín y las lenguas romances-, el griego, el albanés, el persa y toda la gran familia de lenguas indo-iranias, el sanscrito, el hindi y un larguísimo etcétera. Resumamos diciendo que aproximadamente la mitad de la población de la Tierra habla una lengua que procede de la que se hablaba en aquel territorio al norte del Mar Negro hace unos 6.000 años.

El español, como el resto de las lenguas romances, tiene su origen principal en el latín, que a su vez procede de una mezcla de itálico y etrusco. El itálico proviene de una lengua conocida por los especialistas como celto-ítalo-tocario, que es la que tiene su origen directo en el protoindoeuropeo.

Pero la historia de una lengua no es siempre tan lineal. A las lenguas llegan palabras y rasgos de otras muchas con las que están o han estado en contacto. Si bien aproximadamente el 70% del vocabulario del español procede del latín, no podemos olvidar que durante casi ocho siglos los árabes habitaron la Península Ibérica y dejaron en nuestra lengua una profunda huella: el 8% de los vocablos del actual castellano. Pero a través del árabe nos llegaron también palabras del arameo, del persa o del sanscrito, igual que con el latín nos llegaron palabras -y por lo tanto ideas- de origen griego (un 10%) y de otras zonas del imperio. Y hay que tener también en cuenta que antes de que los romanos conquistaran Iberia, aquí se hablaban varias lenguas, con sus correspondientes dialectos, que han dejado asimismo su marca en el castellano. Las lenguas prerromanas más habladas eran el vasco y el ibero, lenguas, por cierto, no indoeuropeas y de origen oscuro. En el castellano quedan también restos de las lenguas que hablaban los pueblos celtas, que habitaban el oeste de la península, de los celtíberos, los tartesios, los turdetanos, los lusitanos, los cartagineses o los fenicios. A través de la religión, nos llegaron multitud de palabras hebreas, especialmente antropónimos o nombres de personas. Y con las invasiones bárbaras vinieron palabras centroeuropeas. O palabras galas a través del camino de Santiago. O italianas en los siglos XVI y XVII. O, más recientemente, palabras de las grandes naciones de los últimos siglos: Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos. También hay un ingente número de palabras que llegaron al castellano tras la conquista de América provenientes de lenguas precolombinas, como el quechua o el náhuatl. Y no es que lleguen sólo palabras; a veces la influencia de unas lenguas sobre otras es de otra naturaleza. El castellano, por ejemplo, le debe al vasco (hay quien afirma que también al ibero, que se hablaba en la enorme franja mediterránea que va de Marsella a Málaga, adentrándose incluso hasta el este y el sur de La Mancha) sus cinco sonidos vocálicos (el francés tiene once; el inglés, doce). También le debemos al vasco la transformación de la F inicial de las palabras latinas en H muda (formosus/hermoso; ficus/higo, facere/hacer…) ya que en vasco no existe el sonido F al comienzo de palabra. Esta influencia se debe a que el castellano nació en el norte, en contacto directo con el antiguo euskera, que se hablaba en un territorio mucho más extenso que en la actualidad, llegando incluso a la actual provincia de Zaragoza y a zonas del este de Cataluña y, por supuesto, en todo el sureste francés. Las famosas glosas emilianenses, que son los primeros escritos en castellano, tienen a su lado glosas escritas en euskera primitivo. Estos rasgos que las lenguas más antiguas dejan sobre la lengua que finalmente se impone recibe el nombre de sustrato. Diríamos, por tanto, que nuestros cinco sonidos vocálicos o la conversión en H muda de la F inicial en el proceso de evolución del latín al castellano forman parte del sustrato vasco.  

Veamos brevemente, para ilustrar la enorme multiculturalidad del español, algunos ejemplos de vocabulario de uso común procedente tanto de lenguas coetáneas como de lenguas anteriores al castellano y que perviven en él con ciertas variaciones.

Protoindoeuropeo: son muchas las palabras o raíces de palabras que conocemos (algunas solo de forma aproximada) de aquella antigua lengua, sobre todo palabras relacionadas con el cuerpo, la familia, los números, los animales o los objetos de uso cotidiano. Debió de existir, por ejemplo, alguna palabra muy parecida a kaput para referirse a la cabeza, ya que, para nombrarla, muchas lenguas indoeuropeas usan palabras con bastantes similitudes (capitia, cabeza, cap, kéfali, kopf, kapuko, kapalam…). El concepto de madre debió de decirse de algún modo muy similar a méhter, que ha evolucionado de forma parecida en muchas lenguas (madre, mother, mère, mater, macer, mothe, mat, matr, mátar…). La palabra dios proviene del latín deus, que a su vez viene del griego Zeus, todas ellas procedentes de la raíz indoeuropea dyeu-, que significa sol, una de las deidades más comunes de las antiguas religionesTambién de ella procede la palabra día. Incluso palabras más raras como espetera espeto provienen de la raíz indoeuropea spei-, de donde también derivan la palabra espina o espiga, que son objetos, como el espeto, puntiagudos.

Latín: la gran mayoría de las palabras del español provienen de esta lengua y no es necesario abundar en ello. Algunas nos llegaron en diferentes oleadas, primero como evolución a través del latín vulgar, que se fue transformando poco a poco en castellano, y otras posteriormente, dado que el latín siguió siendo la lengua de la Iglesia y de las universidades durante siglos. La palabra delicatum,por ejemplo, se convierte en delgado y, en una derivación posterior, en delicado. La palabra solitarium nos llega primero como soltero y después como solitario. O frigidus, que nos llega como frío y como frígido.

Ibero: perro, vega, el prefijo aram (valle) de palabras como Aranjuez o Arango.

Celta / celtíbero: páramo, lanza, conejo, cerveza, camisa, bragas, colmena… El latín adopta muchas de ellas, como ocurre, por ejemplo, con la palabra celta camanom, que se convierte en camminum en latín y que luego pasa al español como camino.

De fenicios y cartagineses tenemos topónimos como Ibiza (de Ebussus), Cádiz(de Gadir) o Málaga (de Malaka).

Griego: teatro, política, tragedia, botica, aritmética, Cristo, iglesia, cementerioTeodoro, Pancracio, Eusebio

Vasco: izquierda, chabola, cencerro, tarranco, abarca, aquelarre

Tartésico / turdetano: el sufijo -uba, por ejemplo, de Corduba (Córdoba) u Onuba (Huelva).

Gótico: muchas de sus palabras se integran en el latín. Son de los godos palabras como guerra, parra, espuela, ganso, hato, ropa… O nombres como Fernando, Rodrigo, Álvaro, Alonso, Elvira …

Árabe: es, por el tiempo que los musulmanes permanecen en Al-Ándalus, una de las lenguas que más palabras deja en el castellano: algarabía, ojalá, almohada, alcancía, azafrán, mazorca, jarca, máscara, limón, naranja, albañil, escabeche, alcuza, fanega… A través del árabe nos llegan también palabras como añil o ajedrez, que provienen del sánscrito, o azul, que procede del persa. Muchas expresiones tan cotidianas como La madre que te parióSi Dios quiere o Dios te ampare tienen asimismo su origen en esta lengua.

Mozárabe: alpiste (que proviene del latín pistum al que se añade el artículo árabe al), pleitaasina

Lenguas americanas precolombinas: guasca (del quechua: látigo de cuero), barbacoa (del taíno: conjunto de palos), cigarro (del maya siyar: fumar), jícara(del náhuatl: vaso). Otras palabras comunes como chocolate, maíz, chapapote, cacique, chicle, hamaca, patata o tomate provienen también de América.

De Flandes, la antigua colonia española, nos llegan muchas palabras relacionadas con el lenguaje militar: furriel (y de ahí furriela), petardo, carabina, recluta

Inglés: chutar, fútbol, champú (de shampoo, que a su vez proviene del hindi), monitor, suéter, jersey, folclore, filmar, iceberg… O incluso expresiones del llanito (hablado en Gibraltar) tan comunes como Va que chuta.

Francés: restaurante, autobús, furgoneta, glorieta, chalet, edredón, champiñón, pistacho, pingüino

Italiano: facha, fachada, gamba, carnaval, fascista, gambito, mazacote, raqueta, tómbola

Alemán: acordeón, aspirina, cobalto, cuarzo, brindis

Húngaro-checo: coche, pistola, sable

Portugués: charol (de charâo, que a su vez viene del chino), Patiñolancha(procedente del malayo), meninabarullocatretanga

Caló: camelar, molar, chungo, fetén, majareta, pirar, pringar, potra

Hebreo: sábado, benjamín, edén, rabino, fariseo, cábala, aleluya, rebeca… y decenas de nombres bíblicos.

Sánscrito: añil, mantra, yoga, alcanfor, laca, ajedrez

Persa: azul, escarlata, jazmín, babucha

Chino: té, tifón, biombo, soja

Así pues, hablar español (como hablar otras muchas lenguas) significa utilizar constantemente palabras de distinta procedencia, que se han incorporado al idioma en diferentes momentos de la historia y por caminos muy diversos. Cuando mencionamos, por citar solo tres ejemplos muy breves y cercanos, al patrón de Villafranca, el Cristo de Santa Ana, estamos utilizando palabras de origen griego (Cristo), latino (Santa) y hebreo (Ana), o cuando decimos Villafranca de los Caballeros estamos usando dos palabras latinas (villa y caballeros) y una germánica (franca). O Alcázar (del árabe hispano al qasr, que a su vez proviene del latín castra) de San (del latín) Juan (del hebreo).

Al castellano, con toda seguridad una de las lenguas más multiculturales y, por tanto, ricas del mundo, han ido llegando palabras y expresiones porque las han traído gentes de otras tierras y otras culturas a lo largo de la historia. Y seguirán llegando, porque la especie humana siempre ha sido una especie migrante, viajera, curiosa y necesitada de traspasar los límites de su entorno cotidiano. Somos esencialmente, por nuestra historia, por nuestra geografía, por nuestra cultura y por nuestra lengua (y, por tanto, por nuestro pensamiento), multiculturales, aunque haya quienes detesten esta realidad  y asocien la palabra multiculturalidad con la palabra estercolero.

No hablaremos aquí, por falta de espacio, de la diversidad del español, de sus diferentes dialectos, heterogeneidad y variedades, tanto en España como en los numerosos países y regiones donde se habla. Son miles los americanismos de las variantes del español del llamado Nuevo Mundo. El castellano es una lengua tan rica, tan amplia, tan diversa, que no cabe hablar de una uniformidad ni lingüística ni ideológica. Sólo concluiremos que diversidad y multiculturalidadson dos conceptos esenciales al referirnos a nuestro idioma, igual que lo son al hablar de nuestra historia y, por tanto, de nuestra identidad. Todo proyecto de uniformidad en este momento de la historia es contrario al espíritu y la esencia tanto del español como de lo español.

MOMENTOS ESTELARES DEL CASTELLANO

Lo que primero marca el español, desde el punto de vista histórico, es, evidentemente, la presencia en la Península Ibérica de todos los pueblos que la han habitado o que han ejercido su influencia cultural sobre ella de uno u otro modo, como hemos visto en el apartado anterior. Las dos fechas más relevantes en las que tiene lugar la llegada de pueblos extranjeros son el año 218 a.C., año en que comienza la romanización en el contexto de las Guerras Púnicas, un proceso que dura unos dos siglos, y el 711, año en que los árabes inician su rápida invasión y cuya presencia se prolonga durante ocho siglos. Pero existen otros momentos fundamentales en la historia del español que merecen ser destacados:

Siglo XI: Las glosas emilianenses y las silenses son las primeras pruebas escritas de que el latín se ha transformado ya en una lengua romance, el castellano. Concretamente, el Códice Emilianense, conservado en el monasterio de San Millán de la Cogolla, en La Rioja, data del siglo IX, aunque las glosas son añadidos del siglo XI. No son anotaciones poéticas ni de altos vuelos. Son breves notas aclaratorias en lengua vernácula hechas por uno o varios monjes a un texto escrito en latín, lo que significa que ya había monjes que no dominaban muy bien esa lengua. Su importancia reside en que son los primeros testimonios escritos de la existencia del castellano. También son importantes para el euskera, ya que las pocas glosas escritas en una versión primitiva de la lengua vasca son los primeros documentos escritos no epigráficos (es decir, no escritos en piedra o cualquier otro material duro) que poseemos de esa lengua.

Siglo XIII: Alfonso X el Sabio y su Escuela de Traductores de Toledo son los responsables de una inmensa obra de composición y traducción al castellano de textos de todo tipo provenientes del latín, el árabe y el hebreo. La fijación por escrito de la prosa castellana de su tiempo es sumamente importante en la historia de la lengua. Hasta entonces, el romance castellano carecía de una tradición literaria asentada, tanto en el campo científico como en el humanístico. Por otra parte, a partir de su ingente obra, la norma utilizada en castellano se desplazará de la usada en la región de Burgos a la que se hablaba en Toledo.

Año 1440: invención de la imprenta. Probablemente sea el invento más importante a la hora de fijar la lengua y unificar aún más su gran diversidad de usos y variantes. Supone, además, entrar en contacto directo con las palabras de otros autores, otros tiempos y otras culturas, con lo que ello tiene de enriquecimiento de la lengua y la inculturación de los pueblos. Pero supone, sobre todo, la posibilidad de acceso al conocimiento (y a la lengua escrita, es decir, fijada) de un número de hablantes cada vez mayor. Es el germen de la democratización y la expansión del saber, que hasta entonces era exclusivo del clero y de la aristocracia (y no toda). Este germen democratizador de los libros es al que temen todos los autoritarismos, que suelen cebarse con ellos en sus intentos por destruir las democracias. 

Año 1492: los acontecimientos que tienen lugar durante este año son fundamentales en la historia del castellano: el descubrimiento de América, la derrota definitiva de Al-Andalus, el edicto de expulsión de árabes y judíos y la publicación de la gramática del sevillano Antonio de Nebrija, que es la primera gramática de una lengua vulgar que se imprime en Europa en un momento en el que las lenguas romances no eran aún consideradas lenguas de cultura. El ladino, el castellano que se hablaba en la península en el año 1492, aún pervive hoy en día, aunque en rápido proceso de extinción, en algunas comunidades de judíos sefardíes repartidas por el mundo. Sefarad era el nombre que los judíos daban a España, igual que los árabes la llamaron Al-Andalus.

Siglos XVI y XVII: reajuste del sistema de los fonemas sibilantes. De los siete sonidos sibilantes del castellano medieval sólo quedan (en el castellano estándar) el actual sonido de la S y el de la CH. En aquellos lugares donde se impuso el ceceo también desapareció el sonido de la actual S. Algunos de los que desaparecieron del castellano estándar, como el sonido /ʃ/ (el de la palabra inglesa shop), permanecieron en algunos lugares del sur en las palabras que contienen una CH (como en el andaluz chacho) o en otras lenguas de la península (como en el gallego Xunta o el catalán Xabi). Otros fonemas desaparecieron completamente, como el sonido /ts/ (similar al sonido de la doble Z de la palabra italiana pizza), el sonido /dʒ/ (como el sonido inicial de las palabras inglesas John o jacket) o el fonema /z/ (S sonora, como el de la palabra inglesa zoo). Es en este momento de la historia cuando el sonido de la X (México, Texas), que era sibilante, se transforma, primero en el de la H aspirada y posteriormente en el de la actual J (Méjico, Tejas). También entonces se separan definitivamente las variantes del castellano del norte y las del sur, generalizándose en el sur uno de los rasgos más importantes de su modo de hablar, el seseo, que es característico también de los países latinoamericanos, cuyos colonizadores fueron, en su mayoría, hablantes de los dialectos sureños de la península.

Año 1713: creación de la Real Academia Española bajo el reinado de Felipe V, inspirada, dado el origen de la dinastía borbónica, en la Academia Francesa. Su función es la de preservar el buen uso y la unidad de una lengua en permanente evolución. Su creación ayuda aún más a fijar o a desechar los cambios producidos por los diferentes usos, los errores o el desconocimiento normativo de muchos de sus hablantes, tanto en España como en el resto de países en los que se habla, aunque no siempre lo logra. En lo específicamente relacionado con la Historia de la Lengua, su misión, más que crear nuevas leyes o censurar novedades, es la de ser testigo y certificar aquellos cambios que la mayoría de los hablantes de un territorio, por diversas circunstancias históricas, sociales o culturales, acaba convirtiendo en uso común y cotidiano.

Segunda parte del siglo XX hasta nuestros días. En 1969 nace internet. Aún no sabemos el alcance real y completo de lo que las telecomunicaciones -especialmente la red- acabarán afectando a nuestra lengua, pero la globalización, los nuevos modos de escribir, la creatividad propia de los jóvenes, la avalancha de palabras procedentes del inglés, el acceso directo a hablantes de cualquier origen o condición, la inmediatez y rapidez en la comunicación, así como la brevedad en la exposición de ideas que exigen o permiten ciertas plataformas con cientos de millones de usuarios tendrán, a buen seguro, un importante impacto sobre la lengua y sus usos. Igual ocurre con la revolución cultural y sexual que nace en los años 60 del pasado siglo. Con los movimientos feministas y LGTBI (así como con los movimientos que se oponen a sus reivindicaciones) se siguen introduciendo nuevas palabras y transformando o creando otras, de las que probablemente quedarán muchas en la lengua. De no existir el movimiento feminista, una palabra como señoro (varón típicamente machista) no habría sido elegida como principal neologismo del año 2020, por ejemplo.

PALABRA Y DEMOCRACIA

Afirma Irene Vallejo, autora del reciente y excelente ensayo El infinito en un junco que “para que la democracia sea saludable, también tienen que serlo las palabras”. Es decir, si las palabras no son sinceras, si mienten, si manipulan, si tergiversan, si corrompen, si insultan, la democracia será una democracia enferma. Pero siendo esta una idea que merecería ser analizada con detenimiento tanto desde la Filología como desde las Ciencias Políticas y de la Comunicación, en este apartado nos vamos a limitar a hacer una breve reflexión sobre la relación, desde el punto de vista de la Historia, entre los dos conceptos principales de la cita: palabra y democracia.

¿En qué sentido afecta la idea de democracia a una lengua?

Digamos, como punto de partida, que la democracia es un concepto más vinculado a la horizontalidad (poder que proviene de todos o de una mayoría) que a la verticalidad (poder que se impone desde arriba, normalmente por una minoría). Si hablamos de palabras, ¿quién tiene más poder sobre ellas a la hora de acomodarlas y fijarlas en la lengua: la autoridad de instituciones como la RAE o el pueblo que las usa?; ¿la norma impuesta por las gramáticas y los diccionarios o un uso que a veces proviene de la ignorancia y el error?; ¿el poder y el conocimiento de los sabios o el descarado atrevimiento de la juventud y la influencia de los movimientos sociales? ¿Quién tiene -por utilizar una expresión relacionada- la última palabra? Veamos.

Hace unos días, en la viñeta de un periódico nacional, aparecía la imagen de un camino que se bifurca. En cada uno de los dos nuevos caminos hay dibujado un cartel que indica hacia dónde conduce. En uno se lee “almóndigas”; en el otro, “lenguaje inclusivo”. Un numeroso grupo de sesudos personajes vestidos de negro, representando a los académicos de la RAE, enfilan, como una piña, la misma dirección: la de las “almóndigas”, un lugar que debe de estar cerca de otros como “papichulo”, “asín” o “toballa”, términos también aceptados por la Academia recientemente. El objetivo de la viñeta no es, evidentemente, criticar la aceptación de palabras tan castizas como las que representa el camino elegido, sino denunciar la postura y las preferencias de los académicos, que dictaminan en contra de aplicar el lenguaje inclusivo a la Constitución o que demoran hasta al menos el año 2026 la aceptación formal de expresiones como “violencia de género”, que en la actualidad es una expresión utilizada por la inmensa mayoría de la población y que tiene repercusiones sociales más relevantes que, pongamos por caso, la palabra “almóndiga”.

Pero independientemente de que uno esté de acuerdo o no con la decisión de los miembros de la RAE -allá cada cual-, hay algo por encima de tal decisión: tanto en un caso (lo castizo) como en otro (la creación de un modo de hablar no discriminatorio), su elección, aun siendo importante, no va a ser el factor que determine el éxito o el fracaso del “papichulo” o del “nosotres”. Son los hablantes y no los académicos los que tendrán la última palabra. Ellos, los académicos -mal que les pese en ocasiones-, no pueden hacer otra cosa  que limitarse, como han tenido que hacerlo siempre, a ser notarios del triunfo o la derrota de las palabras que utilizan las mayorías sociales. El consenso, más que el corsé, será quien determine qué se queda y qué desaparece de la lengua. Más que de verticalidad tenemos que hablar, pues, de horizontalidad. Más que de dictadura de unos pocos, de democracia. No hay regla impuesta que pueda funcionar bien sin la aceptación de aquellos a los que se les exige su cumplimiento. La Historia lo demuestra.

Ello no significa que cada uno pueda utilizar la lengua como le venga en gana. El consenso implica unas normas que nos hemos dado entre todos y que, consciente o inconscientemente, aceptamos la totalidad de los miembros de una comunidad de hablantes, ya sea universal (las normas generales comunes a todos los dialectos y variantes de la lengua) o particular (aquellas que afectan a un entorno más reducido, sea nacional, regional o local).   

En sus comienzos, en el siglo XVIII, la RAE cosechó numerosos fracasos. Los académicos pretendían imponer a toda costa el modo de hablar de las personas cultas, que en aquellos tiempos eran las minorías poderosas (una costumbre de la que aún quedan restos). Pero poco a poco no les ha quedado más remedio que rendirse a la evidencia de que su misión no es la de imponer nada sino la de sugerir, la de ser testigo y notario, la de ordenar los materiales lingüísticos que la gente común crea y usa para comunicarse cotidiana o artísticamente. ¿Quién le puede prohibir a los jóvenes que digan finde, Insta o porfi en lugar de fin de semanaInstagram o por favor, o a los niños que digan seño o cumple (en lugar de señorita y cumpleaños), a un andaluz que diga asín, a un activista LGTBI que diga todes o nosotres o a un poeta que diga montañas como abismos, aunque ambas palabras hagan referencia a realidades radicalmente opuestas? Digan lo que digan los académicos, todas esas personas lo seguirán diciendo o, si lo desean, dejarán de decirlo.

La Academia unas veces gana y otras pierde. Y los motivos a veces son inexplicables o azarosos. Sin saber muy bien por qué, hay palabras y expresiones muy usadas que, a pesar de estar ampliamente extendidas, no acaban de ser aceptadas por la mayoría de los hablantes como correctas. Un caso paradigmático es el del uso de me se  (me se ha caído) en lugar de se me: muchas madres, incluso las que ni han oído hablar de la RAE, siguen corrigiendo a sus hijos cuando cometen este error. Algo tiene esa expresión que sigue rechinando tanto a los académicos como a la mayoría de la gente.

En el siguiente ejemplo es la Academia la que ha salido perdiendo a favor del uso de los hablantes: la expresión “ir a por agua” (o “a por pan”, o “a por una silla”), con la preposición “a” (lo apropiado era decir “voy por agua”), ha sido incorrecta según las reglas hasta que, con la fuerza que impone el uso, ha tenido que ser aceptada como correcta. Ha ocurrido con infinidad de palabras a lo largo de la historia, algunas ya mencionadas, como almóndigaasínmurciégalodescambiar o vagamundo, que hoy en día son aceptadas, aunque sea como vulgarismos o coloquialismos, que en algún momento podrían dejar de serlo. Lo mismo les pasa cada año a un buen número de neologismos, que tras un tiempo en ese extraño limbo de la incorrección, pasan a ser admitidos en la lengua como miembros de pleno derecho, como recientemente ha ocurrido con palabras como tuitespangliscederrónculamenamigovio o palabro. O como pronto pasará con palabras como señoro, que ya hemos mencionado.

Y así es, entre otras muchas causas, como han avanzado, se han transformado y enriquecido las lenguas a lo largo de la historia. Y como siguen haciéndolo. La fuerza de las palabras es la de los caballos salvajes: raramente admiten riendas. Las palabras nacen, triunfan o desaparecen no según decisión de los entendidos, sino de la colectividad. Por ello lenguaje y democracia son dos conceptos tan íntimamente ligados a lo largo de la historia, existan o no existan instituciones reguladoras. ¿Quién nos iba a decir que una palabra tan común en los años ochenta como yupi (moderno, joven y exitoso hombre de negocios) iba a pasar en tan poco tiempo al rincón del olvido? Pues ha ocurrido, independientemente de que la RAE le diera entrada o no en su diccionario.

Es ingente la cantidad de palabras comunes que o bien porque su referencia ha entrado en desuso (como manteoentremantillagarrotínjubónchambracelemínodrepelairesaya o tartana) o por la decisión más o menos caprichosa de la colectividad (cuchipandaniquidandipiscolabisendilgaryupidabutenokey Makeyefectiviwonder) o bien por comodidad (un poco de azafrán, de sal o de chocolate en lugar de una brizna de azafrán, una pizca de sal o una onza de chocolate) se están quedando o se han quedado obsoletas. Es verdad que uno tiene la impresión de que la desaparición de una palabra supone un empobrecimiento irremediable de la lengua, una pequeña tragedia, pero sírvanos de consuelo que si bien son centenares las que han desaparecido en los últimos siglos, continúan siendo más las palabras que nacen que las que mueren (sean usadas o no por todos los hablantes; ese es otro cantar).

Como decimos, este tipo de movimientos ha existido siempre en la historia de las lenguas vivas. Por eso afirmamos que están vivas, porque cambian, porque evolucionan, porque incorporan nuevas realidades, porque inventan, porque se deshacen de palabras o recursos innecesarios o simplemente por moda o por capricho. Como la vida misma, como la historia de los pueblos. De haber triunfado la tendencia más conservadora, de no haber acogido las palabras venidas de otros mundos, de habernos guiado por leyes inmutables y eternas, de no habernos saltado el ordeno y mando, de no haber incorporado los errores de los menos cultos o la creatividad de los más jóvenes, el castellano, como cualquier otra lengua, jamás habría nacido. Ni el castellano ni otras muchas cosas que hacen del mundo un lugar fascinante y hermoso. En España seguiríamos hablando, con ligeras variaciones, la lengua que hablaban Julio César, la emperatriz Livia Drusila o Marco Tulio Cicerón (que a lo mejor, ahora que lo pienso, tampoco estaría tan mal).

LA VARIANTE MANCHEGA EN ESTE CONTEXTO

Hay que decir que lo manchego, tanto su modo de hablar como otros rasgos de su idiosincrasia, es más conocido últimamente a causa de la presencia pública de destacados cineastas, humoristas, cantantes o escritores manchegos que favorecen de alguna manera el orgullo regional. Conocidos políticos hacen incluso alarde exagerado de determinadas características lingüísticas propias del habla manchega, como ocurre con el heheo del antiguo presidente José Bono (en su caso quizás deberíamos decir jejeo). Ello ha contribuido, entre otras causas, a que la diglosia (utilización de distintos modos de hablar dependiendo del entorno en el que nos encontramos, familiar o ajeno) sea un fenómeno cada vez menos común en nuestra región. En ocasiones, muchos manchegos se han sentido o se sienten acomplejados por su modo de hablar, considerado vulgar e incorrecto incluso por ellos mismos, e intentan ajustarse a la normas del llamado castellano estándar, con lo que ello conlleva de desaparición de vocabulario, expresiones o rasgos propios de pronunciación. Pero el asunto es bastante más complejo y va más allá de hablar bien o hablar mal, al menos desde el punto de vista de la Historia, que es el que nos ocupa.

Tanto lo que consideramos errores como los cambios que se producen en las palabras no son, por lo general, nada nuevo. Lo que en origen era considerado error acabó en multitud de ocasiones convertido en norma. Veamos algunos ejemplos:

Los antiguos ya se comían la D intervocálica, incluyendo a veces las vocales que la acompañaban: frigidum se convirtió en fríocrudelem en cruel o limpidum en limpio. Nosotros, como ellos, eliminamos la D en muchas palabras de diferentes categorías gramaticales: comío, cantao, almuá, ná, agotá, enzorruzaor, azaon, nublao…

Los antiguos también cambiaban el orden de las letras (metátesis): Inter se convirtió en entrequattor en cuatroparabola en palabra. En La Mancha es común oír Grabiel por Gabriel o trempano por temprano.

También ellos cambiaron la R por la L (lambdaísmo): carcerem acabó siendo cárcel en lugar de cárcerarborem se convirtió en árbolpapyrus primero cambió a paper y luego a papel (aunque también derivó en la palabra papiro). En la variante manchega se sigue oyendo (ahora se mantiene sobre todo en hablantes de bajo nivel cultural) primel en lugar de primerArcázal en lugar Alcázar, o se acaba el infinitivo de los verbos en L: comeldormilcantal. El lambdaismo llega a términos exagerados pero aceptados en lugares como Cuba o Puerto Rico, donde es la norma.

En el latín tardío también se hizo rotacismo (cambiar determinadas consonantes por el sonido de la R), como nosotros hacemos cuando decimos murlo por musloarbañil por albañil o cardo por caldo. La palabra latina sanguinem se convirtió en sangne y luego en sangreasenam dio arenahominem pasó a ser omne, luego omre y definitivamente hombre. Los genitivos de muchas palabras que en un principio se construían con S, como flosis (genitivo de flos) cambia a floris, que en castellano da flor.

El fenómeno de la epéntesis (añadir un fonema a una palabra), como en las palabras Ingalaterraarrescuñarcobetehuéspede, comistes o hablastestampoco es nuevo. La palabra latina calvaria, por ejemplo, debería haber dado calvera en lugar de calaverachronicus llegó a convertirse durante siglos en corónico, aunque luego esa epéntesis se revirtiera y acabara en la actual palabra crónico.

Lo que ha cambiado no es tanto el tipo de “errores”, que, como hemos visto, en muchos casos tienen la misma naturaleza, sino el control sobre ellos. Ahora el control se ejerce a través de la RAE, de los programas de estudios, de los medios de comunicación que unifican las diferentes variantes del habla… Hace unos siglos esos controles no existían, por lo que los cambios  no tenían los frenos que tienen ahora y eran más frecuentes. ¿Hablamos así porque somos unos garrulos? No. Nuestra lengua tiene tendencia -y siempre la ha tenido- a propiciar determinados cambios, a evolucionar en una determinada dirección. ¿Cuál es esa dirección? La misma de todas las lenguas: la eficacia (ven acaquí tiene más fuerza en determinadas ocasiones que ven aquí), la economía de recursos (un kilo patatas en lugar de un kilo de patatas), la facilidad (más fácil pronunciar dende que desde). Pero ¿por qué no todas las lenguas sufren los mismos cambios? Porque parten de rasgos diferentes. Una lengua en la que las consonantes sean más importantes que las vocales para ser comprendida, como es el caso del inglés, no puede evolucionar del mismo modo que el español, en el que la nitidez de las vocales para que la palabra sea comprendida tiene mayor importancia. Hay tendencias de pronunciación generales que afectan a determinados sonidos: las eses, por ejemplo, tienden a ser eliminadas o transformadas en otros fonemas siempre que ello no afecte a la comprensión de la palabra (nohotros, ehpaña, lohombre, dende…); la D intervocálica también tiende a desaparecer, arrastrando a veces con ella a la vocal que la acompaña (na, to, ca uno, volcao, bebío…). Ambos rasgos tienen su origen en la cercanía del dialecto andaluz.  

Es interesante comprobar cómo, a pesar de los muchos controles, los “errores” siguen siendo los mismos que hace tantos siglos, en muchos casos cuando el castellano ni siquiera existía. Pero gracias a ellos se convirtió en la lengua que hoy hablamos.

Las migraciones y los cambios poblacionales a los que hacíamos referencia anteriormente también han sido fundamentales en la configuración de la variante manchega del castellano. La presencia de los árabes dejó más huella en nuestra zona que en regiones más septentrionales, que fueron conquistadas antes por los reinos cristianos. La palabra alcancía, por ejemplo,se ha usado hasta hace muy poco tiempo más que la palabra hucha, procedente del francés huche, que a su vez procede del latín medieval hutica. Igual ha ocurrido con la palabra azogue, que fue mucho más usada que la palabra mercurio. O con la palabra mandil, que aún es más común en muchos lugares que la palabra “latina” delantal. Es decir, cuanto más al sur de la península, mayor pervivencia de palabras procedentes del árabe. Hay ocasiones, sin embargo, en que la palabra latina se impuso muy pronto sobre su correspondiente árabe, como ocurrió con la palabra panocha sobre mazorca, aunque por esas fuerzas caprichosas de las lenguas, actualmente se haya impuesto la árabe mazorcasobre la latina panocha, en claro riesgo de extinción en España.

Al ser La Mancha territorio fronterizo y poco poblado, los reyes cristianos lo repoblaron con gentes de otros lugares, que, además de sus costumbres, aportaron sus palabras, en algunos casos de lenguas peninsulares distintas del castellano. Con las repoblaciones, muchos términos árabes fueron sustituidos por los correspondientes latinos, como ocurrió con la palabra alfayate, sustituida por la catalana sastre. También remor (ej: no te da remor ponerte a estudiar) proviene del catalán. Tarranco (ej: no va a quedar ni tarranco) llegó del vasco. Del astur-leonés vinieron cocoterelenco (salvaje, asilvestrado) o pochaca(allí cueva o hueco de la nuca).  Asobinarse vino del navarro-aragonés ensobinarse. De Murcia llegan palabras como chusmearsolaneramieja o páer(de donde procede también el diminutivo paerecilla). De los mozárabes mantenemos términos como pleita, capacho o asina. Es decir, la variante manchega del castellano (que comparte palabras con otras variantes), participa, aunque en menor medida, de la multiculturalidad característica del castellano estándar y de parecida diversidad: cada pueblo o cada zona tiene vocabulario o fonemas que los diferencian de otros pueblos, aunque sean muy cercanos geográficamente.

Finalmente, ¿tiene el habla manchega algún momento histórico estelar como los que hemos mencionado del castellano? No, pero participa de todos ellos en tanto en cuanto es una variante suya. El hecho de seguir siendo frontera entre el castellano llamado estándar o del norte y el dialecto andaluz hace que posea características de ambos. Además de lo ya dicho sobre la supresión de la S o la D de muchas palabras, también compartimos con Andalucía el heheo, que se desarrolla junto al seseo y el ceceo andaluces a partir del siglo XVI, un rasgo que se extiende incluso hasta el habla popular de Madrid. La cercanía del dialecto murciano llamado panocho hace también que la variante manchega comparta algunos rasgos con él. Cuando oímos ciertas expresiones o palabras del dialecto murciano se ve claramente que tienen gran parecido con el habla manchega, especialmente la de hace varias generaciones, e incluso pueden confundirse con ella. Algunos ejemplos de panocho: “Ahí sus quedáis”, “Ca uno s’aprete er zaragüel como puea”, “Dar er campanazo”, “De pocas chichas”, “Echarle azaite a un candil que no tie torcía”. Sin embargo, en líneas generales, actualmente tenemos cada vez más rasgos del castellano estándar capitalino y siguen desapareciendo algunas de las características típicas del habla de anteriores generaciones.

Quizá uno de los momentos más trascendentales de lo manchego en la historia no sea lo relacionado con su habla (aunque, de alguna manera, también), sino con su espíritu, algo que ha trascendido todas las fronteras. Me refiero a la escritura, a comienzos del siglo XVII, de Don Quijote de la Mancha, posiblemente el libro traducido a más idiomas después de la Biblia y que es considerado la primera novela moderna de la historia, con influencia en toda la narrativa occidental posterior. Pero eso se aleja del objeto de este artículo, además de requerir de muchísimo más espacio para hablar de ello, del que no disponemos.

En resumen, muchas veces, cuando se habla de la grandeza del castellano, es común referirse a cuestiones más relacionadas con cantidades que con cualidades: es una lengua hablada por aproximadamente 580 millones de personas, 460 millones la tienen como lengua materna, es la cuarta más hablada del mundo, es la lengua oficial de 21 países, el diccionario de la RAE contiene unas 93.000 palabras, sin contar los miles de americanismos, etc. Siendo ello importante, yo he querido recalcar en este artículo sus cualidades, que están, como las cifras, íntimamente relacionadas con su historia y construyen su esencia: su multiculturalidad, su diversidad, su carácter abierto históricamente a otras lenguas, tanto españolas como extranjeras, la riqueza de sus dialectos y numerosas variantes, el carácter democrático de su evolución, la creatividad y belleza de sus composiciones literarias o su gran capacidad para generar nuevas palabras y expresiones. Una lengua, en definitiva, muy viva, con un rico pasado y, sin ninguna duda, un excelente futuro.

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Cervantes censurado y tachado de vulgar

Fecha de Publicación: 24/10/2021

La “ofensiva” botella de vino Hideputa objeto de la prohibición de registro de marca por la OEPM

La Oficina Española de Patentes y Marcas censura y tacha de vulgar a Miguel de Cervantes denegando el registro de la marca de vino “Hideputa”. Lo que no consiguieron en el siglo XVII ni la Inquisición, ni el Consejo Real, lo ha hecho en el siglo XXI un estamento oficial español

 

Alcázar de San Juan, 25 de octubre de 2021.- La Oficina española de Patentes y Marcas ha denegado el registro de la marca de Vino “Hideputa” que la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan había solicitado mediante el expediente M4127953.

Con la ayuda de Bodegas Alort (marca embotelladora), los cervantistas alcazareños han elegido un vino de altas cualidades, se trata de un tinto cabernet, de crianza, envejecido 12 meses en barrica francesa de tostado medio, que transmite de forma intensa la personalidad de sus variedades Cabernet Sauvignon y Franc Moderno, que resulta muy equilibrado, sedoso y brillante. Para esta ocasión especial, Estrella Cobo ha diseñado una etiqueta que sintetiza perfectamente el nombre del vino y la tierra a la que pertenece. 

Con esta esmerada selección la asociación cultural alcazareña agasaja a los invitados que regularmente recibe en su actividad denominada “Almuerzos de don Quijote”, de hecho, la primera personalidad en probarlo ha sido el Nobel de Física de 2019, el suizo Michel Mayor que visitó nuestra la Sociedad el pasado 6 de octubre.

Para esta acción promocional y de difusión de la obra cervantina, se han inspirado en un fragmento del Capítulo XIII de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes (se recomienda la lectura de este capítulo), concretamente en el que Sancho Panza mantiene -con el escudero del Caballero del Bosque- una conversación sobre el vino que están degustando y que llevaba en la bota este último, llamándolo «Hideputa» al propio tiempo que lo alaba por su calidad, por ser de Ciudad Real y por tener algunos años de ancianidad, de tal forma que al vino elegido, los cervantistas alcazareños le habían bautizado con el nombre “Hideputa”, precisamente por ser de calidad, por ser de Ciudad Real y también por tener ancianidad.

Sancho Panza lo explica perfectamente diciendo: «confieso que no es deshonra llamar hideputa a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle»… ¡Es prosa de Miguel de Cervantes!

 

Con esta idea y por parecerles un nombre muy cervantino, muy significativo del Quijote y sobre todo identificativo del buen mojón (entendido en vinos, catador) que era Sancho Panza, los cervantistas alcazareños iniciaron los trámites de registro de este nombre a fin de que no pudiera ser utilizado por terceras personas, pero la OEPM les ha cerrado las puertas basándose en que la denominación “es contraria a la Ley, al orden público o a las buenas costumbres, toda vez que el distintivo incorpora en su conjunto una calificación denigratoria, que cabe considerar  de atentatoria a las buenas costumbres, incluso si está extendida en el lenguaje vulgar”.

De todos es conocido que en el Siglo XVII estaba en pleno apogeo la Santa Inquisición que ejercía una férrea censura sobre todo lo que se publicaba y que antes de dar a la imprenta una obra, no sólo debía ser sometida al Consejo Real que era quien la autorizaba y fijaba su precio, sino que un estamento eclesiástico debía dar su aprobación de que no contenía nada en contra de la fe católica, lo que se llamaba el imprimátur.

Pues bien, ni el Consejo Real ni los estamentos religiosos impidieron a Cervantes que el Quijote viese la luz en 1605. Por el contrario, asistimos 416 años después a que un estamento oficial español censure y tache de vulgar al mejor escritor que en todos los tiempos ha tenido nuestra lengua.

Hace unos días lo explicaba muy bien en una entrevista en TV el académico de la Lengua, Arturo Pérez-Reverte, decía que no se pueden quitar del diccionario las palabras que han utilizado escritores de la talla de Galdós, Cela o Cervantes, por muy malsonantes que nos puedan parecer hoy, ya que ellos las utilizaron de manera limpia, eficaz y práctica, consiguiendo reflejar el lenguaje de su época. De otro modo, leer a nuestros clásicos de la literatura sería imposible, por eso la Real Academia de la Lengua es la encargada de definirlas y de preservarlas para los lectores actuales y futuros.

 

Por ello y a pesar de que esta marca con toda seguridad no será oficialmente registrada, pensamos seguir utilizándola para ser coherentes con su obra y para perpetuar la memoria de nuestro querido Miguel de Cervantes.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Maestros de escuela en Villafranca y en el Gran Priorato

Fecha de Publicación: 14/10/2021

De los maestros de escuela decía que eran dichosos, pues trataban siempre con ángeles; y que fueran dichosísimos si los angelitos no fueran mocosos.

El licenciado Vidriera

Retazos de las huellas de los maestros de Villafranca

La figura del maestro de escuela siempre se ha recordado con ternura y agradecimiento. Ha sido el portador de las respuestas a las primeras inquietudes de los niños y de algunos mayores, el que enseñó a entender la realidad a diferentes generaciones, el que siempre nos puso en el camino adecuado para buscar soluciones.

Mirando casos concretos aparecidos en algunos archivos, nos encontramos con realidades que merecen relatarse y contrastar con un hecho que se repite de manera recurrente: la humildad del maestro, su pobre modo de vida con eternos problemas económicos. Recorremos la secuencia histórica de momentos de diferentes maestros de Villafranca de los Caballeros, desde la segunda mitad del siglo XVII al XVIII.

Después comprobaremos que la Ilustración y los deseos de progreso, seguían influyendo en los gobernantes de principios del siglo XIX con un intento de dignificar esta profesión por parte del entonces Gran Prior.

Comencemos con cinco casos de Villafranca:

1.- Alfonso López, ejerció de maestro en Villafranca de 1670 a 1673. Según su contrato[1], el ayuntamiento le proporcionaba casa, exención de impuestos, dos carros de leña y cuatro fanegas de trigo cada año de contrato. Además el maestro cobraba al Ayuntamiento 1,5 reales al mes por cada niño que enseñase a leer y 2,5 por enseñar a leer y escribir. Las clases de Matemáticas quedaban al albedrío del maestro que deberá concertar su precio con cada familia que desee que su hijo las cursase.

2.- Ya en 1748, Rafael de Morales, vecino de Tembleque, se instaló en Villafranca y se dedicó a enseñar Gramática. Tenía un aula abierta para estos menesteres, un nivel superior al de maestro de primeras letras. En su contrato[2], con fecha de 2 de septiembre de 1748, se detallaron las condiciones siguientes:

  • Tiene una validez de cuatro años a partir de la fecha.
  • Abre un aula abierta de preceptor de Gramática por seis años a partir de la fecha.
  • El sueldo que le paga el Ayuntamiento es de 130 reales de vellón por año más lo que pague cada alumno.
  • Para el mantenimiento de esta escuela es necesario un mínimo de 12 alumnos, pudiendo despedirse si no se cumple esta última condición.

Tenemos algún dato más de Rafael de Morales, preceptor de Gramática y Latinidad: En 1752 sigue en Villafranca y según el Catastro de Ensenada[3], tiene 33 años, está casado con Inés Ramón Plaza de la misma edad, tiene una hija, Rafaela de 7 años. La familia la completan su suegra, Francisca de 67 años y su sobrino Juan Francisco de 10. Se le supone una renta anual de 400 reales de vellón. No tiene otros bienes.

En el mismo documento, la renta anual de un maestro sangrador y barbero es de 900 reales de vellón, la del mesonero es de 900, el arriero más humilde alcanza los 800 y un escribano consigue 2000 reales de vellón. A la altura del preceptor de Gramática y Latinidad encontramos a algún zagal de campo, un ujier del Ayuntamiento o el más humilde de los tejeros.

3.- Por las mismas fechas el maestro de primeras letras de Villafranca de los Caballeros es Alfonso García Ortuno[4], de 43 años, su esposa, Ana Josefa, 37 y seis hijos, Victoria (15 años), Ana Josefa (13), Alfonso Nicasio (9), Pedro Francisco (7), Manuel (5) y Antonio (2). Familia numerosa que vive en la calle de la Virgen, muy cerca del Ayuntamiento, donde seguramente imparte sus clases. Es propietario de una tejera, de una viña de 2 celemines y de una jumenta. Los peritos del Catastro le asignan una renta anual de 360 reales de vellón. Es fácil su comparación con el caso anterior, contemporáneo y vecino. Tiene una renta parecida, aunque con algunas propiedades.

4.- Raimundo Mad. es el maestro de primeras letras en 1787, lo conocemos porque el 19 de junio envía una carta al Gran Prior rogando un socorro de 300 reales de vellón de Limosna, por una vez y en atención a los atrasos que padece y a la aplicación en la enseñanza de discípulos. Particípole a Vm pa qe disponga el cumplimiento de esta gracia[5]No es difícil suponer la necesidad económica que le acucia. No ha recibido las últimas pagas del Ayuntamiento. Los atrasos en los sueldos de los maestros son un hecho que se repite en muchos lugares.

5.- El 19 de octubre de 1799, es José Alfonso Jiménez, maestro de primeras letras, quien expone que

Es tan corto el emolumento  que le produce la escuela que no alcanza a el alimento de su mujer y cuatro niñas que tiene (…) Suplica a Vuestra Real Alteza, se digne por el amor de Dios, la limosna de su Real agrado para ayuda a mantener a su familia y componer la casa que con la avenida del agua cayó parte de ella y lo que quedó está para lo mismo (…)[6]

La súplica tiene su explicación en las consecuencias de la inundación que sufrió Villafranca el 2 de septiembre de 1799, que arruinó casi 200 casas. En ella informa que su sueldo es tan mísero que no le alcanza al mantenimiento de su familia, más si tenemos en cuenta los desastres mencionados.

Son cinco casos encontrados en una villa del Priorato. No esperamos equivocarnos si generalizamos esta realidad a las demás villas. La laboriosidad y el ingenio de estos profesionales se movía entre unas condiciones materiales siempre mejorables.

Aunque si queremos saber cómo eran las escuelas de este territorio, contamos con un documento único, elaborado después de la Guerra de la Independencia.

1815, Las escuelas de primeras letras del Gran Priorato

En septiembre de 1814, el gran prior don Carlos Mª Isidro de Borbón nombra comisionado para una visita general del Gran Priorato a don Fernando Queipo de Llano[7], su secretario de cámara, y le encarga las siguientes tareas:

  1. Observar e informar del estado material de las iglesias, administraciones, casas tercias y fincas.
  2. Averiguar y exponer el estado de las escuelas de primeras letras de los pueblos y sus dotaciones.

Es real voluntad de S. A. qVmd. averigüe y exponga con la posible exactitud el estado de las Escuelas de Primeras Letras de los Pueblos y sus dotaciones: si faltan Maestros de esta enseñanza, y educación en algunos, y en este caso qemedios y arbitrios pudiera valerse para que los hubiese capaces de desempeñar los Magisterios, y con qe señalamto anual; informando si a los que hay en la actualidad se les paga de los fondos de los pueblos, o contribuyen los alumnos qe asisten a las Escuelas (…)[8]

Parece que las intenciones del prior iban más allá del mero conocimiento del estado de las escuelas básicas de las villas. Muestra de ello es el cumplido informe que sirve de base para esta entrada. El visitador, Francisco Gómez, detalla y analiza los datos que recaba de cada municipio y hace propuestas de mejora.

Extraigamos los datos que importan para la educación:

  1. Se constata un serio descenso en el número total de vecinos desde 1808 (12670) a 1815 (10136). El priorato ha perdido 2534 vecinos. La explicación debemos encontrarla en la guerra de la Independencia (1808-1814), en sus consecuencias económicas y sociales. Estos años pasados trajeron hambres y penurias amén de los enfrentamientos mortales.
  2. En total son 19 maestros con el mismo número de escuelas que dan servicio a 1156 escolares entre 4 y 13 años de edad.
  3. La dotación económica de los maestros es diferente en cada villa. Hay nueve villas que reconocen una asignación fija a sus respectivos maestros: Madridejos, Tembleque, Villacañas, Argamasilla, Quero, Turleque, Arenas, Villarta y Urda. Aunque también reconoce que no la reciben con puntualidad. Éstos y los que no disponen de asignación cobran a los niños alguna cantidad, como se muestra en el gráfico. Sólo los maestros de Argamasilla y Arenas no cobran a los alumnos.
  4. Reconoce que muchos de estos maestros adolecen de la formación y la maestría necesaria para ejercer su oficio. En Argamasilla de Alba, Arenas y Villarta, desempeñan este “Magisterio tres religiosos que no podrán subsistir por la precisión de retirarse á sus conventos y quedarían vacantes sus destinos, como ha quedado el de la villa de Urda, y se ha despedido otro de los dos que hay en la de Madridejos”.[9] En Consuegra “solo hay un Maestro poco instruido”.
  5. Dedica una mención especial al maestro de Camuñas: “el de la villa de Camuñas es casi el único que por sus conocimientos, y particular aplicación procura dar á los Niños de su Escuela, que no está dotada una educación, y enseñanza que devian imitar los demás”.[10]
  6. Según los datos de este informe, existen dos niveles en esta enseñanza de primeras letras: El básico considerado de “lectores y principiantes” entre los 4 o 5 años y los 7 o 12. Las edades varían en cada pueblo, probablemente de acuerdo con los alumnos que en ese momento poblaban las aulas. Y el nivel que consideraremos superior o final de este ciclo, que lo forman los “escribientes” donde completan habilidades de escritura y de cuentas. Las edades de estos alumnos oscilan entre 7 y 14 años.

Con estos datos resumimos la descripción del panorama educativo del priorato, pero Francisco Gómez no se queda aquí, siguiendo lo encargado por el Gran Prior, propone una serie de actuaciones para mejorar la educación básica en este territorio:

1ª Afirma la necesidad de dotar adecuadamente a los maestros, con medios en sus aulas y con unos sueldos dignos de su oficio. Propone un sueldo para cada maestro de 1500 reales de vellón anuales, además de las asignaciones que algunos ya tenían de sus ayuntamientos y de las aportaciones de los alumnos que uniformiza en 3 reales de vellón mensuales para los alumnos escribientes y 1,5 reales de vellón para los principiantes.

2ª Carga el pago de estos sueldos a los fondos del Gran Priorato en los dos tercios del total y el tercio restante a los del Arzobispado. Es razonable esta propuesta si se tiene en cuenta el reparto de las contribuciones de los diezmos. Por ello excluye el gasto arzobispal en las villas de Turleque y Argamasilla de Alba, cuyas escuelas pagaría íntegramente el Gran Prior. Refiere la posible reacción del arzobispo toledano con estas palabras: “y no dudo que pasándose oficio de la Rvoluntad de S A al Emo Señor Arzobispo, prestaría gustoso su consentimiento á la contribución de aquella.[11]

3ª La solución para encontrar maestros competentes es la siguiente:

Me parece que la principal dificultad consiste en hallar Maestros adornados de los conocimientos, y circunstancias que requieren, para la buena educación y enseñanza de los Niños, tanto en doctrina cristiana, como en leer, escribir, y contar (…)

Deberán conferirse las Plazas de Maestros, y por oposición a los que estén aprobados por la Academia de primeras letras y sean más idóneos entre los pretendientes, deviendo hacerse aquella en presencia del Ayuntamiento, Párroco y Administrador de S A en cada pueblo, quienes dispondrán la elección con la mayor prudencia.[12]

Propone una selección de maestros titulados entre los considerados mejores por tribunales que deja establecidos.

4ª Aconseja el establecimiento de un horario fijo para enseñar las diferentes materias: silabear, leer, escribir, contar, ayudar a misa y doctrina cristiana. Siempre adaptándose a la edad de cada alumno.

5ª Prefiere que no se trabaje sólo la memoria:

 “No debe limitarse la instrucción de los Niños, si fuese posible, á que exciten únicamente la memoria de lo que aprendan repitiéndolo con frecuencia, como se hace, porqué este defecto, regularmente nace de su corta capacidad, sino que es necesario que los maestros procuren obligarles a que hagan uso de lo mismo que les enseñe, y haian aprendido, para que después les sea familiar, y regla de sus acciones.”[13]

Unas ideas que pueden abrazarse por las actuales corrientes pedagógicas. Estamos en 1815 y la educación más allá de la memoria es una solución contemplada.

6ª En cuanto a los medios estima conveniente dotar a las escuelas de la Gramática de la lengua castellana, para que la usen los alumnos que puedan leer a la perfección “facilitándoles anualmente cuatro ejemplares á cada Escuela, para que las voces con que se expliquen, sean las propias de nuestro idioma.”[14]

7ª Solicita al Gran Prior la adopción del plan de instrucción escolar de la Academia de primeras letras acomodado al vecindario de cada villa.

8ª Ve desproporción entre el número de vecinos y un solo maestro en Consuegra, que, además, considera poco competente. Propone la creación de una plaza más en esta villa, siempre en las mismas condiciones que el resto de sus colegas.

Completa el informe sobre las escuelas con una tabla que me he permitido recrear y modificar para mejorar su lectura:

Ante un documento de esta naturaleza que presenta números que se prestan a la comparación y al análisis, nos animamos a comentar algunos aspectos:

a.- La población: La guerra y sus consecuencias han provocado muertes y ralentizado los nacimientos. El paso de los ejércitos con sus exigencias, el hambre y las enfermedades. El descenso en el número de vecinos es de 2534, que en población total se puede considerar en 10000 a 12000 personas. Si jugamos con estos números podemos hacer nuestra lista de villas de acuerdo a su población.

Herencia sigue siendo, con diferencia, la mayor urbe del priorato. Mientras que Villarta está acometiendo su repoblación.

b.- Relación entre número de escuelas y número de alumnos. De nuevo Herencia capitanea esta tabla con más alumnos y tres escuelas. Consuegra necesita un segundo maestro, pormenor que el visitador mencionó en sus propuestas de mejora. Y además de seguir la lista podemos pensar en la ratio por maestro de 120 alumnos en Consuegra, 106 en Villacañas, 82 en Villafranca o 50 en Camuñas. Estos maestros tenían que recurrir a métodos imaginativos y mezclando su autoridad personal con valor de su ejemplo y la separación de los alumnos en pequeños grupos de trabajo con diferentes tareas.

Intentemos imaginar el trabajo de estos profesionales de la enseñanza primaria ante estos grupos muy numerosos de alumnos. De acuerdo con Sylvie Imparato-Prieur[15] impartían doctrina cristiana, lectura (alfabeto, silabeo, lectura de palabras y frases, deletreo, lectura común de un libro religioso), escritura (con muestras y reglas) y aritmética (las cuatro reglas). En los niveles superiores de “escribientes” podían utilizar la gramática castellana y estudiaban historia de España. Se valían de métodos de aprendizaje vicario utilizando como líderes de estos grupos a los alumnos mejor preparados.

c.- Los sueldos mensuales de cada maestro. Si suponemos que cada maestro recibe puntualmente los pagos de los alumnos y de los ayuntamientos tal y como se muestra en la tabla. Teniendo en cuenta que repartimos equitativamente los alumnos de la población en los casos de existencia de varios maestros, el sueldo de cada maestro quedaría como sigue:

El maestro catalogado como ejemplar en el informe del visitador, es el que menos cobra. Y observamos unas diferencias por pueblos en las que un maestro puede cuadruplicar el sueldo de otro en diferente villa. No parece existir una relación directa con la cantidad de población, Alcázar está en los puestos finales y Urda y Villafranca se colocan entre los que más cobran.

Este cálculo es sólo una orientación, los niños que asistían a clase durante todo el año eran pocos, se ausentaban con facilidad, las familias más pobres necesitaban del trabajo de sus hijos en cuanto aparecía la oportunidad de trabajos temporales en el campo, en esos meses el maestro no recibía los reales de esa familia.

Los precios de las mensualidades que cobran los enseñantes también varían considerablemente. En Herencia y en Villafranca están los maestros más caros del priorato que contrastan con la gratuidad de la enseñanza en Argamasilla de Alba y Arenas de San Juan.

Conclusiones

1.- Recordamos que la humildad y la pobreza de los profesionales de la educación son una realidad de acuerdo los ejemplos relatados de la villa de Villafranca. Personas que dependen de sus escasas pagas muchas veces atrasadas.

2.- El interés por la enseñanza como palanca de progreso sigue manifiesto en la administración del Campo de San Juan. La educación básica es analizada con seriedad y se describen posibles mejoras.

3.- Los protagonistas son el hermano del rey Carlos María Isidro, su secretario Fernando Queipo de Llano y Francisco Gómez, vicario y visitador general.

4.- Las reformas propuestas van en la misma línea: mejora de las condiciones materiales, dignificación de los maestros y adecuación de los planes de estudio y de la práctica de los docentes. Son llamativas las referencias a la excelente labor del maestro de Camuñas y la referencia negativa al de Consuegra.

5.- Abundando un poco en la afirmación anterior es muestra de la importancia que se le da a este trabajo el que se aconseje no basar la enseñanza en la memoria, aconsejando la práctica de lo aprendido.

6.- Se cuida la selección de estos profesionales con la exigencia de una titulación de la Academia de primeras letras y el paso por una oposición donde el tribunal selector de cada villa lo han de formar el Ayuntamiento, Párroco y Administrador de cada villa.

7.- Por último seguimos notando una ausencia clamorosa, a la mujer no se la ve en ningún aspecto de esta educación. Los maestros y los alumnos son todos hombres, la educación femenina sigue siendo un servicio particular para algunas personas de clases acomodadas y relativo a normas de buen comportamiento y trato social.

Félix Patiño Galán

 


NOTAS:

[1] AHPTO (Archivo Histórico Provincial de Toledo) _23185_f_041- maestro. Contrato de MaestroVillafranca, 6 de enero de 1670.

[2] AHPTO_23196_003- aula abierta. 02 de septiembre de 1748. Aula abierta, preceptor de Gramática.

[3] Catastro de Ensenada. 1752. Villafranca de los Caballeros. Family Search https://www.familysearch.org/

[4] Ibídem.

[5] APR (Archivo de Palacio Real), IDG (Infante don Gabriel), Secretaría, Leg. 283.

[6] APR, IDG, Secretaría. Legajo 277 cont. 19-10-1799.

[7] Fernando Queipo de Llano y Bernaldo de Quirós (1758-1831) en 1808 fue nombrado gentilhombre y secretario de Cámara de los infantes Carlos María Isidro y Francisco de Paula.

[8] APR. IDG. Contaduría 291 – 292. Carta de F. Queipo de Llano a los alcaldes de las villas del priorato.

[9] Archivo de Palacio Real (APR). Infante don Gabriel (IDG). Contaduría 291 – 292. Informe del visitador Francisco Gómez (26-02-1815).

[10] Op. cit. f 2r y 3v.

[11] Op. cit. f  2v.

[12] Op. cit. f 2v y 3r.

[13] Op. cit. f 4v.

[14] Op. cit. f 4v.

[15] IMPARATO-PRIEUR, Sylvie (2000), “La Enseñanza de primeras letras en España en la segunda mitad del siglo XVIII : contenidos y métodos a través de algunos tratados de enseñanza”. Revista Contextos Educativos 3 (2000), pp. 235-252. DOI: https://doi.org/10.18172/con.num3

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El premio Nobel Michel Mayor visita Alcázar de Cervantes

Fecha de Publicación: 06/10/2021

El científico suizo visitó Alcázar de San Juan, en una época de su historia llamada Alcázar de Cervantes, y conoció algunos de sus recursos turísticos gracias a la mediación del astrofísico alcazareño Benjamín Montesinos, presidente de la Sociedad Española de Astronomía y miembro de esta SCA

Los cervantistas alcazareños acogieron en su sede a Michel Mayor que en visita privada y junto con sus acompañantes celebraron un “Almuerzo de don Quijote” en su honor

Alcázar de San Juan, 6 de octubre de 2021.- El premio Nobel de Física 2019 Michel Mayor ha visitado Alcázar de San Juan ciudad que en una época de su historia reciente se llamó de forma oficial Alcázar de Cervantes debido a la gran tradición cervantina de la ciudad que se viene incrementando y enriqueciendo desde la fecha del bautismo de Miguel de Cervantes.

La presencia del científico suizo en visita privada en Alcázar ha sido posible merced a la invitación personal cursada por el astrofísico alcazareño Benjamín Montesinos que es presidente de la Sociedad Española de Astronomía y miembro de esta Sociedad Cervantina, con quien le une una vieja amistad, quien aprovechando que el físico ha pasado unos días en España, le ofreció conocer de primera mano la Mancha de don Quijote y aprovechó para visitar lugares de interés de Alcázar. Michel Mayor vino acompañado de ocho personas, entre las que estaba su esposa, también Félix Llorente de Andrés –uno de los anfitriones en su visita a España- y Ramiro de la Reza (ambos astrónomos y compañeros de Michel Mayor en su época de tesis doctorales en Suiza), así como otros amigos personales que han disfrutado también de la riqueza patrimonial alcazareña.

 

Michel Mayor, es profesor del departamento de Astronomía de la Universidad de Ginebra, galardonado en 2019 con el premio Nobel de Física (junto a James Peebles y Didier Queloz) por el descubrimiento, junto con este último, de un exoplaneta (fuera de nuestro sistema solar) orbitando una estrella de tipo solar, lo que la organización del Nobel definió como “logros que cambiaron para siempre nuestra concepción del mundo”. Mayor y Queloz descubrieron en 1995 el exoplaneta 51 Pegasi b que gira alrededor de la estrella 51 Pegasi. Mayor contribuyó también al descubrimiento de uno de los cuatro exoplanetas que orbitan la estrella mu Ara, nombrada estrella Cervantes por votación popular impulsada por la Unión Astronómica Internacional.

Mayor, doctor en Astronomía atesora los premios suizos Marcel Benoist (1997), el premio Balzan (2000) y la medalla Albert Einstein (2004); galardonado también con el premio Shaw de astronomía (2005) y en España con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, categoría de Ciencias Básicas (2005) junto a Didier Queloz.

Nuestro socio Benjamín Montesinos, con quien le une una larga amistad, recordó con él la anécdota sucedida en 1996, en un congreso de astronomía en Toledo y cuando ya había publicado en Nature el artículo en el que daban cuenta (él y Queloz) de la existencia del primer planeta orbitando una estrella distinta a nuestro sol. Como ya comenzaba a ser famoso por sus trabajos científicos, se presentó en el congreso un periodista para hacerle una entrevista a Mayor, entonces el periodista sugirió para su reportaje gráfico que el tejado del palacio de Benacazón (sede del congreso) podría ser un buen lugar para las fotos con el físico señalando al sol o mirando al cielo y ante el miedo de que el astrónomo se pudiera caer, él contesto que perdieran cuidado que era suizo y estaba acostumbrado a andar por las montañas, de modo que un simple tejado no lo iba a impresionar.

Durante su estancia en nuestra ciudad, Michel Mayor ha conocido la iglesia de Santa María la Mayor, que es la más antigua de la diócesis, donde se encuentra la pila bautismal con un facsímil de la partida de bautismo de un niño llamado Miguel de Cervantes Saavedra, también visitó el camarín de la Virgen del Rosario quedando impresionado por su belleza.

Posteriormente, la Sociedad Cervantina, acogió en su sede a la comitiva y tras degustar el vino “Hideputa”, celebraron un “Almuerzo de don Quijote” en honor a Michel Mayor, para que conociese de primera mano la comida del Quijote. Es la primera vez que la Sociedad Cervantina recibe en su sede a un premio Nobel y espera que no sea la última.

Ya al atardecer, subieron al cerro de los molinos y dentro del molino Fierabrás (el único que conserva intacta y en funcionamiento su maquinaria), el físico atendió amable e interesadamente las explicaciones sobre el funcionamiento de estos ingenios del siglo XVII que permitieron dar un salto cualitativo en la primera industrialización de esta comarca.

Al mismo tiempo disfrutaron de la vista de 360º del horizonte manchego, de esta impresionante llanura (tan distinta a su Suiza natal), ya que este magnífico observatorio del cerro de San Antón es uno de los escasos lugares del mundo que ofrece tal panorámica que regala a quienes lo visitan y que sobrecoge de forma especial durante el ocaso.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Don Quijote molido y quebrantado

Fecha de Publicación: 27/08/2021

 

Si en la literatura de ficción hay un personaje principal apaleado, apedreado, golpeado y pisoteado este es don Quijote. A veces no sin razón.

En la venta donde burlescamente es armado caballero es la primera vez que don Quijote es agredido. Poco antes había roto con su lanza la cabeza a dos arrieros que tratando dar de beber a sus mulas habían osado a tocar sus armas que tenía apoyadas en la pila del pozo. Los compañeros de los heridos, defendiendo a estos, acometieron a pedradas con don Quijote, pero sin causarle daños de importancia  porque él se defendía de la lluvia de piedras con su escudo. Antes de dar un paso atrás los seguía increpando a todos diciéndoles: «¡Tirad, llegad, venid y ofendedme en cuanto pudiéredes, que vosotros veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía!». De esta salió ileso, pero no de la siguiente.

Del cruce de caminos del falso libre albedrío de Rocinante, Cervantes nos determina, de las pocas veces que lo hace, la distancia que separa a don Quijote de la siguiente aventura. Es en el Camino de Toledo a Murcia, camino a su casa. El narrador nos describe cuidadosamente la imagen de la nueva aventura:

“Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. Apenas los divisó don Quijote cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura, y por imitar en todo cuanto a él le parecía posible los pasos que había leído en sus libros, le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer. Y así, con gentil continente y denuedo se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y puesto en la mitad del camino estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen —que ya él por tales los tenía y juzgaba—, y cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír levantó don Quijote la voz, y con ademán arrogante dijo:

—Todo el mundo se tenga si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la simpar Dulcinea del Toboso.” (Q1, 4)

Este paraje del Camino de Toledo a Murcia es mi próximo hito cervantino por descubrir. Estoy en el cruce de las variantes del Camino de Toledo a Murcia y pongo a cero el cuenta kilómetros de mi vehículo, «Y habiendo andado como dos millas» llegaré a este paraje buscado. Una legua de camino, la distancia que se recorría a pie o en una caballería en una hora  ̶ unos seis kilómetros ̶  , contenía cuatro millas, por lo que a unos tres kilómetros desde aquí podré ver la imagen de este paraje cervantino elegido por Cervantes como escenario de la aventura.

El camino es suave y en buen estado. Cruzo la carretera CM-3103, que une los lugares manchegos de Pedro Muñoz y El Toboso. A unos doscientos metros de ella he recorrido desde el cruce de caminos 3,1 Km, «como dos millas». Me encuentro sobre un pequeño repecho del camino, arropado por dos carrascas, y esta es la imagen del camino que observo:

Cervantes era un hombre de teatro eclipsado, como todos los de su época, por el gran Lope de Vega, estando obligado a recorrer caminos como funcionario de la Corona para sustentar a su familia. Por lo que en este altillo, que sin duda alguna pasó por él al paso lento de una mula de alquiler, tenía la imagen del escenario perfecto para la siguiente aventura de su protagonista. Incluso pudo ver desde aquí la misma escena de la extraña comitiva compuesta por «un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie». Con el escenario y los actores secundarios en él ya solo tuvo que poner en escena a don Quijote en este mismo lugar.

 

En estas deducciones me encuentro cuando un ¡¡buenos días!!, a coro en el silencio de la mañana me sobresalta. Cómo caballeros andantes, vestidos con  llamativos colores sobre máquinas mágicas, pasan junto a mí cuatro ciclistas que aprovechando el leve descenso se alejan de mí rápidamente. Sin duda estoy en el  mismo lugar en el que don Quijote «con gentil continente y denuedo se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho, y puesto en la mitad del camino estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen» El escenario natural elegido por Cervantes es sencillamente ideal.

Recuerdo aquí al poeta chileno Carlos Sander cuando, recorriendo la Mancha en busca del espíritu de don Quijote, escribió: «Quien recorre la Mancha deberá creer en hadas, en fantasmas, en Caballeros Andantes y en bellas Dulcineas»(En busca del Quijote, 1967). Yo creo en la magia de esta tierra donde en cualquier rincón de ella se puede esconder el espíritu del loco más cuerdo de la literatura. Tomo el Quijote,que siempre llevo conmigo en mis salidas subrayado y lleno de notas, y aprovechando la tupida sombra de una de las carrascas busco este momento del capítulo cuarto. Comienzo a leer y creo sentir junto a mí a don Quijote sobre Rocinante esperando a que el grupo de viajeros se acerquen. Son trece personas: seis mercaderes,  cuatro criados y tres mozos de mulas. Los mercaderes y sus criados vienen a caballo y los mozos de mulas a pie. Los diez caballos al paso hacen retemblar la sosegada mañana, dejando tras de sí una ligera polvareda propiciada por el vientecillo solano. Sigo leyendo:   

“Paráronse los mercaderes al son destas razones y a ver la estraña figura del que las decía, y por la figura y por las razones luego echaron de ver la locura de su dueño; mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto, le dijo:

—Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que decís; mostrádnosla, que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.

—Si os la mostrara —replicó don Quijote—, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender. Donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia; que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo.

—Señor caballero —replicó el mercader—, suplico a vuestra merced, en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos, que por que no encarguemos nuestras conciencias confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y Estremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo, que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado. Y aun creo que estamos ya tan de su parte, que aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced diremos en su favor todo lo que quisiere.

—¡No le mana, canalla infame! —respondió don Quijote encendido en cólera—. No le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta, ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero ¡vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora!”

 

El bueno de Rocinante está parado, meditabundo, pues lo que más ansia es llegar con su paso tranquilo a la sosiego de su cuadra lo antes posible, sin esperar que su amo le picase sus espuelas su viejo pellejo. El susto al sentirse herido, junto a su flaqueza y poco ánimo, y la pequeña pendiente del camino la caída era cuestión de pocos metros:

“Y en diciendo esto arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo; y queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas”

Quizás, si don Quijote aguardase a quedarse callado los viajeros pasarán  junto a él riéndose de su penosa imagen, pero la lengua no la deja quieta, «Y entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo:

—¡Non fuyáis, gente cobarde! ¡Gente cautiva, atended; que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido!»

La réplica no se hace esperar. La primera paliza al hidalgo manchego está a punto de comenzar. Levanto los ojos del libro y veo y escucho la salvaje paliza que tumbado en el camino sufre don Quijote, pero no puedo hacer nada, todo es ficción, solo es real el escenario: 

“Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y llegándose a él tomó la lanza, y después de haberla hecho pedazos, con uno dellos comenzó a dar a nuestro don Quijote tantos palos, que, a despecho y pesar de sus armas, le molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le dejase; pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre él llovía, no cerraba la boca, amenazando al cielo y a la tierra y a los malandrines que tal le paraban.

Cansose el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando qué contar en todo él del pobre apaleado. El cual después que se vio solo, tornó a probar si podía levantarse; pero si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, ¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aun se tenía por dichoso, pareciéndole que aquella era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo; y no era posible levantarse, según tenía brumado todo el cuerpo.” (Q1, 4)

La imagen de don Quijote caído en el suelo, un hombre viejo molido a golpes con sus armaduras abolladas y sus armas rotas en pedazos es desgarradora, patética, y muy injusta. Rocinante, que penosamente se ha levantado, está a su lado con la cabeza caída junto a la suya, quizá pidiéndole perdón. Don Quijote sabe que su viejo caballo está lleno de tachas. Está flaco y su enfermedad de los “cuartos” le invalida hasta para casi andar, pero para él es «la mejor pieza que comía pan en el mundo», tanto que le dirige una mirada compasiva. Don Quijote seguirá confiando en Rocinante, quizás porque tiene la misma triste figura que él.

 

No puedo irme sin esperar a que pasase un personaje de ficción, un vecino nuestro que lo lleve sobre su borrico a casa. Viene desde Mota del Cuervo, «de llevar una carga de trigo al molino», de los varios de viento que muelen en su sierra, ya que el Prior de San Juan no ha autorizado a construir los de viento en el término de Alcázar de San Juan. Es julio, los ríos Záncara y Gigüela están secos, y los molinos de agua tienen sus muelas paradas. Pedro Alonso, que así se llama nuestro vecino, se acerca a don Quijote algo receloso pues cree que está muerto. Después de ver que está vivo y limpiarle la cara lo ha reconocido como Alonso Quijana, su vecino. Sigo leyendo: «Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liolas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía». Veo alejarse al bueno de Pedro Alonso y poco a poco dejo ya de oír a don Quijote ensartar un disparate a otro. Solo queda ya el escenario vacío.

Continúo mi viaje a casa por el mismo camino pero no logro alcanzarlos. Los personajes del Quijote son ficción, solo es posible sentir su espíritu en los mismos parajes adonde los puso Cervantes. Esto es lo que el autor persiguió al innovar la literatura a principios del siglo XVII, que los lectores imaginen las aventuras de sus personajes de ficción en el territorio real que ha escogido como escenario. Y aquí, solo aquí, en esta comarca cervantina es posible.

                                                        Luis Miguel Román Alhambra 

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Ruta cervantin@lcazar conociendo los lugares cervantinos de Alcázar de San Juan

Fecha de Publicación: 08/08/2021

Enmarcada en la programación del Fin de Semana del Patrimonio con actividades culturales para los días 7 y 8 de agosto

Alcázar de San Juan, 08 de agosto de 2021.- En la noche del sábado 7 y con el cupo de asistentes completo, tuvo lugar una nueva edición de la ruta cervantin@lcazar que estuvo coordinada por miembros de la Sociedad Cervantina de esta ciudad.

La ruta ha estado a cargo del vicepresidente de la Sociedad, Luis Miguel Román Alhambra, y justo antes del comienzo la alcaldesa de Alcázar, Rosa Melchor, se acercó hasta la estatua “El hidalgo y su gato” de José Lillo Galiani -lugar de inicio de la ruta-, para conocer de primera mano los pormenores del recorrido y sus curiosidades, así como para saludar a las personas inscritas en esta actividad.

Los asistentes tuvieron ocasión de conocer los rincones de Alcázar de San Juan que tienen una vinculación con Miguel de Cervantes Saavedra, visitando los lugares icónicos de la ciudad que lo homenajean, lo recuerdan y hacen que se mantenga viva la tradición cervantina de Alcázar de San Juan, tradición que se remonta a la propia época del bautismo de Miguel que tuvo lugar en la iglesia de Santa María de nuestra ciudad y que se atestigua por la ubicación de la casa donde vivió el escritor en una plaza que lleva su nombre, que es precisamente uno de los lugares de interés.

La ruta guiada forma parte de las actividades organizadas con motivo del Fin de Semana del Patrimonio que el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan ha organizado para los días 7 y 8 de agosto y que cuenta con la colaboración de las diferentes asociaciones y entidades culturales de la ciudad.

También y junto a la estatua del Quijote cósmico que Eulalio Ferrer regaló a la ciudad en 1992 que es idéntica a otra existente en Guanajuato (México) -ciudad con la que Alcázar de San Juan está hermanada-, los presentes pudieron conocer la historia de Eulalio quien obtuvo un Quijote (en edición de Calleja) a cambio de una cajetilla de tabaco al entrar en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer (Francia), a la finalización de la Guerra Civil y con la que inició su enorme afición por el Quijote y el coleccionismo de todo tipo de iconografía alrededor de la obra.

La ruta continuó por la iglesia de Santa María donde fue bautizado Miguel de Cervantes Saavedra y cuya partida de bautismo encontró Blas de Nasarre en 1748 y se conserva en la casa parroquial; después por la calle de San Juan (antiguamente llamada de Zapateros) donde se ubicó la casa de don Juan López Caballero padre de Pedro Barba que junto con Gutierre Quijada son nombrados en el Quijote y que precisamente de este último dice descender por línea recta de varón Alonso Quijano.

En la casa donde vivió la familia de Miguel de Cervantes en la plaza del “Rosquero” o de la “Rubia” (llamada así por tener aquí una tienda María Díaz “La Rubia” que estaba casada en tiempo de Cervantes con Pedro Hidalgo Saavedra), los miembros de la Sociedad Cervantina relataron la tradición que había pasado oralmente a través de los abogados: Ordoñez (coetáneo de la familia Cervantes), Quintanar y Juan Francisco Ropero y Tardío -Agente Fiscal de la Cámara de Castilla-, que fue quien dio a conocer esta tradición alcazareña a Fray Alonso Cano (obispo de Segorbe y Redentor General de Esclavos), tradición que a su vez este trasladó al académico y militar Vicente de los Ríos quien la recogió en las pruebas de su proemio a la edición del Quijote publicada en 1780 por la Real Academia Española.

El recorrido finalizó en la Plaza de España frente a la estatua de don Quijote y Sancho Panza realizada por Marino Amaya en la que para realizar al inmortal escudero se inspiró en la cara de Tico Medina, recientemente fallecido y siempre admirado y recordado por esta Sociedad Cervantina.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Testimonio gráfico del viaje de Galdós a la Mancha toledana

Fecha de Publicación: 28/07/2021

Los pasados 5 y 6 de junio de este año se cumplían ciento doce años de la vista que Don Benito Pérez Galdós realizara a La Mancha; también ha pasado un año desde que publicamos nuestro artículo: “El viaje de Galdós a Quintanar en la prensa del momento” en esta misma revista. Ahí anunciamos, que además de las fotografías aparecidas en la revista El mundo gráfico –hasta ese momento las únicas conocidas-, existían otras tantas que recogían las instantáneas del viaje del ilustre escritor canario por La Mancha toledana.

Felizmente podemos hoy traer el citado testimonio gráfico para cerrar, al menos de momento, este momento histórico que el pasado mes de junio se perpetuó con la colocación de una placa cerámica en la fachada de la fonda donde se alojó Galdós en Quintanar de la Orden.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

El reportaje se publicó en EL PROGRESO[i], periódico cuya vida se mantuvo entre 1906 y 1933, que dirigía el periodista y político republicano Alejandro Lerroux García   editado en Barcelona. El ejemplar objeto de nuestro estudio es una edición ilustrada semanal del anterior, de la que se publicaron sesenta y cinco números entre 1909 y 1910 al precio de 15 céntimos, que contenía dieciséis páginas -de 21×16 cm – y numerosas fotografías,  anhelando este medio, ser el magacín republicano de tirada nacional[ii]. La fecha de la publicación del reportaje sería el 27/06/1909, dos semanas después del citado viaje, correspondiendo al número 24 de “EL PROGRESO ILUSTRADO[iii]” o “EL PROGRESO. Edición Ilustrada” (Ilustración 1). Al reportaje acompaña una crónica en páginas anteriores titulada “El republicanismo manchego” firmada por el periodista y político Serrano Bustos[iv] -participante activo en la visita de Galdós-, en la que se congratula del resurgimiento de republicanismo en las zonas rurales como resultado de los actos de propaganda celebrados en Quintanar de la Orden; para ello destaca varios aspectos vividos esos días: primero la participación de la mujer –humilde y acomodada- en esas jornadas cuando antes no lo hacía. Segundo, la gran participación del pueblo en esos días –como lo demuestran las fotografías-. Y tercero, la concurrencia de figuras como Pérez Galdós y varias personalidades venidas desde Madrid, Toledo y otras comisiones de: Camuñas, Quero, Miguel Esteban, Villafranca de los Caballeros, El Toboso, Villanueva de Alcardete, Cabezamesada, Pedro Muñoz, Campo de Criptana, Alcázar de san Juan,  Herencia, Tomelloso, Daimiel y otras localidades, que el firmante no recuerda – a los que habría que sumar los ya conocidos por nosotros de: Villacañas, Puebla de Almoradiel, Puebla de Don Fadrique y Quintanar de la Orden. Desconocemos el nombre del fotógrafo, que realizó las nueve instantáneas en blanco y negro (Ilustración 2), que acompañan al artículo y de otras tantas imágenes que se realizaron en el mitin de la plaza de toros y que se malograron “al haberse estropeado la mejor placa”.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

La primera línea la componen tres imágenes de La Puebla de Almoradiel que recogen, de izquierda a derecha, distintos momentos de la espera al tren que traía a Galdós y sus acompañantes desde Madrid. La primera foto cuyo pie de foto reza: “La estación de Puebla de Almoradiel al paso del tren”, recoge el ambiente de expectación generado con la llegada del escritor canario; una multitud se agolpa delante del edificio que conformaba la propia estación[v]. La segunda fotografía tiene el pie de foto siguiente: “El tren en la estación de Almuradiel”, además de la errata en el nombre de la población, refleja el gentío que se agolpa en las inmediaciones de los vagones de un tren que acaba de llegar a su destino y donde se asoman por las ventanillas los supuestos visitantes donde no se puede identificar a ninguno. Estas dos instantáneas se ajustan perfectamente a la crónica que ofreció el periódico EL ECO DEL GIGUELA[vi]“…En la Puebla de Almoradiel el recibimiento fue hermoso y conmovedor. Más de 600 personas ocupaban el andén de la estación…”. La tercera imagen lleva por título: Serrano Bustos y un grupo de radicales de Almoradiel” en el que aparecen un grupo de personas delante de un edificio, que pudiera ser de la misma estación (Ilustración 3). Las crónicas del momento de EL ECO DEL GIGUELA y EL PAÍS[vii], citaron a las siguientes personas de este pueblo, que subieron al vagón del tren y que muy posiblemente participaran en esta foto: Cristino (Villanueva), Santos (Barrios Botija), Felipe (Plaza), Sixto y Julián (Rodríguez), Martínez, Escobar (Calixto), Sepúlveda (Julián y José), Casas, Burgos, Pulpón y otros muchos.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

La segunda fila consta de otras tres fotografías, que, de izquierda a derecha, recogen distintos momentos de la visita a Quintanar de la Orden. La cuarta foto del reportaje reza en su parte inferior: “Llegada a Quintanar” y nos muestra una abarrotada plaza de la Constitución, momento que también recogió la crónica gráfica de EL NUEVO MUNDO[viii] y comparando ambas instantáneas – el público mira al fotógrafo- parecen salidas de la misma cámara, aunque las fotos que ofrece el Nuevo Mundo están ampliadas. La quinta instantánea dice en su título: Los diputados Galdós y Romero saliendo de la estación de Quintanar” y en ella aparecen esas personas, una de las pocas vistas en las que se aprecia al don Benito (personaje del centro, colocado a la derecha), y a su alrededor un grupo de personas, que le recibieron en la estación de Quintanar de la Orden (Ilustración 4). La sexta foto de esta crónica gráfica dice en su pie: “Comida íntima en la fonda de Quintanar” y en ella, aunque con dificultad, vislumbramos a Galdós, al fondo y situado en el centro, presidiendo una mesa con una docena de comensales. Este momento tiene lugar el domingo día 6 de junio de 1909 tras la visita al Toboso. La única crónica de la época que nos informa de este momento es EL PAÍS[ix], que dice: “…se celebró un banquete íntimo en la fonda de Manolita Gómez donde asistieron los miembros del partido y solo hubo un brindis por parte del Sr. Enrique Rodríguez por Galdós y Romero a la memoria de Pi y Margall”.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

Las siguientes fotos corresponden a la tercera fila; la número siete se intitula: “Galdós y los demás oradores saliendo de la fonda de Quintanar para el mitin”, al igual que sucede con la foto tres, esta imagen fue otra de las que publicó El Nuevo Mundo[x], pero más alejada lo que da una mayor amplitud para observar la fachada -casi completa- de la casa donde se alojó Galdós y la multitud que lo acompañaba tanto en la calle como en los balcones. La fotografía ocho dice en su pie de página: “Junta directiva del círculo republicano de Quintanar”, que son las ocho personas adultas que aparecen en la imagen; según la crónica de El Eco del Gigüela[xi]“… y muchos más que se agregaban en el trayecto hasta el casino Republicano, ante el cual se congregó el público…”. Este fue otro lugar visitado en Quintanar, como no podía ser menos, pues recordemos que la visita tenía un fin político y además del mitin del día 6 hubo una manifestación por Quintanar el día anterior, en la que participaron “numerosas comisiones de todos los pueblos del distrito y de la localidad”. La última imagen, la número nueve, dice en su título: “Curiosa fotografía obtenida en la visita que hizo Galdós al Toboso” y en ella aparecen cuatro mujeres -una con niño en brazos- varios chiquillos y dos señores –el de la izquierda está cortada su figura-, mientras que quien aparece en el lado derecho de las señoras podría ser Don Tomás Romero[xii] (Ilustración 5). Esa excursión la recoge El Eco del Gigüela[xiii] y otra de ABC[xiv] un tanto imprecisa en fechas y de corte literario. Tan solo LA ESFERA[xv], en su reportaje “Ciudades viejas. El Toboso”, escrito por el propio Benito Pérez Galdós, recoge fidedigna y literariamente la crónica de esa visita a la patria de Dulcinea.

Foto © Zacarías López-Barrajón Barrios

Si una imagen vale más que mil palabras, aquí están las fotos, que atestiguan, no sólo el viaje galdosiano por tierras de La Mancha toledana – a excepción de Villacañas y la Villa de Don Fadrique-, sino la sociedad de la época de nuestros pueblos con su peculiar y rico paisaje y paisanaje.

 

ZACARÍAS LÓPEZ-BARRAJÓN BARRIOS

Académico Correspondiente de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo


Referencias Bibliográficas

 

[i] Documento prestado por José Luís Fuentes Guzmán “Tavira” de su archivo particular.

[ii] María Dolores SAIZ y María Cruz SEOANE. Historia del periodismo en España, vol. 3. 1983, p.109.

[iii] El Progreso Ilustrado, año IV, número 24, 27 de junio, s/p., 1909.

[iv] Sobre la figura de Tomás Romero ver: Vicente Torres ENCINAS y Claro Manuel FERNÁNDEZ-CABALLERO MARTÍN-BUITRAGO: “Tomás Romero. Periodista y político de relevancia nacional” en II Jornadas de Historia de Herencia, pp.82-101, 2016.

[v] Teresa FERNÁNDEZ DÍEZ: La línea de ferrocarril Villacañas-Quintanar de la Orden: Una línea de ferrocarril abandonada. Una ruta de investigación educativa”. Diputación de Toledo, p. 92, 2007.

[vi] El Eco del Gigüela. número 78, 15 de junio, pp.1-2, 1909.

[vii] El País, 8 de junio, p. 2, 1909.

[viii] Nuevo Mundo, número 834 del 30 diciembre, 1909.

[ix] Ibidem, nota 4.

[x] Ibidem, nota 5.

[xi] Ibidem, nota 3.

[xii] Para saber más sobre la figura de Tomás Romero ver: Vicente Torres Encinas y Claro Manuel Fernández-Caballero Martín-Buitrago: “Tomás Romero. Periodista y político de relevancia nacional” en II Jornadas de Historia de Herencia, pp.82-101, 2016.

[xiii] Ibidem, nota 3

[xiv] ABC, 19 de septiembre, p. 3, 1963.

[xv] LA ESFERA, números 86 y 87, 1915.

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Los escenarios del Quijote en la Mancha

Fecha de Publicación: 26/07/2021

 

EL CRUCE  DEL FALSO LIBRE ALBEDRÍO DE ROCINANTE

“En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y por imitarlos estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza” (Q1, 4)

¡¡ El camino de su caballeriza!! Bien sabía don Quijote el camino que iba a tomar Rocinante cuando le deja las riendas sueltas en este cruce. El mismo camino que él quería seguir para cumplir con lo indicado por el ventero y hacerse en su pueblo de un escudero y otras cosas tocantes a la caballería andante. ¿Si no conociese don Quijote la querencia de Rocinante habría dejado en este momento de la aventura las riendas sueltas al libre albedrío de su caballo? Rotundamente, no. Si a un lector actual esta acción de don Quijote le puede parecer un guiño a la libertar de elección de su propio caballo, los lectores coetáneos de Cervantes ya sabían que el caballo tomaría la querencia natural de irse a su cuadra, el objetivo de su amo. Cervantes fue un prolífico viajero, debido en gran parte a sus oficios como funcionario de la Corona, y sus malas experiencias con caballos y mulas de alquiler, que a la más mínima toman el camino fácil de su cuadra, le sirvió para incorporarlas en este punto de la aventura a su texto y de paso reírse de los  caballeros andantes que al llegar a un cruce de caminos «se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían». Sin duda alguna esta actitud de don Quijote arrancó las risas de los primeros lectores cervantinos, que era lo que pretendía el autor, y sin embargo hoy da lugar a ensayos y sesudas conferencias sobre “el libre albedrío o la libertad en el Quijote”.    

A este cruce de caminos os quiero llevar. Y así, con el Quijote en la mano, tablet o teléfono podáis leer este gracioso momento cervantino contemplando la misma imagen del territorio manchego que inspiró a Cervantes como un escenario de su novela.  

Desde el paraje donde creyó liberar al pastor Andrés de los azotes de su amo, el siguiente punto de interés o hito cervantino geográfico es precisamente este cruce de caminos formado por dos variantes del Camino de Toledo a Murcia: El Camino de El Toboso a Las Mesas o Camino de los Valencianos y el Camino de Campo de Criptana a Mota del Cuervo. Siguiendo los pasos de Rocinante me dirijo a él un día «de los calurosos del mes de Julio» ¿De qué me suena esta frase…?  

Don Quijote iba por este camino orgulloso de su recién estrenado título de caballero andante, «pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías». Dice el narrador de la historia que hablaba consigo mismo en estos términos:

“—Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha; el cual, como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad: hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel delicado infante.” (Q1, 4)

Estimado lector de mi blog, puede que te sorprenda que el narrador apunte aquí que don Quijote «como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad», cuando tú bien sabes que el fingido nombramiento ha sido durante la noche de este mismo día, hacía muy pocas horas. Pero estás en la Mancha y aquí, como en otras muchas partes de Castilla, los días comenzaban, y comienzan, cuando uno se levantaba de la cama y ponía los pies en el suelo, lo sucedido anteriormente es sencillamente ayer. No te sorprendas si entrada bien la noche, cuando tu reloj ya te indique que estás en un nuevo día, alguien en la Mancha se despida de ti con un ¡hasta mañana!

A 1,25 km de la aventura de Andresillo, por el Camino de los Valencianos hacia El Toboso, tengo que cruzar la carretera CM-420  (39º 27′ 05.38″ N – 2º 54′ 19.50″ E). El camino es suave y a unos 600 m paso junto a una casa de labor conocida de antiguo como Casa Escama y hoy reconvertida en una finca con reses bravas de nombre Monte Protestante.

El camino, todavía en el término de Mota del Cuervo, torna a descender suavemente. El paisaje es de cultivos de cereal, recién segado, y de vid con algunos chaparros que nos recuerdan el antiguo paisaje de bosque de encinas que flanqueaba el camino. La mano del hombre cambiando los usos del suelo casi ha borrado el bosque de encinas en la imagen del territorio en toda la comarca de don Quijote.

A unos 2,6 km, desde que crucé la carretera, entro en el término municipal de Pedro Muñoz unos metros antes de cruzar el arroyo o Zanja de la Horma (39º 27′ 53″ N – 2º 55′ 48″ E).A mano derecha, a lo lejos, se ve otra antigua casa de labor o quintería manchega conocida como Casa de la Horma. Solo 600 m después de este arroyo dejo el término de Pedro Muñoz y entro en el término cervantino de El Toboso, unos 100 m. después de dejar el cruce con el camino de Pedro Muñoz a la Casa de la Horma. Una pequeña casa agrícola de construcción actual nos marca este cruce (39º 28′ 02″ N – 2º 56′ 04″ E) Sigo de frente hacia «la gran ciudad del Toboso».

Ya estoy cerca del hito cervantino. Aunque son las 10 de la mañana el sol aprieta sobre mi cabeza amparada con un sombrero de paja. A 3,9 km  desde que crucé la carretera llego a él, el cruce del fingido libre albedrío de Rocinante (39º 28′ 19″ N – 2º 56′ 32″ O). Abro aquí mi mochila y leo:

En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y por imitarlos estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza” (Q1, 4)

Hoy este simple cruce de caminos, de uso casi exclusivo para las labores agrícolas,  en tiempos de la escritura del Quijote era muy transitado por numerosas personas a pie, a caballo o en carros y carruajes. Viajeros, funcionarios, comerciantes, arrieros y trajinantes de todo tipo iban y venían de Toledo al reino de Murcia o hacia Cuenca camino de Aragón. Hoy el silencio es casi absoluto, ¡un silencio que se oye!, delicadamente roto por el canto de los pajarillos y el susurro del solano, este viento tan nuestro y esperado en todos los amaneceres del verano manchego.

Hago igual que el bueno de Rocinante y desde este cruce sigo el mismo camino que él eligió con don Quijote a horcajadas sobre su lomo, él hacia el lugar de su cuadra y yo a mi casa, los dos hacia Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote.

A «como dos millas» de este importantísimo cruce de caminos llegaré a un paraje de triste recuerdo para Rocinante y para las costillas de don Quijote. Os lo contaré en un próximo artículo.

                                                                Luis Miguel Román Alhambra   

 

Publicado en Alcázar Lugar de don Quijote

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Tico siempre estarás con nosotros

Fecha de Publicación: 05/07/2021



Tico Medina cuyo rostro está inmortalizado en la estatua de Sancho Panza de la Plaza de España de Alcázar, obra del escultor Marino Amaya, realizada en 1970-1971

Hoy 5 de julio nos ha dejado Tico Medina, maestro de periodistas, leyenda viva del periodismo español y enamorado de Alcázar de San Juan y de su patrimonio folclórico y cervantino. Involucrado en las fiestas de la Virgen del Rosario y de los Festivales de la Canción de Primavera, impulsor de la Orden de los Escuderos llamados Sanchos y su eterno Gran Maestre. Recientemente había sido nombrado «Socio de Honor» de nuestra Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan, 5 de julio de 2021.- Resulta imposible glosar en pocas palabras la vida y andanzas de Tico Medina, granadino de nacimiento, pero ciudadano del mundo, y un alcazareño más, sobre todo después de un accidente automovilístico que provocó un vuelco de su vehículo estando ya muy cerca de Alcázar y del que resultó ileso, considerando que volvió a nacer, por lo que se sentía alcazareño.

Escolástico Medina García fue maestro de periodistas, reportero y viajero incansable, testigo de primera mano de la historia de su época en la que entrevistó a personajes como Fidel Castro, Pablo VI, Haile Selassie, Salvador Dalí, Che Guevara, Golda Meir, Hassan II, Richard Nixon, John Lennon o don Juan Carlos de Borbón entre otros.

Trabajó en Radio Granada, el Diario Ideal, Informaciones, Pueblo, fue redactor jefe de la revista ¡Hola!, jefe de reporteros de ABC y enviado especial en buena parte del mundo. Por lo que respecta a la televisión, estuvo presente constantemente en Televisión Española como periodista y presentador. En los últimos años también trabajó en Canal Sur. Desde hace seis años hemos podido escucharlo en la radio, en el programa Herrera en la Cope desde donde analizaba la actualidad.

Autor de más de veinte libros, y poseedor del Premio Ondas (1961), Antena de Oro, la Medalla de Andalucía (2008) y la Medalla al Mérito en el Trabajo (2017).

Su vinculación con Alcázar de San Juan es apabullante, quería tanto la ciudad como los alcazareños lo querían a él. Además de impartir conferencias y presentar diferentes actos religiosos de la Virgen del Rosario (patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad) y Festivales de la Canción de Primavera, fue el impulsor de la Orden de los escuderos llamados Sancho, más conocida como la orden de Sancho Panza.

 

                                    “a la sombra de un molino en verano,

                                    al calor de unas vides en invierno...

                                    nació la orden de Sancho Panza.

 

Con estas palabras iniciaba su artículo en el diario Pueblo del 19 de febrero de 1964 donde anunciaba el nacimiento de la Orden de Sancho Panza. En una ventosa y fría tarde del mes de febrero de 1964 se reunieron en la finca conocida por la Platera, junto a Tico Medina, ocho alcazareños entusiastas de la figura de Sancho Panza y acuerdan fundar la referida Orden basándose en estas tres razones: “Para exaltar la figura de Sancho, tan vilipendiado por todos, y sin embargo, tan importante para la obra inmortal de Cervantes. Para promoción de la amistad entre las gentes y los pueblos de buena voluntad y buen peso. Y para proyectar a todo el mundo los auténticos valores espirituales de la Mancha” (Manuel Rubio Morano. Orden de los escuderos llamados Sancho).

Al contrario que Don Quijote, que nunca pudo cumplir el íntimo propósito de su corazón de armar a Sancho caballero, Tico Medina y esos ocho entusiastas alcazareños, sus fieles comendadores, si consiguieron dar a luz a la “Orden de los Escuderos llamados Sanchos” que con orgullo e hidalguía transitó por nuestra tierra bajo los auspicios de la sincera y leal figura de Sancho Panza, espejo en el que todos ellos se reflejaban.

Este fue el origen de que Alcázar de San Juan se situase en el mapa turístico de España. Esta iniciativa supuso no solo el despegue turístico de la ciudad, sino que fue objeto de atracción y puerta de entrada al mundo cervantino manchego de las grandes personalidades de la época que todas querían conocer nuestra ciudad, nuestras costumbres y visitar tanto la silla de Sancho en la Platera, como el molino Sancho Panza (sobre cuya puerta ostentaba esta divisa: “Tanto monta, monta tanto, don Quijote como Sancho”) que la ciudad regaló a Tico Medina, pero que él rehabilitó totalmente a sus expensas, y que inauguró “en nuebe días del mes de noviembre de mil novecientos sesenta y seis” coincidiendo con la fecha en que los alcazareños conmemoramos el bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra.

Recientemente, en diciembre de 2020, la Sociedad Cervantina de Alcázar lo ha nombrado “Socio de Honor” y debido a su delicado estado de salud le enviamos por mensajería a su domicilio el nombramiento, teniendo pendiente de celebrar estando él presente -en nuestra sede-, el acto de reconocimiento que se merece y en el que hubiese disfrutado como protagonista del enorme aprecio y admiración que le profesamos en esta Sociedad, pero por desgracia no ha podido ser y los proyectos  como el nombramiento del  «Gran Sancho Panza» (dando continuidad a la Orden de los Sanchos) que teníamos pendientes con él, se han desbaratado.

Escolástico Medina García (modelo para el “Sancho” de la plaza de España que realizó el escultor Marino Amaya) que como Sancho Panza has sido una persona buena, honesta, equilibrada, inteligente, trabajadora, sincera, leal, poseedora de un alto sentido de la amistad, lo que nos autoriza a llamarte querido amigo, desde Alcázar de San Juan te decimos adiós con mucho cariño y con nuestro agradecimiento por todo lo que hiciste por nuestra ciudad. Que el Señor te acoja en sus brazos para lo que contribuimos modestamente con nuestra sentida oración.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Carrascosa: el pasodoble que eclipsó al torero. Retrospectiva del matador de reses bravas Laurentino Carrascosa Peñuela y del pasodoble que le dedicó Jaime Teixidor

Fecha de Publicación: 21/06/2021
Imagen de Laurentino. Heraldo Manchego 20 de septiembre 1930

 

La profesión de torero, además de comprometida y sacrificada, ha estado tradicionalmente revestida de un categórico romanticismo que, complementado con la fama y fortuna económica que las grandes figuras revelaban, hizo en la primera mitad del siglo, que infinidad de jóvenes y adolescentes, la mayoría de condición humilde, con sueños de superación y triunfo, se lanzasen a probar suerte en ese arte.

La gran afición que desde niño profesaba Laurentino Carrascosa hacia el toro, la había conformado de modo propio, ya que provenía de una tradicional familia de labradores sin vinculaciones taurinas. Su padre, Eulalio Carrascosa, era un agricultor alcazareño de los considerados ricotes o de media costilla, con las necesidades económicas más que cubiertas a través de la explotación de sus tierras. Esto, junto al riesgo que suponía ponerse delante de un toro, resultaron determinantes para que su familia, en un principio, se opusiera a que fuese torero. Pero todo resultó inútil, la desmesurada afición de Laurentino le llevó a concebir firmemente, la idea de dedicar su vida profesionalmente, al mundo de los toros. De poco valieron los reparos y objeciones de sus amigos más íntimos, tratando de disuadirle cuando dio los primeros capotazos, ni las suplicantes lágrimas de su madre fueron bastante para desviarle de sus propósitos. Todo fue inútil, Laurentino sentía verdadero amor por la profesión, y a ella apelaba, no por necesidad, ni mucho menos, sino por amor al arte. Sus comienzos se revelan organizando y participando en becerradas y festivales para aficionados en la localidad. 

De la primera actuación como becerrista que se tiene constancia, es la que se produjo el 28 de mayo de 1922, en un Festival Taurino celebrado por aficionados. En aquel tiempo, la afición a los toros era muy significativa, todos los años se organizaban becerradas: de ferroviarios, del comercio y otros gremios. En esta ocasión, compartían cartel en la becerrada dominguera: Pablo Cuartero, Arturo Castellanos, Laurentino Carrascosa y Avelino Nieto, “Ostioncito”. Las reses eran de la cavada de Antonio Sánchez Tardío, de Añover de Tajo (Toledo).

Germen de esta afición por el toro, le llevó a vestirse de luces como profesional, haciendo su presentación el 19 de abril de 1925, en la novillada sin picadores celebrada en el antiguo coso de la Covadonga, de Alcázar de San Juan, compartiendo cartel con Manuel Rodríguez Rufo y Esteban Arias; lidiando una res cada uno de la ganadería de Sánchez Tardío. Completaron el cartel, los becerristas Juanito Martín Caro “Chiquito de la Audiencia”, y Joselito Miguelañez, con dos erales de la misma vacada. Destacar a este respecto que esa tarde que Laurentino se vestía por primera vez de torero, sus padres cerraron su casa ausentándose de la población; con lo que Laurentino, hubo de vestirse en el hostal Raboso.

Un lustro después, el cronista del Heraldo Manchego, recreaba en página de portada la indumentaria que portaba Laurentino en su puesta de largo como novillero: «empujado por su afición, va un muchacho, embutido en un traje mohoso y viejo, que en tiempos fue de oro (…) Fulge el sol al dar en su raído traje y chispean las falsas lentejuelas como brillantes verdaderos». Si bien el cochambroso vestido no fue óbice para que Laurentino sentara las bases de lo que sería su línea y recorrido como novillero, destacando de forma admirable en todos los tercios de la lidia, cortando trofeos y saliendo a hombros del coso, como así lo acredita la reseña del semanario taurino El Toreo que, resume la actuación de Laurentino Carrascosa en una sola palabra: «superior».

A partir de aquí, las intervenciones de Laurentino en el coso alcazareño se repitieron, con muy diferentes valoraciones al respecto. Hay que destacar que en esa época había festejos taurinos en Alcázar prácticamente todos los domingos. Así pues, un mes después de su debut, volvía a torear una novillada, esta vez con toros resabiados de Sánchez Tardío, en la que el talante y la falta de experiencia hicieron que sus actuaciones resultasen, a tenor de la crónica recogida en la revista satírica KChT, cómicas y desproporcionadas: «El torero local, Carrascosa, nos hizo reír un rato con sus extravagancias, y en algunos momentos se arrimó al toro, pero con ese valor que da la inconsciencia». Del mismo modo, en la novillada del 30 de agosto de 1925, actuando junto a Vizcaíno, la valentía de Carrascosa se vio nuevamente eclipsada por su inexperiencia, como así lo recoge la revista El Toreo: «Carrascosa, muy valiente, pero algo torpe». A tal efecto, su pundonor le hizo no aceptar la oreja del tercer novillo considerando que su actuación no había sido merecedora de dicho premio.

Fue la temporada siguiente cuando Laurentino comenzó a prodigarse fuera de la localidad, matando novilladas en las plazas de Linares, Almagro, Quintanar de la Orden, Villarrubia, Santa Cruz de Múdela, Tomelloso y Caravaca, donde termina la temporada, obteniendo un clamoroso éxito en todas ellas. En diciembre de 1926, la revista Valenciana defensora de la afición, La Reclam Taurina, ya se hacía eco de la valentía y arrojo del joven novillero, pronosticándole un futuro tremendamente prometedor: «Carrascosa es todo afición, muy valiente y desenvuelto, por lo que se colocará pronto».

Protegido e impulsado por el ganadero Luis Eizaguirre, Laurentino prepara la temporada en la finca que éste disponía en los Montes de Toledo, dando comienzo a la nueva campaña el 20 de marzo de 1927 con una novillada en la plaza de Linares, junto a Currito de la Cruz, al que supera con creces. El cronista de El Despertar resume su intervención con esta categórica frase: «Carrascosa en quien, la afición, el valor y el arte no escasean». Lidia corridas en numerosos pueblos de dentro y fuera de la comarca, pudiendo destacarse el categórico triunfo obtenido en Almagro, el 6 de agosto de 1927, donde corto las cuatro orejas y los dos rabos de sus novillos. La prensa nacional comienza a hacerse eco de los éxitos del incipiente novillero, originando cierto interés en el ambiente que rodeaba a la fiesta. Tanto es así que, con tan solo tres años de oficio, el compositor catalán Jaime Teixidor le dedica en 1928 un magnífico pasodoble en homenaje a sus triunfos como novillero.   

La primera partitura del pasodoble CARRASCOSA se publicada en Barcelona a mediados de 1928, formando parte de una colección de 10 bailables titulado “Alegrías” (BNE. Signatura MP/5105/23. Sala Barbieri), con litografía e impresión de música de Joaquín Mora. Por el mismo tiempo, el semanario alcazareño El Despertar anunciaba en sus páginas su estreno por la Orquesta del Teatro Moderno en la segunda sección de cine del 29 de julio de 1928. Se trataba de la orquesta de Manolo Iniesta, encargada de amenizar las funciones del Teatro en tiempos del cine mudo. Del mismo modo, la casa SÁIZ publicitaba la edición de la partitura del pasodoble a todo lujo.

Anuncio Manuel Saiz. El Despertar. 2 septiembre 1928

La notoriedad de Laurentino continua en aumento gracias a su valentía y buen hacer. El corresponsal de La Lidia, creyéndole uno de tantos, se ve sorprendido por la faena que el diestro coronó en La Carolina el día de Santiago Apóstol de 1928, afirmando que: «de seguir como le vimos este día, pronto será una figura». El cronista no escatima en alabanzas a sus maneras de torear: «posee un arte repleto de elegancia, acompañado de una valentía extremada», concluyendo con una intención que, como veremos más adelante, lamentablemente nunca se llevaría a cabo: «Su apoderado nos afirma que pronto le veremos por aquí» refiriéndose a la plaza de Madrid. La soberbia faena de Carrascosa en La Carolina le suponen la firma de tres corridas en Úbeda, Castellar y Santiesteban, sin dejar de lado las comprometidas en Almagro, Herencia y Campo de Criptana, que resultan memorables para el novillero. Si bien resulta digna de destacar la tarde en que se encerró él solo, en el coso de Pedro Muñoz, con cuatro novillos toros de Eizaguirre. De la bravura de los astados baste decir que el tercero tomo hasta seis puyazos. Relatan las crónicas que toreó con capa y muleta, banderilleó y mató a los cuatro morlacos de manera sobresaliente, obteniendo orejas, rabos y salida triunfal. El Dr. Mazuecos se hace eco en su obra de la anécdota protagonizada por Fernando González “Pitos”, amigo y seguidor infatigable de Carrascosa, en esa corrida:

«Pitos, como siempre iba detrás de Laurentino para retratarlo toreando, (…) uno de los toros, semental grandísimo, llamado Canastillo. Habían convenido que lo retratara entrando a matar, Fernando se acercó valerosamente y cuando ya estaba perfilado, dice Laurentino: ¡Ahora, Pitín! y Fernando disparó con decisión. Todos acudieron con gran interés a ver la fotografía, pero lo que sacó fue al chico de las gaseosas»

A raíz de su excelente actuación en Pedro Muñoz, Laurentino confiere poderes a Luis Estival “africano”, afamado representante taurino con el cual firma más de veinte novilladas en la comarca manchega. Tanto es así, que en una semana torea en Castellar, Villarrubia y Mota del Cuervo: «donde por negarse a torear la cuadrilla contratada, alegando el mucho peso de los toros, tuvo que ir allí requerido por la empresa, a lidiar tres novillos de arrobas y muy respetables», resultando superior en todos los tercios.

Titular “Toros en Pedro Muñoz”. El Despertar. 19 septiembre 1928

La experiencia de lidiar él solo una corrida completa le resulta muy atrayente, llevándolo a cabo nuevamente en Torralba; si bien, en esta ocasión el tamaño de los toros evidencia su principal limitación para la lidia: la poca altura, como así lo destaca la crónica de El despertar: «los toros eran muy grandes y el torero mu chico», valiéndose para someter a los morlacos, como siempre, de los tres grandes axiomas personales que le auxiliaban: habilidad, voluntad y mucho valor. Así, una vez más la actuación le supone un triunfo coronado con una merecida salida a hombros, que se repite en Madridejos, con toros de 4 años y 24 arrobas de peso, y en Las Mesas. Coyuntura que hace suponer a propios y ajenos que: «la temporada próxima será sin ningún género de dudas la temporada que le colocará en la cumbre», destacado así por la prensa local.

Pero no todo son elogios y felicitaciones para con Laurentino, después de tres años en el circuito profesional su nombre no ha sido visto en plazas de capital alguna. Hecho que, de manera peregrina, justifican sus paisanos no ser por falta de fama y contratos: «sino que repleto de conocimientos taurinos, quiere sostenerse en plazas de menor categoría, para que, llegado el momento de aceptar algunos de los ofrecimientos que tiene en plazas de primera fila, su presentación, no deje dudas a nadie y de una vez sentar la ejemplaridad de que es torero». Lo cierto y verdad es que Laurentino no pasaba de actuar en plazas de tercera, y no toda la afición le mantenía esa consideración de torero. Carrascosa, aun disponiendo de un lucido pasodoble, era en el ámbito nacional un novillero principiante e ignorado al que sus detractores descalificaban y menospreciaban. Hasta sus incondicionales mantenían que le faltaba mucho por aprender. De esa época precisamente se conserva el popular dicho atribuido a un aficionado que viendo torear a Laurentino en una de sus tardes más desafortunadas le profirió: «con lo mal que torea este tío y que pasodoble más hermoso tiene».

Pese a todo, para la prensa alcazareña Laurentino encaraba una nueva temporada con todas las garantías de triunfo, participando en las faenas de tienta y acoso de diferentes ganaderías en Algeciras, La Línea y Jerez de la Frontera, certificando el cronista, con verdadero alarde de optimismo, que las negociaciones para su presentación en las plazas de Valencia, Córdoba y Sevilla estaban prácticamente cerradas.

Anuncio Manuel Sáiz. El Despertar. 5 mayo 1929

Mientras que las ilusiones de triunfo del novillero se iban frustrando, a causa de intermediarios, comisionistas y negociantes, el éxito de la composición dedicada por el maestro Texidor al torero se hacía realidad. La calidad de la partitura era manifiesta y un año después de su composición, en abril de 1929, la casa discográfica REGAL edita el pasodoble flamenco “CARRASCOSA”, grabado por la Banda del Regimiento Wad-Ras de Madrid. Resultando insólito el hecho que el pasodoble fuese interpretado en plazas en las que Laurentino jamás toreará. Tanto es así que, debido a contrariedades entre empresarios y apoderados en la disponibilidad de fechas, su esperada aparición en la plaza de Vista Alegre de Madrid se ve truncada en los primeros meses de 1929. Cambios que le suponen, además de perder para siempre la ocasión de debutar en Madrid, la pérdida de un contrato en la plaza de Málaga, retrasando igualmente el comienzo de la temporada hasta la corrida de Santiago Apóstol en Tomelloso.

Disco de pizarra REGAL Disco de pizarra REGAL conteniendo el pasodoble “CARRASCOSA”, grabado en 1929 por la Banda del Regimiento Wad-Ras de Madrid, dirigida por Pablo. Cambronero

Pero lejos de perder el ánimo, en agosto torea en Pedro Muñoz, saliendo nuevamente a hombros de la plaza, triunfo que le permite firmar diez novilladas para el mes de septiembre en la comarca.

Por ese tiempo, aprovechando la inminente feria alcazareña, el conocido establecimiento de Manolo Saiz ponía a disposición de sus clientes las partituras para piano, banda y orquesta, así como los discos Regal del pasodoble flamenco “Carrascosa”, bastante popular ya entre rondallas y bandas de música. No pasa desapercibido que, meses antes, el diputado por la provincia de Ciudad Real, José Toribio, regalase a la Banda Provincial una colección de partituras entre las que se incluían: «el precioso pasodoble que Texidor ha dedicado al valiente diestro alcazareño Laurentino Carrascosa» como señalaba el diario capitalino El Pueblo Manchego. Obra con la que abrió su concierto de ferias la Banda de música del Hospicio Provincial y el Orfeón Manchego en el teatro Moderno de Alcázar el 9 de septiembre de 1929.

Anuncio de la casa M. Sáiz, Ferias y fiestas 1929 de Alcázar de San Juan

Laurentino concluye la temporada inaugurando el nuevo coso herenciano, compartiendo tarde con Cagancho y Reyes Vargas en una corrida mixta de ferias, concebida expresamente para él. La fenomenal faena que imparte al quinto novillo le supone cortar ambas orejas y rabo, saliendo en hombros por la puerta grande. Sin embargo continúa sin opción a torear en plazas importantes donde mostrar su oficio y poder ascender en el escalafón. El hecho de tener sobradamente cubiertas sus necesidades económicas hacían de Laurentino un novillero atípico y difícilmente manejable por intermediarios, a pesar de ser estos los verdaderos conseguidores de los ambicionados contratos en plazas de primera.  Destacaban los que le conocían, que su caso resultaba realmente insólito, pues solo le preocupaba su arte, como a cualquier artista. Carrascosa se resistía a ese mercantilismo que imperaba en la fiesta, siendo incapaz de pordiosear una corrida, aunque fuese en la plaza de Madrid. A este respecto, el semanario valenciano La Reclam Taurina justificaba la conducta del diestro a que: «su modestia le alzo rehusar contratos en plazas de categoría hasta estar más hecho». Por ese tiempo, la mayoría de los novilleros mantenían un desmesurado afán por doctorarse sin estar en condiciones perfectas para ello. Lo que suponía que, lejos de conseguir un aumento en sus ingresos, pasaran a abaratar sus cachés si querían hacerse hueco en la nueva categoría.  

En la tienta celebrada por el ganadero Bernardino Giménez en Nava Redonda (Linares), Laurentino conoce al responsable de la plaza de Ciudad Real, procurándole su esperado debut en la capital manchega semanas después, resultando triunfador.  

Al igual que la temporada anterior, en 1930 los éxitos se multiplican, toreando, después de Ciudad Real, en la fiesta grande de Villacañas, junto al niño de la audiencia, actuación que le supone repetir cartel en el Corpus. En los previos a la corrida relata BITORIO, cronista de El Despertar que: «mientras la garrafa hacia su primer recorrido, llega la música y nos enjareta el pasodoble del matador». Y efectivamente, la popularidad del pasodoble es creciente entre las bandas de música de la comarca, haciéndolo sonar allí donde el novillero actuaba. En este sentido hay que destacar que Alcázar no dispone de banda de música municipal en todo este tiempo. Es a finales de junio de 1930 cuando el consistorio presenta a Juan González Paramos, ganador de la plaza de director, comenzando los ensayos un mes después.

Laurentino continúa lidiando corridas en las plazas habituales como Almagro, Herencia, Pedro Muñoz o Tomelloso; repitiendo en esta ocasión igualmente en Ciudad Real, donde participa en un festival organizado a beneficio de la Unión de Hermandades.

El Despertar 20 de julio 1930

El 26 de octubre se programa una novillada en la recientemente restaurada plaza alcazareña y sorprendentemente el nombre de Laurentino se cae del cartel, a pesar de la demanda del público, sin poder determinar las razones que ocasionaron esta inexplicable ausencia. Llevando todos los indicios a sospechar que se trata de discrepancias con el consistorio, ya que meses después, Laurentino se presenta a las elecciones municipales de abril de 1931 como independiente en la candidatura de la Concentración Agraria y Administrativa por el distrito de la Estación, su barrio de toda la vida, como vecino del Cristo que era. Los agrarios constituían agrupaciones sociales del ámbito de la derecha tradicional, integrados por medianos y pequeños agricultores de ideología monárquico-conservadora. Defendían el derecho a la propiedad privada, el cumplimiento de los principios de la religión católica, la protección de la familia, el orden social y, fundamentalmente, sus intereses agrícolas más directos. Debemos subrayar en este punto que Laurentino pertenecía a una familia acomodada de agricultores alcazareños. El hecho salta a la prensa nacional, como así lo destacaba El Imparcial del 16 de abril de 1931:

«Nos dicen que entre los aspirantes a concejal del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan figura el matador de novillos Laurentino Carrascosa. ¿Es que se retira de los toros o que aspira a figurar en los carteles de una manera original y llamativa? Por ejemplo: Laurentino Carrascosa, matador de novillos y concejal del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan».

De todos es sabido el resultado de dichas elecciones municipales, que supusieron el cambio de régimen en España con la proclamación de la Segunda República. A partir de aquí, la trayectoria profesional de Laurentino entra en declive, dejando de ser solicitado en las plazas que tanto le aplaudieron. Tanto es así, que el 14 de mayo de 1931, Laurentino mata su última novillada en Alcázar de San Juan, compartiendo cartel con Aldeano y toros de su amigo Eizaguirre, sin haber podido ascender de escalafón, ni tan siquiera tomando la alternativa circunstancialmente, como hacían otros, para retirarse de “matador de alternativa”. Así, el recorrido profesional de Laurentino Carrascosa podía resumirse en unas pocas temporadas de triunfos, alternando con matadores de toros en corridas mixtas y novilleros punteros, matando, eso sí, todo lo que salió por los chiqueros. Le faltó Madrid y las capitales taurinas más señaladas para granjearse el tan ansiado reconocimiento. Decían los que estimaban la profesionalidad de nuestro paisano que algunos grandes mataban toros medio citando a recibir, haciéndose millonarios por ello, mientras que Laurentino lo hacía regularmente, sin apenas fallar y con ello no se había hecho rico.

Por las páginas del semanario El Despertar hemos podido constatar que en las veladas musicales que la Banda Municipal realiza durante el verano de 1931 en la Plaza de la República alcazareña, dirigida por el flamante maestro Palamox, no figuró nunca el pasodoble Carrascosa en el repertorio programado. Una evidencia más de la desconsideración para con Laurentino y lo que había representado.

Una vez cortada la coleta, contrae matrimonio con Carmen Gómez, hija de Joaquín Gómez Moreno, Jefe de Estación Principal de la MZA, sin desligarse del mundo taurino, realizando escarceos en función de apoderamiento de novilleros y organizando festejos y corridas de toros como empresario. Es en julio de 1932 cuando intenta culminar el sueño de hacerse con una ganadería propia, personándose en la subasta de la vacada portuguesa de Alves do Rio, valorada en setecientos cincuenta millares de escudos, que Laurentino cubrió inicialmente sin dificultad. La hacienda que el diestro había ido atesorando en sus años de bonanza como novillero, junto al capital familiar que le correspondía, posicionaban a Laurentino como un acaudalado empresario. Siendo finalmente adjudicada en remate de un millón de escudos al opulento ganadero lusitano Infante da Cámara.

Sería después de la Guerra Civil, cuando se iniciará como ganadero, tomando en arriendo la finca de su bienhechor, Luís Eizaguirre. En aquel tiempo los Montes de Toledo acogían numerosas ganaderías de bravo, la de Veragua, la de Marcial, la del Conde de Casal o la del propio Eizaguirre. En 1947 Laurentino compra la vacada de Ignacio Covaleda Gajate, acreditándose como titular de su propia ganadería en “Los Manantiales, con divisa verde, oro y encarnada. Muchas fueron las tardes de gloria que el Carrascosa ganadero obtuvo con sus toros en la década de los cincuenta. Así, los seis ejemplares lidiados en la plaza de Alcázar en junio de 1950, a los que se dio la vuelta al ruedo por las mulillas. Del mismo modo, en la temporada de 1955 resultaron ovacionados en su arrastre los seis novillos lidiados en Tetuán, así como otras dos corridas li­diadas en Palma de Mallorca, en junio y julio d ese mismo año. En 1956 adquiere la vacada de Garro y Díaz Guerra, puro Santa Coloma, conformando así una de las ganaderías de bravo más punteras del país, con la que alcanzó cotas importantes en las décadas de los sesenta y setenta. Toros que, a decir de “El Cordobés”, serían los mejores para la lidia por lo pastueños y bravos.

Después de toda una vida dedicada en cuerpo y alma al toro, fallecía Laurentino Carrascosa Peñuela un 15 de abril de 1970. Al funeral, oficiado en San Francisco el Grande de Madrid, asistieron toda clase de personalidades del mundo taurino, así como de entidades sociales y financieras, dando medida de la gran categoría en lo económico y lo social que alcanzó nuestro admirado paisano.

Los años y las circunstancias le brindaron la oportunidad de ser testigo de la enorme proyección que su pasodoble adquirió en la segunda mitad de siglo XX, interpretándose dentro y fuera de las plazas de toros. Teixidor compuso además de Carrascosa otros pasodobles dedicados a novilleros incipientes como el de Silvino Zafón, el Niño de la Estrella, pero en ningún caso contaría con la repercusión y popularidad del dedicado a nuestro paisano. Tras la guerra civil el compositor reedito la partitura del pasodoble en varias ocasiones (Ediciones Texidor – Baracaldo). Además, con la adaptación del carácter musical y cierta celeridad en el ritmo, la composición paso a identificarse plenamente con las estudiantinas universitarias, incluyéndolo como banda sonora en diversas películas en las que la tuna aparece con mayor o menor protagonismo, como sucede con «Historias de Madrid» (1957), «La casa de la troya» (1959), «Pasa la tuna» (1960) y «El curso que amamos a Kim Novak» (1979). Del mismo modo, el pasodoble “Carrascosa” se encuadra entre los temas que conformaron el primer vinilo de tuna editado, «Cuando los “tunos” pasan» (Referencia: PHILIPS 421 282 PE), grabado por la Estudiantina de Madrid en 1958, acrecentando con ello su popularidad entre las formaciones de instrumentos de púa, tan proliferas por ese tiempo en el país.

Pasodoble CARRASCOSA, reeditado por el propio compositor (Ediciones Texidor) en Baracaldo, en la década de los cincuenta.

El pasodoble, según palabras de su propio hijo, continuador en la ganadería de bravo, es digno de auténtica figura del toreo, aunque Laurentino nunca llegara a serlo ya que su trayectoria como novillero fue corta y no demasiado brillante, es por ello que, llegados a este punto, podemos aseverar que el pasodoble eclipsó al torero.

Publicado en SALITRE – REVISTA DIGITAL DE HISTORIA

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Miguel Antonio Maldonado Felipe es un alcazareño que desde hace décadas compagina sus labores profesionales, con el estudio y divulgación de la cultura tradicional manchega y la guitarra. Dedicación que le ha llevado a realizar ponencias y seminarios, así como publicar numerosos artículos sobre música popular y temática costumbrista. En este tiempo ha sido premiado con diferentes becas de investigación, publicando cinco ensayos. En el espacio musical destacar el trabajo de recopilación y divulgación que desde 2005 viene realizando con La CaMeRaTa CeRvAnTiNa, del que es director musical y autor de todos los arreglos. Proyecto que ha servido de plataforma para la divulgación y puesta en valor del patrimonio musical popular de La Mancha, obtenido con el grupo numerosos reconocimientos, premios y galardones. Y además es miembro de esta Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

NOTA DE LA SOCIEDAD CERVANTINA DE ALCÁZAR DE SAN JUAN: Enlace al pasodoble “Carrascosa”

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¡A soslayo!

Fecha de Publicación: 21/06/2021

 

Las dos primeras salidas que hace don Quijote de su pueblo tienen en común el camino elegido. La primera la emprende solo llegando al final de la larga jornada a una venta, donde es fingidamente y entre burlas armado caballero andante por el ventero. Siguiendo los consejos de éste sobre «las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo» en su oficio de caballero, emprende el camino de regreso a casa por el mismo camino. La segunda salida está ya acompañado por su vecino Sancho Panza como escudero. Así nos describe el narrador esta segunda salida y cómo vuelve a salir por el mismo camino:

“Todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen.

Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban.” (Q1, 7)

El camino y dirección que había seguido don Quijote en estas dos salidas de su pueblo está implícitamente definido en la aventura de los mercaderes toledanos. Esta acontece en este camino, de vuelta desde la venta:

“Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie.” (Q1, 4)

Si don Quijote camino a casa se encuentra de frente con estos «mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia», él caminaba por este mismo camino dirección a Toledo, hacia el oeste. Es, por tanto, el antiguo Camino de Toledo a Murcia, en alguna de sus variantes existentes en esta zona de la Mancha,  el camino elegido por don Quijote para iniciar sus aventuras en las dos primeras salidas, caminando por él hacia el este. Sin embargo, aunque el narrador nos afirma que «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje», también nos indica que «por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban». En una simple lectura de la novela hay lectores que pretenden ver aquí un posible error geográfico de Cervantes en la elección del escenario, argumentando que «si don Quijote y Sancho iban por un camino dirección al este, por donde sale el sol, al amanecer los primeros rayos del sol les darían de frente, no de lado o por su costado como significa “a soslayo”».

En principio parece que llevan razón en apuntar un error a Cervantes, porque ¿quién no ha aprendido en la escuela que el sol sale por el este «todas las mañanas» y se esconde por el oeste? Esta afirmación geográfica elemental que llevamos interiorizada de por vida, una vez que profundizamos en esta ciencia advertimos que es cierta pero ¡solo dos días al año!, durante los equinoccios de primavera y otoño cuando los días y las noches tienen la misma duración. El resto del año el sol va desplazando su salida, hacia el norte o al sur, según la estación climatológica. En el hemisferio norte, donde nos encontramos, desde el día siguiente al equinoccio de primavera el sol se va trasladando en su salida hacia el norte, llegando en nuestra latitud de 39º N a los 30º el día del solsticio de verano, y hacia el sur, con la misma declinación, desde el equinoccio de otoño hasta día del solsticio de invierno. Un ejemplo claro para los observadores cervantinos curiosos:  Viajando por la carretera CM-3166 o por el antiguo camino de Alcázar de San Juan a la villa molinera de Campo de Criptana, éste en un buen tramo orientado precisamente al este, el día del solsticio de verano veremos salir el sol mucho más al norte de la sierra de sus molinos. Sin embargo, si este viaje lo hacemos el día del solsticio de invierno el sol lo veremos salir muy hacia el sur de Campo de Criptana.

Esto que hoy casi se nos pasa desapercibido no lo era así en tiempos de Cervantes para quienes viajando a lomos de una caballería, incluido él mismo, observaban a diario salir el sol por el horizonte, percibiendo su declinación con referencia a hitos conocidos de observación como torres de iglesias, cerros o montañas, según el día del año.

Las dos primeras salidas de don Quijote de su pueblo se producen en verano. La primera en un día «de los calurosos del mes de Julio» y la segunda aproximadamente en mitad del mes de agosto, en el «tiempo de la siega» como afirmaba Sancho Panza. En esta latitud y fechas el sol sale desplazado del este unos 25º hacia el norte, oblicuo a gran parte del Camino de Toledo a Murcia por esta comarca cervantina.

¿Qué significaba «a soslayo» para Cervantes y los lectores de su época? El término “soslayo” en el Diccionario de Cobarrubias (1611), coetáneo a Cervantes no aparece reflejado en él. Sí en el Tomo VI del  Diccionario de Autoridades (1739), primer diccionario de la RAE:«Soslayo. Voz, que solo tiene uso en los modos adverbiales, al soslayo, ù de soslayo, que valen oblicuamente, al través.» El término oblicuo tampoco aparece en el  Diccionario de Cobarrubias, sí en el de Autoridades: «Obliquo: Torcido, atravesado, no recto. Se aplica también al plano ò línea que cae fobre otro, y hace con él ò ella ángulo que no es recto: afsi los ángulos agudos y obtúfos fe llaman ángulos obliquos.»

Además de en este capítulo del Quijote, Cervantes utiliza en otras cinco ocasiones la palabra “soslayo” entre todas sus obras publicadas:

“Somos astrólogos rústicos, porque, como casi siempre dormimos al cielo descubierto, a todas horas sabemos las que son del día y las que son de la noche; vemos cómo arrincona y barre la aurora las estrellas del cielo, y cómo ella sale con su compañera el alba alegrando el aire, enfriando el agua y humedeciendo la tierra; y luego tras ellas el sol dorando cumbres (como dijo el otro poeta) y rizando montes; ni tememos quedar helados por su ausencia cuando nos hiere a soslayo con sus rayos, ni quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca; un mismo rostro hacemos al sol que al yelo, a la esterilidad que a la abundancia.” La gitanilla, 1613.

“Todos los circunstantes estaban atentos mirando el estraño y gozoso recibimiento. Sólo en el corazón de Pirro andaba la melancolía, atenaceándole con tenazas más ardiendo que si fueran de fuego; y llegó a tanto estremo el dolor que sintió de ver engrandecido y honrado a Periandro que, sin mirar lo que hacía, o quizá mirándolo muy bien, metió mano a su espada, y por entre los brazos de Seráfido se la metió a Periandro por el hombro derecho, con tal furia y fuerza que le salió la punta por el izquierdo, atravésandole, poco menos que al soslayo, de parte a parte.” Los trabajos de Persiles y Sigismunda, 1617.

“¡Apostaré que la ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
el cielo, de que goza eternamente!
Esto oyó un valentón y dijo: ¡Es cierto
lo que dice voacé, señor soldado,
y quien dijere lo contrario miente!
Y luego encontinente
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.” Al túmulo del rey que se hizo en Sevilla, 1598.

“Al volver de una esquina sentí un brazo
que el cuello me ceñía, miré cúyo,
y más que gusto me causó embarazo,
por ser uno de aquellos (no rehúyo
decirlo) que al contrario se pasaron,
llevados del cobarde intento suyo;
otros dos al soslayo se llegaron,
y con la risa falsa del conejo
y con muchas zalemas me hablaron.
Yo, socarrón; yo, poetón ya viejo,
volvíles a lo tierno las saludes,
sin mostrar mal talante o sobrecejo.” Viaje al Parnaso, 1614.

“Canten lo que quisieren.

Vivanco La música ha sido hereje;
si el coloquio así sucede,
antes que la rueda ruede,
se rompa el timón y el eje.

En acabando la música, dice el sacristán (Todo cuanto dice agora el sacristán, lo diga mirando al soslayo a Cauralí):

Sacristán ¿Qué es esto? ¿Qué tierra es ésta?…” Comedia los baños de Argel, 1615

Leyendo estas últimas cuatro citas cervantinas: «atravésandole, poco menos que al soslayo, de parte a parte», «miró al soslayo, fuese, y no hubo nada», «otros dos al soslayo se llegaron» y «lo diga mirando al soslayo a Cauralí», el significado de la palabra «al soslayo» en todas ellas es similar, hacia un lado o de lado.

Sin embargo, en la novela de La gitanilla Cervantes utiliza este término en referencia a los rayos del sol, similar a la cita del Quijote que nos interesa: «ni tememos quedar helados por su ausencia cuando nos hiere a soslayo con sus rayos, ni quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca». En estas latitudes, el día del solsticio de invierno el sol al mediodía alcanza una altura sobre el horizonte de unos 27º, sube muy poco, y en el solsticio de verano llega hasta los 73º, casi en la perpendicular de nuestras cabezas. El gitano viejo está haciendo referencia al frío del invierno «cuando nos hiere a soslayo con sus rayos» al calentar el sol poco por estar muy bajo todo el día, y al calor del verano al «quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca», o «perpendicularmente nos toca» como anotan varios editores, por ejemplo Francisco Rodríguez Marín, director de la Biblioteca Nacional y de la Real Academia Española, en su edición de Las Novelas Ejemplares.

Volvamos al Quijote. «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban». Estas dos primeras salidas de don Quijote de su casa son en verano, con la diferencia que en la primera sale poco antes de amanecer  ̶ «una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio» ̶   y en la segunda en mitad de la noche  ̶ «…una noche se salieron del lugar sin que persona los viese»  ̶  Es verano en la Mancha y a las pocas horas desde el amanecer el sol sube muy alto, siendo el calor asfixiante en el campo, ¡te dé por donde te dé!, como describe el narrador en la primera salida: «Con esto caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera».

En la segunda salida el momento de la escena es justo al amanecer, «la hora de la mañana», que «es lo mifmo que la aurora» según el Diccionario de Covarrubias, o la «primera luz del día con que el áire fe iluftra y empieza à refplandecer, por la cercanía del Sol, que por otro nombre fe dice Alba» como indica el Diccionario de Autoridades, cuando los rayos del sol están muy bajos con respecto al horizonte y,  aunque es verano, no calientan todavía. Así, aunque en estas fechas el sol sale por el Este-Noreste, ligeramente por el lado izquierdo si se camina hacia el este, «a soslayo» en esta cita cervantina tiene el significado de darles los rayos del sol a don Quijote y a Sancho muy bajos, casi planos con respecto al horizonte, coincidiendo así con el narrador: «… por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban».

Sí, a don Quijote y Sancho Panza les daban los rayos de sol «a soslayo» en este  amanecer de un día de agosto igual que durante todo el invierno, como afirma el viejo gitano en La gitanilla, cuando el sol se eleva muy poco sobre el horizonte. De esta misma manera también era percibido y entendido por viajeros, arrieros, labradores, pastores y sus lectores coetáneos.

Cervantes, sin duda alguna, iniciaba sus jornadas de viaje en el verano durante la «hora de la mañana» o al «alba», cuando la claridad del nuevo día es ya suficiente para la visión del camino y, además, los rayos del sol cuando despuntan sobre el horizonte aún no calientan en los veranos manchegos. Su experiencia de vida en los caminos queda reflejada en el texto cervantino, siendo muy preciso en la descripción de la posición del sol en el camino que llevaban sus protagonistas en ese momento. Cervantes no era geógrafo, pero sí un experto viajero que al paso de una mula de alquiler observaba y guardaba en su memoria cuánto el territorio le ofrecía.

Este artículo lo termino y publico el día 21 de junio de 2021, solsticio de verano, mientras parece detenerse el sol sobre mi cabeza. Hoy el pueblo maya eleva las manos hacia el padre Sol exclamando: ¡Loq´laj Saq´Q´ij, loq´laj K´ichich Ajaw, loq´laj Tat, loq´laj Tex!  ̶ ¡Bendito verano, bendito K´ichich Ajaw, bendito ser supremo, bendito Padre! ̶

                                                                       Luis Miguel Román Alhambra

 

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«Hideputa», el vino de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Fecha de Publicación: 16/06/2021

La Sociedad Cervantina de Alcázar ha presentado a los medios de comunicación el vino «Hideputa», se trata de un crianza de doce meses en barrica, embotellado por Bodegas Alort de esta ciudad, con el que se quiere agasajar a los invitados a los “Almuerzos de don Quijote” y que hable de Alcázar de San Juan por el mundo

Alcázar de San Juan, 15-06-2021.- En la tarde-noche del lunes 14 de junio, ha tenido lugar en la Bodega Alort el acto de presentación del vino «Hideputa» elaborado por esta conocida bodega de la ciudad para la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Se trata de un tinto de crianza, cabernet, envejecido 12 meses en barrica francesa de tostado medio, que transmite de forma intensa la personalidad de sus variedades Cabernet Sauvignon y Franc Moderno, equilibrado, sedoso y brillante. Con esta esmerada selección la asociación cultural alcazareña quiere agasajar a los invitados que recibe en su actividad denominada “Almuerzos de don Quijote”.

Se ha elegido el nombre «Hideputa» al ser la exclamación que pronuncia Sancho Panza cuando le da a beber una bota de vino el escudero del Caballero del Bosque, ensalzando sus cualidades, y reconociendo como buen mojón (catador) que se trata de un vino de Ciudad Real, es decir, de su propia tierra (Cap. 13 de la Segunda Parte del Quijote).

Estrella Cobo Andrés ha sido la diseñadora de la etiqueta en la que ha tenido en cuenta todos los aspectos representativos del vino y de la tierra: criado en la Mancha bajo cielos azules y nacido de los ocres del terruño, la etiqueta contiene además la simbólica imagen del molino de viento manchego y al mojón Sancho bebiendo y alabando el caldo, a tal efecto se acompaña de la frase expresada por el famoso escudero para reconocer las bondades del vino de Ciudad Real, ya conocido por toda España y podemos decir por todo el mundo.

Precisamente lo que pretende la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan es que este vino sea una carta de presentación, tanto de la cultura, como de la gastronomía de la ciudad y que hable de ella por el mundo ya que todos los visitantes que nos honren con su presencia se llevaran en su corazón y su estómago un recuerdo de su paso por Alcázar de San Juan.

El acto fue una reunión entrañable de amigos al que asistieron una nutrida representación de miembros de la Sociedad Cervantina, estuvo presentado y conducido por Marcos Galván Vela, locutor de Onda Cero y en el que intervinieron el socio Manuel Castellanos que hizo una magnífica lectura del pasaje del capítulo 13 de la Segunda Parte del Quijote que da nombre al vino, también habló Santiago Alonso, el enólogo de las Bodega Alort, para explicar las características del vino: un caldo de capa alta de tonalidades violáceas, de aromas frescos, minerales, con matices a cacao y fruta roja escarchada de equilibrada acidez, sabroso y de tanicidad elegante y lo más importante, que marida muy bien con gastronomía del Quijote.

También el presidente, Juan Bautista Mata Peñuela, intervino para explicar a los presentes el proceso de elección del nombre y como la Junta Directiva de la Sociedad tomó la decisión de emprender esta aventura.

El acto -en cuanto a intervenciones- lo cerró Rosa Melchor, la alcaldesa de Alcázar de San Juan y presidenta de la ACEVIN (Red de Ciudades del Vino), para elogiar esta iniciativa que no sólo es cultural, sino que afecta también a las vertientes gastronómica y turística de la ciudad y aplaudió que las fuerzas culturales de la ciudad emprendan este tipo de acciones que no pretenden otra cosa que situar a Alcázar de San Juan en el lugar que le corresponde en el mundo turístico y cervantino.

El acto de presentación terminó con la actuación de Toni Maldonado, miembro de la Sociedad que interpretó a la guitarra la “Entradilla Castellana”, de Agapito Marazuela, un arreglo realizado por él mismo para La CaMeRaTa CeRvAnTiNa, grupo de música tradicional de La Mancha (del que forma parte),  galardonado con el Premio de Nueva Creación Musical “Agapito Marazuela” 2017 (https://youtu.be/NWgf99ChyIw).

A la finalización de la actuación musical, los asistentes pudieron disfrutar de la degustación del vino y de unos aperitivos con productos manchegos en un maravilloso ambiente social en el que estuvieron presentas algunas de las autoridades de la ciudad y con una temperatura muy agradable que hizo que todos disfrutasen del evento.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Tu cita con Cervantes

Fecha de Publicación: 19/04/2021

Este mes de abril y para recordar la fecha de la muerte de Miguel de Cervantes, la Sociedad Cervantina de Alcázar va a llevar a cabo una actividad en la que los participantes leerán un pasaje del Quijote, o de cualquier otra obra de Cervantes, grabándose un vídeo con su lectura 

El fragmento leído –de no más de un minuto- deben subirlo a nuestra web cervantesalcazar.com

Alcázar de San Juan, 19 de abril de 2021.- Para conmemorar el aniversario de la muerte  de Miguel de Cervantes (23 de abril de 1616), fecha en la que también se celebra el Día Internacional del Libro, la Sociedad Cervantina de Alcázar ha puesto en marcha una actividad cultural que persigue el fomento de la lectura de Cervantes y su obra, para la que hemos invitado a todos nuestros amigos y seguidores en las redes sociales, a que se sumen a ella, leyendo el fragmento que más les guste del Quijote o de cualquier obra de Cervantes, y que la graben en vídeo con su teléfono móvil en posición apaisada.

La duración máxima de esta lectura no debe exceder de un minuto. Los vídeos se pueden subir directamente a la web de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan: cervantesalcazar.com en un apartado habilitado especialmente para ello. También se pueden enviar por wasap al número 653665243.

El plazo para recepción de vídeos estará abierto entre el 20 de abril y el 14 de mayo. Con todos los vídeos recibidos se hará un montaje especial que nos servirá para recordar esta fecha imborrable de nuestro calendario literario.

Las nuevas tecnologías nos permitirán hacer una lectura masiva (aunque no simultánea), conmemorativa de la efeméride cervantina, manteniendo así vivo el recuerdo y la admiración por la creación literaria de nuestro primer escritor (como lo calificó Juan Goytisolo), por lo que desde esta Sociedad agradecemos a todos su colaboración con esta actividad.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Ruta cervantin@lcazar con Alonso Quijano como asistente

Fecha de Publicación: 11/04/2019
 

Encuadrada en la programación de “Rutas y visitas primavera21” del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan, 11 de abril de 2021.- Con la afluencia de público prevista para el desarrollo de la actividad, reducida en esta ocasión a 9 personas y Alonso Quijano que escuchaba atentamente, ha tenido lugar el domingo 11 de abril una nueva edición de la ruta cervantin@alcazar que estuvo coordinada por la Sociedad Cervantina de esta ciudad.

Los asistentes tuvieron ocasión de conocer los lugares de Alcázar que tienen una vinculación con Miguel de Cervantes Saavedra, visitando los lugares icónicos de la ciudad que lo homenajean, lo recuerdan y hacen que se mantenga viva la tradición cervantina de Alcázar de San Juan, tradición que se remonta a la propia época del bautismo de Miguel que tuvo lugar en la iglesia de Santa María de nuestra ciudad y que se atestigua por la ubicación de la casa donde vivió el escritor en una plaza que lleva su nombre.

Esta ruta se enmarca en la programación de las rutas y visitas primavera21 que organiza el Ayuntamiento en colaboración con diversas asociaciones y entidades culturales de la ciudad.

Los asistentes conocieron, entre otras cosas, los pormenores de edición e impresión de libros en la época de Cervantes y la dificultad que conllevaba que un texto viese la luz después de que hubiera que componer los moldes para cuatro páginas de cada vez para lo que se precisaban unos 6.600 tipos de imprenta, de forma que era una labor muy especializada la de manejar los moldes en los bastidores e imprimir los pliegos en su debida orientación.

También y junto a la estatua del Quijote cósmico que Eulalio Ferrer regaló a la ciudad en 1992, los asistentes han podido tener en sus manos una edición de Calleja de 1912 como la que el propio Eulalio Ferrer obtuvo a cambio de una cajetilla de tabaco al entrar en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer (Francia) a la finalización de la Guerra Civil y con la que inició su enorme afición por el Quijote y toda su iconografía.

La ruta continuó por la iglesia de Santa María donde fue bautizado Miguel de Cervantes Saavedra y cuya partida de bautismo encontró Blas de Nasarre en 1748 y se conserva en la casa parroquial; después por la calle San Juan (antiguamente llamada de Zapateros) donde se ubicó la casa de don Juan López Caballero padre de Pedro Barba que junto con Gutierre Quijada son nombrados en el Quijote y que precisamente de este último dice descender por línea recta de varón Alonso Quijano.

En la casa donde vivió la familia de Miguel de Cervantes en la plaza del “Rosquero” o de la “Rubia” (llamada así por tener aquí una tienda María Díaz “La Rubia” que estaba casada en tiempo de Cervantes con Pedro Hidalgo Saavedra), los miembros de la Sociedad Cervantina relataron la tradición que había pasado oralmente a través de los abogados: Ordoñez (coetáneo de la familia Cervantes), Quintanar y Juan Francisco Ropero y Tardío, Agente Fiscal de la Cámara de Castilla, que relató a Fray Alonso Cano de viva voz y que el académico y militar Vicente de los Ríos la recogió en las pruebas de su proemio a la edición del Quijote publicada en 1780 por la Real Academia Española.

También los asistentes recibieron explicaciones sobre la Casa del Hidalgo que recrea la vida de los hidalgos de la época de Cervantes, así como del Arroyo Mina que en tiempos del escritor era la entrada a la ciudad viniendo por el camino de Murcia y en el que el paje de los duques pudo encontrar a Sanchica lavando la ropa, ya que hasta mediados del siglo pasado se podía ver a las mujeres de Alcázar haciendo la colada en ese mismo lugar.

Para finalizar, conocieron la importancia patrimonial que representa para Alcázar de San Juan el conjunto de azulejos del Quijote del parque Cervantes, que tiene la particularidad de ser la única azulejería conocida que recoge en sus 288 azulejos el Quijote completo (tanto el de 1605 como el de 1615), desde el principio hasta el final.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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La cocina del Quijote en Italia

Fecha de Publicación: 21/03/2021

La Sociedad Cervantina de Alcázar muestra telemáticamente la cocina del Quijote con las necesarias medidas de seguridad COVID-19 e invita a visitar esta comarca para degustar sus platos cuando las circunstancias lo permitan

Novedosa actividad cultural y gastronómica organizada en coordinación con el ITCG Ferruccio Niccolini de Volterra para difundir entre los estudiantes italianos la geografía y la gastronomía del Quijote. La actividad ha tenido lugar mediante conexión por videoconferencia desde la sede manchega con el Aula Magna del instituto de Formación Profesional italiano

Alcázar de San Juan, 21-03-2021.- El sábado 20 de marzo ha tenido lugar la actividad denominada «Don Quijote en Volterra» consistente en una conexión mediante videoconferencia en la que socios de la Cervantina de Alcázar de San Juan han explicado a los estudiantes italianos la geografía manchega del Quijote y les han enseñado la elaboración de diferentes platos de la cocina del siglo XVII.

El Istituto Tecnico Commerciale Geometri Industriale Ferruccio Niccolini de Volterra (Pisa) en Italia imparte formación profesional de las ramas de cocina, hostelería y dirección turística, y por medio de esta actividad los estudiantes italianos han tenido ocasión de conocer un poco mejor la Mancha de don Quijote y han podido ver en directo la elaboración de dos platos de la cocina del Quijote como son los duelos y quebrantos y los gazpachos manchegos. Esta actividad cultural ha sido posible por el impulso personal de su profesora Laura Alba García.

En la conexión que ha durado unas tres horas, primero se han presentado los ingredientes que forman parte de ambas recetas y luego se ha visto paso a paso y con una cámara en directo -instalada frente a los fogones- el modo de elaborarlas.

En los tiempos muertos en que los alimentos se iban cocinando, los cervantistas alcazareños han mostrado las cualidades geográficas y turísticas de la Mancha de don Quijote haciendo hincapié en que esta comarca no es una entelequia sino una comarca real que se puede y se debe visitar si uno quiere impregnarse del espíritu quijotesco.

Una vez terminada la demostración y cocinados los platos, ya con un mayor conocimiento de la geografía manchega, los alcazareños han recomendado vivamente a los alumnos italianos que no dejen de visitar esta comarca para degustar las recetas elaboradas hoy y otras muchas más, igual de exquisitas, cuando las circunstancias lo permitan.

La actividad cultural ha resultado un éxito gracias a que el guion elaborado previamente se ha ido cumpliendo prácticamente al minuto, consiguiendo mantener la atención de los alumnos durante las tres horas de la transmisión, los cuales han valorado muy positivamente esta experiencia. También los profesores han evaluado muy satisfactoriamente esta actividad totalmente novedosa para ellos y han felicitado a la Sociedad Cervantina por su contenido y su amena exposición.

Ahora sólo queda que los alumnos hayan tomado buena nota de lo aprendido y se han comprometido a mostrar, tan pronto como les sea posible, el resultado de su trabajo.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Nuestra Sociedad Cervantina estará en Marte en el próximo viaje de la NASA al planeta rojo

Fecha de Publicación: 13/03/2021

Tarjeta de embarque hacia Marte a nombre de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

La misión a nuestro planeta vecino Marte, que la agencia espacial estadounidense NASA comenzó en julio de 2020 y el 18 de febrero de 2021 logró culminar con éxito al depositar sin incidencias en suelo marciano el quinto robot explorador, el rover llamado Perseverance.

Se trata del robot más sofisticado jamás enviado al espacio y tendrá como objetivo buscar evidencia para responder grandes preguntas como si hay señales concretas de vida microbiana pasada en Marte.

Pero además este robot esconde varias curiosidades como por ejemplo que lleva incorporados tres chips de silicio con los nombres de casi 11 millones de personas que se inscribieron en el portal de la NASA para viajar en la misión.

Nosotros no hemos llegamos a tiempo en esta ocasión, pero ya nos hemos apuntado para formar parte de la próxima misión que está previsto salga desde Cabo Cañaveral en Florida hasta el suelo marciano en julio de 2026.

Estamos deseando que llegue pronto esa fecha, entonces será posible que Sociedad Cervantina de Alcázar no sólo estará en la Tierra sino que también estará presente de algún modo en Marte.

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Blas de Cervantes Saavedra

Fecha de Publicación: 23/11/2021

 

Partida de bautismo de Miguel de Cervantes que se conserva en la parroquia de Santa María de Alcázar de San Juan

“En nuebe días del mes de Noviembre de mil quinientos cincuenta y ocho, bautizo el Rdo. señor Alonso Díaz Pajares un hijo de Blas de Cervantes Sabedra y de Catalina López que le puso nombre Miguel, fue su padrino de pila Melchor de Ortega acompañados Juan de Quirós y Francisco Almendros y sus mujeres de los dichos”.

Así reza la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra que se conserva en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan.

No es nuestra intención debatir aquí, ni mucho menos polemizar, sobre esta conocida partida de bautismo ni sobre la autoría del Quijote, pero sí que nos preguntamos ¿quien fue ese Blas de Cervantes Sabedra, esposo de Catalina López y padre de “nuestro” Miguel? Lo encontrado no deja lugar a dudas: un personaje real, un hijodalgo de Alcázar que participó activamente en los asuntos de la villa y llegó a ser varias veces regidor de su Ayuntamiento y alcalde de Hermandad del Concejo.

Hay cierta unanimidad en admitir que el linaje de los Cervatos y Cervantes proviene de un único tronco familiar originario de los montes galaicos – leoneses, concretamente de la comarca de los Ancares, en la parte oriental de la provincia de Lugo, en donde se sitúa el Concejo de Cervantes que hoy en día agrupa a veintiuna parroquias, entre ellas las llamadas San Pedro de Cervantes y San Román de Cervantes, así como el antiguo castro de Santa María de Cervantes del siglo I d.C. Su topónimo hace referencia a que es tierra de ciervos, lo cual queda claramente recogido en los escudos de armas de estos dos apellidos.

Según relata el poeta cordobés Juan de Mena (1411 – 1456), cronista oficial de Juan II de Castilla, en el Memorial que realizó por mandato del condestable de Castilla Don Álvaro de Luna: “el linaje de Cervatos e Cervantes son de alta sangre, que vienen de ricos homes de León e Castilla que se llamaron Munios e Aldefonso… eran gallegos de nación, que venían de la rodilla de los reyes godos emparentando con los reyes de León… e por el lugar de Cervatos se llamaron así”.

La historia nos dice que en el año 1085 el caballero Aldefonso Munio apoyó a Alfonso VI en la conquista de Toledo por lo que en premio recibió la villa de Ajofrín y que uno de sus descendientes, Gonzalo Munios de Cervatos, reconstruyó el castillo de San Servando de Toledo a raíz de lo cual, quizás por la evidente similitud fonética o para diferenciarse de su hermano Pedro Alfonso, cambió su apellido de Cervatos a Cervantes dando lugar al nacimiento de este linaje que continuó en su hijo Juan Alfonso de Cervantes, Comendador de Malagón en la Orden de Calatrava, y en su nieto (o bisnieto según otros historiadores) Alfonso Gómez Tequetique de Cervantes, esposo de Doña Berenguela Osorio.

En la siguiente generación nos encontramos a Don Diego Gómez de Cervantes y Osorio, casado con Doña María de Cabrera y Sotomayor, padres de Frey Rui Gómez de Cervantes, Prior de la Orden de San Juan, y de Don Gonzalo Gómez de Cervantes esposo de Doña Beatriz López Bocanegra, hija del Almirante de Castilla Micer Ambrosio de Bocanegra, personajes que junto a sus hijos Don Rodrigo de Cervantes y López Bocanegra y Frey Diego Gómez de Cervantes, también Prior de la Orden de San Juan como su tío Frey Rui, constituyen el principal tronco familiar de los Cervantes, parte de cuyas ramas se extendieron ampliamente por toda La Mancha, especialmente por Tembleque, Consuegra, Madridejos, Camuñas, Villafranca y Alcázar.

El hermano de Gonzalo Munios de Cervatos/Cervantes, Pedro Alfonso de Cervatos, siguió portando el primigenio apellido Cervatos y de él sabemos que fue uno de los trescientos caballeros que conquistaron Baeza. De todas formas, el apellido Cervatos tuvo escasa amplitud generacional encontrándose pocos individuos que continuasen este linaje. Así, por ejemplo, a título de curiosidad, comentar que en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar tan solo hallamos una referencia relacionada con un tal Pedro de Cervatos al que, el 22 de octubre de 1490, el Concejo da una cantidad de dinero “… para en cuenta y pago de los ocho mil maravedís que el concejo lo dio porque esta villa no llevase t. ¿trigo? nenguno a la guerra de Baza… y asy cerró esta cuenta”.

Astrana Marín, en su obra Vida Ejemplar y Heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, recoge información sobre dos escudos de armas diferentes, ambos con dos ciervas, incidiendo en que uno de ellos es “el verdadero escudo de la casa de Cervantes, que venía confundiéndose con el de la de Cervatos”.

Bajo la ilustración del primero de los escudos aparece este texto:

“Escudo de armas de la Casa de Cervatos, confundido hasta ahora con el de la de Cervantes.   (Ernesto de Vilches:  Cervantes – Apuntes históricos de este apellido. Madrid, 1905)”

Y bajo la del segundo de ellos, este otro:

“Escudo de la Casa de Cervantes.    (Del Memorial de Juan de Mena – Ms. de la Biblioteca Nacional núm. 3.390)”

El alcazareño Francisco Lizcano y Alaminos, padre del pintor Ángel Lizcano, en su libro Historia de la Verdadera Cuna de Miguel de Cervantes Saavedra y López, impreso en Madrid en 1892, dice que una rama de los Cervantes se había establecido en El Toboso tras su conquista y uno de ellos, Don Lucas Cervantes y Quirós, en torno al año 1500, se asienta en Alcázar al contraer matrimonio con Doña Petronila Saavedra, señora de alta alcurnia y hacendada en dicha villa. De este matrimonio nace Don Blas de Cervantes Saavedra que a su vez se casa con Doña Catalina López. Es de resaltar que estos datos no los hemos podido contrastar personalmente, por lo que los exponemos enmarcados dentro de una gran interrogación.

Sea como fuere, en el siglo XVI aparecen documentadas en nuestro Archivo Histórico Municipal y en el Archivo Parroquial de Santa María una gran cantidad de personas, hombres y mujeres, apellidadas Cervantes, entre las que encontramos a Don Blas de Cervantes casado con Doña Catalina López, de cuyo enlace matrimonial nacieron los siguientes hijos:

Miguel, bautizado el nueve de noviembre de 1558. Cuya partida de bautismo, que encabeza este trabajo, se recoge en el folio 20 del libro de Bautismos de la parroquia de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan, que abarca desde el 1 de septiembre de 1556 al 18 de febrero de 1636 y dice que: “lo bautizó el Rdo. señor Alonso Díaz Pajares y fue su padrino de pila Melchor de Ortega acompañados Juan de Quirós y Francisco Almendros y sus mujeres de los dichos”.

Tomás, bautizado el treinta de diciembre de 1560. En el folio 71 del mismo libro se recoge que: “fueron sus padrinos de pila el sr dotor Ximénez y el licenciado contador Oviedo y Francisco López Boticario fueron madrinas Catalina hija de Oviedo y mª Díaz hija de Francisco López y la mujer del dotor Ximénez y testigo Juan López”.

Casó en primeras nupcias con Mari Díaz, pero ya viudo vuelve a contraer matrimonio con Catalina del Campo, a su vez viuda de Francisco del Valle con el que había tenido una hija llamada Ana del Valle. Se conserva su testamento realizado el 30 de julio de 1604 en el que pide que se le entierre en la iglesia parroquial de Santa Quiteria. Nombra albaceas a su esposa Catalina, a su hermano Juan de Cervantes y a Fernando de Villaescusa y herederos a sus hijos Inés, Diego, Gregorio, Jerónimo y otro por nacer al estar embarazada su esposa Catalina. El 15 de abril de 1605 Catalina del Campo, ya viuda de Tomás de Cervantes, vende unas casas de morada sitas en la calle San Andrés, hoy Emilio Castelar, a Doña Andrea de Úbeda, viuda de Juan de Salazar Bermúdez.

Leonor, bautizada el seis de febrero de 1566. En el folio 147 se halla su partida de bautismo en donde leemos que: “la bautizó el padre Pedro Sánchez Galán y fueron sus padrinos de pila Gerónimo de Alcázar y su mujer Ana de Perea, acompañados el bachiller Juan de Alcázar y su mujer Catalina Ramírez y Diego Pérez de Taguada y su mujer Mari López”.

Contrajo matrimonio con Francisco de Poyatos, dueño de una posada “en la que se aposentaban los soldados que pasaban”. Tuvieron dos hijos, Francisco y Ana, según constaba en el desaparecido archivo parroquial de Santa Quiteria. Tanto la partida de matrimonio de Leonor y Francisco, como las partidas de bautizo de sus hijos fueron incluidas en el acta notarial que levantó el ilustre notario Don Oliverio Martínez, acta que se publicó en septiembre de 1904 en el número 13 de La Ilustración Manchega, revista que por aquellos años se editaba en Alcázar.

Francisco, bautizado el veintiocho de abril de 1568. En el folio 196 se dice que: “lo cristianó Pedro Díaz clérigo y fueron sus padrinos de pila Francisco López Boticario y Mari Díaz su sobrina, acompañados Juan de Alcázar y Diego Pérez de Taboada y sus mujeres”. En 1612 es testigo en la entrega de los bienes del Concejo a la nueva corporación que lo regiría durante el año siguiente. En 1614 salió elegido para ocupar el cargo de fiel mayordomo del Concejo por el estado de los hijosdalgo en el siguiente año. Gracias al testamento realizado en 1622 por Jerónima Muñoz, esposa de Pedro Ramírez Bailén, sabemos que Francisco estuvo casado con María López la Bailena, hermana de Pedro Ramírez Bailén, con la que tuvo dos hijos, Antonio y Juan de Cervantes.

De Juan de Cervantes, quinto hijo de Blas de Cervantes que habríanacido en 1562no encontramos su partida de nacimiento en el libro de Bautismos de la parroquia de Santa María, pero si lo encontramos en diversos documentos del Archivo Histórico Municipal. Era llamado “el indiano” por haber residido en México en donde llegó a ser tesorero de la iglesia de Tlaxcala. Regresó en torno al 1596, año en el que aparece por primera vez en la relación de los hijosdalgo para la elección de fiel del Concejo.

En 1604 era regidor por el estado de los hijosdalgo y en el libro de Acuerdos del Concejo de 1599 a 1609 aparece su firma en varias actas, entre otras en la que se refiere a las medidas adoptadas para paliar la carestía de trigo y la hambruna que la villa padeció en esos años.

En el año 1612 fue alcalde de Hermandad del Concejo y en las elecciones celebradas el 16 de noviembre de 1619 es elegido para ocupar el cargo de alcalde ordinario del Ayuntamiento. En 1621 es padrino en un bautizo. En el libro de Protocolos de 1631 aparece como testigo en la revocación de un poder notarial y en una carta de obligación de pago. En este mismo año sale elegido nuevamente para regidor del Ayuntamiento, pero renuncia al cargo alegando tener más de 60 años y estar enfermo.

Casó con Isabel Sánchez de Villaescusa, hija de Francisco Sánchez de Villaescusa. Hijos suyos fueron Basilio de Cervantes, estante en la ciudad de Manila en 1635, Felipe de Cervantes y Estasia de Cervantes, casada con Juan Delgado, cuya hija Catalina de San Gregorio profesaba en el convento de las clarisas de San José en Alcázar. Sabemos que Felipe yEstasia, ya viuda de Juan Delgado, eran estantes en México el 7 de octubre de 1640, lugar desde donde otorgaron, ante el escribano real Martín Sariñana, un documento de aceptación de la herencia de sus padres a favor del clérigo presbítero Francisco Romero Pradilla, a la sazón mayordomo del convento de San José.  

Como ya hemos dicho nuestro personaje central, Blas de Cervantes Saavedra, tuvo una activa participación en la vida pública de la villa, así en las elecciones celebradas el 15 de noviembre de 1572 salió elegido para ejercer o el oficio de regidor o el de alcalde ordinario del Ayuntamiento por el estado de los hijosdalgo, ocupando finalmente el cargo de regidor. Esta elección está recogida en un acta que, por su extraordinario valor documental para conocer como se realizaban los nombramientos de los cargos públicos que debían de regir la villa durante un año, reproducimos seguidamente:

“En la Villa de Alcázar de la Orden de San Juan, sábado, quince días del mes de noviembre de mil e quinientos e setenta y dos años, estando juntos en la torre del ayuntamiento de ésta villa, a campana tañida, los magníficos señores Diego Remón e Hernando Díaz Guerrero, alcaldes, e Francisco Pérez Palomeque e Antonio González de Briones, e Juan Martín Españón, e Gonzalo Martín Barrejón, e Juan Román, e Alonso Romero, e Rui Díaz Maroto, e Juan Martín de Asensio, e Francisco Díaz Pajares, regidores de ésta villa. Dijeron que ellos se han juntado conforme a la costumbre y a la carta ejecutoria de Su Majestad a sacar del arca, que está para ello dispuesto que han de ser alcaldes e regidores e alguacil de esta villa desde mañana domingo hasta la dominica después de San Martín del año venidero de mil e quinientos e setenta y tres años. E mandaron abrir e se abrió la dicha arca que tenía tres llaves, e abierta se sacó de ella una arquilla, que e decía el título de ella: Seno de alcaldes y regidores del estado de los hijosdalgo e de los demás oficios que del dicho estado se acostumbran elegir. E mandaron abrir e se abrió la dicha arquilla, e mandaron llamar e se llamó un muchacho, que se dijo Antonio, hijo de Juan López Carrizosa, dijo ser de siete años y le mandaron sacar una cédula de la dicha arquilla, e sacó una cédula que decía ansí: López de Taboada.

Luego le mandaron sacar otra cédula e sacó ésta que dice ansí: Blas de Cervantes.

Luego mandaron sacar de la dicha arca otra arquilla que dice el título de ella: Seno de alcaldes ordinarios y regidores del estado de los hombres buenos y pecheros. E mandaron al dicho muchacho que saque otra cédula, e sacó otra cédula que dice ansí: el Doctor Francisco de Vargas.

Luego mandaron sacar otra cédula, e sacó otra cédula que dice ansí: Francisco de Mansilla.

Luego mandaron sacar e se sacó de la dicha arca otra arquilla que dice el título de ella: Seno de alguaciles del estado de los buenos hombres pecheros, e la mandaron abrir e se abrió y mandaron al dicho muchacho que saque una cédula e sacó una cédula que dice ansí: Alonso Díaz Abarquero.

Luego mandaron sacar otra cédula e se sacó ésta que dice ansí: Pedro Díaz Ropero.

E mandaron volver e se volvieron las dichas cédulas a las dichas arquillas de donde fueron sacadas y se cerraron las arquilla y la dicha arca y se llevaron las llaves los señores alcaldes e mandaron que estas suertes y elección se eleven al muy magnífico Señor el Licenciado Bolaños, Gobernador y Juez de residencia en esta Orden, para que en nombre de su Señoría escoja e dé las varas a los alcaldes e alguacil que han de usar los dichos oficios en ésta villa en el dicho año e los firmaron de sus nombre.

Testigos: Francisco Vela e Pedro del Campo, vecinos de esta villa.

Firman:

Diego Remón                   Hernando Díaz Guerrero         Antonio González de Briones

Francisco Pérez Palomeque            Rui Díaz Maroto            Francisco Díaz Pajares

Juan Martín Españón               Gonzalo Martin Barrejón                  Juan Román

Juan Martín de Asencio                                                                Alonso Romero”

En la saca celebrada el 13 de noviembre de 1575 es elegido alcalde de Hermandad, cargo que oficializa al día siguiente, como queda recogido en este acta de toma deposesión de oficios: “En la villa de Alcázar a 14 de noviembre de 1575 los magníficos señores Juan Hidalgo y G. Martín Romero alcaldes y Hernando de Perea e Fernando de Aguilera e Juan Martín Españón e Rui López de Toledo (así hasta un total de diez) regidores… mandaron parecer ante si a Blas de Cervantes vecino desta villa e le mandaron que acepte el oficio de alcalde de Hermandad que le salió en suerte el cual lo aceptó e juró en forma de lo usar fielmente e le dieron poder para usar el dicho oficio hasta la dominica después de san Martín de 1576 e lo firmó. Testigos Antonio López y G. Tardío fiel”.

En las elecciones celebradas el 15 de noviembre de 1579 es elegido regidor por los hijosdalgo, según leemos en el libro Fin de una Polémica de Juan Leal Atienza,editado enCiudad Real en 1916.

El 19 de noviembre de 1582 es reelegido de nuevo regidor por los hijosdalgo, cargo que deja el 24 de julio del año 1583 para ocupar el puesto de alcalde de Hermandad: “… por Real Provisión librada de los señores Presidentes y oidores de la Chancillería de Granada, el escribano y receptor de la dicha Cancillería en cumplimiento de una carta ejecutoria de su magestad vino a esta villa mandó que… fuera excluido Blas de Cervantes regidor que era de los hijosdalgo y se le diera la vara del alcalde de Hermandad del estado de los hijosdalgos”.

Y en el acta de las elecciones celebradas el 13 de noviembre de 1583 se lee: “… del seno de alcaldes y regidores del estado de los hijosdalgo se sacaron las cédulas correspondientes a los regidores de este estado y entre ella está Blas de Cervantes, mandose relanzar (volverla a introducir en la arquilla) por ser de presente alcalde de Hermandad”.

De su paso por la actividad municipal existe bastante documentación pues su firma aparece en diversos documentos y actas del Concejo, como en la ordenanza para la conservación de pastos y montes o en la ordenanza para la creación y control del pósito municipal. También lo encontramos junto a su mujer Catalina López en varios actos sociales, como en el bautizo de un hijo de Juan Hernández y Mari Díaz.

No sabemos la fecha exacta de su fallecimiento pues hasta la década de 1670 no se realizaron las primeras anotaciones sobre defunciones y enterramientos en los libros parroquiales de Santa María, tal como lo había dispuesto y reglado el concilio de Trento (1545-1563) más de un siglo antes. Tampoco ha llegado hasta nosotros su testamento, pero tuvo que morir entre los años 1584 y 1588 ya que en el año 1584 acabó su mandato como alcalde de Hermandad y en las elecciones celebradas el 12 de noviembre de 1589 de la arquilla de alcaldes y regidores del estado de hijosdalgo se sacaron las cédulas correspondientes a la elección de regidores y entre ellas una que decía: Blas de Cervantes, difunto”. Hay que aclarar que las insaculaciones de las cédulas (introducir en las arquillas de los correspondientes estados las cédulas con los nombres de los candidatos a los distintos cargos del Concejo) se hacían cada cuatro años y ésta se había realizado en noviembre de 1588, ya con la anotación de “difunto”.

Según nos revela la historiadora Doña Marisol Salve, en el año 1583, por Real Ejecutoria, se equipararon los oficios del Concejo de Alcázar que quedó constituido a partes iguales por representantes del estado de los hijosdalgo y del estado llano o de los buenos hombres pecheros. Todos los cargos del Concejo: alcaldes de Hermandad, alcaldes ordinarios, regidores, fieles y alguacil, además de los mayordomos de las iglesias y los hospitales, se elegían por un año, de San Martín a San Martín, y entre el desempeño de uno de esos oficios y el siguiente debía de transcurrir al menos un periodo de dos años.

Para la elección de los dos alcaldes ordinarios del Ayuntamiento, el de los hijosdalgo y el de los buenos hombres pecheros, había que sacar de las correspondientes arquillas dos nombres de cada una, que se presentaban al gobernador del Priorato, el cual escogía a uno de ellos para ser alcalde y el otro quedaba como regidor. Igual procedimiento se seguía para la elección del cargo de alguacil, pero en este caso siempre se elegía entre personas integrantes del estado llano.

En otro acto, que tenía lugar en el Ayuntamiento al día siguiente de la saca o desinsaculación de los alcaldes ordinarios y del alguacil, se extraían de sus respectivas arquillas los dos alcaldes de Hermandad, uno por cada estado, el resto de los regidores (8), los fieles y los mayordomos de las Iglesias, pero en este caso la elección era directa ya que estos cargos no necesitaban pasar por el refrendo del gobernador como representante del Prior de la Orden de San Juan.

Por el investigador Don Ángel Serrano conocemos la existencia de Francisco López Boticario, natural de Campo de Criptana, casado con Doña Teresa López, padres de Doña Catalina López y por lo tanto suegros de Blas de Cervantes. Francisco López Boticario aparece como padrino en las partidas de bautismo de sus nietos Tomás y Francisco de Cervantes. También sabemos que interviene en la boda de Ana de Ortega, hija de Melchor de Ortega, el que figura como padrino en la partida de bautismo de Miguel de Cervantes.

Personaje importante de esos años es también Cristóbal de Cervantes, hijodalgo, hermano de Blas de Cervantes, que el 17 de febrero de 1570 se casó en la iglesia parroquial de Santa María con Bernabela de Rojas, hija de Alonso Martín Falcón y de Micaela de Rojas.

En las elecciones de 1576 salió elegido para ocupar el cargo de alcalde ordinario o de regidor por el estado de los hijosdalgo y el gobernador lo escogió para alcalde ordinario. En 1594 lo vemos incluido en el censo para la elección de alcaldes y regidores por el mismo estado, pero no tenemos constancia de que hubiese salido elegido. 

Cristóbal de Cervantes y a Bernabela los encontramos como padrinos de una boda celebrada en 1579, de otra más celebrada el 22 de julio de 1582 y de una tercera el 2 de febrero de 1584. En 1589 fueron padrinos en el bautizo de Martín hijo de Sebastián Lorenzo y Francisca Martínez y el 16 de noviembre de 1603 aparecen de nuevo como padrinos en otro bautizo.

Se conserva su testamento de fecha 15 de septiembre de 1604, en el que pide ser enterrado en la iglesia de Santa María, en la misma sepultura en donde está enterrada su madre, nombra heredera a su mujer Bernabela de Rojas y albaceas a ella misma y a su sobrino Juan de Cervantes, yerno de Villaescusa e hijo de Blas de Cervantes.

También se conserva, con fecha 9 de noviembre de 1622, la carta de poder que Bernabela de Rojas, ya viuda, otorga a su sobrino el clérigo presbítero Fernando Moñino para que pueda hacer su testamento, manifestando su deseo de ser enterrada en la iglesia parroquial de Santa María en la misma sepultura que sus padres y nombrando a su sobrino, el clérigo Fernando Moñino, albacea y heredero de todos sus bienes, por lo que suponemos que de su matrimonio con Cristóbal de Cervantes no tuvo descendencia.

Otro hermano de Blas de Cervantes fue Antonio de Cervantes,hijodalgo, quien el 14 de noviembre de 1563 fue elegido fiel mayordomo del Concejo, cargo que ejercía el 8 de noviembre de 1564 cuando se hicieron las insaculaciones para la elección de los oficios correspondientes a ese año y los siguientes. En la saca de 1569 fue elegido alcalde de Hermandad por el estado de los hijosdalgo y en 1571 para el cargo de alcalde ordinario, pero en este último caso se le dio por impedido al no haber transcurrido el preceptivo periodo de descanso de dos años.

En noviembre de 1574 fue elegido regidor, por eso en el acta de las elecciones celebradas al año siguiente, el 13 de noviembre de 1575, aquellas en las que su hermano Blas de Cervantes fue designado alcalde de Hermandad, se dice: “… en Alcázar a 13 de noviembre de 1575. En la torre del ayuntamiento estando juntos a campana tañida los magníficos señores Francisco Díaz Hidalgo y Gil Pérez de Villaharta alcaldes y Juan Gallego y Antonio de Cervantes y Juan Román… regidores desta villa… se han juntado a sacar de los senos y arquillas los que an de ser regidores y fieles y mayordomos… desde oy hasta la dominica después de San Martín del año venidero de 1576”.

El 15 de agosto de 1579 tras la muerte de Juan Hidalgo, alcalde ordinario, se sacaron otras dos cédulas para designar el sucesor, una de Antonio de Cervantes y otra de Antonio González de Briones y el gobernador del Priorato escogió al segundo de ellos.

El 13 de noviembre de 1583, cuando su hermano Blas de Cervantes era alcalde de Hermandad, fue elegido regidor, cargo que repitió en la saca del año 1586. Y finalmente, por el libro de acuerdos del Ayuntamiento del año 1581 al 1594, sabemos que el 15 de enero de 1590 fue nombrado diputado de Alcabalas y Rentas Reales.

En el testamento de Doña Teresa de Mendoza, esposa de Don Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, dictado en 1603, aparecen como albaceas Antonio de Cervantes y su hijo Pedro de Cervantes que estaba casado con Isabel de Mendoza, hija de Doña Teresa, con la que tuvo a Bernarda bautizada el 18 de marzo de 1604 por Pedro Díaz de Villamayor y a Juan de Cervantes bautizado el 28 de mayo de 1620 por Pedro Díaz de León.

Es interesante destacar lo que Doña Teresa de Mendoza manda en su testamento: “pido y suplico a las justicias y jueces competentes provean de tutor y curador de mi hija Clara, de ocho años de edad, a Pedro de Cervantes, mi yerno, atento quel dicho Alonso de Ayllón, mi marido, no tiene juicio y le está defendida la administración de los bienes” Significativo el estado mental de Don Alonso de Ayllón y Gutiérrez de Quesada y relevante su relación familiar con esta rama de los Cervantes.

Como dato curioso resaltar que este Pedro de Cervantes, primo de Miguel, fue el muchacho que extrajo las cédulas del interior de las arquillas en la saca celebrada en noviembre de 1582.

Otro hijo de Antonio de Cervantes fue Juan de Cervantes casado con una hija de Pedro Ramírez Bailén, el viejo, quien le vende la mitad de un molino de viento situado en Campo de Criptana. El libro de Protocolos de 1613 nos detalla que el propietario de la otra mitad era Francisco Porras, vecino de Campo de Criptana, y que estaba situado el segundo de la mano izquierda por el camino de los molinos entre ambas villas.

Ya hemos apuntado anteriormente que en los siglos XVI y XVII eran muchas las personas apellidadas Cervantes que residían en Alcázar, formando una intrincada maraña de relaciones familiares y sociales difícil de esclarecer pues a la incompleta documentación que nos ha llegado, recordemos que faltan el archivo parroquial de Santa Quiteria destruido en el año 1936 y el conventual de San Francisco, se une los cambios de apellido tan frecuentes en esa época. No obstante, además de los personajes hasta ahora referenciados todos ellos familiares directos de Blas de Cervantes, mencionaremos brevemente algunos otros que por portar este apellido y por ser contemporáneos suyos podrían estar de alguna forma emparentados con él:

Elvira de Cervantes, esposa de Francisco Gutiérrez. El primer libro de Bautismos que se conserva datado en el año 1550 recoge el bautizo de su hijo Diego.  

Ana de Cervantes,esposa de Juan García Muchotrigo. En 1555 aparecen como padrinos en el bautizo de una hija de Juan Román y en 1559 de un hijo del matrimonio formado por Martín Gómez y María Alonso.

Pedro de Cervantes, bautizado en 1560, hijo de ilegible de Cervantes y de su mujer Ana de Criptana.

Luisa de Cervantes, esposa de Pedro de Lara. El 18 de septiembre de 1560 bautiza a una hija siendo madrinas sus hermanas Ana, Mariana y Quiteria de Cervantes. En el libro de Protocolos de 1603 se conserva su testamento en el que pide ser enterrada en la iglesia de Santa Quiteria, en la sepultura de sus padres.

Mariana de Cervantes, hermana de las anteriores, casada con Juan López Hidalgo Zarco, aparece el 1 de diciembre de 1585 apadrinando a Catalina, hija de Diego Sánchez y de Isabel de Toledo. El 20 de enero de 1613 son los padrinos de boda de Marco Cerezo Meco y Catalina Martínez.

Quiteria de Cervantes, también hermanas de las anteriores. Casada con Luis de Dueñas, según el libro de Bautismos de 1561 son padrinos de Catalina, hija de Francisco Ramos y Francisca de Ximénez.

Melchor de Cervantes. Aparece el 7 de julio de 1558 en el bautizo de Magdalena, hija de Bartolomé Sánchez y Juana Rodríguez.

Baltasar de Cervantes esposo de Francisca López. El 3 de junio de 1566 aparecen como padrinos en el bautizo de Luis, hijo de Luis Martínez Llorente. Un segundo Baltasar de Cervantes, suponemos hijo del anterior, estuvo casado con Isabel Díaz quien el 9 de enero de 1612, ya viuda, vuelve a casarse, ahora con Sebastián Díaz Cencerrado.

María de Cervantes, casada con Juan López Hidalgo de la Oliva. Estaba emparentada lejanamente, por vínculo de familia política, con Doña Francisca Romero Gaytán, fundadora del convento de las monjas Trinitarias Descalzas de Madrid.

Otra María de Cervantes, esposa deRodrigo Gutiérrez Saavedra, el viejo.

Isabel de Cervantes, hija de Juan Gómez Tardío. Por estar muy enferma dicta un testamento que se recoge en el libro de Protocolos de 1604, pero sobrevive a la enfermedad y la vemos posteriormente en varios bautizos.

María de Cervantes Tardío, hija de Gonzalo Martín Tardío yesposa de Alonso López de Villaseñor.En el libro de Protocolos de 1615 aparece su testamento fechado el 30 de agosto de 1614.En el testamento de su padre firma como testigo Luis de Cervantes.

Catalina de Cervantes, esposa de Fernando de Aguilera. De cuya hija Catalina, esposa de Jerónimo Romero Nieva, se conserva su testamento con fecha 27 de octubre de 1614 en el que nombra albaceas a su esposo y a sus hermanos García de Aguilera y Diego de Aguilera y Cervantes.

Diego López de Cervantes, natural de Camuñas y residente en Alcázar. Conocemos el testamento de su viuda Isabel Díaz Gallego dictado el 13 de julio de 1622, en el que solicita ser enterrada en la iglesia de Santa Quiteria y en el que tras enumerar a una serie de beneficiados apellidados Cervantes, algunos de ellos residentes en Camuñas, nombra albacea a su primo Diego de Aguilera y Cervantes, quien aparece en el libro de Cuentas de Juan Bravo de Ayllón de 1635.

Fernando López de Cervantes, por el libro de Cuentas de Juan Bravo de Ayllón sabemos que en esos años tenía arrendado, junto a Juan Garcia de la Veldad, el monte del Arenal que con el monte del Acebrón y la dehesa de Villacentenos eran los sitios más importantes en la producción de bellotas, pilar fundamental de la economía alcazareña en aquella época.

Hasta aquí un somero resumen de la documentación que aparece en nuestros archivos históricos sobre la figura de Blas de Cervantes Saavedra y su entorno más próximo, ese personaje tantas veces nombrado, pero en realidad tan poco conocido, de la historia de Alcázar de San Juan cuya existencia corrió pareja con su edad de oro.

                                                                                            Manuel Rubio Morano

                                                    Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Cervantes y el Gran Conde de Lemos

Fecha de Publicación: 03/02/2021
ADA, C. 70-7

A mis amigos de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Manuela Sáez González

El interés por conocer la relación entre Cervantes y el VII conde de Lemos, don Pedro Fernández de Castro, ha sido constante entre los investigadores y un incentivo para lograrlo. Yo me ocupo del estudio de la casa de Lemos desde hace casi cuarenta años y, a pesar de los muchos archivos que he visitado, tanto en España como en Italia, no he conseguido ninguna información sobre el mecenazgo del noble y el afecto que hacia él manifestó el insigne escritor, como está demostrado por los muchos libros que le dedicó: Novelas EjemplaresEl QuijoteTrabajos de Persiles y Segismunda. Todavía, no desfallezco en el intento, pues en numerosas ocasiones los investigadores hallamos, por casualidad, valiosos documentos que no están relacionados con los temas que estamos investigando.

Hace algún tiempo, hallé en el Archivo de la casa ducal de Alba (ADA, C. 70-7) un documento bajo el epígrafe: «Lemos 1805. Noticias sobre Cerbantes y su esclarecido Mecenas Dn. Pedro Fernández Ruiz de Castro, conde de Lemos, etc. y sobre su hermano y sucesor Dn. Francisco Ruiz de Castro, ò Fray Agustín de Castro». Llamó mi interés este documento por cumplirse ese año el II centenario de la publicación de la primera parte del Quijote. En él se hace mención a un informe que el secretario de la Real Academia, señor Navarrete – [Martín Fernández de Navarrete (1765-1844)]  – solicitó al archivo del duque de Alba noticias de ambos

del nunca ponderado Dn. Miguel de Zerbantes; para ilustrar más su vida, y la de su esclarecido Mecenas el Exmo. Sor. Dn. Pedro Fernández Ruiz de Castro, 7º Conde que fue de los Lemos, para formar el Sumario de la vida de hombre tan grande, que ha de servir en la colección de varones ilustres de España que se está publicando.

Sin embargo, a pesar de que el “archivero” inspeccionó «con el mayor cuidado» todos los legajos que pudieran contener información sobre esta cuestión, orientados a dar satisfacción a la solicitud del secretario, no encontró ningún testimonio que hiciera referencia a la relación entre Cervantes y Lemos y, sugiere la posibilidad de que los documentos hubiesen desaparecido en el incendio acaecido en el palacio de los condes en Monforte en el año de 1672[1]. Yo no estoy de acuerdo con esta suposición que, muchos historiadores dan como “probable” cuando no hallan un resultado satisfactorio de los documentos relacionados con el Gran Conde de Lemos. En primer lugar, doña Catalina de la Cerda y Sandoval, VII condesa, cuando profesó en 1634 ya viuda, en el convento monfortino de monjas clarisas de la orden franciscana que ella y su marido habían fundado, llevó consigo los “papeles” personales de don Pedro. Por otro lado, en una carta que el conde le escribe a su madre desde Nápoles el 3 de septiembre de 1610 le pide mande construir «en la vara de la fortaleza[2] de Monforte vna pieza que sirviese de archivo para tener recogidos y seguros nuestros papeles». Posteriormente, le da instrucciones con respecto a su construcción.

Archivo de piedra y bobeda.

Este archivo se abría de hazer en la  vara de la fortaleça como lo tengo escrito y el suelo y el techo an de ser de piedra y las ventanas de hierro o guarnecidas de chapas, y la puerta otro que tal y en las paredes se podrían enbeber vnos cajones de hierro donde estuviesen los papeles de manera que no aya peligro de fuego por ningún camino y yo señora no aguardaría mejor occasión ni más comodidad que la pressente porque esta fábrica nos costará pocos ducados y será de grande importancia tener en parte segura los papeles de nuestra cassa que son el mayor tesoro que tenemos.

Todo esto me induce a considerar que los documentos no desaparecieron en el incendio del palacio porque, o bien se encontraban en este habitáculo “ignífugo” o ya habían sido retirados por la condesa cuando entró en religión.

Me extraña y llama la atención el informe que expone el “archivero” haciendo referencia al conde y a Cervantes: «quien es público à los literatos que tubo en su compañía en la Italia al célebre Cerbantes hasta que el año de 1616 regresó a España en cuio año murió Cervantes». De todos es conocido el interés que el escritor tenía de ir a Nápoles y que no pudo acompañar al conde por no haber sido “aceptado”, supuestamente, por los Argensola encargados de hacer la elección, así como la desilusión y pena que mostró Cervantes por no poder acompañar a su mecenas y amigo. Tampoco había leído la «carta dedicatoria» del escritor a Lemos, cuatro días antes de morir en la obra: Trabajos de Persiles y Segismunda

…llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuesa Excelencia: que podría se fuese tanto el contento de ver a Vuesa Excelencia bueno en España, que me volviese a dar la vida.

Continúa haciendo un análisis resumido de algunos acontecimientos importantes en la vida pública de Lemos. Señala que, en 1601, don Pedro era marqués de Sarria, como hijo primogénito, gentilhombre de su Majestad y caballero de la orden de Alcántara, de la encomienda de Santibáñez. El hecho de mencionar que en esa fecha era marqués responde a haber recogido este testimonio antes del fallecimiento de su padre ocurrido el 19 de octubre del dicho año[3].

Resalta el año de 1606 con motivo del privilegio que el rey Jacobo I de Inglaterra concedió en abril de ese año, a Lemos, como caballero «de alta guisa», de dos halcones y cuatro perros «leporarios[4]» cada año, de los mejores que hubiera en Inglaterra, para el conde y para sus descendientes varones. Este privilegio había sido otorgado, en principio, por los reyes ingleses a don Fernando Ruiz de Castro, I marqués de Sarria y IV conde de Lemos, después de la muerte de su madre en 1570. Don Pedro había pedido a Charles Howard, conde de Nottingham, que se encontraba en Valladolid en 1605 para ratificar el tratado de paz anglo-español firmado en Londres el 28 de agosto del año anterior, que intercediese a su favor ante el rey Jacobo para que le fuese devuelto el privilegio que los reyes ingleses habían concedido a su bisabuelo, don Fernando Ruiz de Castro, I marqués de Sarria. Los reyes ingleses entonces: Felipe II y María Tudor, habían otorgado a dicho don Fernando el privilegio de recibir cada año cuatro halcones y algunos lebreles escoceses de los mejores que hubiera.

El rey don Felipe había mantenido muy buena relación con el IV conde de Lemos, con él sostuvo importante correspondencia durante su estancia en Roma, siendo este embajador de España durante el papado de Paulo IV, aliado con los franceses para expulsar a los españoles de Italia y, muy en particular, de Nápoles. Años más tarde, el XI conde de Lemos, don Ginés Fernández Ruiz de Castro, encontrándose en Puentedeume, solicitó, el 6 de enero de 1692, al contador mayor Tomás Antonio de Azua, le enviase de Monforte

los «privilegios y confirmaciones» que los reyes ingleses habían concedido a la casa de Lemos sobre los halcones y perros leporarios. El día 16 se remitieron los papeles «tocantes a ello a fin de que el Conde mi señor lograse de este Rey presente [Guillermo III de Inglaterra] la confirmación de lo mismo que es el motivo con que los pidió»[5].

El mismo documento hace alusión a que en 1610, estando ya en posesión de los condados de Lemos, Andrade, Villalba, etc. siendo comendador de la Zarza, así como presidente del Consejo de Indias[6], el Rey teniendo en cuenta los buenos servicios y sus «extraordinarias cualidades, etc. (palabras que vierte el diploma) le nombró Virrey Capitán General del Reyno de Nápoles: Y en el mismo año tomó carta de Hermandad del General de la Camándula[7] de Sn. Romualdo».  

No hace mención de los excelentes servicios que Lemos había realizado en el virreinato de Nápoles: sanear la Hacienda Real, luchar contra la corrupción, ensalzar la vida del Monarca, proyectando la imagen del Rey en su persona, dando la visión de un hombre virtuoso y poderoso con las representaciones  de los festejos que se llevaron a cabo en Nápoles: festividad de san Juan Bautista, celebraciones del acuerdo matrimonial entre el príncipe Felipe (Rey Felipe IV) y la princesa Isabel de Francia…. El conde siempre interpuso el servicio a la corona a ningún otro, incluso al del Papa, no dudó en enfrentarse al papado cuando tuvo que hacer frente a los privilegios que su santidad quería apropiarse. Durante su virreinato patrocinó las letras, las artes y la ciencia. Fue cofundador, junto a Giovan Battista Manso, de la “Academia Napolitana de los Ociosos a la que acudían un gran número de intelectuales afincados en Nápoles y algunos españoles, e instituyó otra Academia en palacio, en la que se hacían representaciones “de repente” y participaban los intelectuales españoles, concluían con la “corrida de un toro” lidiada por algún intrépido militar poco hábil en este arte. A estas representaciones asistían invitadas la nobleza española y napolitana.

En 1615, Felipe III quiso recompensar lo bien que le había servido y le nombró Presidente del Supremo Consejo de Italia distinguiéndole

en el nombramiento con singularísimas relevantes expresiones, y sobre manera con las de que descargaba en su instrucción y prudencia las materias arduas que en el Supremo Tribunal se tratan, concernientes à la paz, justicia y buen gobierno de los Estados de Nápoles, Sicilia y Milán.

Detalle del título Presidente del Consejo de Italia, ADA. C-87-6

A continuación, expone que el 8 de junio[8] [julio] de 1616, abandonando el virreinato de Italia, el Rey nombró por interino a su hermano don Francisco hasta la llegada del duque de Osuna.

Prosigue notificando el fallecimiento de Lemos en Madrid, el 19 de octubre de 1622. Don Pedro había emprendido viaje a la capital para visitar a su madre que se encontraba gravemente enferma, durante el trayecto el conde enfermó y su madre se recuperó. Nuevamente, el «archivero» no recoge los motivos por los que tuvo que abandonar la Corte en 1618 y regresar a sus estados de Galicia. Su hermano le hizo solemnes funciones fúnebres en Monforte con la asistencia del obispo de Lugo, de su cabildo, de varios abades mitrados, de muchos sacerdotes y de caballeros del Reino de Galicia.

 La última parte está orientada a exponer, brevemente, la vida de su hermano, don Francisco Ruiz de Castro, su sucesor por falta de descendencia de don Pedro. Elogia sus títulos: VIII conde de Lemos, Andrade y Villalba, conde de Castro y duque de Taurisano; estos dos últimos por su mujer, la Excelentísima señora doña Lucrecia Gattinara de Legnano; asimismo fue del Consejo de Estado y Guerra, comendador de Hornachos de la orden de Santiago, virrey de Nápoles y Sicilia, embajador ordinario en Roma y capitán general del reino de Galicia [Sicilia][9]. Desempeñó con gran satisfacción sus nombramientos como se señalaba «en muy repetidas cartas, que le consideraban por uno de los hombres de más mérito de la Nación».

Después de la muerte de su madre, y viudo desde 1623, deseó entrar en religión en el monasterio de Sahagún de la orden benedictina. El 15 de septiembre de 1629, el rey Felipe IV le autorizó a tomar el hábito en esta orden, después de renunciar a su «casa, estado y mayorazgo» a favor de su hijo, el conde de Andrade; tres días más tarde, cambió su nombre por el de «fray Agustín de Castro». Profesó el 1 de septiembre del siguiente año. Falleció en el monasterio benedictino de San Juan de Burgos, después de un frustrado viaje que pensaba realizaba a Roma al monasterio de Montserrat donde «nuestro padre san Benito hizo la primera penitencia y recibió de Dios nuestro señor y bebió el hespíritu de Santidad», habiendo recibido previamente autorización del cardenal Barberini y licencia del Papa para llevarlo a cabo. No pudo realizar este viaje por no haber recibido licencia del general de la congregación de san Benito en España; el 3 de mayo le prohibió la salida del reino y lo mismo hizo el Rey por indicación de los benedictinos. Fray Agustín suspendió la salida obedeciendo al monarca, después se trasladó a San Pedro de Cardeña y de Arlanza. A finales de agosto enfermó de gravedad y fue llevado a curar a San Juan de Burgos, donde falleció la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1637.Fue sepultado en la capilla del capítulo que está en el Claustro de dicho Convento. Su hijo, don Francisco Ruiz de Castro, solicitó su cuerpo para ser trasladado a Monforte y en el mes de enero de 1638 sus restos fueron trasladados al monasterio benedictino de Monforte de Lemos

donde se sacó en virtud de Breve del Señor Nuncio, y llevó su cuerpo à el de Sn Vicente de Monforte, dando este placer à la orden, no obstante estar en otras los panteones de la Casa. Todo resulta auténticamente como que los monges de Sahagún, los de Arlanza, donde también estubo, y sus deudos hicieron todos vivas diligencias por llevarse el Santo cadáver (expresiones con la de Sanctisimo y venerable que arrojan los papeles) resultando últimamente barias preguntas en vía de información para publicar sus virtudes.

En un documento que he hallado en ADA, C.176-16, señala que está enterrado: «devajo del Altar Mayor del Monasterio de San Vicente de Monforte de Lemos». Su lápida se encontraba, en el solado de la iglesia, en dicho monasterio, cerca del altar de la Virgen de Montserrat. Hace pocos años, en este siglo, fue retirada después de una restauración que hicieron y no se volvió a colocar. Triste respeto a un noble que dio su vida al servicio de la corona, de la iglesia y a su pueblo. No puedo dejar pasar esta ocasión sin reclamar su restitución al lugar donde debía estar. En la mayoría de iglesias, monasterios y catedrales italianas y también en algunas españolas, podemos ver con admiración lápidas de ilustres personajes y, en mi pueblo, Monforte, se ignora a este noble, vinculado con nuestra historia apareciendo su nombre con orgullo fuera de nuestras fronteras. Sirve de ejemplo una de las cuatro esquinas de la plaza «Vigliena o Quattro Canti», centro neurálgico de Palermo. La estatua representa el otoño.

Piazza Vigliena-Quattro Canti. Palermo

Finaliza el documento haciendo alusión a los progenitores de los VII y VIII condes de Lemos: don Fernando Ruiz de Castro y doña Catalina de Zúñiga; contrajeron matrimonio en 1574 en Madrid «en el Alcázar y Palacio Real en el aposento de la Reyna Da Ana, estando presente entre otros la madre del Rey Dn. Felipe, el presidente por Dn. Fr. Bernardo de Fresneda, el obispo de Córdoba, confesor de S. M. y fue en virtud de poder dado à Dn. Juan de la Cerda, duque de Medinaceli».

 

DOCUMENTO

ADA, 70-7

Lemos 1805

Noticias sobre Cerbantes, su mecenas y hermano

El célebre Cerbantes y su esclarecido mecenas Dn. Pedro Fernández Ruiz de Castro, conde de Lemos, etc. y sobre su hermano y sucesor Dn. Francisco Ruiz de Castro, ò Fray Agustín de Castro.

Según la situación que presenta todavía el Archivo del Exmo. Sor. Duque de Berwick  y Alba como Conde de Lemos, etc. Se han inspeccionado, con el mayor cuidado quantos legajos han parecido conducentes, à fin de satisfacer à lo expuesto en la papeleta, que el Sor Secretario dirigió al Archivo, sobre dar noticias del nunca ponderado Dn. Miguel de Zerbantes; para ilustrar más su vida, y la de su esclarecido Mecenas el Exmo. Sor. Dn. Pedro Fernández Ruiz de Castro,7º Conde que fue de Lemos, para formar el Sumario de la vida de hombre tan grande, que ha de servir en la colección de varones ilustres de España que se está publicando; más a pesar del reconocimiento nada se à encontrado con relación à Zerbantes, y quizá resultaría en los papeles que desaparecieron en la quema, que huvo en el Archivo de Monforte de Lemos el año de 1672, razón que se comunicó  en Enero de 1805 para el Sor. Navarrete, encargado por la Real Academia de la insinuada comisión: Más por lo que respecta al mencionado Señor Conde, (quien es público à los literatos que tubo en su Compañía en la Italia al célebre Cerbantes hasta que el año de 1616 regresò a España en cuio año murió Cervantes) aparece lo siguiente.

En 1601, quando ya era marqués de Sarria, como primogénito de los Señores de Lemos, Gentilhombre de S.M. [Su Majestad] y caballero de la orden de Alcántara recibió la Encomienda de Santibáñez de la misma orden.

En 1606, el Rey de Inglaterra concedióle privilegio como caballero de alta guisa para él y sus herederos varones de dos halcones y quatro perros leporarios en cada año los mejores del Reyno de Inglaterra.

En 1607, confiando S.M. de su talento le nombró procurador General de la citada orden con las más amplias facultades.

En 1610, poseyendo ya los Condados de Lemos, Andrade, Villalba, etc. siendo comendador de la Zarza, igualmente que presidente del Consejo de Indias, atendiendo su Magestad à sus superiores qualidades, etc. (palabras que vierte el diploma) le nombró Virrey Capitán General del Reyno de Nápoles: y en el mismo año tomó carta de Hermandad del General de la Camándula de Sn. Romualdo.

En 1615, por remunerar S.M. lo bien que le servía, le nombró Presidente del Supremo Consejo de Italia distinguiendo en el nombramiento con singularísimas relevantes expresiones, y sobre manera con las de que descargaba en su instrucción y prudencia las materias arduas que en el Supremo Tribunal se tratan, concernientes à la paz, justicia y buen gobierno de los Estados de Nápoles, Sicilia y Milán.

En 1616, à 8 de junio retirándose del Virreynato nombró de orden de S.M. por interino y hasta la llegada del Duque de Osuna a su hermano Dn. Francisco del que se hablará.

En 1622, à 19 de Octubre murió en Madrid: y dicho su hermano sucesor, resulta que le hizo en Monforte funciones fúnebres tan obstentosas que pocas veces como entonces se havrá visto para ello en dicha Villa al Ilustrísimo Señor Obispo de Lugo, a su Cabildo, varios Abades mitrados, muchos Sacerdotes y caballeros del Reyno de Galicia.

El siguiente fue su hermano sucesor y monge. El Excelentísimo Señor Conde Dn Francisco Ruiz de Castro, 1º de el nombre y 8º de los Lemos, Andrade, Villalba (o fray Agustín de Castro) lo fue tambén de Castro, marqués de Sarria y Duque de Taurisano por su muger la Exma. Señora Da. Lucrecia Legnan de Gatinaro: Asimismo fue de los Consejos de Estado y Guerra de S.M. comendador de Hornachos, de la orden de Santiago, Virrey de Nápoles, y Sicilia, y Embaxador ordinario en Roma y Capitán General del el Reyno de Galicia [Sicilia].

El Sor. Dn. Felipe 3º, el Santo, y religioso en consideración a el estudio del Señor Conde Dn. Francisco le hizo Consejero Colateral del Reyno de Sicilia en 1600 con la espresión ya entonces de “tamquam indoneum et Valde dignum: Mercurio de los Señores Reyes tan señaladas satisfacciones y lauros ya en sus nombramientos desempeño de sus encargos como en varias y muy repetidas cartas, que le consideraban por uno de los hombres de más mérito de la Nación.

Los Napolitanos mismos después que dejó de mandarlos escribieron à los Señores Reyes haciéndoles muchos elogios del Señor Conde y sintiendo su partida.

Después tomó el Hávito de Monge Benito en Sahagún à 18 de septiembre de 1629 y se mudó el nombre, en el de Fray Agustín de Castro: Profesó en 1º de Octubre de 1630, en la cama por estar enfermo á la sazón: Antes havía renunciado, dentro de los dos meses de los Concilio, de todos sus estados en su hijo Dn. Francisco II.

Murió su Rma. en 1º de Septiembre de 1637 en el Convento de San Juan Bautista de la orden de San Benito, sito extramuros de la Ciudad de Burgos; y sepultose con ataúd en la Capilla llamada del Capítulo que está en el Claustro de dicho Convento de donde se sacó en virtud de Breve del Señor Nuncio, y llevó su cuerpo à el de Sn. Vicente de Monforte, dando este placer à la orden, no obstante estar en otras los panteones de la Casa. Todo resulta auténticamente como que los monges de Sahagún, los de Arlanza, donde también estubo, y sus deudos hicieron todos vivas diligencias por llevarse el Santo Cadaber (expresiones con la de Santisimo y venerable que arrojan los papeles) resultando últimamente barias preguntas en vía de información para publicar sus virtudes.

Los padres de los referidos señores Condes fueron los Exmos. Señores Dn. Fernando Ruiz de Castro y da. Catalina de Zúñiga, y se casaron en Madrid en 1574 en el Alcázar y Palacio Real en el aposento de la Reyna DaAna, estando presente entre otros la madre del Rey Dn. Felipe, el presidente por Dn. Fr. Bernardo de Fresneda, el obispo de Córdoba, confesor de S. M. y fue en virtud de poder dado à Dn. Juan de la Cerda, duque de Medinaceli.

Tal pues es el resultado de lo que expresan los papeles del archivo. Madrid 1805.

(Firmado: Iglesias)


NOTAS:

[1] En esa fecha, el conde era don Pedro Antonio Fernández de Castro, que se encontraba en Perú desempeñando el cargo de virrey. Falleció el 6 de diciembre de 1672.

[2] Cuando hace referencia a la “vara de la fortaleza” se refiere al sótano.

[3] Manuela Sáez González, “Materiales del Archivo de Protocolos Notariales de Nápoles en los gobiernos de los virreyes Lemos, Benavente y Osuna” en ANNALI SEZIONE ROMANA, LVI, 1, Napoli 2014, pp. 19-95.

[4] Leporario = lebrel, galgo; galgo leporario se llama el perro que persigue liebres.

[5] Esta es otra evidencia de que los papeles de la casa no sufrieron daño en el incendio del palacio en l672.

[6] Había cesado en la presidencia del Consejo de Indias a fines del 1609.

[7] Camándula = rosario de treinta y tres granos, uno por cada año que vivió Jesús.  

[8] Se equivoca en el mes.

[9] Se vuelve a equivocar el «archivero», pues no fue capitán general del reino de Galicia, sino de Sicilia cuando ejercía el virreinato.

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Cuatrocientas veces GRACIAS

Fecha de Publicación: 20/12/2020
Miembros de la Sociedad Cervantina hacen entrega de los libros recogidos a Milagros Plaza, presidenta de la asociación El Sosiego

Brilló la solidaridad en la entrega de libros de la Navidad 2020, para hacer olvidar el año triste de la pandemia.

Exitosa tercera edición de la campaña de recogida de libros infantiles y juveniles en la que se han superado las 400 unidades de ejemplares donados

Alcázar de San Juan, 20-12-2020.- Con la entrega de los libros a la Asociación Cultural y Social El Sosiego para su incorporación a lotes de juguetes que se entregarán a niños de familias más desfavorecidas, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan da por finalizada esta tercera edición de la campaña “Ningún niño sin imaginación”.

Los cervantistas alcazareños se han manifestado muy satisfechos del resultado de la campaña de 2020 que ha arrojado un balance extraordinario al haber superado la cifra de 400 unidades. Ha sido sin duda la mejor de cuantas campañas se han organizado hasta la fecha.

Además de la colaboración de los alcazareños -que ha sido magnífica-, este año y gracias a la difusión en las redes sociales se han recibido libros desde otras localidades de la comarca, incluso desde Sevilla.

La predisposición de cuantos han colaborado ha hecho que por unos días se nos olvide que hemos pasado un año triste y que las buenas personas nos crecemos en la adversidad y que ante ella hacemos que afloren nuestros mejores sentimientos. Si además de fomentar la lectura en los jóvenes, conseguimos olvidar este año nefasto de la pandemia, nos daremos por satisfechos con ambos objetivos.

Por la gran acogida obtenida y por la gran participación de los alcazareños, la Sociedad Cervantina de Alcázar quiere agradecer CUATROCIENTAS VECES a todos su solidaridad y su buen corazón y los anima a que el año próximo continúen colaborando en esta iniciativa que se va consolidando en el calendario navideño de Alcázar de San Juan.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Mentiras, patrañas y pullas: el timo de la bocina, los cuernos de la luna y la caverna espantosa

Fecha de Publicación: 18/12/2020

Ponencia presentada en el Congreso Internacional «Burlas, burladores y burlados en Cervantes» por Enrique Suárez Figaredo, de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan (Pamplona, 17 y 18 de diciembre de 2020)


La ponencia agrupa y versiona tres trabajos independientes publicados en su día en la web de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan por varios socios, y se detiene en sendos pasajes del Quijote que, en mi modesta opinión, no han sido perfectamente interpretados, o no totalmente explicados, por los comentaristas. Uno de ellos es el engaño urdido por Sancho para que su amo no emprenda la aventura de los batanes (dQ1-20); otro, el remate del vuelo de Clavileño (dQ2-41): burla ideada por los Duques en su finca de campo, y el otro tiene lugar en las proximidades de las Lagunas de Ruidera, concretamente en la Cueva de Montesinos (dQ2-22 y 23).


— o O o —

EL TIMO DE LA BOCINA DEL HOMBRE DEL NORTE

En las entrañas de Sierra Morena y excitado por el horrísono ruido de los batanes en medio de una tenebrosa noche, don Quijote decide acometer aquella peligrosa aventura sin saber contra qué ni contra quién. Presa del miedo, Sancho pretende que don Quijote no se aparte de su lado, y para ello le miente en lo más básico, porque en una noche nubosa, que la hacía «tan escura», no puede ver la constelación de la Osa Menor (llamada popularmente bocina o cuerno), como acaba admitiendo ante las reticencias de su amo:

—¡Por un solo Dios, señor mío, que non se me faga tal desaguisado! Y ya que del todo no quiera vuestra merced desistir de acometer este fecho, dilátelo a lo menos hasta la mañana, que, a lo que a mí me muestra la ciencia que aprendí cuando era pastor, no debe de haber desde aquí al alba tres horas, porque la boca de la bocina está encima de la cabeza, y hace la media noche en la línea del brazo izquierdo.
—¿Cómo puedes tú, Sancho —dijo don Quijote—, ver dónde hace esa línea ni dónde está esa boca o ese colodrillo que dices, si hace la noche tan escura que no parece en todo el cielo estrella alguna?
—Así es —dijo Sancho—; pero tiene el miedo muchos ojos y vee las cosas debajo de tierra, cuanto más encima, en el cielo, puesto que por buen discurso bien se puede entender que hay poco de aquí al día.
—Falte lo que faltare —respondió don Quijote—; que no se ha de decir por mí, ahora ni en ningún tiempo, que lágrimas y ruegos me apartaron de hacer lo que debía a estilo de caballero. (dQ1-20)


La ciencia a la que recurre Sancho para calcular la hora de la noche es el antiguo método de imaginar en el firmamento la figura de un hombre (el Hombre del Norte). En su abdomen se supone la Estrella Polar, que se mantiene fija en la bóveda celeste. Ahí imaginamos la boquilla de la bocina. La boca de la bocina la forman las 2 estrellas del final de la Osa Menor (guardas), y la línea imaginaria entre la Polar y la guarda delantera se asimila a la única saeta de un reloj con una esfera de 24 horas. La bóveda celeste siempre está en su lugar (la Tierra es la que rota), de modo que, a nuestra vista, la bocina gira en sentido anti-horario y completa un giro cada día.

Así describe el cosmógrafo Pedro de Medina, en su Arte de Navegar (1545), la manera de calcular la hora durante la noche observando la posición relativa de la boca de la bocina respecto a la Estrella Polar:

La estrella del Norte, muy mirada y conocida de todos los navegantes, es la primera de las siete estrellas de que se compone la Osa Menor, que vulgarmente se llama bocina… De manera que aunque el Polo no se ve, por esta estrella se atina y sabe el lugar donde el Polo está, lo cual se conoce por otra estrella de las mismas siete, la más reluciente de las dos llamadas guardas que están en la boca de la bocina, la cual estrella se llama guarda delantera…
dando a conocer en todo tiempo del año qué hora es de la noche por aquella cuenta que dice «mediado abril, media noche en la cabeza».

Efectivamente, es a mediados de abril cuando a medianoche «la boca de la bocina está encima de la cabeza» (la bocina avanza su posición una hora cada 15 días, dos cada 30, seis cada 90, 12 cada medio año); y pues esta aventura tiene lugar a mediados de agosto (4 meses después), la boca de la bocina no puede estar a medianoche donde Sancho propone, sino en la línea debajo del brazo derecho.

Sancho da por sentado que el hidalgo don Quijote no está familiarizado con aquella «ciencia» rústica y la jerigonza correspondiente, y así, no sólo le miente al decir que ha observado la bocina, sino que le confunde augurándole menos de 3 horas para el amanecer cuando habría de pronosticarle la inminencia del alba (que eso resultaría de las referencias que aporta), y en tal caso, bien poco tardaría el amo en descubrir el engaño… y las costillas del escudero en sentirlo.


— o O o —


LOS CUERNOS DE LA LUNA DE PEDROLA

En Pedrola, a unos 30 km de Zaragoza y a poniente del Ebro, tenían un palacete los Duques de Villahermosa. Los comentaristas del Quijote se inclinan a pensar que en él transcurrieron bastantes de los episodios narrados en dQ2, entre ellos la conocida aventura de don Quijote y Sancho a lomos de Clavileño, rematada con una curiosa conversación entre Sancho Panza y el Duque:

Y sucedió que íbamos por parte donde están las siete cabrillas, y en Dios y en mi ánima que como yo en mi niñez fui en mi tierra cabrerizo, que así como las vi me dio una gana de entretenerme con ellas un rato… Vengo, pues, y tomo, y ¿qué hago? Sin decir nada a nadie, ni a mi señor tampoco, bonita y pasitamente me apeé de Clavileño y me entretuve con las cabrillas, que son como unos alhelíes y como unas flores…, las dos verdes, las dos encarnadas, las dos azules y la una de mezcla.

—Decidme, Sancho —preguntó el Duque—: ¿vistes allá entre esas cabras algún cabrón?

—No, señor —respondió Sancho—, pero oí decir que ninguno pasaba de los cuernos de la Luna.
No quisieron preguntarle más de su viaje, porque les pareció que llevaba Sancho hilo de pasearse por todos los cielos y dar nuevas de cuanto allá pasaba sin haberse movido del jardín. (dQ2-41)

Diego Clemencín, primer gran comentarista del Quijote, anotó así el pasaje:

Esta respuesta de Sancho tiene el áire de ser pulla: mas no alcanzo su verdadero sentido, y sí solo que se juega del vocablo en la contestacion á la pregunta del Duque, quien habia hecho lo mismo tomando pié de la mencion hecha por Sancho de las siete cabrillas. No hallo, pués, en estos pasages ni oportunidad ni chiste.

En la misma línea se han venido manifestando los más renombrados anotadores: algo oculta el pasaje. Oportunidad la dio el Duque, y en la respuesta del escudero algo hay de chiste, pero más de malicia. Cuando Sancho habla de «cuernos de la Luna», por medio del satélite alude a los hechos protagonizados por la hermosa y muy casquivana Luisa Pacheco de Cabrera, hija de los marqueses de Villena y esposa de Juan de Gurrea y Aragón (1543-1573). Éste era hijo de Martín de Gurrea y Aragón (1525-1581) y Luisa de Borja (bisnieta del Papa Alejandro VI y hermana de San Francisco de Borja). Sin profundizar en la genealogía (legítima y bastarda) de aquella relevante familia aragonesa, en ella recayeron los condados de Luna (Zaragoza) y Ribagorza (Huesca) y el marquesado de Villahermosa (Castellón), y solía residir entre Pedrola y Zaragoza.

Martín de Gurrea cedió a su hijo el condado de Luna. La joven pareja se casó en 1569 y residió inicialmente en Toledo, donde ya la esposa comenzó con sus devaneos. Informado de ellos Martín de Gurrea y preocupado por el honor de su linaje, forzó que su hijo y esposa se fuesen a vivir con él a Zaragoza. Tampoco ese desplazamiento fue obstáculo para las frivolidades de doña Luisa, que en tierras zaragozanas entró en amoríos con un tal Martín de Torrellas con la complicidad de un criado del palacio ducal. El esposo se trasladó a Pedrola con varios amigos suyos para trazar un plan de acción. Volvieron secretamente a la capital y aguardaron una oportunidad para sorprender a los amantes y lavar el mancillado honor de la familia. El galán logó escapar por una ventana (aunque no tardó en morir de «unas fiebres que le dieron»), pero el criado acabaría apuñalado y echado a un pozo días después. En cuanto a doña Luisa, fue recluida en la residencia ducal en Los Fayos (a 90 km de Zaragoza), donde se abrió las venas (según parece, por inducción y en presencia de su esposo y amigos). Tan luctuosos hechos tuvieron lugar en 1571; don Juan puso pies en polvorosa, pero fue detenido en Italia y trasladado a España para ser ajusticiado a garrote en Torrejón de Velasco (a 28 km de Madrid) en 1573. Tenía entonces 30 años. (1)

Me pregunto qué necesidad tuvo Cervantes de hacer conocedor de semejante historia a un aldeano de «un lugar de la Mancha» y así justificar tan humillante pulla. También me preguntó qué grupo social de lectores alcanzó a captarla. En cualquier caso, Cervantes fue más allá de aquella «fina ironía» tan celebrada de los comentaristas.

El trágico episodio podría haber inspirado a María de Zayas y Sotomayor para su novela Mal presagio casar lejos:

Así estuvo hasta cerca de mediodía, que como… padre y hijo se vistieron, luego quisieron ejecutar la sentencia contra la inocente corderilla… Y entrando los dos con su sangrador y Arnesto, que traía dos bacías grandes de plata (que quisieron que hasta en el ser él también ministro en su muerte dársela con más crueldad), mandando salir fuera todas las damas y cerrando las puertas, mandaron al sangrador ejercer su oficio. Sin hablar a doña Blanca palabra, ni ella a ellos, más de llamar a Dios la ayudase en tan riguroso paso, la abrieron las venas de entrambos brazos, para que por tan pequeñas heridas saliese el alma, envuelta en sangre, de aquella inocente víctima sacrificada en el rigor de tan crueles enemigos.


— o O o —


LA CAVERNA ESPANTOSA DE MONTESINOS

Creo conveniente aclarar algún malentendido en relación a la aventura que se narra en el cap. dQ2-22, «Donde se da cuenta la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha». Es cierto que el Primo aconseja comprar la cuerda necesaria para bajar, y pues «don Quijote dijo que aunque llegase al abismo había de ver dónde paraba», compraron cien brazas; pero no es menos cierto que sólo requerían algo menos de veinte para esta aventura. Veámoslo.
Antes que nada, obsérvese que el Primo que guía a los protagonistas sólo conoce la ubicación de la cueva, pero nunca ha entrado en ella, y así, pedirá a don Quijote «que mire… con cien ojos lo que hay allá dentro: quizá habrá cosas que las ponga yo en el libro de mis Transformaciones». Sigamos. Llegados a la boca de la cueva, ciñen con la soga a don Quijote, quien «se dejó calar al fondo de la caverna espantosa». Los de arriba van soltando soga según él les va dando voces, «y cuando… dejaron de oírse, ya ellos tenían descolgadas las cien brazas de soga». Se diría, pues, que don Quijote ha descendido las cien brazas; pero sigamos leyendo.

Al cabo de un buen rato sin noticias de don Quijote, Sancho y el Primo deciden recoger la soga, y lo consiguen «con mucha facilidad, y sin peso alguno, señal que les hizo imaginar que don Quijote se quedaba dentro», hasta que habiendo sacado más de ochenta brazas «sintieron peso, de que en estremo se alegraron. Finalmente a las diez vieron distintamente a don Quijote…, y sacándole del todo, vieron que traía cerrados los ojos, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y con todo esto no despertaba».

Entonces, ¿cuán de profunda es la cueva? ¿Cien brazas o veinte? La explicación la dará don Quijote en el cap. siguiente:

A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad… capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas…, cuando ya iba cansado, y mohíno de verme pendiente y colgado de la soga caminar por aquella escura región abajo sin llevar cierto ni determinado camino… determiné entrarme en ella y descansar un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la soga que enviábades, y haciendo della una rosca o rimero, me senté sobre él… considerando lo que hacer debía para calar al fondo no teniendo quien me sustentase, y estando en este pensamiento y confusión me salteó un sueño profundísimo. (dQ2-23)

La braza es una medida antigua de longitud equivalente a dos varas castellanas o 1,67 m actuales. El estado se aplicaba a medidas de altura o profundidad, y también equivalía a dos varas o 1,67 m; es decir, estado y braza medían lo mismo, aunque se aplicaban a una u otra dimensión. El panel informativo instalado fuera de la cueva indica que la profundidad es de 18 m (11 estados). No importa que don Quijote diga haber profundizado «doce o catorce», porque ¿cómo pudo medirlo? Y no requirió las cien brazas; lo que sucedió es que los de arriba no entendían las voces que les llegaban, y soltaban soga cuando don Quijote les pedía lo contrario.

Tampoco importa que el Primo prevea que don Quijote habrá de «descolgarse en su profundidad», ni que él se disponga a «despeñarme… empozarme… y… hundirme en el abismo», porque ni uno ni otro conocen la cueva.

Desde luego, la de Montesinos no es una sima (como parece desprenderse del relato), sino una cueva con una fuerte pendiente, y con calzado adecuado no es difícil el descenso, pues hoy lo facilitan algunos escalones tallados en la roca en la parte más pronunciada: nada de «caverna espantosa», nada de «abismo» ni soga. ¿Quiere eso decir que Cervantes carecía de información sobre la cueva, que la confundió con otra? ¿Acaso, como buen novelista, alteró la realidad para dar así mayor dramatismo a la acción? Lo constatable es que si consideramos un triángulo rectángulo cuyos catetos miden 30 y 15 metros (hasta la «concavidad… capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas»), la hipotenusa resulta ser de 33,5 metros o ¡20 brazas!


Sea como que fuere, nótese que Cervantes nunca describe la cueva; lo que el lector lee es lo que don Quijote imaginó antes y contará después. Es nuestro ingenioso hidalgo quien altera la realidad para dejar boquiabiertos a Sancho y al Primo. Los intrépidos protagonistas de los libros de caballerías se enfrentan, capítulo sí y capítulo también, a semejantes aventuras, siempre a riesgo de la vida o de caer en algún encantamiento urdido por un perverso mago (la Montaña Temerosa, el Castillo del Bramido, la Laguna Hirviente…). ¿Había de ser menos hazañoso nuestro don Quijote? Ya en la Gran Sala, decepcionado (cuando no aliviado) por no ser la cueva lo que se temía, sólo dejó pasar el tiempo en tanto que tramaba aquella patraña en su fértil imaginación. Finalmente, se dejó sacar a la superficie «con muestras de estar dormido». ¡Vaya con don Quijote! Y ¡vaya con Cervantes, que casi nos hace caer en el espejismo!

Muy calculadamente, no será hasta dos caps. más adelante que Cide Hamete Benengeli, «autor arábigo y manchego», «flor de los historiadores», nos confirme que esa es la verdadera explicación de «la grande aventura de la cueva de Montesinos»:

Se tiene por cierto que al tiempo de su fin y muerte… se retrató della y dijo que él la había inventado, por parecerle que convenía y cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias. (dQ2-24)


— o O o —


CONSIDERACIONES FINALES


Estuve a un paso de incluir en la Ponencia aquel «volvieron… a ser bestias» (dQ2-29), pasaje que ha generado interpretaciones un tanto sofisticadas; pero lo descarté por no haber allí engaño ni burla, sino un malentendido del que Cervantes es inocente. Y muy bien habría cabido aquí la caricatura de Vicente Espinel en el personaje «Vicente de la Rosa» (dQ1-51), pero el formato de este Congreso Virtual no permite tanto contenido. (2)

Soy el primero en admitir que con estos comentarios no habré descubierto la rueda. En cuanto a cómo las gastaba Miguel de Cervantes, me sumo a quienes creen que aún la cola nos queda por desollar. La mesa está servida; pero degustar las delicatessen más suculentas quizá implique atenernos más a lo humano que a lo divino, que los árboles nos permitan ver el bosque. Un bosque en que se repartía mucha leña, como denunció aquel tan denostado Alonso Fernández de Avellaneda.

Enrique Suárez Figaredo
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan
https://cervantesalcazar.com


NOTAS
(1) Para más detalle, v. Ángel Canellas López: «Notas para la vida dramática de D. Juan de Aragón y Gurrea» (Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita-1954).
(2) V. en la web de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, pestaña «Quijo-cosas», las tituladas «Peces y bestias en la aventura del barco encantado» y «Vicente de la Rosa, el gran seductor».

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Feliz Navidad

Fecha de Publicación: 09/12/2020

Después de un año muy duro en salud, economía y calidad de vida, deseamos a todos nuestros amigos una feliz Navidad y un año nuevo 2021 que sea mucho mejor que el que estamos a punto de dejar.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

 

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La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan desde Barcelona en el Congreso de la Universidad de Navarra

Fecha de Publicación: 17/12/2020

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha participado en el Congreso Internacional «Burlas, burladores y burlados en Cervantes», organizado por el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra

Por delegación de la Junta Directiva, nuestro Socio de Honor Enrique Suárez Figaredo (residente en Barcelona), presentó en el Congreso la ponencia «Mentiras, patrañas y pullas: el timo de la bocina, los cuernos de la Luna y la caverna espantosa». Atendiendo a las circunstancias que vivimos, el Congreso se ha celebrado en modo virtual (no presencial) y con un limitado número de participantes.

La ponencia agrupa varias de las QUIJO-COSAS publicadas en nuestra web (https://cervantesalcazar.com) y comenta tres pasajes del QUIJOTE que no han sido perfectamente interpretados, o no totalmente explicados, por los comentaristas. Uno de ellos es el engaño urdido por Sancho para que don Quijote no emprenda la aventura de los batanes; otro, el remate del vuelo de Clavileño, y el último tiene lugar en la Cueva de Montesinos.

Para la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan es motivo de satisfacción y orgullo que las aportaciones de los Socios nos permitan ir ganando visibilidad en el disputado mundo cervantino, y nos anima a continuar en esa línea en la medida que nuestros modestos recursos nos lo permitan.

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Tercera edición de la campaña de recogida de libros “Ningún niño sin imaginación”

Fecha de Publicación: 04/12/2020

 

Alcanzamos la tercera edición de la iniciativa de esta Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan que al llegar las fiestas navideñas posibilita acercar los libros a los niños más desfavorecidos y fomenta la lectura entre los jóvenes

Alcázar de San Juan, 4-12-2020.- Con la pretensión de que ningún niño se quede sin leer esta Navidad, por muy limitado que sea su poder adquisitivo, o por muy desfavorables que sean sus condiciones familiares, la Sociedad Cervantina de Alcázar ha iniciado la campaña “Ningún niño sin imaginación” que ya alcanza su tercera edición y que consiste en la recogida de libros que en muchos hogares alcazareños ya han sido leídos y a los que pretendemos alargar su vida poniéndolos en las manos de  otros niños que tienen más difícil el acceso a este elemento sustancial de conocimiento por lo que de ningún modo pueden quedarse sin desarrollar su imaginación a través de la lectura.

Los días 4 de diciembre (viernes) y 11 de diciembre (viernes), se ha habilitado la sala 7 del Centro Cívico en la plaza de España de Alcázar de San Juan, en horario de 18:30 a 20:00, para la recogida de libros infantiles y juveniles, usados, pero en buen estado, que sirvan para que otros niños puedan disfrutar del placer de la lectura. También este año, nuestro socio Enrique Lubián será el encargado de su recogida permaneciendo en el Centro Cívico en el horario anunciado. Los libros recogidos se entregarán a la Asociación Cultural y Social El Sosiego (asociación que lleva ya varios años poniendo en práctica su campaña solidaria de recogida de juguetes), al objeto de que estos libros puedan formar parte de los lotes de juguetes a entregar a las familias más necesitadas de nuestra ciudad.

En esta Navidad y más aún después del año tan difícil que nos está tocando vivir hacemos una llamada a la generosidad, es tiempo de compartir con los demás, sobre todo con los que menos tienen, porque son días propicios para que afloren nuestros buenos sentimientos de solidaridad. Esperamos vuestras donaciones.

Recordamos los días y horas de recogida en la Sala 7 del Centro Cívico:

  • Viernes 4 de diciembre, de 18:30 a 20:00
  • Viernes 11 de diciembre, de 18:30 a 20:00

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Sancho Panza reivindicado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

Fecha de Publicación: 02/12/2020
 

La estatua de Sancho Panza, de Marino Amaya en la plaza de España (Alcázar de San Juan), inspirada en Tico Medina

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Los cervantistas alcazareños consideran de importancia capital poner en valor la figura de Sancho Panza y rehabilitar algunas actividades de la antigua Orden de los escuderos llamados Sanchos que tuvo su mayor esplendor en los años 70 del pasado siglo, empeño en el que colaborará Tico Medina, Gran Maestre de la Orden

Alcázar de San Juan, 2 de diciembre de 2020.- Recientemente nuestro socio Manuel Rubio Morano ha publicado un completo artículo sobre la Orden de los escuderos llamados Sanchos, publicación que no es un hecho aislado, sino que está dentro de una estrategia de esta Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan para poner en valor la figura de Sancho Panza, el otro gran protagonista del Quijote. Por eso mismo, también ha publicado Enrique Suárez Figaredo el artículo “El gran Sancho Panza (The lone survivor)”, con gran seguimiento en los medios de comunicación.

Entendemos que la figura de Sancho merece un mayor reconocimiento -al igual que en la novela- puesto que Cervantes crea el personaje como contrapeso ideal a don Quijote. Si bien en la primera parte solo lo acompaña, en la segunda parte luce con luz propia adquiriendo más importancia, incluso protagonizando episodios. Destaca como gobernador de la ínsula Barataria por su sensatez. A lo largo de esta segunda parte se acentúa también el proceso de quijotización y reclama la importancia que como personaje le corresponde. Sus funciones en la novela son la de delimitar el mundo de don Quijote, señalando el mundo externo, ayuda a descubrir la personalidad de su amo y aporta el elemento cómico a la obra, sobre todo por su característica de soltar gran cantidad de refranes, de los que es un gran conocedor y casi siempre oportunos y traídos a colación.

Es por lo que la Sociedad Cervantina de Alcázar se propone retomar una actividad de la antigua Orden de los Sanchos, otorgando el nombramiento de “Gran Sancho Panza” a personas de cualquier parte de España y del mundo, que cumplan unos requisitos relacionados con la figura de Sancho Panza.

Para esta actividad contamos con el afamado periodista Tico Medina, fundador de la Orden de los Sanchos y Gran Maestre de la Orden, que se ha mostrado muy ilusionado en volver a retomar esta actividad, seguirá siendo, como socio ya de ella, un puntal muy importante en cuantas iniciativas lleve a cabo esta Sociedad Cervantina, relativas a la exaltación de Sancho Panza.

Pensamos que es una bonita tradición y una manera sin par de promocionar nuestra ciudad, así como de promover el conocimiento de sus recursos turísticos, que se pondrá en marcha a lo largo del próximo año 2021. La Sociedad Cervantina ya está valorando varios candidatos con los que iniciar esta nueva actividad que tendrá lugar en la Silla de Sancho en la finca de La Platera, que sus propietarios amablemente nos han cedido para su uso.

 

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El Quijote de la Plaza Alta de Algeciras

Fecha de Publicación: 24/11/2020

Efigie de Don Miguel de Cervantes Saavedra
Plaza Alta de Algeciras. Fuente central, hacia 1930

Cada ciudad tiene una plaza que se convierte en su espacio público por excelencia, en el caso de la refundación de Algeciras en el siglo XVIII esta función la cumplió desde sus inicios la Plaza Alta, cuyo nombre le viene dado por su posición, a mayor nivel, sobre la que se llamó en los inicios de la nueva población Plaza Baja, cerca del puerto. Hoy el nombre de esta última es el de Plaza de Ntra. Sra. de la Palma, aunque todo el mundo la conoce como la Plaza de Abastos, porque allí tiene su asiento el mercado local.

La plaza funciona como el mayor espacio de socialización de la ciudad junto a sus calles aledañas, la calle Ancha (oficialmente Regino Martínez) y la calle Convento (oficialmente Alfonso XI). En ella tienen lugar las citas del día, bien sea en la misma plaza, en los cafés, los bares o los negocios de alrededor. En ella se desarrollan las principales manifestaciones culturales, festivas y religiosas de la ciudad; pero sobre todo es el espacio íntimo ligado a la infancia, las pandillas de juventud y los noviazgos de cualquier edad.

La que hoy contemplamos no es la primera, que hubo en ese espacio, de ésa, diseñada cuando el general Castaños, el héroe de Bailén, fuera comandante del Campo de Gibraltar, nos queda su perímetro, marcado por un gran cuadrilátero achaflanado en sus esquinas, lo que le da la forma de un octógono irregular.

El emblema de esta plaza siempre ha sido el monumento central, que en sus orígenes fue una fuente, sobre la que se situó un obelisco de madera, dedicado a Godoy, que no duró mucho. Ésta fue sustituida por un monumento conmemorativo de las batallas de la Guerra de la Independencia, que a su vez sería reemplazado por una columna conmemorativa de piedra (1826-1926), sobre la que se pensó poner el busto de Castaños, a lo que éste rehusó, por lo que nunca tuvo un remate digno de ser recordado. Su lugar lo ocupó, por poco tiempo, una farola a la que popularmente se le dio el nombre de Cocina Económica y por fin con la renovación integral de toda la plaza entre 1929 y 1930, el espacio central lo ocuparía la gran fuente cerámica que aún subsiste. Parecida a ella es la Plaza de España de Vejer de la Frontera.

La Plaza Alta a principios del siglo XX

Si hubiera que destacar de ella algún motivo especial, éste lo sería sin duda el conjunto de baldosas que nos cuentan varios episodios de la novela de las novelas: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. La técnica usada en todo el conjunto cervantino es la de la cuerda seca. Los colores son los habituales dentro de la cromática trianera: azules, amarillos, rosas y verdes, en todas sus tonalidades.

La decoración cerámica del conjunto se debe a los talleres sevillanos de la Casa González, Cerámica Santa Ana y Coca Campos, esta última en la década de 2010.

La inclemencia del tiempo y la actividad de nuestros bárbaros generacionales, han tenido mucho que ver en su deterioro y la necesidad de remplazar periódicamente, desde 1930, tan interesante conjunto patrimonial.

Sobre la encimera de la fuente central se hallan dieciséis escenas, que pueden pertenecer a la primera hornada de 1930, y en ellas podemos ver las efigies de Cervantes, don Quijote, su escudero Sancho Panza y trece secuencias referidas a la novela cervantina.

La Plaza Alta hacia 1930

Pero la temática cervantina tiene un mayor recorrido. De nuevo las escenas quijotescas se van a repetir, esta vez, sobre los bancos que flanquean la fuente, tanto en los de doble asiento como en los octogonales. En los primeros las escenas se distribuyen en dos filas con diez escenas en cada una de ellas, por tanto, hay cuatro filas y cuarenta azulejos en cada uno de estos bancos, pero no por ello hay motivos diferentes en los tres bancos restantes. Los cuarenta de cualquiera de los bancos de doble asiento que elijamos son los mismos que se van a repetir en los bancos restantes. Estos mismos motivos se van a alternar sobre los bancos poligonales, aunque no en el mismo orden. Por tanto, un exiguo número de azulejos son los responsables de la totalidad de la obra cervantina reflejada sobre los bancos de la Plaza Alta algecireña.

 

Plaza Alta de Algeciras. Detalles Fuente central. Postal años 70-80 / 2020. Banco de doble asiento

A través de estas piezas cerámicas se describen algunos de los sucesos de trece capítulos del primer libro. De las cuatro partes que lo componen, las piezas de la Plaza Alta se van a centrar en tres de ellos: el primero con diez escenas, el segundo y octavo con siete, mientras que el sexto, el décimo, decimoquinto, decimosexto, decimoséptimo y decimoctavo, sólo cuentan con una única representación.

En su conjunto podemos decir que en ellos predomina un sentido descriptivo bastante gráfico. Se trata de una obra en la que destaca el juego de imágenes sobre el detalle y en la que hay claras diferencias estéticas entre los azulejos que se encuentran sobre la encimera de la fuente ornamental y los que lo hacen sobre los bancos, en beneficio, claro está, de los de la fuente central.

Efigies de Don Quijote y Sancho Panza 
Plaza Alta de Algeciras
Fuente central, hacia 1930

 

Don Quijote cae ante un molino, Libro I, Capítulo 8º
Plaza Alta de Algeciras
Fuente central, hacia 1930

En su conjunto podemos decir que en ellos predomina un sentido descriptivo bastante gráfico. Se trata de una obra en la que destaca el juego de imágenes sobre el detalle y en la que hay claras diferencias estéticas entre los azulejos que se encuentran sobre la encimera de la fuente ornamental y los que lo hacen sobre los bancos, en beneficio, claro está, de los de la fuente central.

 

Andrés Bolufer Vicioso. Licenciado en Geografía e Historia

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El gran Sancho Panza (The lone survivor)

Fecha de Publicación: 20/11/2020
 

 

En los años que dediqué a preparar mi Quijote de 2004, hube de releer mi texto media docena de veces (si no fueron más) para asegurarme de que seguía fielmente el de las ediciones príncipe (1605 y 1615). A cada revisión, la tarea se iba haciendo más mecánica, menos intensiva, permitiéndome consolidar mis propias reflexiones sobre la inmortal obra cervantina. Desde luego, el Quijote es (o quiso ser) un libro de entretenimiento, con momentos de excelente humor, pero también subyace en él la perpetua batalla entre el idealismo y el materialismo, soberbiamente reflejados en los personajes principales: uno ambiciona la fama y el otro ansía simplemente salir de penurias y, de ser posible, vivir a lo grande sin sudar gota. ¿Quién no?

Y lo cierto es que don Quijote logra su objetivo; pero no como hombre de carne y hueso, no como Alonso Quijano, sino como esa genial creación literaria infinitas veces reproducida en todas las lenguas del mundo. ¿Qué más pudo pedir Cervantes a su pluma?

Y ya que hablamos de pedir a la pluma, mis consocios y amigos de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan me han encargado que escriba «algo inédito sobre Sancho Panza». Yo obedezco (y agradezco) el encargo, pues me permite decir la mía, que no recuerdo haber expresado antes por escrito, y aquí me ha venido de molde recordar el título de cierta película bélica de 2013 en la cual un reducidísimo comando se infiltra en una zona escarpada de Afganistán infestada de talibanes. A ello, pues.

Para mis adentros, siempre he creído ver en el Quijote una odisea, si bien nunca me entretuve en comprobar si el vocablo estaba debidamente aplicado. Hoy sí lo he hecho, y leo en el diccionario de la RAE dos definiciones que vienen como anillo al dedo: «Viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero – Sucesión de peripecias, por lo general desagradables, que le ocurren a alguien».

Vale, pues, lo de odisea; pero en toda odisea épica que se precie hay héroes que mueren y héroes que sobreviven, quien deja fama y quien no. La nuestra sólo cuenta con dos protagonistas, y lo paradójico del asunto es que el uno logra post mortem la enorme fama que habría querido gozar in vitam, en tanto que la memoria del otro, el que sobrevive, se diluirá en la inmensidad manchega. Incluso sus abundantes refranes tienden a perderse lastimosamente en el olvido. Pese a sus «muchos y buenos servicios», ni siquiera se le menciona en las últimas palabras que «el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma»: malicia del «autor arábigo y manchego» de la historia, porque «siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos…, antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado». ¡Que injusta es la fama!

Pues yo quiero enderezar semejante tuerto, y digo que el gran Sancho Panza, el de «desnudo nací, desnudo me hallo», the lone survivor, es mi héroe del Quijote. Sobrevive para continuar la inexcusable empresa que para él, sólo para él estaba guardada. La inmensa mayoría de nosotros somos su reencarnación, cruelmente destinados a no dejar memoria más allá de una generación de familiares y amigos; pero eso no significa que hayamos sido inútiles para la sociedad que nos ha tocado vivir. Y esa es para mí la gran verdad, la gran lección que subyace en el libro de la primera a la última plana: en aquel ya algo decadente imperio español que llegó a conocer Cervantes, tan escaso de rutilantes héroes y grandes gestores como sobrado de corruptos, de ladronzuelos, de rentistas, de figurones y oportunistas «que ni quieren ni deben ni pueden trabajar», habrían de ser los anónimos Sanchos (y Teresas) quienes dejándose de cuentos sacasen sus familias y patria adelante con humildad y esfuerzo: nada nuevo bajo el sol que nos alumbra.

 

Enrique Suárez Figaredo

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Del monasterio de la Concepción en Alcázar de San Juan, al convento de Nuestra Señora de la Soledad en Villarrubia de los Ojos y del Voto a la Inmaculada a la marcha de las hermanas Clarisas y la posterior llegada de las hermanas Concepcionistas

Fecha de Publicación: 11/11/2020

Dibujo del Monasterio de la Concepción de Alcázar de San Juan que aparece en la Enciclopedia Ilustrada Seguí

Cercana la fecha del 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, es oportuno recordar la huella dejada por las Hermanas del Hábito de Santa Clara, las Clarisas, en Alcázar de San Juan. Hoy en día ha quedado casi en el olvido que esta congregación, que actualmente tiene su morada en el Convento de Nuestra Señora de la Soledad de Villarrubia de los Ojos, es la misma congregación que fundó y habitó durante más de trescientos años (1564-1868) el Monasterio de la Concepción de Alcázar de San Juan, más conocido como Convento de Santa Clara. También es poco conocida la importantísima vinculación que estas religiosas tuvieron con la proclamación y la renovación anual del Voto a la Inmaculada Concepción, que esta Villa realizó por primera vez en el año 1470, así como las circunstancias de la posterior llegada a nuestra ciudad de las Hermanas Concepcionistas

Está bastante aceptada la idea de que Villalpando en Zamora y Saelices en Cuenca fueron los primeros pueblos de España que, en el año 1466, proclamaron la Pureza Inmaculada de María Madre de Dios y que mediante la proclamación de un Voto público juraron defenderla y celebrar anualmente esta festividad. Durante los siguientes años fueron muchos los pueblos y ciudades de España que se sumaron a esta iniciativa, entre ellos Alcázar de San Juan que ya por entonces tenía erigida, extramuros de la villa, una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Concepción.

La primera referencia histórica que tenemos de la existencia de esta ermita data del año 1470 cuando en ella el Gobernador del Priorato de la Orden de San Juan, en nombre de todo el pueblo de Alcázar, profirió el solemne Voto y juró guardar y celebrar anualmente la festividad de la Inmaculada Concepción, pidiendo su protección contra la plaga de langosta que por entonces asolaba sus cultivos. Y así se estuvo haciendo durante algunos años, pero finalmente todos se olvidaron del compromiso adquirido con Nuestra Señora y dejaron de celebrarlo.

Pero en el año 1546 otra gran plaga de langosta volvió a hacer estragos en los campos de Alcázar, arrasando de nuevo sus cultivos. Entonces sus habitantes se acordaron del olvidado Voto a la Inmaculada y el Concejo, junto a la Comunidad de los Padres Franciscanos que desde el siglo XIV eran los grandes defensores de este Misterio de Fe, decidió renovarlo a perpetuidad, añadiendo el compromiso de celebrar cada año nueve misas en honor de las nueve fiestas principales de Nuestra Señora.

Fieles a ese acuerdo el 8 de septiembre de ese mismo año partió desde la primitiva iglesia de Santa Quiteria todo el pueblo en procesión con destino a la venerada ermita, iba presidida por el Prior de dicha iglesia, Pedro de Orgaz, junto a todo el Concejo de la Villa encabezado por sus alcaldes ordinarios, Lope de Malara y Jerónimo Díaz Maroto. Una vez en la ermita se celebró una solemne función, en la que predicó Fray Francisco de Zamora, Guardián del Monasterio de San Francisco, a continuación, con las manos sobre los Santos Evangelios, se renovó solemnemente el Voto realizado en 1470. Firmaron como testigos del acto Luis de Aza, Hernando de Villaescusa, Juan Rubio, Martín Cabero, Sebastián de Yepes y el Bachiller Juan López Montalvo y dio fe de todo ello el escribano Alonso de Yepes.

La langosta desapareció y el suceso se expandió con rapidez por todos los pueblos y villas del Priorato, sobrepasando sus límites. Cuando esta noticia llegó al Monasterio de San Juan de la Penitencia de la Orden Tercera Franciscana, en Toledo, profesaba allí una religiosa alcazareña, la Venerable Sor Francisca de la Cruz, que de inmediato concibió la idea de dar gracias a la Santísima Virgen María fundando un monasterio de religiosas junto a la venerada ermita.

Con el apoyo de Sor María Fernández, conocida como “la peregrina de Cristo”, decidió acudir al Concejo de Alcázar con el fin de solicitar la correspondiente autorización. Para realizar la petición, en julio de 1556, concedió poderes al Presbítero Fray Francisco Cortés, Capellán de la Capilla del Obispo de Ávila, ante el escribano de Toledo Don Alonso de Madrid. El 1 junio de 1557 se elevó formalmente la petición al Concejo de Alcázar que ese mismo día, bajo la presidencia de sus alcaldes ordinarios Rodrigo de Sacedo y Hernando Díaz Guerrero, se reunió en la Sala Capitular del Ayuntamiento y acordaron otorgar la oportuna licencia y concederle la ermita y otros bienes anejos a ella.

Para finalizar todos los trámites faltaba la obligada autorización del Prior de la Orden de San Juan y el 20 de mayo de 1564, Jerónimo de Galoza, secretario del Gran Prior Frey Antonio de Toledo, daba en Madrid la licencia para fundar el monasterio. Tres días después, el 23 de mayo, Sor Francisca de la Cruz, junto a Sor María Ortega y Sor Luisa de la Ascensión, tomaban posesión de la ermita, que se convirtió en la iglesia del nuevo monasterio que de inmediato se edificó junto a ella. Desde entonces, hasta su exclaustración en 1868, no dejó de celebrarse en ella la festividad de la Inmaculada Concepción y la renovación anual del Voto, tal como se había acordado en las capitulaciones para la concesión.

En 1565 la Orden Franciscana dio a estas religiosas la Regla Terciaria Franciscana sin velo, pero veintiséis años después, en aplicación de los decretos sobre la clausura en los monasterios emanados del Concilio de Trento, el Capítulo Provincial de la Orden celebrado en Belmonte la modificó, dándoles la Segunda Orden Franciscana, Regla de Santa Clara. Regla que les fue de aplicación a partir de 1591, tras unos meses de instrucción a cargo de religiosas llegadas de la Comunidad de Clarisas de Huete.

El nuevo monasterio que recibió el nombre de Monasterio de la Concepción, aunque era más conocido entre los alcazareños como “de las monjas Clarisas”, prosperó rápidamente gracias a las abundantes ayudas de todo tipo que desde el primer momento recibió, debemos de recordar que en esa época Alcázar vivía su auténtica “edad de oro”. En pocos años llegó a tener más de ochenta religiosas y en él profesaron mujeres de las más arraigadas e importantes familias de Alcázar y de otros pueblos y villas del Priorato. 

A principios del siglo XVII era tan elevado el número de religiosas que moraban en el Monasterio de la Concepción que Doña María Díaz Pedroche, virtuosa dama alcazareña devota de San Francisco, les cede su casa solariega para fundar en ella un segundo monasterio de la Regla de Santa Clara; la licencia para esta fundación les fue concedida por la Orden Franciscana el 2 de noviembre de 1601. Con esta licencia en su poder se dirigieron al Gran Prior de la Orden de San Juan, Príncipe Enmanuel Filiberto, para solicitar la correspondiente autorización, que les fue concedida por su Lugarteniente Frey Don Antonio de Toledo el 28 de enero de 1602.

El 23 de mayo de ese mismo año tomó posesión de la casa de Doña María Díaz Pedroche el Provincial de la Orden Franciscana, que designó a Fray Calixto Cantero como primer Vicario y a Sor María de Vargas como Madre Abadesa Fundadora del nuevo monasterio, quien de inmediato se instaló en su nuevo hogar junto a Sor Ana Pérez y Sor Jerónima Martínez Coronel, las tres monjas Clarisas procedentes del Monasterio de la Concepción, según la condición impuesta por Doña María.

Junto al nuevo monasterio, que se denominó Monasterio de San José por nacer bajo la protección de este santo, se construyó una pequeña iglesia, hoy desaparecida, que fue bendecida el 15 de junio de 1605. Este segundo monasterio, más pequeño que el de la Concepción, llego a albergar en su momento de máxima actividad a unas treinta religiosas.

Estado del edificio del Monasterio de San José antes de su restauración para sede del Museo FORMMA

Durante los dos siglos siguiente ambas comunidades de religiosas vivieron años de esplendor, hasta el extremo de que la devoción por la Inmaculada Concepción que ellas profesaban y acrecentaban con su ejemplo, hizo que el Concejo, por Bula concedida por el Papa Urbano VIII (1623-1644), la declarase Patrona de la Villa, en clara desavenencia con el Vicario Arzobispal, residente en Alcázar, que había proclamado Patrona a Santa Quiteria y establecido el 22 de mayo como su festividad. La controversia nunca cesó completamente y para reafirmar su posición, hacia la segunda mitad del siglo XVIII, el Concejo mandó pintar en la Sala Capitular del Ayuntamiento una imagen de la Inmaculada con esta inscripción: “Ave María Purísima. La Inmaculada Concepción General Patrona de esta Villa”.

Otro claro ejemplo de la devoción que los vecinos de Alcázar sentían por María Inmaculada lo tenemos en el hecho de que, en el año 1666, el matrimonio formado por Don Francisco de Reza Orozco y Doña Francisca Muñoz Villaseñor fundaron, a expensas de su patrimonio, el “Colegio de la Inmaculada Concepción y San Buenaventura”, ubicado en la Universidad del Monasterio de San Francisco y en el que se impartían estudios de Filosofía y Teología para clérigos franciscanos, pero al que podían asistir también seglares de esta Villa.

Pero como el paso del tiempo todo lo cambia, esta disputa acabó en el año 1824 con el reconocimiento como nueva Patrona de Alcázar de otra advocación de la Santísima Virgen, también muy arraigada desde hacía tiempo entre sus habitantes, la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya festividad litúrgica, a celebrar el día 7 de octubre, había establecido el Papa Pio V en acción de gracias por la victoria de la Liga Santa sobre los turcos en la batalla de Lepanto.

Gracias al Censo del Conde de Floridablanca, elaborado en 1787 durante el reinado de Carlos III, sabemos que en ese año la comunidad alcazareña de monjas Clarisas aún mantenía un cierto vigor, pues contaba con un total de 54 religiosas, 26 residentes en el Monasterio de la Concepción y 28 en el de San José; solo había sufrido un ligero descenso respecto las 60 monjas que se habían contabilizado en el Catastro del Marqués de la Ensenada del año 1752.

Con la desamortización de Mendizábal en 1836, se exclaustraron todos los conventos de Alcázar, incluido el Monasterio de San José, pero no el de la Concepción, en donde se recogieron las últimas religiosas procedentes de aquél. Pero la decadencia, de la mano de la secularización, era ya imparable y el Monasterio de la Concepción, en cuya iglesia el Concejo de la Villa seguía renovando anualmente el Voto a la Inmaculada, se quedaba sin religiosas. Tan solo una leve esperanza se vislumbró en 1862, cuando S.M. la Reina Isabel II, ferviente devota de la Inmaculada Concepción visitó el Monasterio.

La visita, que inicialmente debía de haberse realizado cuatro años antes y se había suspendido por causas climatológicas, se realizó definitivamente el 12 de septiembre de ese año, aprovechando un viaje de la Reina a Andalucía. Según dicen las crónicas, la comitiva Real recorrió las calles de Alcázar desplazándose en carruaje desde la estación del ferrocarril hasta el Monasterio, haciendo una breve parada en la Iglesia de San Francisco, una vez en él los Soberanos departieron con las religiosas, probaron sus dulces y oraron ante la Imagen de la Inmaculada Concepción, quedando maravillados de su belleza. La Reina hizo una generosa donación a la Comunidad y al Consistorio y prometió ayudarles en todo lo que pudiera.

Animados por esa promesa la Corporación Municipal envió, el 12 de diciembre de 1864, una carta a S.M. solicitando el envío de religiosas para mantener viva la actividad del Monasterio, pero la situación era ya irreversible y en 1868 las tres últimas monjas que quedaban en él abandonaron definitivamente Alcázar y con su marcha se puso fin a la renovación anual del Voto a la Inmaculada Concepción. El edificio fue cedido al Ministerio de la Guerra para uso militar y acabó siendo, con el paso de los años, casa cuartel de la Guardia Civil. Actualmente ha sido transformado para uso hotelero.

En la parte del edificio del Monasterio de San José que se ha mantenido en pie se ubica en la actualidad el Museo FORMMA, museo de la Cerámica Manchega, en donde se exhibe una amplia colección de piezas procedentes de los principales núcleos alfareros de la región. Es de destacar el histórico escudo de la Orden Franciscana que ennoblece una de las esquinas del edificio.

Escudo de la Orden Franciscana en la fachada del antiguo Monasterio de San José

Esas tres últimas religiosas que abandonaron el Monasterio de la Concepción en 1868, la Abadesa Madre Sacramento Alfaro, Sor Saturnina de la Soledad y una tercera hermana sin identificar, fueron acogidas en el Monasterio de San José, de las Carmelitas Descalzas, en Malagón. En este lugar pudieron seguir con normalidad y total independencia su propia Regla de Santa Clara.

Como curiosidad hay que comentar que entre los dulces que hacían las monjas Clarisas destacaban unas deliciosas tortas de bizcocho, quizás elaboradas según la receta traída desde alguno de sus conventos en Italia. Estas tortas, que siguieron elaborándose fuera del monasterio por el personal seglar que en él trabajaba, son en la actualidad las famosas y apreciadísimas “Tortas de Alcázar”.

Catorce años después, en 1882, la Madre Sacramento Alfaro tuvo noticias de que un vecino de Villarrubia de los Ojos, Don Bernardo Jerez Moraleda, estaba rehabilitando y ampliando a sus expensas el edificio de la antigua ermita de Nuestra Señora de la Soledad para convertirlo en iglesia, puestos ambos en contacto acordaron fundar un convento en la casa y huerta que Don Bernardo tenía junto a esa ermita.

En 1884 Don Bernardo elevó al rey Alfonso XII un escrito solicitando del Ministerio de Gracia y Justicia la preceptiva autorización para la fundación del convento. El 17 de julio de 1885 se recibió en el Obispado de Ciudad Real el siguiente comunicado “De acuerdo a los informes favorables emitidos por las más altas autoridades eclesiásticas y civiles, se concede la correspondiente autorización para fundar en dicha Villa una Comunidad de Religiosas Clarisas”.

Ante esta gran noticia, la Madre Sacramento contestó de inmediato que podían contar con ella, con Sor Saturnina de la Soledad y con otras cuatro religiosas procedentes del Real Monasterio de Santa Clara de Játiva para la apertura de la nueva fundación. El 25 de agosto del citado año el Nuncio del Papa León XIII firmó las correspondientes autorizaciones y licencias para el traslado.

La Madre Sacramento, de acuerdo con la Abadesa de Játiva, fijó la fecha del 15 de octubre, festividad de Santa Teresa de Jesús, para tomar posesión de su nueva residencia a la que llamaron Convento de Nuestra Señora de la Soledad por estar junto a la ermita, ahora iglesia, de esta advocación. Así, diecisiete años después de haber salido de Alcázar de San Juan, la comunidad de Religiosas Clarisas que Sor Francisca de la Cruz había fundado en 1564 renacía en Villarrubia de los Ojos.

Esta nueva comunidad estuvo inicialmente formada por la Madre Sacramento y por las Hermanas Sor Saturnina de la Soledad, Sor Águeda María Badenes, Sor Angelina Sanmartín, Sor Patrocinio Ballester y Sor Juana María Llozar.

Con el paso de los años el viejo convento que se había edificado en los terrenos de la huerta de Don Bernardo se fue quedando obsoleto y así, el 6 de marzo de 1978, en concordancia con las orientaciones del Concilio Vaticano II sobre el tema de la renovación de la vida religiosa, comenzaron las obras del nuevo convento, en cuya construcción colaboró todo el pueblo de Villarrubia y del que sus habitantes se sienten especialmente orgullosos.

Pero los alcazareños no quedaron huérfanos por muchos años de acoger en su ciudad a una nueva congregación que, por encima de todas las cosas, rindiera culto y servicio a la Inmaculada Concepción de María y así, el 1 de julio de 1882, llega a Alcázar de San Juan una comunidad de religiosas pertenecientes a la Orden de la Inmaculada Concepción. Orden que había fundado en 1489 la portuguesa Santa Beatriz de Silva, mediante la Bula Inter Universa, aprobada por el Papa Inocencio VIII, cuatro siglos antes de declararse el dogma.

Esta nueva comunidad, en principio de Concepcionistas Descalzas por seguir la reforma llevada a cabo por la Madre Patrocinio Quiroga, instala su primera residencia en una casa de la calle del Verbo, hoy calle del Dr. Policarpo Lizcano, donada para tal fin por la devota alcazareña Doña Candelas Campo Vela, viuda de Don Evelio Reíllo Pizarro, quien acometió a su costa el proyecto de remodelación del edificio para transformarlo en monasterio. Fue su primera Abadesa Sor María Antonia de la Asunción Reíllo, hermana de D. Evelio, que vino junto a otras nueve religiosas del Monasterio Concepcionista de Manzanares.

La muerte de Doña Candelas, en febrero de ese mismo año de 1882, dejó inconclusas las obras del edificio que no se pudo acondicionar tal y como había previsto su benefactora, por lo que finalmente resultó ser una vivienda muy precaria e insalubre para las monjas. 

El paso del tiempo fue agravando estas malas condiciones y el estado ruinoso que presentaba el edificio en el año 1970 aconsejaron a la Rvda. Madre Mercedes de Jesús Egido, que había sido elegida Abadesa del Monasterio el 23 de enero de ese mismo año y hoy está en proceso de beatificación, la construcción de un nuevo convento e iglesia, cuyas obras comenzaron ese mismo año a expensas de Don Pablo Salvador Bullón en unos terrenos situados en la actual calle de La Virgen, casualmente muy próximos al lugar en donde estuvo ubicada, en el siglo XV, la antigua y venerada ermita de Nuestra Señora de la Concepción. 

En noviembre del año 1972, aún sin terminar las obras, pero acuciadas por la amenaza de ruina inminente en que se encontraba el viejo edificio de la calle del Verbo, las Hermanas se trasladan al nuevo y moderno monasterio que, junto a su preciosa iglesia, fue finalmente inaugurado y bendecido por el Obispo de Ciudad Real, Monseñor Juan Hervás y Benet, el 19 de marzo de 1973, festividad de San José, con el nombre de Monasterio de la Inmaculada y Santa Beatriz de Silva.

A partir de entonces esta Comunidad, siguiendo las directrices emanadas del Concilio Vaticano II sobre la adecuada adaptación y renovación de la vida religiosa, vivió un experimento de vida monástica basada en el espíritu y los propósitos de su Fundadora Santa Beatriz de Silva y tal como sucedió, casi cuatro siglos antes, con la fundación del Monasterio de San José de las Hermanas Clarisas, son ahora las Hermanas Concepcionistas, de la mano de la Madre Mercedes de Jesús, quienes abren, el 30 de abril de 1987, un nuevo monasterio llamado del Creador y de la Inmaculada, pero esta vez en la vecina población de Campo de Criptana.

En Alcázar de San Juan, además de los edificios de los dos antiguos monasterios de las Clarisas, ahora reconvertidos para esos otros usos ya comentados, ha quedado la hermosa y secular tradición del Voto a la Inmaculada Concepción, que tras pasar por ese largo periodo de olvido que comenzó con la marcha de las tres últimas religiosas en el año 1868, volvió a ser renovado 87 años después por el Alcalde de la Ciudad, Don Tomás Quintanilla, en solemne función religiosa oficiada el 8 de diciembre de 1954 en la iglesia de San Francisco.

Pero de nuevo nos encontramos con el hecho de que desde el año 2015 se ha vuelto a suspender su renovación. Sin entrar a valorar los motivos que han llevado a ello, pensamos que, aparte de su elevado sentido religioso, debería retomarse su renovación pues responde a una de las más hermosas tradiciones de Alcázar de San Juan, que no debería perderse después de los más de quinientos años transcurridos desde la proclamación del primer Voto.

Como ha venido sucediendo secularmente, desde aquellos lejanos años en los que los alcazareños pedían el fin de las plagas de langosta, la renovación del Voto siempre ha servido para que el alcalde de Alcázar de San Juan, además de proclamar la Inmaculada Concepción de la Virgen María, le expusiera las necesidades de la ciudad y solicitase su intercesión para solucionar los problemas que a todos nos acucian. Ahora, en este año, estamos ante una gran oportunidad para renovar de nuevo el Voto y pedir a Nuestra Señora protección frente a la Pandemia Covid-19 y las secuelas que padecemos. Seguro que muchísimas personas lo agradecerán.

Recordemos como Don José Eugenio Castellanos Perea, en el Voto de 1998, decía: “Como cada año venimos a solicitar vuestra intercesión para que nuevamente nos protejas de cualquier plaga que amenace nuestra convivencia, que socave nuestros credos, nuestra cohesión social, que nos hagan intolerantes con las ideas ajenas, excluyentes con hombres y mujeres de otras razas … ayúdanos a superar las enfermedades y los padecimientos, guíanos para nuestro recto proceder, en la defensa de los intereses de todos cuantos formamos esta comunidad”.

O como dos años más tarde, en 2000, Don José Fernando Sánchez Bódalo afirmaba que: “El progreso técnico y material, no ha evitado que miles de niños muera cada minuto; ni que cada diez segundos haya un nuevo enfermo de SIDA que no tendrá curación porque vive en una Tierra donde no ha llegado el remedio…” seguía diciendo “este Voto del año 2000 … es la mejor ocasión para fijarnos propósitos complicados pero necesarios. Ojala, el nuevo tiempo nos traiga la paz, la tolerancia y la superación de las desigualdades entre hombres y países”. Y acababa con estas palabras: “Señora, en nombre de todos los alcazareños y alcazareñas y de la Corporación Municipal, renuevo el Voto que la ciudad tiene hecho a tu Purísima Concepción. Voto que la Corporación que presido renovará cada ocho de diciembre en nombre de la ciudad de Alcázar de San Juan”.

Monumento erigido por Alcázar de San Juan a la Inmaculada Concepción en su primer emplazamiento en 1962

 

Este trabajo ha sido posible gracias a los datos recogidos en diferentes escritos de don Manuel Rubio Herguido y a la documentación facilitada por las actuales congregaciones de las Hermanas Clarisas del Convento de Villarrubia de los Ojos y de las Hermanas Concepcionistas de Alcázar de San Juan.        

Manuel Rubio Morano

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Alcázar de San Juan en el mundo cervantino

Fecha de Publicación: 10/11/2020
Alcázar de San Juan ya está en la Red de Ciudades Cervantinas

La Red de Ciudades Cervantinas acoge a Alcázar de San Juan como nuevo miembro

El domingo 8 de noviembre y coordinada por la Sociedad Cervantina, tuvo lugar una nueva edición de la ruta guiada por los lugares que vinculan a Alcázar de San Juan con Miguel de Cervantes

Alcázar de San Juan, 10-11-2020.- En el 462 aniversario del bautismo de Miguel de Cervantes Sabedra, Alcázar de San Juan, ha entrado a formar parte de la Red de Ciudades Cervantinas. Sinceramente pensamos que no se ha podido elegir una fecha mejor para esta incorporación.

Esta Sociedad Cervantina ha acogido con alegría esta importante noticia para la ciudad de Alcázar de San Juan porque ha estado tratando de impulsar la incorporación de la ciudad a la Red desde el principio de su creación (en abril de 2017), para lo que presentó al ayuntamiento una propuesta de adhesión con un amplio dossier en junio de 2017.

En un acto celebrado en el Museo Casa del Hidalgo, celebrado hoy día 9, el presidente de la red de Ciudades Cervantinas José Manuel Lucía Megías daba la bienvenida a Alcázar de San Juan que junto con otras 23 ciudades de tres continentes forman esta importante asociación cultural en torno a la personalidad y la obra de Miguel de Cervantes, dijo que este es el inicio de un camino que construye y que será beneficioso para la ciudad de Alcázar y para el resto de ciudades de la Red, recordaba que los objetivos de la Red se alcanzan a través de tres ejes como son la Cultura, el Turismo y la Educación, añadiendo sobre esta última que es necesario trabajar con los niños y poner semillas en su educación para formar en ellos valores que les permitan desarrollar un amor por la cultura y también por el turismo.

Consideramos muy importante para la comarca del Quijote, esta incorporación de Alcázar de San Juan a la Red, no solo por la magnífica programación de actividades culturales en torno al Quijote y Cervantes que la ciudad pone a disposición de sus visitantes, sino por la influencia directa que sobre el turismo y la hostelería puede tener en los pueblos cercanos.

Ruta guiada Alcázar de Cervantes

En la mañana del domingo 8 de noviembre e incluida en la programación de las VII Jornadas Vino y bautismo Qervantino, la Sociedad Cervantina de Alcázar coordinó una nueva edición de la ruta Alcázar de Cervantes que mostró a los participantes los lugares de la ciudad que tienen vinculación con el escritor y con su obra.

En cada ruta la Sociedad Cervantina se esfuerza por mejorarla y por aportar cada vez más elementos que sitúen a los participantes en el ambiente y en la época de la ruta. Así, tras visitar la estatua del Quijote cósmico, que regaló Eulalio Ferrer a la ciudad de Alcázar de San Juan (estatua gemela de la existente en Guanajuato -México-), Luis Miguel Román vicepresidente de la Sociedad, sorprendió a los asistentes mostrando un Quijote en edición de 1905, de Calleja, justamente igual al que obtuvo Ferrer en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, a cambio de una cajetilla de tabaco y que fue el inicio de su amor por el Quijote que se prolongaría por el resto de su vida.

También en esta ocasión y cuando se hablaba de la impresión del Quijote, los miembros de la Sociedad mostraron la disposición de los folios en la imprenta y la orientación de los textos a componer por los cajistas, de modo que al doblar los pliegos las hojas quedasen en su orden correspondiente. Este tipo de demostraciones prácticas y de visualización del modo en que se trabajaba en las imprentas, gusta mucho a los participantes de la ruta y los introduce de lleno en el mundo editorial del Siglo de Oro, y les hace comprender el enorme trabajo de edición e impresión de un libro en la época de Cervantes.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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La ciudad argentina de Azul se convierte en la capital del cervantismo gracias a la celebración de las XII Jornadas Académicas

Fecha de Publicación: 06/11/2020

 

El día 9 de noviembre se inauguran las XII Jornadas Cervantinas en Azul

Del 9 al 18 de noviembre se celebran de manera virtual las XII Jornadas Cervantinas en Azul, dedicadas al tema: Cervantes en América

A lo largo de 8 días, 21 expertos de diferentes cervantistas de América y de España analizarán la influencia de Cervantes en autores y textos americanos, y se darán a conocer algunas de las colecciones cervantinas más importantes que se conservan en América

Las Jornadas Académicas serán inauguradas por el escritor argentino Federico Jeanmaire

Las Jornadas Cervantinas en Azul, que comenzaron en el año 2007, han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos de la pandemia. Esta circunstancia negativa se ha convertido en una oportunidad, pues la celebración online de estas XII Jornadas Cervantinas ha permitido diseñar un programa impensable en una convocatoria presencial: 21 estudiosos cervantistas de España y América analizarán la influencia de Cervantes en diversos autores y obras, y su pervivencia en cuatro colecciones cervantinas. España, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Venezuela, Colombia, Costa Rica, México y Estados Unidos estarán presentes.

Organizada por la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (Argentina), la Asociación Española de Socorros Mutuos de Azul y la Asociación Civil Azul Ciudad Cervantina, las Jornadas cervantinas han contado con el apoyo de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Buenos, de la Embajada de España en Argentina y de la Red de Ciudades Cervantinas. En sus doce años de existencia, las Jornadas Cervantinas han reunido a un selecto grupo de cervantistas y escritores de diferentes países en Azul: Carlos Alvar, José Montero Reguera, Gustavo Martín Garzo, Alfonso Mateo Sagasta, Ruth Fine, M.ª Augusta de Costa Vieira, Gustavo Illades… pero con su convocatoria actual, Azul se convierte por unos días en la capital del cervantismo mundial.

La conferencia inaugural estará a cargo del escritor argentino Federico Jeanmaire, que el día 9 de noviembre hablará en “Tapiar y quemar” de las razones que llevan al cura y al barbero a quemar la biblioteca de don Quijote al inicio de la obra, razones que le moverán al autor de Wüerra a plantear una radiografía del mundo actual.

De lunes a jueves, tres conferencias cada día van a ir completando una particular mirada de la influencia cervantina en diferentes épocas, autores y géneros, sin olvidar el cervantismo social, el que hace de los valores cervantinos el motor de proyectos para la mejora de la vida de colectivos marginados.

En el ámbito argentino, por comenzar por el país anfitrión, habrá cuatro acercamientos bien diversos: por un lado, el Quijote en Borges, pero desde la perspectiva novedosa de la lectura en clave cervantina del cuento “El evangelio de San Marco”, que realizará el profesor Javier Roberto González; al que seguirán el estudio de las relaciones cervantinas de dos autores más modernos, como son Ricardo Piglia (por M.ª Elena Fonsalido) y Carlos Gamerro (por Clea Gerber). Por su parte, el profesor Juan Diego Vila se acercará a la obra de Ana María Barrenechea, una de las cervantistas argentinas más universales. De Chile, habrá dos acercamientos: por un lado, las recreaciones cervantinas del siglo XIX (por el profesor Francisco Cuevas) y, por otro, el análisis de la obra del dramaturgo chileno Jorge Díaz a la luz de sus influencias cervantinas. Para el Perú, el profesor Ángel Pérez Martín destaca el carácter puntual e intermitente del cervantismo en su país, que aparece y desaparece en épocas, hasta llegar a la figura y la obra de Mario Vargas Llosa. Una situación radicalmente opuesta a lo que sucede en Brasil, que será estudiada por la cervantista brasileña más importante, Mª Augusta da Costa Vieira, en la rica y variada tradición popular. En esta misma línea, para el Uruguay, la aportación de la profesora María de los Ángeles González tiene que ver con la presencia del Quijote y de Sancho Panza en la literatura criolla y el arte popular, que tuvo un enorme éxito. De Venezuela, de la mano del profesor Cristian Álvarez se verá la influencia de Cervantes en tres autores: Teresa de la Parra, Mariano Picón-Salas y Guillermo Sucre. Por su parte, la profesora Mª del Rosario Aguilar Perdomo utilizará un momento muy concreto: las celebraciones en Colombia durante 1905, en el Tercer centenario de la publicación del Quijote para analizar cómo era leída la obra en ese momento, a partir de qué tradiciones y con qué perspectivas, con la ilustración de numerosos documentos inéditos. El profesor Jorge Chen analizará dos obras de influjo cervantino en Costa Rica: la del filósofo Roberto Murillo y la del filólogo Alí Víquez.

Desde México se presentan dos perspectivas: por un lado, la profesora Nieves Rodríguez Valle analiza la influencia cervantina en Fernández de Lizardi, el primero de los novelistas mexicanos; y otro por otro, María Stoopen hace un repaso de los discursos cervantinos que se escucharon en la Academia Mexicana de la Lengua durante las celebraciones del cuarto centenario de la publicación del Quijote. Por último, pero no menos importante, se ha dado un espacio al Cervantismo Social, a diversos proyectos de activismo social en Estados Unidos, concretamente en Pennsylvania y en New York, estudiados por el profesor Rogelio Miñana.

A lo largo de estas dos semanas también habrá un espacio específico para el coleccionismo cervantino. El catedrático español José Manuel Lucía Megías autor junto a Justo Fernández de un Manual del coleccionista de Quijotes, comenzará esta serie de conferencias recordando la figura del Doctor Thebussem, ese personaje que a mediados del siglo XIX se “inventó” una biblioteca cervantina en Alemania, origen del afán coleccionista del Quijote a partir de este momento. Y de las diferentes bibliotecas cervantinas americanas se van a analizar cuatro: La biblioteca de Bartolomé J. Ronco en Azul (por Enrique Rodríguez), la de Arturo Xalambrí en Montevideo (por Elena Ruibal), la de la Universidad de la Plata (por Gloria Chicote) y la de Carlos Prieto, ahora en la Universidad de Monterrey en México (por Judith Farré). Cuatro acercamientos a las circunstancias personales, culturales y sociales que explican las características de estas bibliotecas, que permiten un curioso acercamiento a la vida cultural de Argentina, Uruguay y México en los primeros decenios del siglo XX.

La asistencia a las XII Jornadas Cervantinas de Azul es gratuita. Solo hay que inscribirse en un sencillo formulario de inscripción

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdMpuJGStpVcIoVBHUFKf08kec3KnrybENCMAdoLha5rt2hiw/viewform?gxids=7757.

Más de 200 personas inscritas a pocos días de su inicio es una muestra del enorme interés que han suscitado.

Programa completo: https://www.ucm.es/jmluciamegias/catedracervantes-xii-jornadas-cervantinas-en-azul-2020

Contacto: José Manuel Lucía Megías. Titular de la Cátedra Cervantes de la UNICEN y organizador de las Jornadas:

 

 

 

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Date una vuelta por La Mancha de Cervantes

Fecha de Publicación: 04/11/2020
Ilustración de Miguel Gómez Andrea “Gol”, autor de “Cervantes, la ensoñación del genio”, (biografía de Cervantes en cómic) publicado por Dibbuks en el 2015

Inmersos en las restricciones de movilidad causadas por la segunda ola de la COVID-19, la Mancha de don Quijote ofrece mucho al visitante, una auténtica inmersión cultural en la obra universal de Cervantes

Alcázar de San Juan, 4 de noviembre de 2020.- Cuando llevamos nueve meses luchando a brazo partido con el virus SARS-CoV-2 y cuando después de recuperar una cierta normalidad, la segunda ola del virus está volviendo a reducir nuestra movilidad, es el momento de volver a mirar hacia la Mancha, y más a la comarca cervantina de don Quijote y Sancho Panza.

La Mancha de don Quijote está ahora más cerca que nunca, sigue ofreciendo sus enormes recursos a los visitantes. Esta comarca cervantina delimitada por Tembleque, Puerto Lápice, Quintanar de la Orden y Argamasilla de Alba, lugares que Miguel de Cervantes citó en su inmortal novela, ofrecen una auténtica inmersión cultural y literaria en la obra del genial manco. Y dentro de esta comarca cervantina se encuentran El Toboso, el lugar de Dulcinea, y Campo de Criptana, villa molinera donde muchos autores sitúan la batalla de don Quijote contra uno de ellos.

Casi en el centro geográfico de esta comarca cervantina está Alcázar de San Juan, con título de Corazón de la Mancha. Desde esta ciudad los demás lugares están muy cerca.

«Tan cerca», como aseguraba Sancho Panza, está El Toboso, que no es un pueblo de ficción, es la patria real de Dulcinea, y merece la pena visitarlo. Por El Toboso don Quijote y Sancho entraron y pasearon por sus calles. Un visitante actual puede darse de bruces con los muros de la iglesia ubicada en el centro del pueblo y pasear por las mismas calles y callejones antes de llegar a visitar la Casa de Dulcinea. Completar la visita en el Museo Cervantino es poder admirar una de las mayores colecciones del mundo sobre Quijotes e iconografía de la novela.

Puerto Lápice conserva una venta antigua donde poder creer ver en la pila de su patio a don Quijote velar armas, contemplar sus cuartos y bodega y degustar platos típicos manchegos y cervantinos, como unos Duelos y Quebrantos o un guiso de las bodas de Camacho.

Cuando visiten Campo de Criptana, sentirán la misma sensación que don Quijote cuando se enfrentó a los más de 30 o 40 molinos que había en aquel campo y que don Quijote confundió con gigantes. Hoy quedan diez de ellos, pero se conservan en perfecto estado y siguen impresionando al visitante, más aún cuando están en plena molienda y se tiene la ocasión de estar en la camareta superior escuchando el fragor de las piedras al moler y el girar de las aspas (revestidas con sus lonas) al viento. El primer domingo de cada mes, si el viento no lo impide, se organizan moliendas en uno de los molinos de viento.

Una antiquísima tradición, recogida por los primeros comentaristas del Quijote y por algunos biógrafos de Cervantes, afirma que, en los sótanos de una casa de Argamasilla de Alba, conocida por Casa de Medrano, sufrió prisión Miguel de Cervantes y Saavedra, comenzando allí la redacción de su singular novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La ManchaSe sabe que a comienzos del siglo XVII la casa pertenecía a la influyente familia Medrano: originalmente, era un caserón manchego en dos alturas alrededor de un patio y diversas dependencias distribuidas por el resto en planta baja. Hoy, la casa tiene una sola planta, con portadas de acceso a la calle Cervantes, realizada con paramentos encalados y zócalos azules.

Muy cerca se hallan Las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos, donde tuvo lugar una de las más famosas aventuras de nuestro famoso caballero.

Antes o después de cada salida en busca de estos lugares cervantinos, en Alcázar de San Juan, con muchos recursos donde comer y dormir, se puede visitar el Museo del Hidalgo, donde documentarse sobre cómo vestía, cómo estaba surtida su cocina o su despensa, qué recuerdos se traía de sus viajes y en general como vivía. Conocer las dos azulejerías que sobre el Quijote existen en la ciudad, la de la Fonda y Sala de Espera de la estación que fue declarada en 2016 Bien de Interés Cultural por la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y también la azulejería del parque Cervantes, al aire libre, que es una de las pocas en el mundo (si no la única) que en sus imágenes está representado el Quijote completo desde el inicio hasta el final. Subir al cerro de sus molinos de viento y tener una visión a la redonda del horizonte manchego. Y poder apreciar la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Sabedra, que se conserva en la iglesia de Santa María y que según la tradición alcazareña es del autor del Quijote.

Al paso por Tembleque, es muy recomendable visitar su plaza mayor, una de la plazas más pintorescas y reconocibles, emblema del barroco popular del siglo XVII, en uno de sus laterales se construyó en 1654 en Ayuntamiento. La plaza fue diseñada para cumplir una doble función, la puramente urbanística como centro de la vida de la población y también la de plaza de toros, una de sus tres puertas era, además de acceso, callejón de toriles. La última corrida de toros se celebró en 1984.

Vivimos en la Mancha, tierra de don Quijote, su cuna, su solar y donde tuvieron lugar sus andanzas y aventuras, se trata de un elemento diferenciador que ningún otro destino turístico posee. Esta comarca tiene mucho que ofrecer y dispone además de una magnífica infraestructura hotelera y una hostelería de primer orden que sabe acoger y fidelizar a nuestros visitantes de manera espléndida y profesional.

Es por tanto un momento muy apropiado y oportuno para que esta Sociedad Cervantina invite a todos a que vengan a conocer el Corazón de la Mancha.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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La Sociedad Cervantina coordina el domingo 8 de noviembre una nueva edición de la ruta “Alcázar de Cervantes”

Fecha de Publicación: 02/11/2020

Dentro de la programación de las VII Jornadas Vino y Bautismo Qervantino que se celebrarán en Alcázar de San Juan del 5 al 9 de noviembre

Alcázar de San Juan, 2 de noviembre de 2020.- El próximo domingo 8 de noviembre la Sociedad Cervantina de Alcázar coordinará una nueva Ruta “Alcázar de Cervantes” que mostrará a los participantes de la ruta, los lugares de la ciudad que tienen una vinculación directa con el universal escritor, conmemorando el 452 aniversario de su bautizo (9 de noviembre de 1558).

Esta ruta se enmarca dentro de las VII Jornadas de Vino y Bautismo Qervantino que ha organizado el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan para festejar la efeméride. En la ruta, que es gratuita, pueden participar las personas que lo deseen y solo tienen que apuntarse en el teléfono 926 552 968 de la Oficina de Turismo porque el aforo es limitado.

Vino y Bautismo Qervantino es un programa diseñado por el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan que pretende aunar dos elementos muy significativos de la cultura alcazareña: Cervantes y el Vino. Desde el día 5 al 9 de noviembre se lleva a cabo una oferta de actividades muy atractiva que coincide con la fecha de la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra de la parroquia de Santa María de Alcázar (el 9 de noviembre), y con el Día Mundial del Enoturismo (el 8 de noviembre), promovido por RECEVIN y ACEVIN. El programa aúna actividades de música, conferencias, visitas a bodegas, catas de vino, rutas turísticas, literatura, gastronomía… que convierten a Alcázar en un referente en el mundo cervantino y el turismo enológico.

En esta edición de las jornadas, el lunes 9 de noviembre a las 17:30 horas en el Museo del Hidalgo,  tendrá lugar el acto oficial de la incorporación de Alcázar de San Juan a la Red de Ciudades Cervantinas, asociación cultural de primer orden en el mundo cervantino, adhesión que es muy importante para nuestra ciudad y a la que desde su creación, la Sociedad Cervantina de Alcázar ha estado promoviendo e impulsando, comenzando por la propuesta inicial al Ayuntamiento hasta ver finalmente reconocido su esfuerzo con la incorporación de nuestra ciudad a la Red que tanto nos va a beneficiar culturalmente, porque no se concibe Alcázar fuera de la Red y tampoco se concibe una Red de Ciudades Cervantinas sin Alcázar de San Juan.

Además, mediante una conferencia, los alcazareños podrán disfrutar del extraordinario conocimiento sobre Miguel de Cervantes por parte de José Cabello Núñez que es archivero en la Puebla de Cazalla (Sevilla) y que es el investigador que recientemente más documentos ha aportado en relación con el escritor y con sus andanzas por Andalucía, siendo tan  importantes sus descubrimientos,  que ha hecho engrandecer la biografía del escritor, aflorando y descubriendo nuevas personas, desconocidas anteriormente para los estudiosos de su biografía, que tuvieron influencia directa sobre la vida del escritor.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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Por el camino de Toledo a Murcia

Fecha de Publicación: 21/10/2020

En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía… y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza. Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. (dQ1- 4).

Como sabemos, en esta aventura don Quijote queda en el suelo «molido y casi deshecho», que «no podía menearse», cruelmente apaleado por uno de los mozos. Lo recoge Pedro Alonso, un «vecino suyo que venía de llevar una carga de trigo al molino»; lo sube sobre su borrico y cogiendo de la rienda a Rocinante lo lleva a su casa. Para ubicar la aventura en la Mancha del siglo XVII simplemente hay que marcar en el mapa el antiguo camino de Toledo a Murcia, en el que los mercaderes toledanos encuentran de frente a don Quijote, que volvía a casa desde la venta en que la noche anterior había sido armado falsamente caballero por el ventero. A ella había llegado después de una larga jornada de camino desde su casa, y desde ella regresaba por el mismo camino para hacerse de cuanto el ventero le había aconsejado llevar en sus aventuras. De ella había salido al alba, y al poco libró a Andresillo, o eso creyó él, de los azotes que le propinaba su amo, «un labrador de buen talle… que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar».

En su Reportorio de todos los caminos de España (1546), Juan de Villuga relaciona los lugares de paso entre Toledo y Murcia: Tembleque – Villacañas – El Molinillo – Miguel Esteban – El Toboso – Manjavacas – Las Mesas y El Provencio. En el paraje de Manjavacas se encontraba la única venta en aquella zona del camino, y cerca de El Toboso Quintanar de la Orden, donde vivía Juan Haldudo.
En la canícula y en esta parte de la Mancha, secos los ríos y los molinos de agua parados, los labradores tenían que llevar a moler el cereal a los molinos de viento que ya se habían instalado en sus cerros desde mitad del siglo XVI. En tiempos de la escritura del Quijote, en toda la Mancha, sólo los había en Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, Quintanar, El Pedernoso, El Toboso, Villaescusa de Haro y Chinchilla de Montearagón. De uno de estos lugares molineros vendría de vuelta a casa su vecino, y contra un molino de viento de éstos entró en batalla don Quijote a poco de salir de su casa por segunda vez, esta vez ya acompañado de Sancho Panza, siendo Campo de Criptana el único lugar que pudo contar en sus cerros «treinta o cuarenta molinos de viento» a principios del siglo XVII.


Si Cervantes quiso dar verisimilitud a la novela ubicándola en un espacio geográfico real como patria de su protagonista, la Mancha, en esta aventura de los mercaderes de seda toledanos señala por dónde cabalgaba don Quijote de regreso a casa desde la venta. Conocemos una vía principal, el camino de Toledo a Murcia, y unos hitos o mojones que precisan los puntos más significativos: la venta a una jornada de su casa y junto al camino (donde es armado caballero), Quintanar de la Orden (lugar de Juan Haldudo), los molinos de viento (de donde venía su vecino de moler trigo) y El Toboso («lugar cerca» del de don Quijote).

Esta es, pues, la comarca de don Quijote. Buscar el origen de sus andanzas por otras partes de la Mancha es, sencillamente, buscar tres pies al gato.


Luis Miguel Román Alhambra
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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El Quijote de Alcázar para Alcázar

Fecha de Publicación: 13/10/2020

La alcaldesa Rosa Melchor con Juan Bautista Mata presidente de la SCA

 

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha donado ejemplares de su Quijote a la biblioteca pública municipal Miguel de Cervantes de Alcázar de San Juan

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha donado ejemplares de su Quijote a la biblioteca pública municipal Miguel de Cervantes de Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan, 13 de octubre de 2020.- Juan Bautista Mata Peñuela presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar ha donado ejemplares de su Quijote a la biblioteca municipal de Alcázar de San Juan, para cerrar el círculo de su trayectoria: un Quijote nacido en Alcázar que va a parar a su propio pueblo, a su biblioteca.

En un sencillo acto que ha tenido lugar en el Museo del Hidalgo, la alcaldesa de la ciudad Rosa Melchor, ha recibido los dos tomos de la edición que para la Sociedad llevó a cabo Enrique Suárez Figaredo (Socio de Honor), quien consiguió redondear el trabajo presentado en dos tomos con unas mil páginas profusamente ilustradas a color. La alcaldesa agradeció poder disponer de esta obra para la lectura por parte de los vecinos alcazareños y visitantes y deseó que esta edición muy pronto esté manoseada y gastada por el uso. En el acto también estuvo presente Mariano Cuartero, presidente del Patronato de Cultura y Concejal de Promoción Cultural.

Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas no se trata de un resumen, ni siquiera de una criba de capítulos selectos, sino de un Quijote prácticamente completo, entretenido y entendible, con el objetivo de que quien empiece a leerlo, logre llegar hasta el final, tarea en que fracasan ocho de cada diez lectores.

En este Quijote de Alcázar los dos protagonistas don Quijote y Sancho Panza están siempre a la vista del lector al que no se le hurta su presencia ni por un momento, ya que se han eliminado todas las historias intercaladas que pueden distraer al lector del disfrute de las aventuras de ambos personajes.

Por la demanda de amigos y conocidos ya se han hecho dos impresiones de la obra, aunque ambas en tiradas muy pequeñas, prácticamente de forma artesanal, que han ido a parar a los socios y a las personas vinculadas directamente con la sociedad como familiares y amigos.

A este respecto recordamos las premonitorias palabras que hace unos días pronunciaba el presidente Juan Bautista Mata, sobre este exclusivo texto: “Puesto en las manos, entra por los ojos y da tentación de empezar a leerlo ya mismo. Estoy convencido de que a corto plazo nuestro Quijote alcanzará una difusión mucho mayor, cuando menos aquí en La Mancha”.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

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La tradición oral y su aportación para un mayor conocimiento de la historia del ferrocarril y sus gentes en España

Fecha de Publicación: 03/10/2020

Miguel Antonio Maldonado Felipe

En sus primeros tiempos el tren fue considerado un invento diabólico, viendo aquellas locomotoras originarias que discurrían vomitando humos y lanzando chispas como alma que llevaba el diablo, circunstancias que generaron fuertes temores y recelos entre las gentes, sobre todo del medio rural desde donde se mantuvo un visible rechazo ante el novedoso artefacto que frecuentemente provocaba accidentes e incidencias en su discurrir, como así se refleja en la tradición oral desde los mismos comienzos del ferrocarril en España.

La primera línea de ferrocarril que se estableció en territorio peninsular fue la de Barcelona-Mataró, inaugurada el 28 de octubre de 1848 por iniciativa del industrial mataronense Miquel Biada y Bunyol, quien fascinado por las excelencias del ferrocarril construido entre La Habana y Güines convino en la necesidad de llevar a cabo la construcción de la línea, en base a las múltiples relaciones comerciales establecidas entre Mataró y Barcelona. La ignorancia y el miedo a lo desconocido llevaron a atribuir a las locomotoras cualidades monstruosas y demoníacas, algunas de las cuales se ven reflejadas en las coplas que cantaban en Badalona mientras apedreaban a su paso los trenes del recién inaugurado ferrocarril:

El carril de Mataró

lleva cuernos, lleva cuernos,

el carril de Mataró

lleva cuernos y yo no [1].

Del mismo modo, la tradición oral ha venido manteniendo como episodio destacable el lance del párroco de una de las aldeas de la falda de San Cristóbal que, cuando los primeros trenes circularon entre Pamplona y Alsasua, salió un día revestido de sobrepelliz a conjurar el infernal convoy, exorcizándolo con hisopo y latines, como si de un invento demoníaco se tratara[2]Esta censura preliminar a la explotación ferroviaria se justificaba, fundamentalmente, en razones médicas, sociales y consideraciones de carácter ambiental. Los médicos alertaban sobre la existencia de gravísimos riesgos para la salud por el mero hecho de utilizar este medio de transporte. Así, múltiples revistas médicas y academias de la época publicaron artículos sobre los peligros que entrañaba el ferrocarril. Como señala José María Iribarren: «antes de construirse en España las primeras líneas, muchos aseguraban que al viajar se sufrían ahogos en la respiración, vértigos y mareos. Se decía que dada la velocidad de los trenes, los viajeros quedarían sofocados. Se temía, sobre todo, el paso por los túneles»[3]. El mismo Gustavo Adolfo Bécquer se muestra tremendamente gráfico al evocar el viaje que realizó en tren desde Madrid hasta Tudela en 1863, describiendo lo insoportable que resultaba esa primera sensación experimentada al iniciar un tren su marcha: «aquel confuso rechinar de ejes, aquelcrujir de vidrios estremecidos, aquel fragor de ferretería ambulante, (…) crispa los nervios, marea y aturde»[4]. La memoria colectiva sustenta igualmente que ciertos trazados ferroviarios se vieron, en origen, condicionados ante la oposición de terratenientes y caciques de las poblaciones por donde se pretendía que pasaran, alegando precisamente los supuestos daños que podían provocar en las personas, animales y a los campos. Y efectivamente, fueron muchos los que aseguraron que el humo y la ceniza perjudicaban a la agricultura. Tal fue el caso de Caparroso (Navarra) cuyos vecinos se opusieron a que la línea férrea pasase junto al pueblo por temor a que las chispas de las locomotoras prendiesen fuego a mieses y pajeras. Por ello, la estación se instalo a dos kilómetros del mismo:

Caparroso ya no es pueblo,

que se ha vuelto población;

tiene música y “toa” la Osma,

y va el coche a la Estación [5].

El mismo temor de Caparroso surtió entre las gentes de Villafranca de los Caballeros (Toledo) que se negaron a que las vías del tren cruzasen su población por miedo a los perjuicios que traerían los humos, vapores y chispas a animales y sembrados, hecho que condicionó el diseño definitivo de la línea del Ferrocarril de Madrid-Almansa por Alcázar de San Juan, o eso mismo han venido diciendo tradicionalmente nuestros mayores. Por otro lado, el ferrocarril procuró un nuevo sentido a aspectos físicos como la velocidad, el tiempo y el espacio, variables que distorsionadas por el nuevo invento, resultaron fascinantes para las gentes. No en vano, algunos cronistas destacaban que con la llegada del “nuevo mesías”, como así lo adjetivaban metafóricamente, se había «conseguido borrar las distancias geográficas»[6]. Así, la velocidad que desarrollaban los trenes, sobre todo en los primeros tiempos, no escapó a la difusión y puesta en valor por parte del pueblo mediante el recurso más inmediato y característico del que disponían, el cantar popular en forma de cuarteta o seguidilla. De este modo enaltecían los vecinos de Albacete los grandes beneficios que les reportaría, en materia de tiempo, la llegada del ferrocarril a su ciudad de la mano del Marqués de Salamanca:

El Marqués de Salamanca

nos hace un ferro-carril,

para irnos en diez horas

desde Albacete a Madrid[7].

Y efectivamente, teniendo en cuenta que la Compañía de coches y diligencias-correo invertía en las décadas de los cuarenta y cincuenta del s. XIX varias jornadas en realizar el trayecto entre Madrid y Albacete, con sus correspondientes pernoctaciones y avituallamientos en las paradas de postas, el hacer los casi 280 kilómetros de recorrido que albergaba esta sección de la nueva línea a Almansa en diez horas suponía un ahorro de tiempo formidable. En consonancia con lo anterior, una década más tarde, en 1865, después de la inauguración del ferrocarril de Chinchilla-Murcia construido por MZA, los vecinos del Campo de Hellín destacaban en sus canciones los más de cincuenta vertiginosos kilómetros por hora que desarrollaban los trenes para invertir una sola hora en cumplimentar los 51 kilómetros que separaban las ciudades de Chinchilla y Hellín.

Es tal la velocidad

que lleva el ferro-carril,

que en una hora te pone

desde Chinchilla hasta Hellín[8].

Con el paso del tiempo, las velocidades del nuevo ingenio se vieron normalizadas y aceptadas por la mayoría, llegándose incluso, en algunos casos, a subestimar y satirizar a modo de crítica social el excesivo tiempo de ciertos servicios. No son pocos los ejemplos que podemos encontrar al respecto, destacando el caso de Toledo, cuya unión por ferrocarril con la capital de España no fue, en origen, directo como otras líneas; se conformó como un pequeño ramal entre Toledo y Castillejo, punto intermedio de la línea de ferrocarril Madrid-Almansa desde el cual era necesario hacer transbordo con los trenes de enlace. Esta situación se mantuvo desde junio de 1858 en que fue inaugurado por la reina Isabel II, hasta mayo de 1879, veinte años después cuando comenzó la explotación comercial del ferrocarril de Madrid a Ciudad Real, materializándose la conexión entre Madrid Delicias y Toledo, con desvío por Algodor. El tiempo para cubrir este trayecto era de dos horas, aumentando hasta casi cuatro horas de viaje vía Aranjuez, con el consabido transbordo en Castillejo. La tipología del material utilizado, así como los tiempos y velocidades establecidas, hicieron que los toledanos, con su carácter imperial, despreciasen y ridiculizasen el servicio ferroviario a través de coplas populares como esta seguidilla con bordón:

El tren que con la corte

une a Toledo,

llaman con gran descaro

el tren expreso.

¡Dos horas muertas

para llegar a entrambas…

digo, a sus puertas! [9]

Resulta un hecho constatado que la irrupción y posterior consolidación del ferrocarril, provocó una verdadera revolución social, cultural, laboral y sobre todo humana en los territorios donde se hizo presente. Se cambiaron usos y costumbres, entrecruzaron pensamientos y convergieron identidades, conformándose con ello una particular idiosincrasia reconocida por todos. Julián López García destaca que entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX se aprecia cómo el estilo de vida agrícola pasa de ser predominante a declinar en la sociedad ciudadrealeña[10], y Alcázar de San Juan ejemplariza ese cambio de estilos de vida como consecuencia de la llegada del ferrocarril a la ciudad, el 9 de abril de 1854, hecho que comportó una mejora en las economías de las zonas de influencia, privadas hasta entonces de cualquier tipo de desarrollo económico e industrial. Enrique Manzaneque certifica en sus escritos que las causas fundamentales que contribuyeron al enorme desarrollo experimentado en Alcázar, desde mediados del s. XIX hasta la primera década del XX, fueron dos: la instalación de la Estación de ferrocarril y las extraordinarias cantidades de viñedo plantado y cultivado desde entonces, lo que comportó el establecimiento de numerosas bodegas e industrias relacionadas con la elaboración de vinos y licores, congregando y atrayendo a la ciudad toda suerte de gentes con usos, costumbres y formas de vida diferentes al predominante modo rural establecido hasta esos momentos:

«En los cincuenta años que van transcurridos desde que se inauguró la estación hasta ahora, millones de reales se han gastado en infinidad de obras que se han construido, disfrutando este pueblo parte de estos recursos por el mucho trabajo que se ha dado a los artesanos de diferentes clases y especialmente a los braceros. No hablemos de las inmensas ventajas que han traído, por estar a la vista de todos, el mucho personal con que cuenta esta estación, por ser el enlace de las líneas de Levante y Andalucía con Madrid, las facilidades para el comercio y los viajes; y por último, que ha sido la base del mejoramiento de esta población, trayendo a ella muchos elementos de riqueza de que antes carecía»[11].

Foto: Requena, Alcázar de San Juan, década de los años 30 (AHMASJ ) [12].

La influencia del ferrocarril en el desarrollo alcazareño a corto plazo se deja ver, además de en otros ámbitos, en la evolución demográfica de su población. Así, en 1857, tres años después de la presencia ferroviaria en la ciudad, se registraba ya un incremento de más de cuatrocientos habitantes respecto a las cifras recogidas en el Diccionario de Madoz[13] en 1845, alcanzando una población de hecho de 7.942 habitantes. Treinta años después, en 1887, la población existente en la ciudad alcanzaba los 9.557 habitantes, 1.615 más respecto a 1857[14]. Como destaca Soraya Sánchez: «otro de los índices evidentes de esta correlación entre el ferrocarril y el crecimiento demográfico es que el municipio de Alcázar se anticipó de forma notoria al contexto rural de la comarca alcanzando niveles superiores de crecimiento demográfico, de desarrollo del comercio e industria, de adelantos sociales, urbanísticos y culturales»[15]. Coyuntura que resultó común en el conjunto de demarcaciones ferroviarias donde la irrupción de trabajadores, obreros y empleados de las diferentes compañías, así como los de las industrias auxiliares que emergieron a la par, con usos y costumbres dispares, suscitaron profundos cambios de mentalidad, pensamiento y multiculturalidad allí donde arraigaron. En Alcázar de San Juan el polvo de la tizne traído por el tren desde su instalación, cambio la fisonomía de la villa, resultando esta circunstancia, como señalaba el Doctor Mazuecos: «un factor muy importante en la vida alcazareña y su matiz predominante durante un siglo. Se enseñoreó de la estación, hasta el punto de ser cualidad distintiva y dar nombre genérico a sus empleados, conocidos por los tiznaos, pero se infiltró en el pueblo alterando sus cualidades propias, sin dejar ningún sector que no recibiera su influencia»[16].

Los cuatro novios que tengo

todos son de la Estación,

maquinista, fogonero,

guardafrenos, conductor[17].

En definitiva, el ferrocarril y sus gentes, como dice el adagio “mudaron costumbres”; tanto es así que, según argumenta Pedro de Madrazo, una de las causas que más contribuyeron a la castellanización de ciertos pueblos vascoparlantes de Navarra en la segunda mitad del s. XIX fue el ferrocarril[18]. José María Iribarren corrobora esta afirmación al señalar que: «según el mapa lingüístico del Príncipe Luciano Bonaparte, es que en el año 1860, en que se estableció la vía, se hablaba euskera en Puente la Reina, en la Valdorba, en la cuenca de Pamplona, en Garinoain y en Aoiz»[19], zonas que evolucionaron hasta relegar el vascuence como forma de expresión minoritaria entre sus gentes. Otro buen ejemplo de esa influencia que puede llegar a ejercer una comunidad folklórica transmisora sobre comunidades folklóricas receptoras, en el ámbito ferroviario, lo tenemos en la introducción de la trikitixa en el País Vasco por ferroviarios foráneos. Mikel Aizpuru señala la llegada en la década de los cincuenta del s. XIX de un considerable grupo de trabajadores franceses y piamonteses, muchos de ellos junto a sus familias, como mano de obra especializada para la construcción del tendido ferroviario en territorio guipuzcoano, fundamentalmente para el levantamiento de túneles y viaductos:

«Además de conocimiento técnico, dichas personas trajeron nuevas costumbres y gustos culturales. Mientras algunas de esas prácticas fueron rechazadas por parte de la sociedad vasca, otras fueron asimiladas con intensidad, vasquizándolas rápidamente. La introducción del acordeón diatónico, la trikitixa, fue una de ellas»[20].

El rechazo a ciertas costumbres al que se hacía alusión anteriormente se muestra categórico frente a transformaciones entre los modelos social tradicional y el moderno que se fue conformando con la llegada y posterior consolidación del ferrocarril, atendiendo principalmente a cuestiones de arraigo y desarraigo, desconfianza y recelo ante lo nuevo y desconocido, pudiendo destacar a este respecto la contraposición ideológica entre el estilo de vida agrícola y ganadero frente a los nuevos arquetipos. Antagonismo que tradicionalmente se vino mantenido entre ambos grupos sociales. Así, en tiempos de crisis, escasez y hambruna, las gentes del medio rural se jactaban frente a los colectivos ferroviarios de disponer de recursos suficientes para poder hacer frente a las penurias, gracias fundamentalmente a sus economías de autosuficiencia, frases tremendamente categóricas como la de: “que coman hierros”, resultaban frecuentes contra un colectivo que, si bien disponía de recursos económicos, la especulación y escasez impedía su adquisición.

El maquinista Ramón Maldonado Callejas junto a la 240-2496

la “carrilona”, del depósito de Alcázar de San Juan, última locomotora que gobernó.

Foto. Colección particular del autor.

 

Las empresas ferroviarias presentaban un complejo organigrama profesional con múltiples y heterogéneas categorías que, fuertemente jerarquizadas, se estructuraban entorno a tres grandes servicios: movimiento, tracción y vías. Las condiciones laborales, funciones y salarios del personal resultaban manifiestamente diferentes.

Los Maquinistas son de oro,

los fogoneros de plata,

y los pobres conductores

son de hierro u hojalata[21].

Si bien, el particular entramado de este tipo de explotación requería una estrecha interdependencia competencial para una consecución optima del servicio diario. Esa supeditación funcional no siempre estaba exenta de controversias entre los diferentes actores que tradicionalmente han gozado de personalidad profesional propia e intereses, a menudo, contrapuestos.

Los oficios más representativos en explotación eran el de factor y jefe de estación, encargados de liderar el trabajo contable, comercial y la regulación de la circulación; los maquinistas y fogoneros entre los específicos de tracción, asumían la conducción de los trenes colaborando en el mantenimiento y puesta a punto de las locomotoras; y por último los obreros y capataces, propios de vías y obras, dedicados a la disposición, conservación y reparación de la traza de vía y demás instalaciones.

Como señalan Jairo Fernández y Nuria Vila los maquinistas y fogoneros: «alcanzaron gran valor simbólico como los domesticadores de tecnología del vapor, representación de la modernidad. En consecuencia disfrutaban de una alta consideración y de altos salarios»[22], merced a su plena dedicación al oficio, con jornadas laborales interminables y un extraordinario desarraigo. En contraposición a estos se encontraba el personal de movimiento, factores y jefes, que «como no gozaban del mismo prestigio que los maquinistas y disfrutaban de menores ingresos se caracterizaban por sus deseos de reconocimiento profesional. Los roces cotidianos eran numerosos a medida que convergían en el desarrollo del servicio»[23]. Así pues, sobre las diferencias profesionales anteriormente aludidas encontramos este adagio referido al trabajo de los factores, categoría laboral emblemática del ferrocarril que poseía una retórica bastante rimbombante y retorcida, el cantar es sí presenta un carácter marcadamente despectivo que subestima manifiestamente la profesión y rubrica las diferencias entre maquinistas y factores:

Factores que facturáis

y entendéis de expediciones

decidme que tarifa aplicáis

al forro de mis cojones[24].

La implantación y consolidación de los trazados ferroviarios procuraron un servicio público que vino a paliar antiguas carencias y estableció nuevas necesidades, sobre todo en el desarrollo urbanístico de las grandes ciudades donde los ferrocarriles resultaron decisivos. En la Barcelona del último tercio del s. XIX, con el crecimiento de la Gran Vía, se suscitó la necesidad de minimizar el tiempo empleado para cruzar la ciudad desde un extremo a otro, realizado hasta ese momento mediante tranvía de sangre. Del mismo modo, el crecimiento poblacional alentó la demanda de enlace entre la ciudad y las poblaciones periféricas. Todo esto necesitaría de servicios rápidos que vendrían a suplir al flemático “carrilet de Sarria”, que desde 1863 comunicaba los vecindarios más poblados de Barcelona: Plaza Cataluña, Gracia, San Gervasio y Sarriá. Las conjeturas sobre una hipotética supresión temporal del servicio del “carrilet”, para realizar las obras necesarias, vino a caldear los ánimos de los muchos usuarios que, molestos con las medidas, mostraban en 1885 su desacuerdo a través de esta popular copla:

Ens volem prendre les Carolines           Nos quieren quitar las Carolinas[25]

   ens varen prendre Gibraltar,                        nos quitaron Gibraltar,

 ara nomes cal que en prenguin                  ya solo falta que nos quiten

         el carrilet de Sarria.                                el trenecito de Sarriá[26].

Foto: Portada revista Vía Libre Nº46, 1 de octubre 1967[27].

El atípico ancho de vía de seis pies castellanos elegido para la red ferroviaria española, ligeramente superior al imperante en los países de Europa Occidental, se debió a una decisión técnica expresada en el conocido como Informe Subercase, encargado en 1844 por el Gobierno a una comisión técnica dirigida por el ingeniero Juan Subercase, en base a la solicitud de concesión de una línea proyectada entre Madrid y el puerto de Cádiz. Ese mayor ancho de vía, consideraban nuestros ingenieros, permitiría circular locomotoras más robustas y potentes, como así lo requería la complicada orografía peninsular. Gran parte de los ferrocarriles de ancho distinto a esos seis pies castellanos que determinaba el Informe Subercase se conformaron en España a lo largo del último tercio del s.XIX, cuando la Ley General de Ferrocarriles de 23 de noviembre de 1877 abrió la puerta al establecimiento de anchos de vía y parámetros de trazado distintos a los de la red principal, para las líneas que se solicitaran sin estar incluidas en el Plan General que acompañaba a la norma citada. Fundamento desencadenante del vasto catálogo de anchos de vía que, tremendamente diseminados y con carácter eminentemente local, proliferaron en nuestro país de la mano de empresas y concesionarios, en muchos casos, con recursos limitados, cuya estrategia y pretensión no era otra que obtener el máximo rendimiento con el mínimo desembolso. Esto implicaba economizar, sobre todo, en los costes de establecimiento, premisa en la que se enmarcan fundamentalmente las líneas de vía estrecha al necesitar curvas de menor radio, menor anchura de plataforma y mayor economía en túneles, puentes, balasto, traviesas, carriles y material móvil. Ventajas económicas que contrarrestaban con importantes desventajas para la explotación, destacando la menor estabilidad del material y limitación de velocidades, condicionantes que se ven agravados cuanto menor es el ancho de vía.

Resulta una máxima en ingeniería ferroviaria que la elección de un ancho de vía inferior al métrico solo es admisible por imposición debida al galibo. Anchos muy reducidos (0,75 – 0,60) solo se emplean cuando la orografía obliga a utilizar radios muy pequeños y para el transporte de mercancías, normalmente en ramales industriales[28]. Esa era la teoría, si bien en la práctica muchos concesionarios se vieron abocados a modificar y adaptar sus proyectos, diseñados en principio con anchos mínimos para transportar mercancías, al transporte de viajeros, accediendo con ello a la necesaria expropiación forzosa de terrenos que comportaba la declaración de ferrocarril de servicio público. Coyuntura adoptada por compañías como la del “Ferrocarril de Valdepeñas a La Calzada y prolongación a Puertollano”, popularmente conocido como “trenillo de Valdepeñas”, de 0,75 mts. de ancho, tan frágil y quebradizo que a pesar de su lentitud, disponía de una extraordinaria facilidad para el descarrilo. Si bien, a la endeblez propia del material, había que sumar el descuido permanente de las obligaciones de mantenimiento y conservación de las infraestructuras por parte del concesionario hasta límites que rozaban la insensatez. Recuerdo que aún se mantiene entre las gentes de la comarca, de ahí estas coplas recogidas por Eusebio Vasco en diferentes poblaciones de su recorrido:

Con el aire que llevan

las moraleñas,

derriban el trenillo

de Valdepeñas[29].

El trenillo del Moral

no puede llevar tres coches,

se asusta de los olivares,

se va a matar una noche[30].

El trenillo del Moral

lo derribaron de un soplo,

y las muchachas decían:

que nos traigan pronto otro[31].

Otro buen ejemplo de oralidad popular sobre ferrocarriles de ancho menor al metro lo encontramos en la canción que se muestra más adelante, cuyo texto evidencia las carencias y defectos del conocido popularmente como el “Pinxo de Bañoles”, tren pequeño y lento que, con una dimensión de 75 cm. entre cabezas del carril, circulaba entre Girona y Bañoles, uno de los ramales del popular tranvía del bajo Ampurdán.

El tren “Pinxo” de Banyoles

és el més petit que hi ha,

fet de llaunes i cassoles

i cascos de bacallá.

Passa per la carretera

com si un llamp colpís l’espai.

Quan troba una pujada

ja s’atura a mig camí.

Un matí de primavera

se´n va anar a ca l´adroguer

trencà vidres i finestres

i a la fi sortí carrer,

I dóna temps al maquinista

dánar a beure un got de vi.

Por último tomamos como arquetipo el igualmente desaparecido ferrocarril que unió desde 1888 hasta 1963 Onda con el Grao de Castellón, llamado popularmente “La Panderola” (cucaracha en valenciano). Sobre este ferrocarril de 750 mm de ancho, al igual que los anteriores, versa esta cancioncilla de tipo festivo popularizada en las primeras décadas del s. XX donde, a modo de burla, se destaca la reducidas velocidades que desarrollaba.

De Castelló a Almazora, leré, leré,

de Castelló a Almazora, leré, leré,

hi ha un tren que vola ¡leré!

hi ha un tren que vola, leré, leré[32].

O esta otra versión de la misma recogida de la tradición oral:

De Castelló a Almassora, Xispum tracatrac,

de Castelló a Almassora, Xispum tracatrac,

hi ha un tren que vola leré.

hi ha un tren que vola leré.

hi ha un tren que vola leré.

hi ha un tren que vola leréleré

I per aixó li dieu, Ximpum tracatrac,

i per aixó li dieu, Ximpum tracatrac,

la Panderola leré.

la Panderola leré.

la Panderola leré leré leré leré,

la Panderola leré leré”

Sobre ferrocarriles con ancho aún más ceñido, como el conocido popularmente como la “Campurra”, en virtud del topónimo del que procedía su impulsor, Cándido Blanco Varela (1878-1945) artífice y sufragador en sus orígenes de la línea y oriundo de la casería lavianesa de “El Campurru”[33], fue un tranvía a vapor de 650 mm de ancho que durante casi cincuenta años circuló entre las localidades de Pola de Laviana y Rioseco. Trenillo conocido y recordado además de por el abundante y denso humo que desprendían sus locomotoras y el estruendoso ruido que provocaba, por los accidentes que, a pesar de su lento circular (las velocidades máximas no excedían de entre 8 y 10 km/h), causo a lo largo de su existencia a consecuencia de su paso por el centro de los pueblos, de ahí esta cuarteta:

La máquina de “Campurru”

atropellando a la xente,

llena la Pola de fumo

y de chispes guapamente[34].

La disposición de un ancho de vía inferior al normal subordinó la existencia de todas estas líneas de vía estrecha y, en la mayoría de los casos, condicionantes añadidos como la separación y aislamiento respecto a la red principal, el interés únicamente local de sus trazados y las trasnochadas instalaciones, además de la competencia del transporte por carretera condicionaron su cierre. Y es que resulta bien cierto que el trazado de las líneas se constituyó realmente como elemento favorecedor o discriminatorio, según los casos, otorgando infinitas ventajas a las zonas provistas de comunicación ferroviaria frente a las que carecieron de ella. Aspectos como el impulso económico, la modernidad, el desarrollo y las nuevas oportunidades, emergieron y se implantaron en los territorios con trazado ferroviario, alentando rivalidades entre pueblos. Así, sobre el ferrocarril de vía estrecha que durante una década unió los pueblos de Bollullos y la Palma, denominado popularmente como “La Cafetera”, se recogieron en un interesantísimo trabajo publicado en la revista “CARRIL” algunos cantares que hacen alusión directa al mismo y a la rivalidad entre vecinos de ambas poblaciones:

 Dicen que los bollulleros                  Ya viene por el Alto la Mesa

van a hacer un ferrocarril,                     berreando la “Cafetera”,

 con cáscaras de palmito                         y los tontos Bilorios[35]

   y camisas de maíz.                                 que van a verla[36].

Del mismo modo las gentes de Tafalla (Navarra) por inquina ancestral contra los de Olite, y por creer que muchos pueblos quedarían sin estación cantaban estas coplas:

Piensan los de Olite

que han de conseguir,

tener estación

del ferrocarril.

Son necios y locos,

lo juro por mí,

por que la estación

no ha de estar allí[37].

A lo largo del artículo se han reseñado diferentes ejemplos con manifestaciones de carácter popular y temática ferroviaria mantenidas en la tradición oral. Muestras que se han ido vinculando a diferentes ámbitos, como el social, económico, geográfico, técnico, jurídico, etnográfico, antropológico, e incluso al meramente profesional ferroviario. Además de estos, se han constatado otros que bien pudieran suscribirse en el marco de las políticas ejercidas en materia de ferrocarril durante el primer tercio del s. XX; más concretamente en el desarrollo de nuevas vías de comunicación, con mejoras en las infraestructuras tanto de carreteras como de vías ferroviarias y comunicaciones, que promulgo el Gobierno de Primo de Rivera. En el caso ferroviario se conformo con la implantación del Estatuto Ferroviario de 1924, asegurándose un fuerte intervencionismo del Estado a cambio de ayuda pública para las empresas adheridas. Del mismo modo, en 1926 se fundó el Circulo Nacional de Firmes Especiales que se encargo de realizar más de 7.000 km. de carreteras y con respecto a las comunicaciones, en 1927 se creó la Compañía Telefónica Nacional de España. Las inversiones en infraestructuras provocaron un importante endeudamiento para el Estado que deterioró considerablemente la hacienda pública, condicionando las políticas económicas de los Gobiernos posteriores. Hecho destacado en las manifestaciones populares de la época:

Tanto poner kilómetros

y telégrafos de alambre,

y tantos ferrocarriles …

nos mata el Gobierno de hambre[38].

Fotografía: “Hermanos Reales”, Pedro, Manuel y Antonio, Socuéllamos 1950.

Los atractivos que presentan los cantares populares son múltiples y llegando a este punto no podía faltar, a modo de conclusión, alguna muestra de cantares que con carácter satírico, jocoso, licencioso o atrevido, hagan alusión directa al ferrocarril y lo que este supuso para el desarrollo y progreso de nuestra sociedad.

Cuando veo al tren correr,

mientras trabajo en el campo,

miro a mi burra y digo:

de burra a tren, ¡qué adelanto! [39].

Las diferencias entre las clases sociales se patentizaron y manifestaron en los espacios públicos, espacios que quedaron reservados a la burguesía.

 

———

FUENTES DOCUMENTALES

Archivo Historio Municipal de Alcázar de San Juan (AHMASJ).

  • “Apuntes Históricos de Alcázar de San Juan”, escritos en 1905 por Enrique Manzaneque Tapia. Inéditos.
  • Fotografía de trabajadores recolectando patata en la finca “La Madrila”: realizada por Requena en la década de los años 30.

Fondo documental del Instituto Nacional de Estadística (FDINE).

  • Censos de la Población de los años 1842 – 1900. Provincia de Ciudad Real.

FUENTES HEMEROGRÁFICAS

Hemeroteca Digital Biblioteca Nacional de España (HDBNE)

  • La Nación (Madrid), 1849 – 1873.
  • Vida Manchega (Ciudad Real), 1912 – 1920.

BIBLIOGRAFÍA

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Vasco, Eusebio (1929), Treinta mil cantares populares. Imprenta de Mendoza, Tomo I, Valdepeñas.


NOTAS

[1]Font-Agustí (2015), p.17.  

[2]Iribarren (1943), p.16.   

[3]Iribarren (1943), p.14.    

[4]Bécquer (2011), p.5. La cita se corresponde al primero de los nueve escritos que Bécquer realizó desde su encierro en el Monasterio cisterciense de Veruela, publicados a lo largo de 1864 en el periódico madrileño El Contemporáneo. En esta carta relata su periplo desde Madrid hasta Veruela utilizando diferentes medios de transporte, entre ellos el ferrocarril.    

[5]Iribarren (1943), p.18.      

[6]La Nación. 20 de marzo, 1855.   

[7]Rodríguez (2000), Nº 41, p.6.     

[8]Rodríguez (2000), Nº 381, p.181.     

[9]Moraleda (1902), p.264.       

[10]López (2003), p.16.         

[11]Manzaneque (1905), p.47.           

[12]Grupo de trabajadores agrícolas de diferentes edades recolectando patatas en la finca “La Madrila”, término de Alcázar de San Juan, junto al guardabarreras de MZA que presenta todos los atributos (gorra, guerrera y banderín).                

[13]Madoz (1846-1850), p.442.             

[14]Censos de población del Instituto Nacional de Estadística 1887.             

[15]Sánchez (2006), p.22.             

[16]Mazuecos (1967), F. XVIII, p.37.             

[17]Fernández (1998), Nº 813, p.149.               

[18]Madrazo (1972).                 

[19]Iribarren (1943), p. 20.   

[20]Aizpuru (2012), p.9.                 

[21]Copla popular recogida en Alcázar de San Juan en la que se relacionan, de manera jerarquizada, diferentes categorías profesionales del personal de conducción y trenes atendiendo a su nivel salarial.   

[22]Fernández y Vila (2010), p. 18.    

[23]Fernández y Vila (2010), p. 18.    

[24]Cuarteta octosilábica recogida en Alcázar de San Juan, propia de ambiente ferroviario.    

[25]Las Carolinas junto a las islas Marianas conformaban la micronesia española, extendiéndose desde Filipinas hacia el este, con una extensión de 3.000 millas y cerca de 500 islas cuya superficie no era mayor de 2.300 kilómetros en total. 

[26]del Rey y Canales (2010), p.18.       

[27]Locomotora 7.600  “panchorga”, en la estación de Villacañas (Toledo) en tiempo de vendimia.       

[28]Álvarez y Luque (2003), p.21.         

[29] Vasco (1929 T.I, Nº 508.         

[30] Vida Manchega. 10 de agosto 1918 p.13.           

[31] Vasco (1929), T.I, Nº 279.  

[32] Asins (1987), p.78.    

[33] Campal (2001), p.2.      

[34] Ogando (1987), p.127.      

[35] Término que en Andalucía se corresponde con ingenuo, bobo  

[36] La copla viene a ridiculizar la locomotora que además del de “La Cafetera”, recibió también el apodo de la “Merceita” en honor a la virgen de las Mercedes, patrona de Bollullos.  

[37]Iribarren (1943), p.17.    

[38]Jiménez (1925), n° 217, p. 69.      

[39]Raimundo (1973), p. 38.        

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Artículo publicado en la Revista de FLOKLORE, núm.. 462 de septiembre 2020

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Orden de los escuderos llamados Sancho

Fecha de Publicación: 30/09/2020

“Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cuán bien se defendía y ofendía su escudero, y túvole desde allí adelante por hombre de pro, y propuso en su corazón de armalle caballero en la primera ocasión que se le ofreciese, por parecerle que sería en él bien empleada la orden de caballería” (cap. XLIV, 1ª parte).

Nunca llegó Don Quijote a cumplir el íntimo propósito de su corazón de armar caballero a Sancho, sin embargo, sí que nació en la cervantina ciudad de Alcázar de San Juan, en 1964, al amparo de su Centro de Estudios, una Orden bajo los auspicios de esa sincera y leal figura que es Sancho Panza.

                                              a la sombra de un molino en verano,

                                              al calor de unas vides en invierno…

                                              nació la orden de Sancho Panza.

Así iniciaba Don Escolástico Medina (Tico Medina en el mundo del periodismo) un artículo publicado en el diario Pueblo, el 19 de febrero de 1964, anunciando el nacimiento de la Orden de los Escuderos llamados Sancho, más conocida como la Orden de Sancho Panza. En el artículo leemos: “Es Sancho un personaje universal. Es bueno, honesto, trabajador, humilde, leal; sobre todo leal, y con un especialísimo sentido de la amistad. Y en muchas ocasiones es hombre inteligentísimo, cazurro, filósofo del campo, observador de las cosas y equilibrado”.

En la revista Guía del Centro de Estudios Alcazareños, año 1965, leemos: “Ese sentido de la amistad sanchopancesca es lo que esta sin igual Orden se propone cultivar entre todas las gentes, al mismo tiempo que exaltando esta importante figura de la obra de Cervantes, proyectar por todo el mundo los auténticos valores espirituales de La Mancha, que son los que refleja ese libro inmortal”.

En una tarde ventosa y fría del mes de febrero de 1964 se reúnen en la finca conocida por la Platera, junto a Tico Medina, ocho alcazareños entusiastas de la figura de Sancho Panza y acuerdan fundar la referida Orden, basándose en estas tres razones: “Para exaltar la figura de Sancho, tan vilipendiada por todos, y sin embargo, tan importante en la obra inmortal de Cervantes. Para promoción de la amistad entre las gentes y los pueblos de buena voluntad y buen peso. Y para proyectar a todo el mundo los auténticos valores espirituales de La Mancha”.

Así mismo, deciden que, para ser nombrado Sancho, y por lo tanto pertenecer a la Orden, se exigirán las siguientes condiciones:

Primera y principal. Haber leído El Quijote.

Segunda. Tener un peso físico especial.

Tercera. Saber montar en burro (no más de un kilómetro, con albarda o sin albarda).

Cuarta. Poseer un alto sentido de la disciplina y un alto concepto de la amistad.

Quinta. Ser propietario de una sana cazurrería.

Sexta. Poseer igualmente una socarronería especial.

Séptima. Tener un apetito sin tregua.

Octava. Jurar el honor sobre un libro, lo más viejo posible, de Don Quijote de la Mancha, en noche de luna y junto al pozo de La Platera.

Novena. Hacer un trabajo sobre Sancho Panza en cualquiera de las expresiones artísticas en que se mueva el ordenado.

Los aspirantes al ingreso en la Orden debían de hacerlo mediante instancia dirigida al Gran Maestre, en donde quedaban recogidos los requisitos exigidos y la expresión artística o el medio en donde publicaría el trabajo a realizar sobre la figura de Sancho Panza.

Una vez aceptada la instancia de ingreso se entregaba al solicitante un diploma que lo acreditaba como aspirante, quien dentro de un plazo prudencial debía de hacer y publicar el trabajo sobre Sancho Panza comprometido. Tras ser divulgado el trabajo era nombrado Escudero, recibiendo con toda solemnidad el emblema de la Orden en el que se representaba “un burro con escudero y un molino al fondo”. Seguidamente debía de superar las pruebas exigidas y jurar el honor junto al pozo de la Platera, tras lo cual recibía el gradode lafaja roja, pudiendo en adelante tomar parte en todos los Capítulos que celebrara la Orden.

Se establecieron tres grados de Encomiendas que adquirían sus miembros según los méritos acumulados;estos eran la mencionada faja roja, la alforja y la bota de vino. Conseguidos los tres grados de Encomiendas se podía optar a la Dignidad de Gran Maestre de la Orden.

La Orden quedó estructurada en torno a un Capítulo o Junta Directiva constituido por el Gran Maestre, que lo presidía, el Lugarteniente o Gran Comendador, los Socios Fundadores con grado de Comendador y los Escuderos elegidos para desempeñar los cargos de Vicepresidente, Secretario, Maestro de Ceremonias, Escribanos, Tesorero y Encargados de las relaciones con las demás Ínsulas. También formaban parte del mismo un Comendador representante de cada una de las Ínsulas constituidas. La Junta Directiva se renovaba por mitad cada dos años en el Capítulo General.

Los lugares del Capítulo de la Orden eran La Platera y el molino de viento Sancho Panza, ambos situados muy cerca de Alcázar. En La Platera juraban su ingreso los aspirantes junto al pozo que allí existe y se sentaban en la Silla de piedra de Sancho para honrar su figura y recibir las dignidades correspondientes.

El molino Sancho Panza fue reconstruido expresamente para este fin por Tico Medina, siendo inaugurado “En nuebe días del mes de noviembre de mil novecientos y sesenta y seis”, coincidiendo con la fecha en la que los alcazareños conmemoramos el nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Sobre su puerta lucía como divisa “Tanto monta, monta tanto, Don Quijote como Sancho”.

En las imágenes anteriores vemos La Platera con su pozo al fondo, el molino Sancho Panza, el cartel anunciador de la Orden, la Silla de piedra de Sancho y a Tico Medina, Gran Comendador de la Orden, ataviado con la blusa negra, haciendo un llamamiento a todas las gentes de buena voluntad que quieran iniciarse en los principios de la Orden.

Como uniforme para los actos de tipo oficial se impuso el blusón negro típico de la buena gente manchega; las comidas tenían como base platos de factura manchega y en las reuniones se hablaba de las cosas más diversas, eso sí, dando prioridad a las relacionadas con la “alta coyuntura de Don Quijote y la especial arquitectura física y moral de Sancho”.

Para los candidatos que no llegaban a los cien kilos del peso exigido, se establecía que la diferencia en kilos debía de compensarse con la entrega de pan tierno destinada a la beneficencia local.

En la Regla de Constitución leemos en su Capítulo I: “La Orden tendrá su domicilio social en el Aula de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan… y los lugares de Capítulo en La Platera y en el molino Sancho”.

“Su principal fin es el de exaltar la figura de Sancho Panza, generalmente maltratada; pero acreedora de los mayores elogios, porque Sancho es un personaje bueno, honesto, humilde, cazurro, trabajador, filosofo observador y equilibrado, que en muchas ocasiones da pruebas de ser inteligentísimo, mostrándose en todo momento leal, con un especialísimo sentido de la amistad. Sancho es tan importante, que, sin él, no hubiera sido posible la existencia de Don Quijote”.

El Capítulo II establece que: “al mismo tiempo que exalta la figura de Sancho Panza, la Orden pretende proyectar a todas las gentes los auténticos valores espirituales de La Mancha y cultivar la verdadera amistad, tan útil y necesaria en los tiempos actuales…”

“Su ámbito de acción será el de todos los pueblos del territorio nacional en los que se simpatice con la figura de Sancho Panza, así como todos los extranjeros que se sientan cautivados por la simpatía de nuestras gentes y quieran contribuir al fomento de la verdadera amistad y difusión de los valores manchegos”.

En los Capítulos siguientes, hasta un total de veintidós, se regula toda la normativa necesaria para su desenvolvimiento, desde las condiciones de ingreso, el juramento de pertenencia a ella, las pruebas de ingreso, los derechos de los integrantes, el desarrollo del Capítulo General, las atribuciones del Gran Maestre, su forma de elección y cese, la figura del Gran Comendador/Lugarteniente del Gran Maestre, el papel de los Sanchos Fundadores, las funciones encomendadas a las Ínsulas que irán estableciéndose fuera de Alcázar según crezca la Orden, de los Capítulos a desarrollar en la Ínsula de Alcázar, de los Oficios de la Orden, de sus Bienes o Capital, de la Silla de Sancho en La Platera, de la Carta de la Amistad y finalmente de las condiciones de su disolución, como tristemente así acabó sucediendo.

Por su novedosa y atrevida propuesta transcribimos integro el Capítulo XIII referido a las Ínsulas: “Todo lugar, región o territorio en los que habiten uno o más Escuderos de los llamados Sancho, será considerado como Ínsula de la Orden, sometida a la jurisdicción del Gran Maestre”.

“Las Ínsulas serán regidas por un Cónclave, que presidirá el Comendador más antiguo de los que en ella habiten, en tanto que, a propuesta de ellos y a su elección, el Gran Maestre nombra el Gran Comendador que le represente”.

“Con todos los medios a su alcance el Gran Comendador y los Sanchos de la Ínsula, procurarán la amistad entre ellos y las demás gentes, promoverán el respeto a Sancho Panza y la inscripción de nuevos Sanchos, dando a conocer la existencia de la Orden y sus fines”.  

Y el Capítulo XIV lo amplia con esta frase: “Conforme vaya creciendo el número de los Sanchos se irá proponiendo al Gran Maestre la creación de otras Ínsulas”.

El Capítulo XVIII habla de los Bienes o Capital de la Orden y dice: “que no podrá exigir a sus componentes cuota alguna por pertenecer a ella. Para atender a los fines que le están encomendados podrá poseer en usufructo, perpetuo o temporal, según la voluntad del donante, todos los bienes y cosas que le fueran cedidas, las que administrará del modo más recto y encaminado a conseguir el fin para el que le fueron donadas”.

“También podrá percibir donativos en metálico de cualquier personas o miembro de la Orden y procurarse sus ingresos con festivales o actos públicos debidamente autorizados… Igualmente podrá recibir cualquier subvención o cosa entregada por Organismos o Entidades que quieran sufragar algunos costes, sin que por este motivo puedan intervenir en el régimen interno de la Orden”.

“Del mismo modo podrá disfrutar de la propiedad intelectual y artística de las obras que le sean cedidas y de aquellas otras que los Sanchos están obligados a entregar con motivo de las pruebas del ingreso”.

Importante es el Capítulo XIX relativo a la Silla de Sancho, que nos dice: “El principal medio que tiene la Ínsula de Alcázar para procurar la amistad y promover el conocimiento de la Orden, es la Silla de Sancho, en la que el Gran Maestre recibe el juramento de los nuevos Escuderos. A cuantos visiten La Platera y den muestras de simpatía por la labor que tiene la Orden, se les permite subir a la Silla, donde se les entrega la Carta de la Amistad, en la que se reconoce que su portador se ha hecho acreedor de la amistad de todos los Sanchos”.

Y el Capítulo XX especifica que: “la Carta de la Amistad no concede más título que el de amigo de la Orden, su portador no queda vinculado a ella por otro lazo que el de su simpatía hacía los fines que persigue esta Institución y los Sanchos deben reconocer en todo momento este lazo de amistad y tratarles como a futuros Escuderos”.

Sabemos de las numerosísimas visitas realizadas a La Platera, principalmente de la mano de las prestigiosas agencias de viaje Wagons-Lits//Cook y Viajes Meliá, para sentarse en la Silla de Sancho, inmortalizar el momento fotográficamente y recibir la Carta de la Amistad, que seguidamente reproducimos, de la que tenemos constancia que se entregaron muchos miles de ejemplares.

En el siguiente folleto promocional divulgado en 1969 por Wagons-Lits/Cook y denominado “Ruta Cervantina, por tierras de Don Quijote”, con recorrido programado para dos días de duración, se dice textualmente: “Alcázar de San Juan. Visita a la ciudad, Torre de Don Juan de Austria, Iglesia de Santa María, Museo de Mosaicos Romanos, visita de la Platera (Orden de Sancho)”.

Este folleto ilustra la importancia turística de la Orden, pero indudablemente hubo otras iniciativas. Como ejemplo vemos la ruta promovida por las Líneas Aéreas Iberia denominada “La Gran Aventura de la Mancha”que el diario ABC recogía así:

 Ruta turística Nueva York-Madrid-Nueva York. El próximo 1 de enero comienza la ruta turística Nueva York-Madrid-Nueva York. Durará quince días, seis de los cuales (entre el 5 y el 11) serán de estancia en la Mancha para recorrer las cuatro provincias manchegas: Ciudad Real, Cuenca, Albacete y Toledo. El 5 los expedicionarios llegarán a Alcázar de San Juan y en la finca La Platera, sede de la Orden de Sancho, recibirán la investidura de la misma, así como el diploma o carta de la amistad”.

Ni que decir tiene que los actos de investidura no se circunscribían a la simple realización de las pruebas de ingreso, normalmente iban acompañados de actuaciones folklóricas y degustaciones propias de la gastronomía y el vino manchegos. En otras ocasiones el acto quedaba realzado por la intervención artística de los propios candidatos, para el recuerdo queda el recital de guitarra que dio Segundo Pastor el día de su ingreso.  

Durante su existencia la Orden tuvo una gran presencia en infinidad de medios de comunicación, hasta el extremo de convertirse en una extraordinaria embajadora de Alcázar y en una de sus más importantes fuentes de relaciones externas. Como muestra de esa presencia en los medios reproducimos la noticia publicada en el diario La Vanguardia de Barcelona el 24 de mayo de 1967, otra más aparecida en el diario Ya de Madrid el 19 de enero de 1969 y parte del reportaje publicado por la revista Dígame, el día 25 de mayo de 1967, en donde se ve la prueba de montar en burro realizada por un aspirante y el pesaje de Julio Camarero Custance, director del semanario El Caso.

En la revista Guía del año 1967 leemos: “Uno de los más importantes medios de relación que existen en Alcázar de San Juan es la Orden de los Escuderos llamados Sancho, singularísima institución creada para exaltar la cervantina figura de Sancho Panza, cultivar la amistad, tan necesaria en estos tiempos de continuo movimiento turístico, y proyectar a todo el mundo los auténticos valores manchegos, vinculando con La Mancha a tantas gentes de buena voluntad como existen en el mundo”.

Como ya hemos apuntado la Orden se fundó en febrero de 1964, pero no fue hasta el dieciocho de octubre de 1972 cuando, al amparo de la Ley de Asociaciones, vigente en ese momento, se decidió regularizar su existencia solicitando la inscripción legal en el correspondiente registro. En la solicitud cursada, firmada por Tico Medina en su calidad de Gran Maestre de la Orden, leemos:

“Que desde el febrero de 1964 viene defendiéndose y exaltándose la gran personalidad de Sancho Panza por un grupo de personas amantes del Quijote, que desde la fecha citada componen lo que se llamó desde entonces por todos los medios de comunicación Orden de Sancho Panza. Que deseando regularizar la existencia legal de lo que comenzó como reivindicación espiritual y literaria de un personaje universal, los fundadores de la citada Orden y los que con el tiempo ha ido adhiriéndose a la misma, hemos confeccionado los Estatutos correspondientes que han sido aprobados en la sesión celebrada el día 15 del corriente y de la que se adjunta la correspondiente acta por triplicado, así como también los Estatutos”.

Hemos podido documentar nominalmente a ciento veinticinco socios de pleno derecho, con toda seguridad que fueron muchos más pero no nos atrevemos a especular con su número total. Además de los muchos alcazareños que la integraban, eran miembros de la Orden importantes personalidades del momento, estas son algunas de ellas, que por su relevancia pública entendemos que podemos relacionar:

Tico Medina. Periodista. Gran Maestre de la Orden.

Enrique Rubio Ortiz. Periodista.

Luis López Anglada. Poeta. Premio Nacional de Literatura.

Alfredo Amestoy Eguiguren. Periodista.

Antonio Irles Miñana. Cinematógrafo.

Antonio Marcos Noya. Actor.

Pablo Vila Batista. Industrial.

Gustavo Cubas Urquijo. Conde de la Almudena.

Esteban Bassols. Secretario G. Federación Española de Centros de Iniciativas y Turismo.

Luis Ponce de León Ronquillo. Médico, periodista y literato.

Luis Asmarate R. de Larramendi. Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Barcelona.

Ildefonso Miró Segret. Concejal del Ayuntamiento de Barcelona.

Oscar A. Dignoes. Jefe de la Oficina de Turismo de Austria en España.

Felipe García Alonso. Hostelero. Propietario de Torres Bermejas.

Segundo Pastor Marco. Concertista.

Heinz Standenat. Embajador de Austria en España.

Juan Frisch Deutschberger. Jefe de la Oficina de Turismo de Austria en Barcelona.

Pedro Chicote Serrano. Hostelero.

Ramón Areces Rodríguez. Empresario. Presidente del Corte Inglés.

Josita Hernán. Actriz. Conservatorio Arte Dramático París. Propietaria molino El Doncel.

Julio Camarero Custance. Periodista. Director semanario El Caso.

Luis Fruela Posada Arias. Director de programas de Radio España.

Estanislao Bernad Lucas. Periodista. Jefe de prensa de Iberia. Director de Iberavión.

Manuel Fraga Iribarne. Ministro.

José María de Porcioles. Alcalde de Barcelona.

Ana Mariscal. Actriz y productora cinematográfica.

Julio Rico de Sanz. Gobernador Civil.

José Antonio Fernández Cuesta. Economista, abogado y periodista.

José María Martínez Vall. Director del Instituto de Estudios Manchegos.

Luis Mesquita Chavarri. Ministro Plenipotenciario de Paraguay. 

León Herrera Esteban. Ministro.

Juan Bautista Gill Aguinaga. Ganadero en Paraguay.

Arcadio Larrea Palacín. Musicólogo.

Rodolfo Martín Villa. Ministro.

Antonio Camacho Jiménez. Árbitro internacional de futbol.

Federico Gallo Lacarcel. Periodista. Propietario del molino Esta es su Vida.

Luis Ángel de la Viuda Pereda. Director de R.T.V.

José María Roger Amat. Gobernador Civil.

Lucien Müller Schmidt. Exjugador y entrenador de futbol.

Federico Bravo Morate. Director General de Sanidad.

Francisco Alcalde Morcillo. Paco Alcalde. Torero.

Mari Carrillo. Actriz.

José Luis de Azcárraga. Director General de Ordenación del Turismo.

Nati Mistral. Actriz y cantante.

Harold López Méndez. Psiquiatra. Colombia. Autor del libro La medicina en el Quijote.

Oscar Rojas Jiménez. Escritor y poeta venezolano.

Javier Escrivá. Actor.

También hemos podido constatar, al recabar estos datos, que estaban en trámite de ingreso con solicitud cursada, pero a falta de hacer el trabajo sobre Sancho o realizar las pruebas exigidas, otras veintidós personas, entre ellas las siguientes:

Jesús Álvarez García. Periodista.

Pedro Echevarria Bravo. Musicólogo.

Olegario Soldevila Godó. Empresario y banquero.

Gonzalo Rodríguez Gamarra. Catedrático de Universidad en Venezuela.

José Luis Peker Alberca. Periodista.

Pedro Zaragoza Orta. Alcalde de Benidorm.

Luis Álvarez Molina. Consejero del Reino.

H. Rolando Gómez de Elena. Locutor de radio y televisión.

Félix Pérez y Pérez. Vice-Rector de la Universidad Complutense.

Javier Vázquez Domingo. Locutor R.T.V.

Miguel Alluí Escudero. Secretario General Confederación Española Cajas de Ahorro.

Así mismo eran Sanchos de Honor, quizás por su buen peso además de sus otras muchas cualidades, las siguientes personas:

Ludwig Erhard. Canciller federal de Alemania.

Edgar Neville Romrée. Diplomático, escritor y director de cine.

Manolo Morán. Actor.

Cesáreo González. Productor cinematográfico.

Santiago Bernabéu. Presidente del Real Madrid.

Fernando Sancho Les. Actor.

Juan Luis Ossorio. Marqués de la Valdavia.

Federico Moreno Torroba. Compositor.

Entre las personas identificadas es de resaltar la gran cantidad de miembros, veintiuno, residentes en Barcelona, ciudad cervantina donde las haya, pertenecientes a la Orden. Recordemos que Cervantes ya había plantado la semilla de su futuro cervantismo al escribir: “…Barcelona, archivo de cortesía, alberge de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única” (cap. LXXII, 2ª parte).

También es importante el número, veinticuatro, de ciudadanos extranjeros y de españoles residentes fuera de España que pertenecían o habían cursado solicitud de ingreso en la Orden. No en vano en uno de sus primeros Capítulos ya se había acordado lo siguiente: “Para facilitar la adhesión a la Orden de aquellos que no puedan visitar estos lugares, el próximo Capítulo estudiará una propuesta elevada al Gran Maestre para que dispense de estos requisitos (los presenciales que figuran en la solicitud de ingreso) a quienes no puedan visitar España”.

Como se aprecia por la enorme diversidad de personas que se han enumerado, fue una asociación muy bien acogida y extraordinariamente promocionada, que despertó un enorme entusiasmo y sobre la que difícilmente podemos vislumbrar el techo que habría alcanzado. Desconocemos las causas reales de su desaparición, pero sin entrar en disquisiciones de otro tipo que no nos corresponden, pensamos que debió de tener bastantes dificultades para adaptarse a la nueva realidad social y poder realizar los cambios necesarios que en esos momentos se precisaban, acabando así con el enorme potencial que para Alcázar representaba y las muchas ventajas de promoción, especialmente turísticas, que le brindaba de forma totalmente gratuita.

Con la estructura y el formato descritos la Orden mantuvo su actividad hasta el inicio de los años 80, a partir de entonces la Orden languideció e inició una nueva y diferente andadura, diríamos que más particular y localista, es cierto que, con la entrada de nuevos miembros, pero ya sin el carácter y los fines fundacionales que constituyeron su santo y seña; pero sobre todo sin la presencia de la mayor parte de las personas que la alumbraron y que participaron en su Capítulo fundacional. Aún así, en el diario YA del 4 de septiembre de 1987, apareció un artículo con este titular: “La Orden de los Sanchos cumple sus bodas de plata”, que destilaba cierta melancolía al recordar su esplendor pasado.

No obstante, en el libro de firmas para visitantes que se siguió manteniendo en La Platera hasta el año 1997, se puede comprobar que aún llegaban allí numerosas personas que querían honrar a Sancho sentándose en su Silla de piedra y recibir la correspondiente Carta de la Amistad. Es indudable que la repercusión y notoriedad de la Orden, reflejo de la del universal personaje que le dio sentido, habían sido y aún seguían siendo extraordinariamente notables.

Hoy en día La Platera ha desaparecido, el pozo está cegado y el molino de viento Sancho Panza es una pura ruina, tan solo queda en pie